¿Ya estamos aquí?

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Acabo de pestañear y ya ha pasado más de un mes desde mi último post. ¡¡¡Se nos va el año, señoras y señores, se nos va!!!

Avisados quedáis. Esto tiene mucho que ver con el trabajo, no lo voy a negar. Y es que la gente que trabajamos en departamento financieros somos como porteras, nos tiramos todo el tiempo abriendo y cerrando. Abriendo balance, cerrando informes, abriendo la contabilidad y cerrando años. Esta cadencia es muy cansina y muy agónica, no terminamos de cerrar un mes cuando tenemos que iniciar nuevos procesos para el mes siguiente, disfrutar de un par de días en zona “valle” y de nuevo preparar provisiones y un nuevo cierre. Así no hay quien viva, así no hay quién disfrute, así no hay quien se de cuenta del paso de los días / semanas / meses.

A veces la vida va tan rápido que es como si estuviera en el centro de un videoclip caminando a cámara lenta mientras todo a mi alrededor se mueve a hiper-velocidad. Cuando tomo conciencia y me adapto al ritmo, ya es tarde y ha pasado demasiado tiempo. Claro que eso que os cuento es un poco más del victimismo ese que tanto me gusta… ¡ya tu sabes!

Porque si soy sincero si que he hecho cosas en este tiempo. Escribir aquí no, pero otras cosas si. ¿Una muestra?

Pues principalmente me he peleado hasta la saciedad con un CMS de Joomla para sacar adelante unas publicaciones en la WEB del club de sincronizada de mis hijas. Este año he entrado a formar parte de la junta directiva de la agrupación deportiva y una de mis tareas es esa, el mantenimiento de la web y hacer un poco de director de comunicaciones. El trabajo es arduo porque nunca había usado esa plataforma, que es muy poco ágil. La parte buena es que he aprendido un montón vía Youtube, of course. Ahora ya tengo un blog propio en la web, publico artículos, enlazo noticias y tengo hasta mi propia newsletter. Soy el rey del mundo!!!

También he seguido escribiendo para otros. Me han propuesto un par de colaboraciones en blogs amigos y no me he podido ni me he querido negar. Ambas propuestas me parecieron muy buenas así que aporté mi granito de arena. La primera me vino de Carolina Lacruz y su blog, Las cuatro piedras angulares. La segunda me la ha hecho llegar Marysol Martyn para su web homóloga. En los enlaces puedes echar un vistazo a sus espacios.

libro_1354591232Además he sacado algo de tiempo para leer, me terminé EL PODER DEL PERRO, de Don Winslow. Libro que recomiendo leer encarecidamente para compartir toda la desolación, los sinsabores y el asqueamiento que me ha dejado como poso. El libro es genial, los personajes están muy bien construidos y desarrollados. La trama es brutalmente real y el resultado es muy bueno… y muy malo. Me siento tocado.

desordenUna vez terminado tuve que dejar pasar una semana antes de empezar a leer de nuevo. Tenía que digerir y sintetizar lo que había leído en el libro de Winslow así que para desengrasar me decanté por un thriller español muy bien escrito, EL DESORDEN QUE DEJAS, de Carlos Montero. Increíble la historia escrita por un señor con una protagonista femenina que habla en primera persona y que expresa a las mil maravillas sentimientos tan íntimos, tan de mujer. Un buen libro, sin duda, de esos que disfrutas y que cuando lo acabas, puedes seguir perfectamente con tu vida.

En este tiempo, entre libros y escritos he seguido corriendo. Me he encontrado absorto en una rutina deportiva que ya casi no me da pereza. Ahora aúno la clase grupal de los domingos con un par de salidas adicionales entre semana con un entrenamiento guiado y dirigido. Me he propuesto metas en este aspecto y mas me vale hacer caso a mi entrenadora, que si no… El caso es que el día que toca sesión me enfundo las mallas y me tiro a la calle como si no hubiera un mañana. Con mi música y mis gadgets de runner, que luego dicen que “el hábito no hace al monje….” Paparruchas.

Y hablando de música. Varias son las canciones que he descubierto en este tiempo y que ya he incorporado a mis listas de éxitos particulares.

Me ha encantado el mensaje de la nueva canción de Robbie Williams, LOVE MY LIFE, porque me identifico mucho con eso que dice, yo también he aprendido a querer mi vida y a quererme y a valorarme a mí mismo.

“I love my life
I am powerful
I am beautiful
I am free
I love my life
I am wonderful
I am magical
I am me
I love my life”

La nueva canción de Fangoria también me parece estupenda, será por la alegría que transmite, que me sube mucho el ánimo. Es ESPECTACULAR.

“Escaparé
Escaparé como Dorita rumbo a Oz
Descubriré
Descubriré que el mago es solo una ilusión
Escogeré
Escogeré entre las tinieblas y la luz
Y lloraré con un presente donde tú
Tú eres ficción

¿Y qué decir de PARÍS, lo último de Dani Martín? ¿donde quedó el macarra que lideraba al Canto del Loco? ¿De donde ha salido este tipo tan sensible y que canta cosas tan bonitas? Podéis llamadme moñas, pero ese estribillo…

“Y queremos siempre rosas
Y Venecia, Verona y París
Y la vida es otra cosa
La verdad, la mentira y un si
Y tenemos mariposas
Y gusanos sin seda y al fin
Hay serpientes venenosas
Y un disfraz que se rompe al vivir.”

Si me dejo fuera de la lista ROCKABYE, de Clean Bandit, mis hijas, sobre todo la mayor, me mata. Le apasiona y eso que no sabe de que va. Aún tiene que crecer para entender el tinte feminista que impregna este tema. Una madre soltera, un hijo pequeño y su lucha por salir adelante… ¿y que más da si se gana la vida bailando en una barra y vete tú a saber qué mas?

“Now she gotta a six year old
Trying to keep him warm
Trying to keep out the cold
When he looks her in the eyes
He don’t know he’s safe
When she says “uh, love, no one’s ever gonna hurt you,
Love, I’m gonna give you all of my love
Nobody matters like you”

Y hay más canciones y más artistas y más libros, pero no quiero aburriros. Ni contaros todo de golpe, no vaya a ser que os canséis de mi por agotamiento.

En estos días también ha habido mucha charla, muchos paseos, planes de futuro, discusiones, negociaciones, campeonatos, sorpresas y rutina, pero sobre todo, tengo una especie de paz que no se bien como definir. Así que no lo voy a intentar. Me siento zen y no creo haber hecho nada para estar así. Lo aprovecharé mientras dure.

Estoy agotado, ahora es vuestro turno, podéis dejar en comentarios todas las recomendaciones, críticas y anécdotas que queráis. Charlemos un rato.

Hasta pronto,

J

Una Nochevieja diferente

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Desde que empecé con esto del running, cada vez que me hablaban de la San Silvestre, la última carrera del año, la del 31 de todos los diciembres, a mí me daba una pereza terrible. Normalmente siempre trabajo ese día y planificar una carrera de diez kilómetros cuando te has levantado a las 7 de la mañana para trabajar y sabes que la noche va a ser larga no era algo que valorase. Siempre he aprovechado para echarme la siesta y tener buen cutis y buenas energías para las uvas y lo que viene antes y después.

Pero este año ha sido distinto porque el 31 ha caído en sábado y no había que trabajar. Y además, como volví con mi grupo de running de los domingos, el efecto simpatía surtió efecto y uno a uno nos fuimos apuntando y pagando religiosamente nuestros derechos de carrera. Que os voy a decir que no sepáis ya, que me vine arriba.

La inscripción la hice con tanto tiempo que ha sido algo que tenía ahí en mente pero que siempre veía tan lejano. Pero como sabéis, todo llega, y esta carrera también llegó. Y lo hizo en unas circunstancias un tanto complejas, con casi dos semanas sin entrenar aquejado de un ataque de lumbago que difícilmente me permitía mantener una postura erguida y digna. Poco a poco el dolor se fue aliviando y llegó el día, ayer mismo.

Un día mierdoso, gris y muy, muy, muy frío. Y con los nervios que tenía por la carrera, más mierdoso y más frío me parecía. Llevaba más de un año y medio sin participar en ninguna carrera y esa distancia me daba un poco de vértigo, era como si fuera la primera de la historia. Nada más comer, que casi no pude ni hacerlo por los nervios, me vestí y me senté a esperar la hora en la que había quedado con mis compañeros de fatigas y sudores, un ratito en mallas en casa, deambulando e inventariando cachivaches no fuera a ser que se me olvidara algo imprescindible.

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Llegó la hora

Tras un corto viaje en metro allí estaba yo, en medio de toda la vorágine de corredores populares, unos profesionalmente ataviados y otros ingeniosamente disfrazados, cada uno para vivir su particular San Silvestre y alcanzar sus objetivos, los que fueran. Los míos eran acabar la carrera y disfrutarla, sin agonía de tiempos ni de clasificaciones.

Me encontré con mis hermanos runner, y nos fuimos a situar a nuestra cajón de salida, cada uno el suyo, Ángela al de las mujeres (si, hay un cajón solo para chicas) y Dani, su amigo Álvaro y yo al de los borregos (es el último cajón, el de los corredores que no tienen marca homologada inferior a 60 minutos en esa distancia, y el más populoso).

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Un poco de calentamiento y un poco de movilidad articular después, el pistoletazo de salida. Era la hora de que saliera nuestra oleada así que poco a poco nos fuimos desplazando hacia la línea de salida disfrutando del tremendo ambiente, de los gritos, de los aplausos, de la música en directo. Toda una fiesta. 3,2,1….

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A correr!!!!

Empezamos a correr entre una marabunta de gente que impedía que se notara el terrorífico frío que hacía y eso era de agradecer. Ya no sentía nervios, ya no sentía frío, ya no sentía nada que me atenazara, solo emoción así que era la hora de empezar a disfrutar. Una cuesta arriba, bien. Un giro a la derecha para coger la calle Serrano con tremendo efecto embudo y obligados a bajar el ritmo y de ahí, situados en constante descenso hasta ver el kilómetro 1. Plaza, giro a la izquierda, bajada vertiginosa, nueva subida…. kilómetro 2 y al fondo, la Puerta de Alcalá iluminada y donde se empezaban a agolpar numerosos espectadores preparados para pasar frío y calentarnos con sus ánimos.

Nuevo giro a la derecha para bajar a Cibeles y pasar el kilómetro 4 (perdí el tercero entre la gente) y recto, recto, recto ir llegando a Atocha donde estaba el arco que indicaba el kilómetro 5, mitad del recorrido. Hasta entonces muy buenas sensaciones de piernas y de respiración pero ya venían molestándome los dedos del pie derecho, muy a gusto corriendo con mis compañeros, siempre pendientes unos de los otros y de los que nos rodeaban. Un repecho antes de enfilar los dos kilómetros de bajada por Avenida Ciudad de Barcelona donde ya si que se notaba el ambiente festivo, un montón de gente en la calle animando y gritando. Y con cervezas en la mano que daba una envidia…

Pasado el kilómetro 7 empezaba lo duro de verdad. En la misma M3o nos esperaban una nueva banda de música tocando en directo y el comienzo de la Avenida de la Albufera, que era una cuesta arriba interminable. Después de sentir dolor en el pie durando los últimos cuatro kilómetros, ahora lo que me fatigaba era esa subida impertinente que frenaba el ritmo y que no parecía que se fuera a acabar nunca. Kilómetro 8 y aún subiendo. Álvaro nos animaba a subir, gritaba constantemente y casi nos llevaba en volandas. Yo en esos momentos de esfuerzo máximo solo me acordaba de los madrugones que se pega mi mujer para ir a trabajar y del curro que se mete luego en casa para tenerlo todo en orden y controlado. Y de mis niñas y sus entrenamientos exigentes, en esas horas y horas de físico, de natación y de técnica. Eso me ayudaba a seguir hacia arriba.

Y de repente, se acabó la cuesta. Giro a la derecha en Sierra del Cadí y ligera cuesta abajo para recuperar un poco el resuello ya de lleno en el barrio de Vallecas volcado con los corredores. Y el kilómetro 9, ya solo quedaban mil metros para terminar. Y fue cuando nos diseminamos, Álvaro avanzaba y se perdía mientras Dani se quedaba a recuperar un poco de aliento y superar el momento de flato mientras me animaba a que yo tirara. Y tiré.

Estaba muy emocionado escuchando tanto alboroto, tanta gente apoyando, tantos gritos de ánimo, ya se escuchaba la meta cerca pero no se veía hasta que al final de la calle, giro a la izquierda y los cien últimos metros cuesta arriba para franquearla. Tiré de las energías que me quedaban y crucé la línea!

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Sudoroso, agotado, congestionado y muy contento. Prueba superada, objetivo alcanzado y cumplido. Había terminado la carrera, la había disfrutado y me sentía bien, ni siquiera se en que momento me dejó de doler el pie pero de esto aprendí una lección. Que se pueden hacer las cosas con esfuerzo y con sufrimiento. Que para conseguir cosas nuevas hay que salir de la zona de confort y arriesgarse y que no se debe tirar la toalla a las primeras de cambio. Hay que luchar para llegar.

Dani y yo nos encontramos unos minutos más tarde en el guardarropa y nos despedimos deseándonos feliz noche, Álvaro se había despedido antes. Ahora quedaba el camino de vuelta a casa, que casi se convierte también en otra odisea, pero eso es otra historia.

El resto de la noche os lo podéis imaginar, cena, copas, uvas, más copas, besos y mucho Whatsapp y mucho Facebook y muchos agradecimientos a mucha gente que se interesó por como había vivido esa carrera.

Y hasta aquí la batallita. Espero que todos hayáis disfrutado de vuestra particular Nochevieja y que no seáis tímid@s y que paséis por aquí a compartirla con la comunidad. Un abrazo para tod@s y muy FELIZ AÑO NUEVO lleno de salud, amor, retos y éxitos.

Hasta pronto,

J

La última navidad de George

Qué irónica es la vida!

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George Michael ha sido la nueva víctima de este 2016 empeñado en borrar del mapa a todos aquellos que habían dejado una gran impronta en el mundo de la música, esas viejas glorias sobre las que escribía el mes pasado a cuento del fallecimiento del gran Leonard Cohen.

Si bien George no era “VIEJA” si que se le podía considerar una auténtica “GLORIA”. Un señor que fue icono del pop en los 90 y que hizo de su vida y de su forma de vivirla lo que quiso, a pesar de él mismo y a pesar de los demás. Un George Michael conocido por muchas cosas musicales y extra-musicales pero sobre todo, reconocido como parte de aquel duo que comenzó a amenizarnos la Navidad allá por 1986 con su Last Christmas.

Yo siempre he asociado el famoso LAST CHRISTMAS de Wham! como la canción navideña por antonomasia, para mí este era mi “villancico”, mi piedra angular, mi punto de inflexión, el tema de indicaba que las Navidades habían llegado y escucharla se convierte en una de las cosas más agradables de estas fechas que me gustan tan poco.

Y justo el día de Navidad es cuando nos deja George. Puro sarcasmo, puro “hacer lo que me da la gana pero nunca dejar indiferente”. Seguro que no lo eligió pero ha salido redondo. Como herencia nos ha dejado muchos momentos y muchas canciones, pero sobre todo esta canción eterna y que ahora se ha convertido en mítica.

Mientras lloramos a George o nos reímos con esta cruel ironía, empecemos a contar los días que quedan para el año nuevo y crucemos los dedos para no tener que pegarnos un nuevo susto.

Sed felices.

Hasta pronto,

J

Feliz Navidad

Yo no soy mucho de Navidades, ya lo sabéis y mucho menos de villancicos. Odio esos clásicos que niños monísimos de carrillos colorados cantando con sus agudas voces…. ¡qué grima! Realmente me imagino que esos niños son la cara de la Navidad mientras que al más salvaje estilo Milli Vanilli, unas viejecitas no tan encantadoras son las que realmente ponen sus voces en esas odiosas canciones.

Estoy enfermo, lo se.

Pero hay un par de villancicos que me encantan, y no se por qué. Igual es que me estoy haciendo viejo y se van derribando mis muros, o quizá es que mi postureo se derrumba. Y como este post no da para más que para desearos una FELIZ NAVIDAD y unas FELICES FIESTAS en general, aquí os dejo uno de ellos, para que vayáis entrando en calor u moviendo esos cuerpecitos.

Disfrutad de la noche, que comáis mucho y os engorde poco. ¿Quién no cree en milagros?

Hasta pronto,

J

El hada vieja

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Hablando de las viejas glorias que mencionaba en el último post me han venido a la mente varias cosas. Quizá sea porque no he vuelto a coincidir con el anciano que caminaba al borde de la carretera con su mochila y sus bolsas desde que os lo dije o puede que en las fechas que estamos me acuerdo de mi abuela.

Ella si que fue una vieja gloria, todo una carácter indómito y extenuante. Pero haber nacido en 1910 y haber pasado una Guerra Civil con un marido muy implicado políticamente y una postguerra llena de hambruna, necesidades, y estraperlo marcan la trayectoria de cualquiera, y en especial, la forma de enfrentarse a la vida. Y después de todo aquello, verse postrada e impedida no debe ser fácil para una mujer temperamental acostumbrada a cargarse el peso del mundo sobre sus hombros y dar la explicaciones justas.

Ayer hizo doce años que falleció, y ciento dieciséis que nació, porque como buena y gloriosa señora, no podía morirse otro día que no fuese el de su onomástica. Y para colmo de coincidencias (si es que existen) poco antes de su deceso nos enteramos, vía predictor, que estábamos embarazados de nuestra primera hija. Podéis imaginar que aquel fue un día agridulce y no solo que el notición, sino porque ella ya se merecía descansar. Llevaba varios años entrando y saliendo del hospital, siempre con la cabeza en perfecto estado lo que le hacía sufrir más su pérdida de movilidad… y hacer sufrir.

Pero eso es la vida, dicen, un vivir y un sufrir, un subir y un bajar, un avanzar y un retroceder….

Y avanzando, avanzando también me he acordado del anciano que me dio ánimos el otro día cuando iba corriendo por la mañana, un rodaje de cincuenta minutos a ritmo lento, aburrido y cansino que se debía reflejar en mi cara, porque de todos los corredores que había por la zona, solo yo me gané la sonrisa y el gesto de ánimo de aquel buen hombre. Su gesto me emocionó de tal manera que se me erizó el vello y me recorrió un escalofrío por la espalda y al devolverle la sonrisa y seguir corriendo pensé para mí que este hombre era carne de blog. Y así ha sido. Gracias.

Así que tenemos por un lado un par de abuelos y por otro el running. Pues con esa combinación tengo una anécdota. La del hada vieja que da título a esta entrada. Una historia que se remonta un par de años atrás cuando comenzaba con esto “del correr” y acababa de empezar con el grupo de entrenamiento de los domingos.

Era una mañana desapacible y lluviosa y yo en mi ignorancia deportiva creía que ese día no se entrenaba…. iluso. Claro que se entrenaba, y si tocaba tirarse en el suelo se tiraba uno, faltaría mas. Pues era uno de esos días… y tocaba hacer un circuito de fuerza, trabajar alguna zona del cuerpo durante treinta segundos y reponerse durante otros treinta para empezar de nuevo a castigar nuestro body. Estábamos en una parte un poco aislada del parque de El Retiro donde entrenamos siempre, en una pequeña glorieta que servía de encrucijada de caminos y rodeada por bancos de piedra, salvando las distancias, era un poco estilo Stonehenge, pero en pequeño, lluvioso y bucólico.

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Cambia las moles de piedra por bancos, rodéalo de árboles y lo tienes!

Ahí estábamos trabajando biceps, triceps, cuádriceps, mientras oíamos llover a nuestro alrededor cuando la vi. No se si alguien más fue consciente de ella a aquella distancia pero yo la vi llegar desde lejos aunque parecia que había aparecido de la nada, como si nuestros jadeos y nuestros sudores la hubieran invocado, y se acercaba hacia nosotros.

Cuando estaba lo suficientemente cerca reparamos en ella, en su pelo blanco larguísimo y despeinado, en su atuendo anacrónico, en su silueta esbelta y delgada, en sus pies descalzos a pesar de la lluvia y la temperatura pero sobre todo, en su rostro cuajado de arrugas y en su bella sonrisa.

Pasó entre nosotros, por el medio del círculo de piedra, sonriéndonos a todos pero sin fijar su atención en ninguno de nosotros y se fue, no dijo nada, no hizo nada. Desapareció como había aparecido, como por arte de magia y a mi me reconfortó verla. Podría tener treinta años o tres mil, no lo podría asegurar con certeza pero si que tengo claro que era alguien especial, con un aura brillante que destacaba en el grisáceo día.

Ese día la bauticé como el hada vieja y seguramente no sería un hada de verdad, que a esas siempre las pintan bellas, jóvenes y esplendorosas. Aunque tampoco podría jurar que no lo fuera, ya que lo otro son solo estereotipos. Quizá solo fuera una señora extravagante que salió a pasear sin zapatos, quizá fue un producto de nuestra imaginación provocado por el esfuerzo y por el ácido láctico, o quizá aquella presencia fuera solo un fantasma que habita en el centenario parque. ¿Vosotros que creéis?

Yo tengo claro que la presencia fue real y me gusta recordarla de vez en cuando, como ahora, cuando hablo de ancianos y de sus glorias y me hace gracia pensar que ella también se acordará de aquellos muchachos que hacían el tonto cada uno en un banco de piedra vestidos con colores chillones y extrañas zapatillas de deporte, porque todo tiene una doble versión.

Ahora que os lo he contado, ya no me pertenece a mí la historia del hada así que si algún día os la encontráis por ahí ya sabréis que aspecto tiene, no tendréis más que observadla y devolverle la sonrisa.

Y luego venís aquí y me lo contáis. 😉

Hasta pronto,

J

Viejas glorias

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Menudo año llevamos. Un auténtico annus horribilis en lo que al mundo de la farándula se refiere. Desgraciadamente hemos tenido que decir adiós a verdaderos monstruos de la canción, auténticos referentes del arte, músicos legendarios y estrellones de renombre. Aún no habíamos superado la desolación de las despedidas de Bowie, de Prince  o de “La Veneno” y ahora le ha tocado el turno al bueno de Leonard Cohen.

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Que te vaya bonito, Leonard

Imagino a mas de uno de los reinones que quedan con el culete apretado deseando que pasen las uvas a la espera de superar esta racha de celebrity-criba. Y es que las cosas se están poniendo serias. Yo no recuerdo una temporada tan nefasta desde principios de los noventa, cuando estaba haciendo el servicio militar, la famosa “mili”. En aquellos días me cargué a muchos famosos importantes, como Freddie Mercury. Y digo me cargué porque era la sensación que me quedaba. Cada vez que yo hacía una guardia, algún VIP caía, como si el universo compensara mis frustraciones y desvelos con sangre. Aquello se convirtió en una rutina macabra, Benny Hill, Tino Casal, Juanito (Real Madrid) Gomez… son solo una muestra de mis “victimas” de las que, por cierto, este año se cumplen sus 25 años a la sombra….

¿Sería demasiado egocéntrico decir que todos esos nefastos acontecimientos son por mi? Nahhh, será casualidad (espero).

Y dicho esto, hay que ver como pasa el tiempo. Eso de hablar de mis “hazañas bélicas” denota ya cierta edad, cierto viejunismo o cierta experiencia vital, como se quiera ver y es que poco a poco se nos va echando el tiempo encima y empezamos a divagar. Parece que nos vamos convirtiendo en esos adultos que hablaban de sus anécdotas de cuando eran jóvenes, ya sin el pudor de la cercanía y con una completa indolencia.

Porque uno no se convierte en uno de ellos, en un viejo (sin eufemismos y sin ánimo de ofender) hasta que no le resbala todo. Cuando ya no existen los tabúes, las incertidumbres ni los “qué dirán”. En el momento que el adulto mayor empieza a pasar de todo, a derrochar desfachatez y a ponerse el mundo por montera es cuando más libre se siente. Será por la proximidad de lo inevitable que les hace querer vivir al límite… o no.

Imagino que a todos nos ha pasado esto por la mente cuando vemos a un señor o una señora muy mayores cruzando una calle atestada de coches por el medio, sin esperar al semáforo o al paso de peatones y claro, más bien escasos de movilidad. Y lo hacen por derecho, sin pensar en las consecuencias y con la altivez de las canas.. -“qué paren ellos, que yo soy mayor y se lo que hago”.

Yo hace poco viví un momento de esos, de vieja gloria.

Uno de estos sábados en los que recojo a las niñas del entreno y me voy a casa por la autopista, vi como un señor mayor, bastante mayor por cierto, caminaba por el arcén con una mochilita al hombro y unas bolsas de plástico en la mano. No daba la impresión de estar desorientado ni perdido pero me recordó a aquellas noticias de algún señor que desaparece sin dejar rastro, sin su medicación y con lo puesto. Por el espejo retrovisor (yo iba bastante más rápido que él) traté de fijarme en su cara y su aspecto por si esa tarde, al ver las noticias, aparecía alguien reclamando noticias suyas.

No fue así, no salió en ningún medio.

Al sábado siguiente, mismo escenario, misma hora de recogida, misma carretera…. y mismo señor mayor, con su mochilita y sus bolsas. Ahí quedó claro que el hombre no se había perdido, ni había escapado, ni había desaparecido. Tampoco era el día de la marmota  así que solo podía significar una cosa, que ese hombre caminaba por allí porque quería.

Ni idea de donde iba ni que se traía entre manos pero la rutina denotaba todo eso de lo que hablaba antes, el medio para un fin. Su medio y su fin, sin importarle los demás y sin importarle él mismo. Lo que estaba haciendo era peligroso, mucho, era ilegal y no era necesario. Al lado de la carretera, unos cincuenta metros más allá discurre un camino medianamente practicable. ¿por qué entonces iba el señor por allí? Pues porque le daba la gana. Sin más.

Porque sin quererlo se había convertido en una vieja gloria, en uno de esos que ya están de vuelta y que toman las decisiones que quieren tomar al margen de todo y de todos. Me imagino lo que dirían sus familiar, amigos o conocidos si se enterasen de estas “salidas”, un poco lo que pensaría yo si ese señor fuera mi padre. Otro igual, que ya está empezando a cruzar las calles a lo loco casi sin visión en uno de sus ojos. Ainssss la vejez!

Me apetece homenajearlos a todos, a los vivos y a los no tanto, a los jóvenes y a los viejos así que os dejo esta maravilla de canción de Mr. Cohen que se titula “In my secret life” (En mi vida secreta) y que de una forma muy sutil, vincula e ilustra todo de lo que he escrito hoy aquí. Cerrad los ojos y disfrutadla.

Y ahora, una vez habiendo recapacitado sobre vuestra vida secreta, sobre vuestros amores, sobre vuestras edades, sobre vuestros mitos y sobre esas viejas glorias indolentes, podéis dejarme vuestras conclusiones en la zona de comentarios. Me encantará charlar con vosotros.

Hasta pronto,

J

Tu minuto de gloria #EstamosLocos?

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Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión y me da miedo repetirme pero es que cada vez tengo más claro que estamos en una deriva un tanto peliaguda. Hoy en día, cualquiera con un móvil o una cámara de fotos es un periodista gráfico y puede permitirse el lujo de difundir lo que quiera de cualquiera, con o sin confirmación, con o sin permiso, con o sin código deontológico.

De igual manera que cualquiera que tenga una opinión, la que sea, tiene a su disposición un amplísimo abanico de posibilidades donde mostrarla, e incluso, llegar a tener cierta repercusión. Nos creemos que eso es libertad de expresión o libertad en general pero estamos equivocados, esto no es mas que otro redil donde contenernos, porque mientras estamos vomitando lo que nos salga de las teclas, no estamos haciendo cosas de “provecho”.

Y además, estamos siendo manipulados.

Es muy sencillo, y desde fuera, sin entrar en profundidades abisales, solo leyendo y teniendo un poco de sentido común o de lógica, está clarísimo. La mayoría de los foros abiertos están dirigidos y las opiniones están controladas y sesgadas en busca de un objetivo concreto. Ahora hago de abogado del diablo y os reconozco que no estoy seguro de si esto es bueno o malo, lo tendremos que juzgar cada uno de nosotros.

Y cuando digo cada uno de nosotros me refiero a todos esos individuos que hemos tirado el pudor por la ventana, los que nos exhibimos en pelotas (físicas o figuradas) o los que buscamos con un post, con una argumentación, con un troleo o con un insulto nuestro minuto de gloria.

Me produce una sensación de asqueamiento brutal cada vez que leo un artículo en cualquier medio de renombre, de esos que tienen los comentarios abiertos para el público en general y estos están llenos de acusaciones, de intrigas, de verdades dogmáticas de pacotilla y de “enteraos” que no tienen ni idea de escribir, de redactar, de polemizar o de respetar las opiniones contrarias. No puedo con ello, lo prohibiría.

Y creo, además, que esos mismos medios son los que potencian que esto sea así, por el ya famoso.. “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Porque se puede disentir, estar en desacuerdo o incluso discutir pero hay que tener en cuenta que todo eso es vano, que no se llega a ningún lado, que los hilos de conversación son tan efímeros que cuando quieres contestar ya se te han colado dieciséis nuevas opiniones. Pero mientras tanto, la presencia en la web de turno sigue sumando….

Hay mucha gente que se tira a la piscina de los comentarios como auténticos kamikazes vertiendo unas opiniones y unas pasiones que deberían guardarse para su más íntima mismidad. A mí me parece repugnante leer todo tipo de cruces de acusaciones y de enconadas e incontrolables disputas en cualquier artículo, foto o vídeo. Pero claro, el amparo que da el anonimato de un apodo es muy jugoso para todos aquellos que quieren medrar, amedrentar o imponerse sentando cátedra.. ¿Qué cátedra ni qué cátedra? Porque no se si os habéis fijado, pero cuando más agresivo es el comentario, peor está escrito. ¿Será que la gramática y la educación son siempre inversamente proporcionales?

Y detrás de todo eso, están los que dan de comer a la bestia, los que la acarician y la alimentan, los que permiten que esto crezca y que se alcancen cotas inimaginables de insultos, violencia y analfabetismo… En fin, toda una fauna, los animales y sus domadores.

A los que buscan notoriedad y no se les da tan bien eso de escribir y de crear polémica, los famosos trolls de internet y derivados, tienen a su disposición un catálogo de mamarrachadas para practicar, grabarse y exponerlas al mundo. Cuanto más bizarro mejor. En el mundo del vídeo y de los retos, siempre más es más. Más alto, más grande, más fuerte, más loco, más salvaje, más loqueseteocurra.

Y volvemos a lo mismo, a un maestro de ceremonias, por no dejar el argot circense, se le ocurre cualquier barbaridad, y una horda de descerebrados le sigue como las ratas al flautista de Hamelin. En unos casos imitando y en otros superando al maestro. Porque hay una cosa clara, la gente aún sigue creyendo que Internet es libre y que no hay jerarquías… Si es que somos unos inocentes de libro, pobres de nosotros.

Me ha llamado mucho la atención uno de estos retos que pululan por la red, el Extreme Ironing o planchado extremo. Que no es otra cosa que ir con la plancha y la tabla de planchar a donde menos te imaginas a hacer que planchas. Si, que así explicado es ridículo, pero mirad las imágenes, o si lo preferís, buscar vídeos en Youtube y pasad el rato.

A mi, a parte de que las fotos me parezcan mas o menos chulas, el tema también me parece ridículo y es más, estoy completamente seguro de que esto no es más que una exacerbación del famoso postureo y del aparecer por aparecer. Lo se, debo ser yo que me he vuelto muy serio o que no tengo tanto afán de protagonismo. Quizá mi búsqueda de mi minuto de gloria no tenga nada que ver con tirarme un cubo de agua helada por encima (Ice Bucket Challenge), ni con meter los labios en un vaso y succionar hasta que se me queden como morcillas (Kylie Jenner Challenge), ni con golpearme la cabeza con una barra de pan (Bread on Face Challenge), ni con meter la cabeza en un condón lleno de agua (Condom Challenge). Llamadme loco, pero yo tengo otro retos, mas íntimos.

Pero ahí os dejo todas esa ideas por si queréis lanzaros al mundo de la gloria momentánea, simplemente dejad volar vuestra imaginación y seguro que encontráis inspiración para petarlo en la red. A mi se me ocurren cosas pero no las voy a desvelar por si me cambia el chip y me animo.

De momento, como esto va éxitos efímeros o frugales, me voy a poner una canción. The winner takes it all (El ganador se lo lleva todo) de los míticos ABBA, que viene genial para esto 😉

Es vuestro turno, comentar, trolear, discutir, grabar vídeos… lo que queráis pero compartidlo conmigo, que todo el mundo se entere que #EstamosLocos de remate.

Hasta pronto,

J