Bronies y Looners

¿Si os dijese que me han tenido secuestrado estos meses una banda de albano-kosovares y que por eso no he podido actualizar mi blog, me creeríais?

Ya, yo tampoco, en mi cabeza sonaba mejor…. 😀

El caso es que estoy aquí de nuevo, sin excusas y con ganas. Con un buen trabajo irreflexivo detrás y una metodología de publicaciones bien esquematizada en mi cabeza. Y dicho esto, vamos al grano.

Amigas, amigos, ¿qué es lo que me ha hecho salir de mi letargo?

Pues os lo digo directamente, la HUMANIDAD. Así, con mayúsculas. Las más asombrosa, excitante y variopinta muestra de humanidad que subyace entre “la norma” entre la que nos movemos como pez en el agua, o eso pretendemos.

Cada vez estoy más convencido de que el ser humano es maravilloso en su diversidad y que si explotáramos esa faceta seríamos mucho más felices. Eso de ir nadando a favor de corriente es cómodo, confortable dicen algunos, pero es completamente falaz, digámoslo alto y claro, somos únicos, somos distintos, somos libres y somos FRIKIS.

Y somos así de particulares en todos los aspectos de nuestra vida. La pena es que el mundo se nos está llenando de etiquetas y ya no podemos ni movernos sin que llevemos detrás, como si fueran la fechas de nuestros próximos conciertos, lo que se supone que somos, en lo que nos definimos, nuestro código de barras, nuestra composición e incluso, nuestra fecha de caducidad.  Tanto tratar de moldearnos y de introducirnos en habitáculos estancos, estandarizados y delimitados me provoca mucha ansiedad. Como si no existiera la transversalidad. Como si no se pudiera ser hetero y enamorarse de un hombre, o zurdo y comer sopa con la mano derecha, o negro y tenerla pequeña. Seguro que para estas desviaciones también hay su sub-etiqueta.

¿No es cansino? Todos esos estudios de la Universidad de Wisconsin, todos esos recursos invertidos en pedagogía, psicología, sociología, antropología, nosequelogía… millones de pasta destinados a oprimirnos.

¿A qué se debe tanto interés? Pues es pura segmentación de marketing. Nos ubican y nos cubican para tenernos a su alcance cuando nos quieran vender algo, ni más ni menos. Somos mercado objetivo, clientes potenciales, el consumidor del futuro. Esos tipos a los que solo le bombardearán con cosas para heteros, para zurdos y para negros. Somos carne de cañón queridos y queridas, así de claro. Y ahora, podemos hacer dos cosas, enfadarnos y no respirar…. o tomárnoslo de buen rollo. Yo elijo lo segundo, y cuando me vea segmentado, ya decidiré yo si compro o paso.

Os recomiendo que toméis ese camino, el otro os va a llevar a oscuros laberintos de teorías conspiranoicas que alimentarán a vuestro demonio interno y os harán volveros más introvertidos, más asociales, más  perturbados y no os servirá de nada, porque estaréis en otro estamento, seréis otro tipo de consumidor, uno triste, pero consumidor al fin y al cabo.

Y para salir se toda esa tristeza que nos produce ser un mero objetivo transaccional, nada mejor que tirar nuestro pudor por los aires y salir del armario de la normalidad a un mundo de etiquetas de colores. Eso es lo que hacen, entre otras cosas…

LOS BRONIES

Los Bronies (no confundir con Brownies, que esos se comen), son personas adultas, hombres adultos, fanáticos de My Little Pony.

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Esa serie de dibujos animados para niñas, basada en los populares juguetes de Hasbro, relata las andanzas de las glamurosas y mágicas ponis, Twilight Sparkle, Rainbow Dash, Pinky Pie, Rarity, Fluttershy y Applejack, amigas y residentes en Ponyville. Un show de televisión que se lleva emitiendo desde 2010 y que tiene una excelente acogida entre las niñas de todo el mundo y un grandísimo merchandising. Las aventuras de estas simpáticas y ecuestres amigas se fundamentan en dos pilares, la amistad y la magia.

Y quizá sea algo de eso, o que ya os lo he dicho yo muchas veces, que la vida con un poco de brilli-brilli es mucho mejor, que también ha calado hondo en un público masculino y heterosexual que no duda en disfrutar de sus muñecas favoritas, vivir su mágicas aventuras, ser fieles seguidores de sus aventuras en TV y en cine, disfrazarse e incluso acudir a convenciones y quedadas varias. Una de las más famosas, es la BroniCon que se celebra en Estados Unidos con carácter anual.

El nombre de esta “tribu” tan particular viene de Bro (brother, hermano) y Ponies, no obviemos el “Bro” porque, si no ha quedado claro, la mayoría de estos fans son hombres. ¿No os parece tierno? ¿¿¿No os parecen tiernos???

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También hay su versión femenina, aunque mucho menos numerosa y relevante, las Pegasisters. Y es que el mundo del Cosplaying tiene cada vez más adeptos y menos vergüenza. Me refiero a lo de disfrazarse, para los no bilingües….

En el fondo, todas estas personas son “normales”, tiene su adoración o su fetichismo por cierto juguete o por cierto personaje pero no suelen hacer daño a nadie. A cada uno le gusta lo que le gusta o le excita lo que le excita, como a…

LOS LOONERS

Siguiendo con el hilo de los dibujos animados os creéis que los Looners son una especie de adoradores de Looney Toons o incluso, gente que se excita viento a Piolín, Silvestre y sus amigos. Reconócelo, tú también lo has pensado.

Pues no, los he puesto a continuación de los Bronies por seguir una estela algo naïf pero aquí daremos un giro un poco más adulto, más serio. Porque os desvelaré que los Looners, son personas “normales” que sienten excitación sexual con globos.

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Un inciso, si no habéis visto la película de Paco León, “Kiki, el amor se hace” os la recomiendo desde ya mismo. En ella se relatan en clave de humor varias parafilias sexuales, desde las personas que se excitan al sufrir actos violentos, a las que solo encuentran placer con plantas y muebles o las que disfrutan sexualmente con el roce de una tela, mejor os hacéis una idea….

Si quieres conocer más sobre estas parafilias, echa un vistazo a este enlace.

Fin del inciso.

Volviendo a nuestros globos y a nuestros Looners, no hablo de sentir placer en globos aerostáticos que podría encontrarle el punto, sino a encontrar ese placer inflando globos, globitos o globazos de colores. Debe ser el tacto del látex o la sensación de ir expulsando aire de nuestros pulmones lo que hace que haya gente que se excite sobre manera con estos inocentes artículos. Como de etiquetas hemos comenzado hablando, os definiré que existen distintos tipos de Looners, los “no-poppers” que viven este fetichismo manipulando, tocando y disfrutando de la apariencia de los hinchables y los “poppers“, aquellos que solo obtienen placer sexual cuando hacer estallar los globos. Imagino que un Looner popper disfrutará del acto de hinchar el globo y la culminación de su “orgasmo” vendrá con el estallido final… (¿no es siempre así?).

En definitiva, sean de un tipo o de otro, mantenedlos alejados de los castillos hinchables. El espectáculo puede no ser apto para niños, #EstamosLocos?

Así que, si sabemos que nos van a etiquetar, que nos van a manipular, que nos van mirar con lupa cada cosa que hagamos, donde actuemos y con quien, por lo menos no lo pongamos fácil. Que se esfuercen más, que trabajen más, que analicen nuestras friqueces y traten de darle nombre, a fin de cuentas, cobran por ello.

Y hasta aquí el artículo de hoy, hay muchos más medios para escapar a la norma, muchas más vías de evacuación de lo preestablecido ¿se te ocurre alguna? Es el momento de utilizar la zona de comentarios. Charlemos un rato.

Hasta pronto,

J

Un juego perverso

No podemos evitarlo, lo malo nos llama mucho la atención.

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Sentimos debilidad por lo negro, por lo oscuro, por lo peligroso. Creemos que tenemos nuestra vida centrada en la zona de la luz y que estamos cómodos allí pero el lado oscuro nos susurra constantemente. Nos molan los malos de las películas, nos identificamos con los seres ambiguos y torturados, disfrutamos con las criaturas siniestras y necesitamos de esas dosis de perversión para ser completos. Sabemos que no debemos tocarlo, no debemos adentrarnos, pero está ahí, tan cerca!

Somos sombra y luz, Yin y Yang, tigre y dragón, búho y alondra. En definitiva, somos duales, tenemos muchas facetas y muchas caras, unas mas amables que otras pero todas nos conforman.

Yo me reconozco en esto que digo, me comprendo y os aseguro que tengo mi lado oscuro y mis pasiones más inconfesables (si, inconfesables, que no las voy a decir…) repartidas en mi día a día. Y me gusta que sea así. Es importante no solo reconocerlo, sino equilibrarlo, y dejarlo aflorar cuando haga falta, cuando sea necesario o cuando sea EL momento. No hay que esperar a la luna llena o al solsticio, no se trata de eso.

Y como tenemos esa querencia, es muy fácil para algunos pocos aprovecharse de ello. Algunos visionarios aprovechan nuestras debilidades y características especiales para torturarnos y manejar nuestros instintos a voluntad. Mucho de lo que está pasando en nuestro país en estos días es un reflejo de esto. Se está jugando un juego perverso lleno de odio y de afectación, dirigido por políticos con intereses alejados del pueblo pero que recurren a ese mismo pueblo para abanderar una causa u otra. Esta manipulación me ahoga, me asfixia y me abruma.

Cada cosa que leo en estos días está cargada de grandes dosis de irracionalidad y de manipulación, yo lo veo desde fuera y lo identifico bien, no me creo ni un lado ni otro, pero imagino que estar inmerso en la vorágine debe ser distinto. Las personas se han convertido en una turba, ya no hay conciencia individual, solo colectiva y agresiva y eso me produce mucha inseguridad y desasosiego. Estamos en un mundo en el que las opiniones de cualquiera se hacen virales sin filtro y la desinformación vuela por doquier. Yo he leído mucho y he callado mucho, he estado a punto de tirarme a la piscina en muchas ocasiones y he sabido recular a tiempo, no tengo las armas ni la energía necesarias para participar en este Circus Maximus.

Desgraciadamente se nos está intentando hacer ver que en esta tensión hay lobos y corderos, víctimas y verdugos, acosadores y acosados y mucha gente se está posicionando en estas situaciones. Pero están equivocados, si se toman la molestia de retirarse un poco y de ver las cosas con perspectiva, verán que aquí solo hay lobos. Lobos contra lobos. Esto es una pelea de bandas a cara de perro y sin control. Y las turbas están manejadas con hilos invisibles pero reconocibles, como el dinero, la estabilidad, la patria, el futuro, la identidad…. Cada cual, y esto es muy personal, se agarra a lo que considera en peligro y lo defiende haciéndole el juego a los maestros de marionetas. Es triste pero es lo que somos, unos burdos muñecos que cuelgan inertes hasta que nuestro dueño nos moviliza.

Este juego perverso no me gusta así que estoy intentando aislarme, huyo de las redes sociales, esquivo perfiles implicados, evito noticias sesgadas (¿las hay objetivas acaso?). Como me gustaría poder influir para aportar cordura pero estoy a años luz de poder hacerlo así que a lo mejor me visto de negro y me voy pasadas las doce a mordisquear yugulares. Algo tengo que hacer para calmar este ansia.

wickedgame

O quizá esto se me pase escuchando el juego perverso (Wicked Game) de Chris Isaak, esa preciosa canción que formó parte de la genial banda sonora de Corazón Salvaje (Wild at Heart) de David Lynch. Esa historia de forajidos abocados al lado oscuro protagonizada por Nicholas Cage y Laura Dern. Recuerdo haberme comprado el disto de Isaak y de haberlo triturado literalmente en mi tocadiscos, mucho ha llovido desde aquello, desde que me metía esta canción en vena.

Pero nunca es tarde para volver atrás, nunca es tarde para parar, nunca es tarde para rectificar, nunca es tarde para detenernos, mirar alrededor y exclamar… #EstamosLocos?

Hasta pronto,

J

Caliente, caliente

Como aquello que cantaba hace milenios Raffaella Carrá, pero sin sus Eeeooo, Oooaaa.

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Hemos pasado un verano caliente y ahora, que aún estamos en agosto pero tenemos un clima algo otoñal, vuelvo a sentarme enfrente de mi pantalla favorita, para hacer una de mis cosas preferidas. Este tiempo alejado de mi blog, de mi espacio, de mi sitio, ha sido como una especie de penitencia. Cuando encontraba de lo que hablar no tenía tiempo o conexión, y cuando lo tenía, la pereza y la procastrinación me hacían anular el impulso.

Hoy no es un día distinto, no ha pasado nada novedoso ni nada especial, pero se han alineado los planetas que rotan y se trasladan dentro de mi cabeza y, aprovechando que el ordenador estaba sobre mis rodillas, he caído sin remedio en el editor de textos de WordPress.

Y ya sabéis lo que eso significa, que mi verborrea (¿o sería mi “teclorrea”?) se desata, mis sinapsis neuronales empiezan a echar chispas y los temas empiezan a cuadrar y a situarse. Todo muy concienzudo y muy organizado ¿no lo parece? 😀

Pues como os decía, caliente, caliente ha sido el verano, y debe ser cosa de la edad que este año me ha afectado sobre manera. Y eso que estaba más delgado que de costumbre, que llevaba unos hábitos más saludables y deportivos y todo eso, y bla, bla, bla… pero yo, que siempre he sido más de chorrear sudor que de pelarme de frío he vivido en mis propias carnes la agonía del “caloret”.

La faceta deportiva ha sido la peor parada. A finales de junio corría la que iba a ser mi última carrera de la temporada, bien entrenado y con un objetivo firme y alcanzable en la mira. Quería ganarme las vacaciones rebajando mi marca de los 10 kilómetros y estaba listo para ello. Con lo que no contaba, era con los agentes externos.

Aunque tenía que madrugar el domingo para la carrera, tuve que salir a cenar el sábado por la noche, era una celebración del trabajo y además me daban un reconocimiento por mis años de servicio, no me parecía bien faltar. Me porté muy bien, no bebí alcohol, cené moderadamente y me recogí como la Cenicienta, a medianoche, eso si, yo no perdí los zapatos. La cena se desarrolló en una finca al aire libre donde había de todo menos aire libre, estábamos a casi cuarenta grados y todo lo que podíamos comer y beber lo sudábamos de inmediato. Nada de toxinas al llegar a casa.

Me metí en la cama concienciado en la carrera del día siguiente pero me levanté sin muchas ganas, me vestí, me metí en el metro y me fui donde había quedado con mis hermanos runners para calentar. La pereza que sentía era extrema y después de calentar me noté un poco mareado. Pero yo, adelante, me coloqué en la línea de salida esperando que el papelón pasara cuanto antes. En movimiento me encontraba mucho mejor, iba ligero y a buen ritmo pero el calor empezaba a apretar y no hacía más que buscar sombras donde estar más fresco y desear que llegara el avituallamiento del kilómetro 5 para poder beber agua fría o echármela por encima. Llegó y lo hice.

Un kilómetro y medio más tarde todo se torció, el calor me afectaba demasiado, me agobiaba el sol y mi cabeza no respondía bien. En una cuesta abajo bastante pronunciada sentí un vértigo impresionante, como si se tratara de un gran tobogán lleno de gente e interminable. Me paré y continué caminando para no caerme redondo al suelo. El resto de la carrera, los casi cuatro kilómetros finales, los hice corriendo y andando y jodido porque mis objetivos se alejaban, cada vez que me detenía me enfadaba más y más conmigo mismo…. pero mi cuerpo estaba KO. Crucé la meta más por coraje que por convicción y cuando puede me tiré al suelo a descansar. Menos mal que mis hermanos runners estaban allí compartiendo sufrimiento y agua.

Lo que me sucedió fue un golpe de calor y tardé en recuperarme más o menos una semana, con dolores de cabeza, mareos y una sed constantes. Cuando sentí todos esos síntomas y me encontraba tan mal prometí darme un descanso y no hacer locuras a altas temperaturas, desde entonces no he vuelto a correr. Mi descanso se acaba este domingo y ya hay ganas pero mi tiempo en la “reserva” también lo he aprovechado.

Y precisamente hoy, dia en el que hablo de calenturas, me he enterado del nuevo y peligrosísimo reto que circula por las redes. El hot water challenge (el reto del agua caliente) consiste en tirarse por la cabeza un cubo de agua HIRVIENDO. ¿Se puede ser más subnormal? ¿Es que no hay límites para la imbecilidad humana? Esto es demencial, tremendo y demuestra sin lugar a duda que #EstamosLocos de remate y que nos merecemos que nos pasen cosas macabras. Hablo de la humanidad en general, sin particularizar.

De este reto hay varias versiones, para todos los “gustos”. Están los que hierven su agua, se ponen delante de la cámara y se la tiran por la cabeza… los que no tienen huevos para hacerlo y esperan inmóviles a que otro les haga el trabajo y lo más peligroso, los que arrojan agua hirviendo a un tercero sin que se lo espere. A estos, les metía yo dos “guantás” que iban a estar con un golpe de calor como el mío tres decenios. Por graciosos.

¿Y que es lo peor de todo esto? No es que un adulto se fría y se genere quemaduras y cicatrices de por vida por hacer el salvaje, es su puñetera culpa. Lo malo es que estos retos los ven niños, los imitan, los improvisan y las consecuencias son terribles. Hay fotos y vídeos de niños achicharrados e incluso hay fallecidos. De hecho, una de estas historias para no dormir la protagonizan un niño y una niña que se retaron a beber agua hirviendo, la niña se desolló la garganta, le tuvieron que hacer una traqueotomia y después de varios meses en el hospital ha fallecido a consecuencia del jueguecito. Poca broma con esto.

Quizá estas cosas que nos están pasando son las  nuevas pandemias del mundo rico, las consecuencias de la globalización, de la conectividad y de, por qué no, de la gilipollez máxima del ser humano.

Me noto un poco encendido así que voy a dejarlo aquí, no quiero que la calentura acabe como la otra vez, con mareos y dolor de cabeza. Si te apetece, por un comentario y charlemos sobre lo caliente que estamos 😉

Hasta pronto,

J

Llega “Terminator” #EstamosLocos?

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Leer la prensa siempre me llena de incertidumbre. Unas veces porque tengo la sensación de que todas las noticias están empezadas y ya… para qué seguir, si me he perdido la trama. Otras porque creo que vivimos en un psiquiátrico enorme en el que todos, y lo digo bien alto, todos, estamos locos de remate. Pocas veces leemos algo normal en la prensa, esas cosas que pasan en el mundo que hay detrás de nuestras ventanas y que en cierta medida ya no nos llaman la atención porque por anormales, las hemos “normalizado”.

Cosas como los refugiados, las guerras civiles, el ISIS, el petróleo, las luchas de poder enmascaradas, la economía, la corrupción, los autobuses con mensaje, Corea del norte, la violencia de género,… ¿tengo que seguir? ¿no es todo muy marciano y hasta cierto punto, muy falso?

Porque a veces me da la sensación de que todo es mentira, que todo es inducido, que una cosa es el titular y otra cosa la VERDAD esa que no nos cuentan ni nos contarán nunca y que quedará ahí oculta hasta que un conspiracionista se atreva a hacer un documental de culto que será denostado por los que ostentan el poder. Si habéis pensado que ese de las teorías de la conspiración podría ser yo, iros olvidando. Que lo mío es lo superficial.

El caso es que me acabo de enterar de una noticia que me ha helado la sangre. Y no, no me refiero a que una de las musas de este blog, Leticia Sabater haya sido ingresada por una inflamación en sus falsos labios (de arriba) y que vaya a participar en Supervivientes. Ni que otra musa (¿o muso?), la incombustible Caitlyn Jenner, haya dado una paso más en su re-adecuación sexual y se haya extirpado su pene. Ahora que lo pienso… que irónico todo, a una le sale un bulto, la otra se quita un bulto.

Pero no nos desviemos, que aunque estas noticias sean de alcance, no son lo que me trae por aquí. Lo que me ha puesto los pelos de punta es el juguetito que se ha sacado de la manga la madre Rusia, el robot FEDOR (Final Experimental Demonstration Object Research), un bicharraco capaz de manejar armas de fuego con una pericia implacable. Aunque que conste, que los rusos dicen que aunque FEDOR, de nombre ruso formado por siglas en ingles (qué “moderno” todo) sea capaz de tal despliegue, no está concebido para uso militar. Palabra de Putin.

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No se a tí, pero a mi me acojona

Por lo visto, que el muchacho sea capaz que coger dos pistolas y disparar a dos manos con mayor eficacia que Billy “El Niño” es para potenciar sus capacidades motoras y favorecer la toma de decisiones…. porque él sabe hacer muchas otras cosas, como cambiar bombillas, utilizar todo tipo de herramientas o incluso conducir coches.

Y no te digo yo que no me lo vaya a creer (no me lo creo, llámame loco) pero que igual con una pelota anti-estress o con ejercicios de psicomotricidad fina se consigue eso que dicen que quieren conseguir. Ya me imagino las guarderías del futuro, todo sea por las capacidades motoras.

¿No es verdad que #EstamosLocos?

Sea cual sea el objetivo de FEDOR, dicen que saldrá en misión espacial en 2021, a mi me ha recordado mucho, demasiado, a Terminator. He recordado cuanto la disfruté en el cine aunque me llenaba de desasosiego pero como película estaba genial. Se planteaba lo mismo que otras muchas películas, comics y novelas del género, la rebelión de las máquinas. Un guerra sin cuartel basada en la inocencia y en el desarrollo de las IA (inteligencias artificiales) con fines “buenistas” que se terminan yendo de las manos.

Quizá porque las creaciones son mas “humanas” y por lo tanto, imperfectas, de lo que se les presumía. Y aprenden de ellas mismas, a superarse, a ambicionar, a crecer, a ser independientes y a arrollar con su prepotencia.

Entre tanto, buen caldo de cultivo están cocinando Trump y Kim Jong-un, el cenit de la humanidad “bien” entendida con su “cordura” en las mas altas cotas y unos egos que sobrepasan lo imaginable. Justo en el momento que llega FEDOR con sus pistolas y su buena puntería. Ay Arnold (Schwarzenegger) con lo chulo que era todo cuando era mentira.

Con este panorama no sería de extrañar que acabáramos en un mundo apocalíptico y sucio, esquilmados, dominados por las máquinas e intentando luchar por la poca humanidad que quede en nosotros. De vuelta al guetto, sin globalización y sin glamour… yo no se como se lo tomará Caitlyn, pero seguro que Leticia lo vivirá ajena, en su isla de Supervivientes, en biquini y cantando sus “pepinazos”.

O si no, al tiempo.

Hasta pronto,

J

Animalicos

Ayer entró un pájaro en casa.

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Yo volvía de correr y mi mujer me estaba esperando en la puerta de casa con la cara desencajada. Al verme me dijo que no me preocupara, que las niñas estaban bien pero que ella no. Su rostro denotaba entre angustia, acojone y vergüenza así que yo no sabía a que atenerme.

Ella, (mi mujer) que adora el mundo animal proporcionalmente a la distancia que los separe, o sea, cuanto más lejos, mejor, había ido a vestirse a nuestra habitación y se había encontrado un pájaro en nuestra cama, como si tal cosa, con la indolencia típica del que está donde quiere. No tuvo casa para correr la pobre.

Ni que decir tiene que ya no volvió a aproximarse a la habitación hasta que llegué.

Bueno, afortunadamente era un pájaro, así que me relajé, cogí un trapo y me dirigí a expulsar al intruso con decisión. El pájaro estaba ahí, en mi lado de la cama, subido en uno de mis cojines. Feo como él solo, medio negro y destartalado. Enseguida me di cuenta, cuando intenté atraparlo y se movió por la habitación como una polilla, dándose golpes con todo, que debía estar un poco lesionado porque no volaba bien y que tenía tanto miedo o mas que mi mujer.

En unos minutos conseguí echarle el trapo encima, agarrarlo cariñosamente, sacarlo por la ventana y, a instancias de mi mujer, encerrarnos como si viviéramos en un búnker. No se como se quedó de tranquilo el pájaro pero a mi mujer le duró la psicosis todo el día. Y encima tuvimos que lavarlo todo por que el bicho nos dejó un montón de regalos en forma de cagaditas en la cama limpia, los cojines, el suelo…. un amor de visita.

Si mi mujer hubiera tenido ovarios de volver a la habitación mientras yo invitaba al pájaro a abandonar la casa la hubiera oído gritar eso de:

-“SACA A ESA COSA DE AQUIIIIIIII!!!!!”

Esa cosa…. esa cosa… esa cosa me hizo recordar….

…Que me hizo mucha gracia aquello que pasó hace unos meses en el Congreso de los Diputados cuando decidieron por unanimidad declarar a los animales “seres sintientes” dotados de sensibilidad para diferenciarlos de las “cosas”. No, los animales no son cosas, no es lo mismo un perro que una bicicleta, ahí estamos todos de acuerdo. O quizá no.

Sinceramente no lo entendí del todo pero comprendo que se busque un marco jurídico que defienda los derechos, e imagino, las obligaciones, de los animales para que cosas tan atroces como el maltrato y la mutilación animal sean punibles.

En este orden de cosas, si que entiendo mas que se haya prohibido o ilegalizado recientemente la amputación del rabo de los perros con fines estéticos. O con el fin que sea, ¡yo que se! Y con esto vuelvo a lo del principio. Muchos “amantes” de los animales han estado toda la vida mutilando legalmente a sus mascotas en mor del pedigrí, de la estética o del vetetuasaber y nunca ha pasado nada.

Eso es algo que me ha chirriado desde siempre, queremos tener animales de compañía (que ya eso, si lo pensamos, es incongruente) y nos dedicamos a:

  1. comprarlos
  2. retocarlos físicamente
  3. encerrarlos

Como siempre, los seres humanos hemos demostrado ser más animales que los pobres animales, más inhumanos y más caprichosos. Nosotros, los seres sintientes por excelencia somos unos cabrones a los que se nos llama civilizados y que sin pensarlo dos veces dominamos a nuestro antojo el mundo animal, lo llenamos de protocolos inventados, de peluquerías caninas, de falsedad y de prepotencia.

¿A que va a ser cierto que los animales son más parecidos a las bicicletas de lo que pensamos? Por lo menos para unos pocos (o unos muchos) que SI que han considerado a sus animales como “cosas”. Cosas con las que traficar, a las que castrar, amputar orejas y rabos, tatuar, cortar el pelo de formas grotescas, encerrar en jaulas o minicasas….

A todos estos amantes de los animales se les está viniendo encima toda esta legalidad que han defendido sin quererlo y sin querer mirar y reflexionar antes de hablar, en fin. Será justicia divina o justicia animal.

La verdad es que si miramos un poco más allá de la anécdota y de los sentimientos, todo lo relacionado con los animales es un negocio en alza. Venta, crianza, competición, alimentación, cuidados, complementos e incluso decesos.

Hace poco que yo he sido consciente de que existen empresas dedicadas a otorgar un descanso adecuado, humanizado y “caro” a los animales domésticos. Ahora es posible diseñar un funeral a medida de la mascota, una cremación o un entierro, así como el más variado y sofisticado “merchandising” funerario. Sin duda un negocio en alza, una oportunidad de negocio bestial que ha venido a generar una necesidad que antes no lo era, pero así es como triunfan los visionarios.

En mi humilde opinión, como ya dije en su día no creo que estas cosas nos acerquen más al mundo animal, ni que así seamos más tolerantes y les demos SU sitio a nuestras mascotas. Pero claro es una opinión. Seguro que tú tienes la tuya.

Pues compártela, claro que sí. En la zona de comentarios tienes todo el espacio que quieras. Yo te dejo con la que para mí es una de las canciones de la temporada y que sirvió para una campaña muy bonita sobre la adopción animal.

Hasta pronto,

J

Tu minuto de gloria #EstamosLocos?

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Creo que ya lo he dicho en alguna otra ocasión y me da miedo repetirme pero es que cada vez tengo más claro que estamos en una deriva un tanto peliaguda. Hoy en día, cualquiera con un móvil o una cámara de fotos es un periodista gráfico y puede permitirse el lujo de difundir lo que quiera de cualquiera, con o sin confirmación, con o sin permiso, con o sin código deontológico.

De igual manera que cualquiera que tenga una opinión, la que sea, tiene a su disposición un amplísimo abanico de posibilidades donde mostrarla, e incluso, llegar a tener cierta repercusión. Nos creemos que eso es libertad de expresión o libertad en general pero estamos equivocados, esto no es mas que otro redil donde contenernos, porque mientras estamos vomitando lo que nos salga de las teclas, no estamos haciendo cosas de “provecho”.

Y además, estamos siendo manipulados.

Es muy sencillo, y desde fuera, sin entrar en profundidades abisales, solo leyendo y teniendo un poco de sentido común o de lógica, está clarísimo. La mayoría de los foros abiertos están dirigidos y las opiniones están controladas y sesgadas en busca de un objetivo concreto. Ahora hago de abogado del diablo y os reconozco que no estoy seguro de si esto es bueno o malo, lo tendremos que juzgar cada uno de nosotros.

Y cuando digo cada uno de nosotros me refiero a todos esos individuos que hemos tirado el pudor por la ventana, los que nos exhibimos en pelotas (físicas o figuradas) o los que buscamos con un post, con una argumentación, con un troleo o con un insulto nuestro minuto de gloria.

Me produce una sensación de asqueamiento brutal cada vez que leo un artículo en cualquier medio de renombre, de esos que tienen los comentarios abiertos para el público en general y estos están llenos de acusaciones, de intrigas, de verdades dogmáticas de pacotilla y de “enteraos” que no tienen ni idea de escribir, de redactar, de polemizar o de respetar las opiniones contrarias. No puedo con ello, lo prohibiría.

Y creo, además, que esos mismos medios son los que potencian que esto sea así, por el ya famoso.. “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Porque se puede disentir, estar en desacuerdo o incluso discutir pero hay que tener en cuenta que todo eso es vano, que no se llega a ningún lado, que los hilos de conversación son tan efímeros que cuando quieres contestar ya se te han colado dieciséis nuevas opiniones. Pero mientras tanto, la presencia en la web de turno sigue sumando….

Hay mucha gente que se tira a la piscina de los comentarios como auténticos kamikazes vertiendo unas opiniones y unas pasiones que deberían guardarse para su más íntima mismidad. A mí me parece repugnante leer todo tipo de cruces de acusaciones y de enconadas e incontrolables disputas en cualquier artículo, foto o vídeo. Pero claro, el amparo que da el anonimato de un apodo es muy jugoso para todos aquellos que quieren medrar, amedrentar o imponerse sentando cátedra.. ¿Qué cátedra ni qué cátedra? Porque no se si os habéis fijado, pero cuando más agresivo es el comentario, peor está escrito. ¿Será que la gramática y la educación son siempre inversamente proporcionales?

Y detrás de todo eso, están los que dan de comer a la bestia, los que la acarician y la alimentan, los que permiten que esto crezca y que se alcancen cotas inimaginables de insultos, violencia y analfabetismo… En fin, toda una fauna, los animales y sus domadores.

A los que buscan notoriedad y no se les da tan bien eso de escribir y de crear polémica, los famosos trolls de internet y derivados, tienen a su disposición un catálogo de mamarrachadas para practicar, grabarse y exponerlas al mundo. Cuanto más bizarro mejor. En el mundo del vídeo y de los retos, siempre más es más. Más alto, más grande, más fuerte, más loco, más salvaje, más loqueseteocurra.

Y volvemos a lo mismo, a un maestro de ceremonias, por no dejar el argot circense, se le ocurre cualquier barbaridad, y una horda de descerebrados le sigue como las ratas al flautista de Hamelin. En unos casos imitando y en otros superando al maestro. Porque hay una cosa clara, la gente aún sigue creyendo que Internet es libre y que no hay jerarquías… Si es que somos unos inocentes de libro, pobres de nosotros.

Me ha llamado mucho la atención uno de estos retos que pululan por la red, el Extreme Ironing o planchado extremo. Que no es otra cosa que ir con la plancha y la tabla de planchar a donde menos te imaginas a hacer que planchas. Si, que así explicado es ridículo, pero mirad las imágenes, o si lo preferís, buscar vídeos en Youtube y pasad el rato.

A mi, a parte de que las fotos me parezcan mas o menos chulas, el tema también me parece ridículo y es más, estoy completamente seguro de que esto no es más que una exacerbación del famoso postureo y del aparecer por aparecer. Lo se, debo ser yo que me he vuelto muy serio o que no tengo tanto afán de protagonismo. Quizá mi búsqueda de mi minuto de gloria no tenga nada que ver con tirarme un cubo de agua helada por encima (Ice Bucket Challenge), ni con meter los labios en un vaso y succionar hasta que se me queden como morcillas (Kylie Jenner Challenge), ni con golpearme la cabeza con una barra de pan (Bread on Face Challenge), ni con meter la cabeza en un condón lleno de agua (Condom Challenge). Llamadme loco, pero yo tengo otro retos, mas íntimos.

Pero ahí os dejo todas esa ideas por si queréis lanzaros al mundo de la gloria momentánea, simplemente dejad volar vuestra imaginación y seguro que encontráis inspiración para petarlo en la red. A mi se me ocurren cosas pero no las voy a desvelar por si me cambia el chip y me animo.

De momento, como esto va éxitos efímeros o frugales, me voy a poner una canción. The winner takes it all (El ganador se lo lleva todo) de los míticos ABBA, que viene genial para esto 😉

Es vuestro turno, comentar, trolear, discutir, grabar vídeos… lo que queráis pero compartidlo conmigo, que todo el mundo se entere que #EstamosLocos de remate.

Hasta pronto,

J

La (e)lección de la camiseta

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Recientemente hablaba con una compañera de trabajo de lo importante que es tener ropa chula para hacer deporte. El hecho de estrenar algo es como un aliciente para salir a sudar la camiseta con más ganas, una excusa, a veces cara, para tirarte a la calle a correr o acercarte a machacar tu cuerpo en el gimnasio. Se que no era una conversación muy elevada que digamos, pero claro, este blog habla de glamour barato y cotidiano así que no esperaríais que fuésemos a charlar sobre física cuántica, ¿no?

De momento no tengo intención de cambiar el título de mi bitácora a algo parecido a…

“Cuantos protones hay en esto?”

Dicho esto, volvamos por la colorida senda de lo superfluo (que no tonto) y de lo superficial (que no tanto) y pensemos un poco en el fondo de la conversación que os comentaba. Cierto es que a veces necesitamos excusas para castigar a nuestro cuerpo, y sobre todo, para engañar a nuestra mente y una buena forma de hacerlo es con estos pequeños estímulos. La novedad siempre ayuda, por lo menos hasta que somos conscientes de que las prendas coloridas y molonas que portamos no hacen que lleguemos más lejos, ni más rápido, ni nos cansemos menos… pero estamos tan guapos cuando nos miramos al espejo antes de salir, que compensa e incita.

Aunque también hay veces que no lo hace y es que, si queremos darnos estos caprichos que tiren de nosotros hasta el reino del sudor, de la congestión y de las agujetas, debemos recurrir a prendas adecuadas, prendas que nos queden bien y que sirvan para lo que queremos que sirvan… O sea, para enseñar si tenemos algo que lucir o para tapar, si lo que tenemos para lucir está mejor oculto y encerrado bajo cuatro llaves.

Y os digo esto porque yo he caído en la trampa de Narciso y me he estrellado de manera atómica. Quería empezar mi nueva temporada de running estrenando ropa, para animarme, y vi una camiseta en Amazon chulísima y muy rebajada, de color verde fluorescente, con detalles en azul y camuflaje… mejor os dejo la foto…

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Me la pillé, claro, porque me gustaba la camiseta y porque inocente y desquiciadamente pensé que me sentaría igual que al modelo. Qué error amig@s, que error.

Abrí el paquete con ansia, la camiseta era más bonita de lo que parecía en la foto y ya me veía corriendo a velocidad supersónica mientras la gente se daba la vuelta para mirarme mientras pensaban con algo de envidia… “qué mono va este chico siempre!” 

Cuando me la puse y me miré al espejo me dí un tremendo golpe contra la más cruel de las realidades, un golpe dolorosísimo. Lo que vi en el espejo era atroz, como si algún ser diabólico me hubiera hecho un trabajo cruel de body painting. La camiseta era tan fina que parecía que iba desnudo, y así me sentía yo, desnudo y verde, como una versión amorfa y mohosa del Increíble Hulk. No es que la camiseta remarcase todas las zonas, las bonitas y las feas, de mi torso, sino que las realzaba de una forma que debería estar prohibida.

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WTF!!!!!

Ni que decir tiene que no le dí mas oportunidades, me la quité como si quemara, la metí en su bolsa y solicité la devolución express. Quería ese engendro lejos de mi casa, de mi armario, de mis lorzas… Dicen que hay tres cosas que SIEMPRE dicen la verdad, los borrachos, los niños y las mallas…. pues creedme, esa camiseta era un puto niño borracho en mallas.

Aquel episodio fue cruel, pero también muy instructivo.

Tenemos metido en nuestro subconsciente la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, una imagen deseada y casi siempre alejada de la realidad pero encontrarte con ese otro YO de repente y sin anestesia es, cuanto menos, inquietante. Y no porque creamos que somos lo que no somos, no es eso, sino que tendemos a vernos idealizados, distintos, a veces mejorando la realidad, otras veces, empeorándola. Ambas versiones son, llevadas al extremo, patológicas. Así que cuanto más cercanas estén la imagen real de la imagen proyectada mejor para nosotros.

Esto forma parte del proceso de aceptación de nosotros mismos, y si, del proceso de aprender a querernos. Pero no podemos confundir esa aceptación con una liberación excesiva. Las cosas grotescas, como lo de la camiseta, mejor dejarlas para la intimidad. Siempre hay otra elección más acertada con la que podamos sentirnos mejor y donde la imagen que proyectemos sea más dócil. O tal vez seamos del tipo de personas que ya carecen de complejos porque se los han ido quitando uno a uno… si eres de esos y te gusta lucir palmito sea lo que sea lo que te devuelva el espejo, dame un toque, tengo el conjuntito perfecto para tí. Yo no me atreví.

Y ahora una canción que sirva de ilustración a esto que os he contado, un tema que suelo escuchar en mi MP3 y que dice de una forma muy gráfica algo parecido a habla, habla, que no te escucho. Porque a veces es mejor salir corriendo y hacer oídos sordos a los gritos, a los insultos, a las vejaciones y a las camisetas verdes. Que disfrutéis de la canción y de la versión del Mago de Oz que representa el vídeo.

Y ahora, llegó el momento de charlar, no seais tímid@s y contadme algún momento vergonzante como el que os he relatado yo… o simplemente hablemos de lo que os apetezca.

Hasta pronto,

J

Tengo una de cosas que contarte…

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Cada vez que hablaba por teléfono con mi amigo Julián, el de la Facultad, uno de los dos solía decir esta frase:

-A ver si nos vemos pronto, que tengo una de cosas que contarte…

Y no es que fuera mentira, pero tampoco era verdad. Como siempre el tiempo pasa y se van sucediendo los hechos o quizá, esos hechos no son ni eso, sino el mas puro e inocente pasar del día a día. Esos periodos en los que estamos vivos, porque lo estamos, y vivimos, porque lo hacemos, pero que no se produce nada novedoso a nuestro alrededor. No hay duda que estábamos al tanto de las cosas importantes, nacimientos, decesos, ventas de casas, aperturas de negocio… pero nuestra “frase” era una especie de excusa para dejar la conversación en el aire de una forma más o menos misteriosa.

Está claro que nuestra fórmula funcionaba y nos hicimos asiduos a dejar las cosas así, como el que no quiere la cosa, flotando en una nebulosa.

En este casi mes y medio que llevo sin publicar también han sucedido algunas cosas que os puedo relatar aunque hay muchas mas de las otras, de las del diario que casi no llegan a ser cosas en sí mismas. Pero está claro que un mes y medio da para mucho o para muy poco. Así que voy a comenzar a despejar las neblinas de mi ausencia y lo voy a hacer por todo lo alto. Los Juegos Olímpicos.

Que ya se han acabado (si fuera creyente añadiría que gracias de Dios) y me han dejado agotaíto perdido. Me he tirado dieciséis días, con sus dieciséis noches dale que te pego, corriendo, saltando, nadando, montando en piragua, levantando peso, tirando con arco y hasta a punto de fracturarme las cuatro extremidades en el caballo con arcos. Creo que me lo he visto todo, el sofá tenía mi forma, de una manera extrañamente envolvente. Era llegar al salón y ese enorme hueco me llamaba, encendía la tele y… Una putada esto de que los juegos hayan sido en Brasil con la diferencia horaria, si hasta me he quedado una día hasta las cuatro de la mañana para ver correr a Usain Bolt y ver ganar una medalla de oro a Ruth Beitia, con la de veces que lo han repetido, casi podía haberme ahorrado el momento y haber normalizado mis horarios, porque levantarse de la cama bastante después de que lo hagan tus hijas es como de mal padre, no?

Al menos, los Juegos me han pillado de vacaciones. Una vacaciones un tanto atípicas, os cuento. Ha sido la primera vez que el planteamiento de vacaciones, que lo tenemos que hacer en la empresa sobre febrero / marzo de cada año, se ha tenido que modificar y todo por culpa de mi mujer. ¿A quién se le ocurre cambiar de trabajo? pues eso. Debido a su cambio de estatus, las vacaciones se acercaban y todo estaba en el aire; la primera opción era la de quedarnos en casa a pasar agosto con la excusa de que como tenemos piscina…. y que en agosto se está guay en Madrid…. y todo lo que se nos pueda ocurrir. El hecho es que mi mujer estaba pendiente de renovar el contrato a primeros de mes y a partir de ahí, encontrar el momento de negociar unos días de permiso. Lo primero fue si cabe más sencillo que lo segundo, la renovación vino de forma inesperada y encantados, lo de fijar unos días libres ha sido más tortuoso.

Yo ya tenía que coger mis días, se acercaba la fecha y no veía el momento de salir corriendo, donde fuera, aunque fuera al sofá de casa, pero ante la posibilidad que le habían transmitido a mi mujer de coger una semana, terminé posponiendolos. Mis vacaciones se convirtieron así en el típico sueño de la puerta al final del pasillo, esa que se aleja de ti cada vez que te acercas. Pero llegaron, bye bye compañeros, au revoir. Me iba un par de semanas pero no coincidiría con mi chica, ella empezaba cuando yo terminaba. Así que, como somos muy imaginativos, hemos decidido tomarnos las vacaciones por separado, una semana cada uno en la playa con las niñas y otra “de Rodríguez” en casa, en modo desintoxicación. Acabo de volver del mar así que ya os imagináis lo que toca ahora. Mi chica y yo hemos hecho nuestra particular carrera de relevos, todo muy Olímpico también.

Esta semana con mis hijas en la playita han dado para mucho, mucho amor y mucha compañía, mucho mar, mucho sol, mucha sinrazón y mucho hacerloquenosdabalagana. Unas vacaciones distintas pero vacaciones al fin y al cabo. En mi semana de padre separado con hijas hemos hecho un poco de todo, hemos bajado tarde a la playa, hemos comido a deshora, hemos jugado al voley-playa hasta que se nos ha hecho de noche, nos hemos metido en el agua al amparo de un anochecer avanzado y hemos hecho nudismo entre risas, hemos hecho excursiones y hemos superado miedos. Ellas se hacen mayores y es sencillo llevar un plan así, me lo han puesto fácil. Solo espero que a mi mujer le vaya igual de bien, y que no se convierta la convivencia en una pelea de gatas 😀

Aprovechando el final del Olimpismo por este año y haciendo una de las cosas que mas me gusta cuando estoy al borde del mar, que es leer en mi hamaca, he avanzado con el libro que tenía entre manos, “Enredando en la memoria” de Paloma del Rio.

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Las voz reconocible de la gimnasia, el patinaje y la hípica nos cuenta sus memorias, pero también mucho más. Su descubrimiento del periodismo, su forma de dar visibilidad a los deportes minoritarios, su lucha por dar voz a las mujeres en el mundo del deporte, por la igualdad de oportunidades. Y todo esto entretejido en el tapiz que forman su vida personal y profesional.

Las cosas que cuenta en su libro acerca de esos deportes sacrificadísimos y sin recursos, de las familias de los deportistas, de los entrenadores y responsables de federaciones, de los éxitos insospechados… todo me ha emocionado hasta unos límites nada glamurosos y he visto el reflejo en mis hijas, en su lucha temporada tras temporada y sus sacrificios para practicar un deporte tan exigente y poco agradecido como la natación sincronizada, siempre con una sonrisa en sus labios.

Esa emoción a flor de piel, esa carne de gallina con el relato me recordaba a las sensaciones que he tenido durante el visionado de los Juegos de Rio, cada vez que un deportista se colgaba una medalla y rompía a llorar o a suspirar. Tanto esfuerzo recompensado al fin. Tantas y tantas imágenes de ganadores y de perdedores que se han quedado en mi retina y que han hecho que se me ericen los pelillos de la nuca y que mis ojos se inunden. Ya sabéis que soy muy dramático, no lo puedo evitar.

Y para rebajar un poco el tono, me voy a despedir con una noticia de Los Juegos que me ha dejado boquiabierto. Al parecer, los preservativos repartidos entre los atletas que se alojaban en la Villa Olímpica han terminado atascando los desagües. ¿Perdonaaaa? La organización había repartido unos 42 condones por atleta, por eso de lo del virus Zika y tal, en total unos 450.000 profilácticos de los cuales, un alto número de los mismos, ha acabado por los váteres de las habitaciones olímpicas.

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Y no, no me refiero a que se hayan usado como globos de fiestas, no. Se han usado para lo que se tienen que usar. Mucha tonificación ha debido de haber después de las competiciones, digo yo.

Os dejo pensando en ello… 42 condones por atleta #EstamosLocos?

Y ahora os toca a vosotros, podéis contarme todas esas cosas que tenéis que contarme en la zona de comentarios, estaré encantando de leerlas.

Hasta pronto,

J

Animales y animalistas #EstamosLocos?

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Hace un par de semanas me enseñó una amiga la columna de Javier Marías en El Pais en la que ponía a caer de un burro a todos aquellos amantes de los animales en general, y de los perros en particular. Y sabía de antemano que se le iban a tirar al cuello como dóbermans rabiosos, eso es lo que pasa por lanzarse a la piscina sin agua. Quizá era una postura asumida, quizá era lo que el autor quería, generar polémica.

El autor desde luego no tiene perro y aunque dice no tener nada en contra de ellos, si que arremete contra esos dueños que consideran a sus mascotas como miembros de pleno derecho de sus familias. A los que viven así su relación con los animales, las letras del Sr. Marías las interpretan como un atentado y a los que no son tan amantes o carecen de mascotas, seguramente ven, vemos, puntos coherentes, aunque muy mal defendidos, relatados a mala leche, vamos.

A día de hoy a mi también me sorprende que a veces se trate a los animales como si fueran personas y se les colmen de atenciones de las que a veces los humanos carecemos pero esto se mira desde el punto de vista del amor, o tal vez, desde el punto de vista de la ley de la oferta y la demanda. Y es que la sociedad tiene que evolucionar y a lo mejor siendo más tolerantes con los animales nos convertimos en mejores personas, o a lo mejor no, quizá esa premisa solo sea una excusa.

Porque los animales son simples e instintivos, nobles por naturaleza, pero los humanos no lo somos y ahí es donde empiezan los problemas. Conozco dueños de mascotas que son adorables y buenas personas, respetuosos y cariñosos y conozco también a dueños de mascotas que son malos, egoístas y dañinos y estos, por acariciar a su perro o llevarlo al psicólogo no son mejores.

Puede que estemos confundiendo la bondad con ser más civilizados pero eso son cosas distintas. Desde aquí digo no al maltrato animal, no puedo con las imágenes de mascotas agredidas, quemadas, mutiladas o muertas por sus dueños porque ya no eran tan divertidos, pequeños, monos o funcionales como antes y estoy completamente convencido de que esas personas que actúan de esa forma con sus animales no son buenas personas. Lo mismo que los amantes de los animales que agreden, insultan, imponen, asustan y minimizan el miedo ajeno tampoco lo son.

Como tampoco son buenas personas todos aquellos que se han felicitado por el reciente fallecimiento de un torero, #EstamosLocos?

Los toros son lo que son, y dependiendo del grado de empatia que tengas hacia los animales, puede que la proclamada “fiesta nacional” te guste o te repugne. Entiendo que haya personas que vean maltrato animal en las corridas de toros, entiendo que no les guste y que luchen por que se extingan, pero no puedo entender, jamás, que carguen con saña contra los que se ponen delante de un toro y mucho menos cuando alguien fallece “en acto de servicio”. Y si esta lucha contra las corridas de toros y los toreros encima está politizada, dirigida y enmarcada en rencillas territoriales, ahí es donde yo vomito.

El que ahorca a un galgo y el que se ríe públicamente por la muerte de un torero me parecen iguales. Igual de animales, porque esa no es la forma de defender los derechos de las mascotas, esa no es la forma de ser mejor persona, esa no es la forma de conseguir una convivencia mejor, esa no es la forma adecuada para solucionar los problemas. Parece que aún no nos hemos enterado de que las libertades se pueden solapar y que con un poco de educación hay cabida para todos, con ceder y tolerar, las cosas serán más sencillas.

Ahora en Madrid es posible que los perros viajen en transporte público si se dan unas determinadas condiciones que imagino están destinada a mejorar la convivencia. Y es probable que un día vayamos en el metro pensando en lo nuestro y que nos moleste tanto la música que se escapa de los auriculares de nuestro vecino como los llantos impertinentes de un niño como los ladridos de un perro. O que alguien nos toque el culo al mismo tiempo que un perrete nos suelte un lametón.

Entendiendo esto de la diversidad y de la coexistencia sí que seremos mejores personas, no achuchando gatitos.

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Tenemos tanto que aprender de los animales….

Hasta pronto,

J