¿Ya estamos aquí?

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Acabo de pestañear y ya ha pasado más de un mes desde mi último post. ¡¡¡Se nos va el año, señoras y señores, se nos va!!!

Avisados quedáis. Esto tiene mucho que ver con el trabajo, no lo voy a negar. Y es que la gente que trabajamos en departamento financieros somos como porteras, nos tiramos todo el tiempo abriendo y cerrando. Abriendo balance, cerrando informes, abriendo la contabilidad y cerrando años. Esta cadencia es muy cansina y muy agónica, no terminamos de cerrar un mes cuando tenemos que iniciar nuevos procesos para el mes siguiente, disfrutar de un par de días en zona “valle” y de nuevo preparar provisiones y un nuevo cierre. Así no hay quien viva, así no hay quién disfrute, así no hay quien se de cuenta del paso de los días / semanas / meses.

A veces la vida va tan rápido que es como si estuviera en el centro de un videoclip caminando a cámara lenta mientras todo a mi alrededor se mueve a hiper-velocidad. Cuando tomo conciencia y me adapto al ritmo, ya es tarde y ha pasado demasiado tiempo. Claro que eso que os cuento es un poco más del victimismo ese que tanto me gusta… ¡ya tu sabes!

Porque si soy sincero si que he hecho cosas en este tiempo. Escribir aquí no, pero otras cosas si. ¿Una muestra?

Pues principalmente me he peleado hasta la saciedad con un CMS de Joomla para sacar adelante unas publicaciones en la WEB del club de sincronizada de mis hijas. Este año he entrado a formar parte de la junta directiva de la agrupación deportiva y una de mis tareas es esa, el mantenimiento de la web y hacer un poco de director de comunicaciones. El trabajo es arduo porque nunca había usado esa plataforma, que es muy poco ágil. La parte buena es que he aprendido un montón vía Youtube, of course. Ahora ya tengo un blog propio en la web, publico artículos, enlazo noticias y tengo hasta mi propia newsletter. Soy el rey del mundo!!!

También he seguido escribiendo para otros. Me han propuesto un par de colaboraciones en blogs amigos y no me he podido ni me he querido negar. Ambas propuestas me parecieron muy buenas así que aporté mi granito de arena. La primera me vino de Carolina Lacruz y su blog, Las cuatro piedras angulares. La segunda me la ha hecho llegar Marysol Martyn para su web homóloga. En los enlaces puedes echar un vistazo a sus espacios.

libro_1354591232Además he sacado algo de tiempo para leer, me terminé EL PODER DEL PERRO, de Don Winslow. Libro que recomiendo leer encarecidamente para compartir toda la desolación, los sinsabores y el asqueamiento que me ha dejado como poso. El libro es genial, los personajes están muy bien construidos y desarrollados. La trama es brutalmente real y el resultado es muy bueno… y muy malo. Me siento tocado.

desordenUna vez terminado tuve que dejar pasar una semana antes de empezar a leer de nuevo. Tenía que digerir y sintetizar lo que había leído en el libro de Winslow así que para desengrasar me decanté por un thriller español muy bien escrito, EL DESORDEN QUE DEJAS, de Carlos Montero. Increíble la historia escrita por un señor con una protagonista femenina que habla en primera persona y que expresa a las mil maravillas sentimientos tan íntimos, tan de mujer. Un buen libro, sin duda, de esos que disfrutas y que cuando lo acabas, puedes seguir perfectamente con tu vida.

En este tiempo, entre libros y escritos he seguido corriendo. Me he encontrado absorto en una rutina deportiva que ya casi no me da pereza. Ahora aúno la clase grupal de los domingos con un par de salidas adicionales entre semana con un entrenamiento guiado y dirigido. Me he propuesto metas en este aspecto y mas me vale hacer caso a mi entrenadora, que si no… El caso es que el día que toca sesión me enfundo las mallas y me tiro a la calle como si no hubiera un mañana. Con mi música y mis gadgets de runner, que luego dicen que “el hábito no hace al monje….” Paparruchas.

Y hablando de música. Varias son las canciones que he descubierto en este tiempo y que ya he incorporado a mis listas de éxitos particulares.

Me ha encantado el mensaje de la nueva canción de Robbie Williams, LOVE MY LIFE, porque me identifico mucho con eso que dice, yo también he aprendido a querer mi vida y a quererme y a valorarme a mí mismo.

“I love my life
I am powerful
I am beautiful
I am free
I love my life
I am wonderful
I am magical
I am me
I love my life”

La nueva canción de Fangoria también me parece estupenda, será por la alegría que transmite, que me sube mucho el ánimo. Es ESPECTACULAR.

“Escaparé
Escaparé como Dorita rumbo a Oz
Descubriré
Descubriré que el mago es solo una ilusión
Escogeré
Escogeré entre las tinieblas y la luz
Y lloraré con un presente donde tú
Tú eres ficción

¿Y qué decir de PARÍS, lo último de Dani Martín? ¿donde quedó el macarra que lideraba al Canto del Loco? ¿De donde ha salido este tipo tan sensible y que canta cosas tan bonitas? Podéis llamadme moñas, pero ese estribillo…

“Y queremos siempre rosas
Y Venecia, Verona y París
Y la vida es otra cosa
La verdad, la mentira y un si
Y tenemos mariposas
Y gusanos sin seda y al fin
Hay serpientes venenosas
Y un disfraz que se rompe al vivir.”

Si me dejo fuera de la lista ROCKABYE, de Clean Bandit, mis hijas, sobre todo la mayor, me mata. Le apasiona y eso que no sabe de que va. Aún tiene que crecer para entender el tinte feminista que impregna este tema. Una madre soltera, un hijo pequeño y su lucha por salir adelante… ¿y que más da si se gana la vida bailando en una barra y vete tú a saber qué mas?

“Now she gotta a six year old
Trying to keep him warm
Trying to keep out the cold
When he looks her in the eyes
He don’t know he’s safe
When she says “uh, love, no one’s ever gonna hurt you,
Love, I’m gonna give you all of my love
Nobody matters like you”

Y hay más canciones y más artistas y más libros, pero no quiero aburriros. Ni contaros todo de golpe, no vaya a ser que os canséis de mi por agotamiento.

En estos días también ha habido mucha charla, muchos paseos, planes de futuro, discusiones, negociaciones, campeonatos, sorpresas y rutina, pero sobre todo, tengo una especie de paz que no se bien como definir. Así que no lo voy a intentar. Me siento zen y no creo haber hecho nada para estar así. Lo aprovecharé mientras dure.

Estoy agotado, ahora es vuestro turno, podéis dejar en comentarios todas las recomendaciones, críticas y anécdotas que queráis. Charlemos un rato.

Hasta pronto,

J

Una Nochevieja diferente

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Desde que empecé con esto del running, cada vez que me hablaban de la San Silvestre, la última carrera del año, la del 31 de todos los diciembres, a mí me daba una pereza terrible. Normalmente siempre trabajo ese día y planificar una carrera de diez kilómetros cuando te has levantado a las 7 de la mañana para trabajar y sabes que la noche va a ser larga no era algo que valorase. Siempre he aprovechado para echarme la siesta y tener buen cutis y buenas energías para las uvas y lo que viene antes y después.

Pero este año ha sido distinto porque el 31 ha caído en sábado y no había que trabajar. Y además, como volví con mi grupo de running de los domingos, el efecto simpatía surtió efecto y uno a uno nos fuimos apuntando y pagando religiosamente nuestros derechos de carrera. Que os voy a decir que no sepáis ya, que me vine arriba.

La inscripción la hice con tanto tiempo que ha sido algo que tenía ahí en mente pero que siempre veía tan lejano. Pero como sabéis, todo llega, y esta carrera también llegó. Y lo hizo en unas circunstancias un tanto complejas, con casi dos semanas sin entrenar aquejado de un ataque de lumbago que difícilmente me permitía mantener una postura erguida y digna. Poco a poco el dolor se fue aliviando y llegó el día, ayer mismo.

Un día mierdoso, gris y muy, muy, muy frío. Y con los nervios que tenía por la carrera, más mierdoso y más frío me parecía. Llevaba más de un año y medio sin participar en ninguna carrera y esa distancia me daba un poco de vértigo, era como si fuera la primera de la historia. Nada más comer, que casi no pude ni hacerlo por los nervios, me vestí y me senté a esperar la hora en la que había quedado con mis compañeros de fatigas y sudores, un ratito en mallas en casa, deambulando e inventariando cachivaches no fuera a ser que se me olvidara algo imprescindible.

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Llegó la hora

Tras un corto viaje en metro allí estaba yo, en medio de toda la vorágine de corredores populares, unos profesionalmente ataviados y otros ingeniosamente disfrazados, cada uno para vivir su particular San Silvestre y alcanzar sus objetivos, los que fueran. Los míos eran acabar la carrera y disfrutarla, sin agonía de tiempos ni de clasificaciones.

Me encontré con mis hermanos runner, y nos fuimos a situar a nuestra cajón de salida, cada uno el suyo, Ángela al de las mujeres (si, hay un cajón solo para chicas) y Dani, su amigo Álvaro y yo al de los borregos (es el último cajón, el de los corredores que no tienen marca homologada inferior a 60 minutos en esa distancia, y el más populoso).

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Un poco de calentamiento y un poco de movilidad articular después, el pistoletazo de salida. Era la hora de que saliera nuestra oleada así que poco a poco nos fuimos desplazando hacia la línea de salida disfrutando del tremendo ambiente, de los gritos, de los aplausos, de la música en directo. Toda una fiesta. 3,2,1….

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A correr!!!!

Empezamos a correr entre una marabunta de gente que impedía que se notara el terrorífico frío que hacía y eso era de agradecer. Ya no sentía nervios, ya no sentía frío, ya no sentía nada que me atenazara, solo emoción así que era la hora de empezar a disfrutar. Una cuesta arriba, bien. Un giro a la derecha para coger la calle Serrano con tremendo efecto embudo y obligados a bajar el ritmo y de ahí, situados en constante descenso hasta ver el kilómetro 1. Plaza, giro a la izquierda, bajada vertiginosa, nueva subida…. kilómetro 2 y al fondo, la Puerta de Alcalá iluminada y donde se empezaban a agolpar numerosos espectadores preparados para pasar frío y calentarnos con sus ánimos.

Nuevo giro a la derecha para bajar a Cibeles y pasar el kilómetro 4 (perdí el tercero entre la gente) y recto, recto, recto ir llegando a Atocha donde estaba el arco que indicaba el kilómetro 5, mitad del recorrido. Hasta entonces muy buenas sensaciones de piernas y de respiración pero ya venían molestándome los dedos del pie derecho, muy a gusto corriendo con mis compañeros, siempre pendientes unos de los otros y de los que nos rodeaban. Un repecho antes de enfilar los dos kilómetros de bajada por Avenida Ciudad de Barcelona donde ya si que se notaba el ambiente festivo, un montón de gente en la calle animando y gritando. Y con cervezas en la mano que daba una envidia…

Pasado el kilómetro 7 empezaba lo duro de verdad. En la misma M3o nos esperaban una nueva banda de música tocando en directo y el comienzo de la Avenida de la Albufera, que era una cuesta arriba interminable. Después de sentir dolor en el pie durando los últimos cuatro kilómetros, ahora lo que me fatigaba era esa subida impertinente que frenaba el ritmo y que no parecía que se fuera a acabar nunca. Kilómetro 8 y aún subiendo. Álvaro nos animaba a subir, gritaba constantemente y casi nos llevaba en volandas. Yo en esos momentos de esfuerzo máximo solo me acordaba de los madrugones que se pega mi mujer para ir a trabajar y del curro que se mete luego en casa para tenerlo todo en orden y controlado. Y de mis niñas y sus entrenamientos exigentes, en esas horas y horas de físico, de natación y de técnica. Eso me ayudaba a seguir hacia arriba.

Y de repente, se acabó la cuesta. Giro a la derecha en Sierra del Cadí y ligera cuesta abajo para recuperar un poco el resuello ya de lleno en el barrio de Vallecas volcado con los corredores. Y el kilómetro 9, ya solo quedaban mil metros para terminar. Y fue cuando nos diseminamos, Álvaro avanzaba y se perdía mientras Dani se quedaba a recuperar un poco de aliento y superar el momento de flato mientras me animaba a que yo tirara. Y tiré.

Estaba muy emocionado escuchando tanto alboroto, tanta gente apoyando, tantos gritos de ánimo, ya se escuchaba la meta cerca pero no se veía hasta que al final de la calle, giro a la izquierda y los cien últimos metros cuesta arriba para franquearla. Tiré de las energías que me quedaban y crucé la línea!

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Sudoroso, agotado, congestionado y muy contento. Prueba superada, objetivo alcanzado y cumplido. Había terminado la carrera, la había disfrutado y me sentía bien, ni siquiera se en que momento me dejó de doler el pie pero de esto aprendí una lección. Que se pueden hacer las cosas con esfuerzo y con sufrimiento. Que para conseguir cosas nuevas hay que salir de la zona de confort y arriesgarse y que no se debe tirar la toalla a las primeras de cambio. Hay que luchar para llegar.

Dani y yo nos encontramos unos minutos más tarde en el guardarropa y nos despedimos deseándonos feliz noche, Álvaro se había despedido antes. Ahora quedaba el camino de vuelta a casa, que casi se convierte también en otra odisea, pero eso es otra historia.

El resto de la noche os lo podéis imaginar, cena, copas, uvas, más copas, besos y mucho Whatsapp y mucho Facebook y muchos agradecimientos a mucha gente que se interesó por como había vivido esa carrera.

Y hasta aquí la batallita. Espero que todos hayáis disfrutado de vuestra particular Nochevieja y que no seáis tímid@s y que paséis por aquí a compartirla con la comunidad. Un abrazo para tod@s y muy FELIZ AÑO NUEVO lleno de salud, amor, retos y éxitos.

Hasta pronto,

J

El hada vieja

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Hablando de las viejas glorias que mencionaba en el último post me han venido a la mente varias cosas. Quizá sea porque no he vuelto a coincidir con el anciano que caminaba al borde de la carretera con su mochila y sus bolsas desde que os lo dije o puede que en las fechas que estamos me acuerdo de mi abuela.

Ella si que fue una vieja gloria, todo una carácter indómito y extenuante. Pero haber nacido en 1910 y haber pasado una Guerra Civil con un marido muy implicado políticamente y una postguerra llena de hambruna, necesidades, y estraperlo marcan la trayectoria de cualquiera, y en especial, la forma de enfrentarse a la vida. Y después de todo aquello, verse postrada e impedida no debe ser fácil para una mujer temperamental acostumbrada a cargarse el peso del mundo sobre sus hombros y dar la explicaciones justas.

Ayer hizo doce años que falleció, y ciento dieciséis que nació, porque como buena y gloriosa señora, no podía morirse otro día que no fuese el de su onomástica. Y para colmo de coincidencias (si es que existen) poco antes de su deceso nos enteramos, vía predictor, que estábamos embarazados de nuestra primera hija. Podéis imaginar que aquel fue un día agridulce y no solo que el notición, sino porque ella ya se merecía descansar. Llevaba varios años entrando y saliendo del hospital, siempre con la cabeza en perfecto estado lo que le hacía sufrir más su pérdida de movilidad… y hacer sufrir.

Pero eso es la vida, dicen, un vivir y un sufrir, un subir y un bajar, un avanzar y un retroceder….

Y avanzando, avanzando también me he acordado del anciano que me dio ánimos el otro día cuando iba corriendo por la mañana, un rodaje de cincuenta minutos a ritmo lento, aburrido y cansino que se debía reflejar en mi cara, porque de todos los corredores que había por la zona, solo yo me gané la sonrisa y el gesto de ánimo de aquel buen hombre. Su gesto me emocionó de tal manera que se me erizó el vello y me recorrió un escalofrío por la espalda y al devolverle la sonrisa y seguir corriendo pensé para mí que este hombre era carne de blog. Y así ha sido. Gracias.

Así que tenemos por un lado un par de abuelos y por otro el running. Pues con esa combinación tengo una anécdota. La del hada vieja que da título a esta entrada. Una historia que se remonta un par de años atrás cuando comenzaba con esto “del correr” y acababa de empezar con el grupo de entrenamiento de los domingos.

Era una mañana desapacible y lluviosa y yo en mi ignorancia deportiva creía que ese día no se entrenaba…. iluso. Claro que se entrenaba, y si tocaba tirarse en el suelo se tiraba uno, faltaría mas. Pues era uno de esos días… y tocaba hacer un circuito de fuerza, trabajar alguna zona del cuerpo durante treinta segundos y reponerse durante otros treinta para empezar de nuevo a castigar nuestro body. Estábamos en una parte un poco aislada del parque de El Retiro donde entrenamos siempre, en una pequeña glorieta que servía de encrucijada de caminos y rodeada por bancos de piedra, salvando las distancias, era un poco estilo Stonehenge, pero en pequeño, lluvioso y bucólico.

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Cambia las moles de piedra por bancos, rodéalo de árboles y lo tienes!

Ahí estábamos trabajando biceps, triceps, cuádriceps, mientras oíamos llover a nuestro alrededor cuando la vi. No se si alguien más fue consciente de ella a aquella distancia pero yo la vi llegar desde lejos aunque parecia que había aparecido de la nada, como si nuestros jadeos y nuestros sudores la hubieran invocado, y se acercaba hacia nosotros.

Cuando estaba lo suficientemente cerca reparamos en ella, en su pelo blanco larguísimo y despeinado, en su atuendo anacrónico, en su silueta esbelta y delgada, en sus pies descalzos a pesar de la lluvia y la temperatura pero sobre todo, en su rostro cuajado de arrugas y en su bella sonrisa.

Pasó entre nosotros, por el medio del círculo de piedra, sonriéndonos a todos pero sin fijar su atención en ninguno de nosotros y se fue, no dijo nada, no hizo nada. Desapareció como había aparecido, como por arte de magia y a mi me reconfortó verla. Podría tener treinta años o tres mil, no lo podría asegurar con certeza pero si que tengo claro que era alguien especial, con un aura brillante que destacaba en el grisáceo día.

Ese día la bauticé como el hada vieja y seguramente no sería un hada de verdad, que a esas siempre las pintan bellas, jóvenes y esplendorosas. Aunque tampoco podría jurar que no lo fuera, ya que lo otro son solo estereotipos. Quizá solo fuera una señora extravagante que salió a pasear sin zapatos, quizá fue un producto de nuestra imaginación provocado por el esfuerzo y por el ácido láctico, o quizá aquella presencia fuera solo un fantasma que habita en el centenario parque. ¿Vosotros que creéis?

Yo tengo claro que la presencia fue real y me gusta recordarla de vez en cuando, como ahora, cuando hablo de ancianos y de sus glorias y me hace gracia pensar que ella también se acordará de aquellos muchachos que hacían el tonto cada uno en un banco de piedra vestidos con colores chillones y extrañas zapatillas de deporte, porque todo tiene una doble versión.

Ahora que os lo he contado, ya no me pertenece a mí la historia del hada así que si algún día os la encontráis por ahí ya sabréis que aspecto tiene, no tendréis más que observadla y devolverle la sonrisa.

Y luego venís aquí y me lo contáis. 😉

Hasta pronto,

J

La (e)lección de la camiseta

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Recientemente hablaba con una compañera de trabajo de lo importante que es tener ropa chula para hacer deporte. El hecho de estrenar algo es como un aliciente para salir a sudar la camiseta con más ganas, una excusa, a veces cara, para tirarte a la calle a correr o acercarte a machacar tu cuerpo en el gimnasio. Se que no era una conversación muy elevada que digamos, pero claro, este blog habla de glamour barato y cotidiano así que no esperaríais que fuésemos a charlar sobre física cuántica, ¿no?

De momento no tengo intención de cambiar el título de mi bitácora a algo parecido a…

“Cuantos protones hay en esto?”

Dicho esto, volvamos por la colorida senda de lo superfluo (que no tonto) y de lo superficial (que no tanto) y pensemos un poco en el fondo de la conversación que os comentaba. Cierto es que a veces necesitamos excusas para castigar a nuestro cuerpo, y sobre todo, para engañar a nuestra mente y una buena forma de hacerlo es con estos pequeños estímulos. La novedad siempre ayuda, por lo menos hasta que somos conscientes de que las prendas coloridas y molonas que portamos no hacen que lleguemos más lejos, ni más rápido, ni nos cansemos menos… pero estamos tan guapos cuando nos miramos al espejo antes de salir, que compensa e incita.

Aunque también hay veces que no lo hace y es que, si queremos darnos estos caprichos que tiren de nosotros hasta el reino del sudor, de la congestión y de las agujetas, debemos recurrir a prendas adecuadas, prendas que nos queden bien y que sirvan para lo que queremos que sirvan… O sea, para enseñar si tenemos algo que lucir o para tapar, si lo que tenemos para lucir está mejor oculto y encerrado bajo cuatro llaves.

Y os digo esto porque yo he caído en la trampa de Narciso y me he estrellado de manera atómica. Quería empezar mi nueva temporada de running estrenando ropa, para animarme, y vi una camiseta en Amazon chulísima y muy rebajada, de color verde fluorescente, con detalles en azul y camuflaje… mejor os dejo la foto…

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Me la pillé, claro, porque me gustaba la camiseta y porque inocente y desquiciadamente pensé que me sentaría igual que al modelo. Qué error amig@s, que error.

Abrí el paquete con ansia, la camiseta era más bonita de lo que parecía en la foto y ya me veía corriendo a velocidad supersónica mientras la gente se daba la vuelta para mirarme mientras pensaban con algo de envidia… “qué mono va este chico siempre!” 

Cuando me la puse y me miré al espejo me dí un tremendo golpe contra la más cruel de las realidades, un golpe dolorosísimo. Lo que vi en el espejo era atroz, como si algún ser diabólico me hubiera hecho un trabajo cruel de body painting. La camiseta era tan fina que parecía que iba desnudo, y así me sentía yo, desnudo y verde, como una versión amorfa y mohosa del Increíble Hulk. No es que la camiseta remarcase todas las zonas, las bonitas y las feas, de mi torso, sino que las realzaba de una forma que debería estar prohibida.

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WTF!!!!!

Ni que decir tiene que no le dí mas oportunidades, me la quité como si quemara, la metí en su bolsa y solicité la devolución express. Quería ese engendro lejos de mi casa, de mi armario, de mis lorzas… Dicen que hay tres cosas que SIEMPRE dicen la verdad, los borrachos, los niños y las mallas…. pues creedme, esa camiseta era un puto niño borracho en mallas.

Aquel episodio fue cruel, pero también muy instructivo.

Tenemos metido en nuestro subconsciente la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, una imagen deseada y casi siempre alejada de la realidad pero encontrarte con ese otro YO de repente y sin anestesia es, cuanto menos, inquietante. Y no porque creamos que somos lo que no somos, no es eso, sino que tendemos a vernos idealizados, distintos, a veces mejorando la realidad, otras veces, empeorándola. Ambas versiones son, llevadas al extremo, patológicas. Así que cuanto más cercanas estén la imagen real de la imagen proyectada mejor para nosotros.

Esto forma parte del proceso de aceptación de nosotros mismos, y si, del proceso de aprender a querernos. Pero no podemos confundir esa aceptación con una liberación excesiva. Las cosas grotescas, como lo de la camiseta, mejor dejarlas para la intimidad. Siempre hay otra elección más acertada con la que podamos sentirnos mejor y donde la imagen que proyectemos sea más dócil. O tal vez seamos del tipo de personas que ya carecen de complejos porque se los han ido quitando uno a uno… si eres de esos y te gusta lucir palmito sea lo que sea lo que te devuelva el espejo, dame un toque, tengo el conjuntito perfecto para tí. Yo no me atreví.

Y ahora una canción que sirva de ilustración a esto que os he contado, un tema que suelo escuchar en mi MP3 y que dice de una forma muy gráfica algo parecido a habla, habla, que no te escucho. Porque a veces es mejor salir corriendo y hacer oídos sordos a los gritos, a los insultos, a las vejaciones y a las camisetas verdes. Que disfrutéis de la canción y de la versión del Mago de Oz que representa el vídeo.

Y ahora, llegó el momento de charlar, no seais tímid@s y contadme algún momento vergonzante como el que os he relatado yo… o simplemente hablemos de lo que os apetezca.

Hasta pronto,

J

Yo no soy el que era… y mi madre lo sabe

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Pues eso mismo.

Y la verdad es que podéis analizar la frase y quedaros con todo el contenido posible y a lo mejor sería mucho mejor que un post entero lleno de información. Pero como soy muy egocéntrico, y me encanta hablar de mí mismo, creo que voy a desarrollar el tema.

De todos es sabido que una madre es un ser superior, una MADRE sabe tus cosas antes que tú, incluso antes de que te sucedan e incluso antes de… vamos, siempre antes. Mi madre, por ejemplo, siempre ha presumido de que cuando estaba embarazada de mí, soñó un par de noches con su retoño y era clavadito al bebé rubio, gordo y adorable que era yo cuando tenía unos meses. ¿Premonición? ¿Brujería? No, cosas de madre.

Ellas te miran a los ojos y saben que te pasa, si estás contento, si estás triste, si has ligado, si has aprobado, si has suspendido e incluso lo que has comido. Ellas son así, saben hasta lo que piensas, aunque tu te creas que no piensas eso… Mi madre decía que yo era racista, no se en que se basaba y yo lo he negado siempre.

-No, mamá, te pongas como te pongas, no soy racista, nunca lo he sido.

-Si que lo eres, a una madre no se le engaña, y yo se que no te hacen gracia esos negritos…

Y ante eso de que a una madre no se le engaña no se puede añadir nada, podrías discutir hasta entrar en bucle pero sabemos que la paciencia de una MADRE es infinita, inextricable e inexpugnable. Y yo, pues seré racista… si ella lo dice. Menos mal que no me ha dicho que soy negro, o gay, o de derechas… o todo junto.

Lo que tengo comprobado es que si algo no llevan bien las MADRES es que las cosas se escapen a su control matriarcal y que sus pequeños lleven una vida ajena a ellas y a su área de influencia. Lo llevan bien cuando te independizas, te casas, te emancipas, te arrejuntas o lo que sea porque ellas saben que forma parte de la evolución y de la vida y te apoyan en tus decisiones, pero también sufren. Y mucho.

Sufren porque no estás bajo su amparo, con todo lo bueno y lo malo que puede ser eso. Y sufren porque te transformas, mutas, ajeno a su control. Cuando una MADRE se da cuenta de que el bebé que ella ha parido, ha criado, ha desarrollado, ha criado y ha puesto las alas para que pueda volar libre empieza a tener una comportamiento distinto, aunque sea solo un ápice, lo pasan mal. No porque pierdan influencia o porque se sientan apartadas, sino porque tienen la sensación de que su hijo ya no es quién ella creía que era.

En el fondo son perfectamente conscientes de que la vida es puro cambio y que las personas crecemos y variamos, porque ellas también han sido hijas y lo han hecho, pero entendedme, es un momento… de ruptura. Y eso duele. Cortar los lazos, duele, cortar el cordón umbilical, duele, sentir el cambio, duele. No frustra, ni es un dolor desgarrador de los que no te dejan vivir, es algo más interno, más de entraña, más de fondo, como un click ahí dentro que indica que ya no hay vuelta atrás.

Yo noto que mi madre, mis padres en general, están muy orgullosos de mí, de la vida que llevo, de como me comporto, de como he crecido como persona, y de las cosas que hago. Mis padres fliparon cuando les dije que había empezado a escribir un blog, porque fue a posteriori, que yo me lanzo a hacer las cosas sin decir ni pío y luego ya me exhibo, y disfrutan hasta el éxtasis cada vez que mi hermana o yo mismo les leemos alguna de las entradas, si son familiares e íntimas mucho mejor. Y la forma en que me miran todo orgullosos de esta nueva faceta, desconocida para ellos y para mi…

Recientemente mi madre me ha dicho que le encantaría verme correr. Si lo del blog le entusiasmó, lo de ser medio runner la tiene totalmente descolocada, yo no he hecho deporte en mi vida y ella lo sabe, como no. Quizá, solo quizá, en el fondo se cree que le estoy tomando el pelo, que eso de las zapatillas de colorines y de las carreras los domingos por la mañana temprano, ¡POR LA MAÑANA TEMPRANO!, es producto de mi imaginación. Y si ella lo dice, será cierto.

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Tú a mi no me engañas….

-Tu no eres runner, hijo. Si has sido un “parao” toda tu vida.

-Que ya no, mamá, que ahora salgo a correr unas tres veces a la semana y….

-A una madre no se le engaña, y yo se que a ti no te hace gracia eso del deporte.

Pero claro, existe esa parte de la que hablaba antes, esa ausencia, esa distancia, esa laguna profunda que nos separa y de la que ella ya no tiene referencia, que le hacen pensar que quizá si que es posible que su hijo, el que dibujaba si parar, hasta casi perder la vista, ahora escribe un blog, que su hijo, el que era una rareza reservada e introvertida, ahora se relaciona con un montón de personas distintas tanto ON como OFF line, que su hijo, el sedentario, ahora corre sin que le persigan.

Ella sabe todo eso. Sabe que he cambiado, que sigo siendo en esencia ese pequeño rubio, gordo y adorable niñito y es consciente de la evolución, a su pesar. Pero también sabe que los cambios han sido para mejor y que no se deben a injerencias extrañas, abducciones o sectarismos, que soy el de siempre pero en versión mejorada. El hijo 2.0, lo que sea que eso signifique (si significa algo).

Y eso que nos sucede es bueno, es genial sorprender y ver en sus ojos ese pequeño atisbo de descoloque mezclado con un montón de sensaciones bonitas. Y para celebrarlo voy a poner una canción que se titula  “Mama Said”, la canta el grupo danés Lukas Graham y habla de todas estas cosas de madres, padres e hijos, de crecer, evolucionar y sorprender.

¿Os ha gustado la canción, el post? ¿No os ha gustado nada? No dudéis, comentadlo y charlemos, que no se os quede dentro, vuestra madre lo sabrá y no estará contenta….

Hasta pronto,

J

Tengo una de cosas que contarte…

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Cada vez que hablaba por teléfono con mi amigo Julián, el de la Facultad, uno de los dos solía decir esta frase:

-A ver si nos vemos pronto, que tengo una de cosas que contarte…

Y no es que fuera mentira, pero tampoco era verdad. Como siempre el tiempo pasa y se van sucediendo los hechos o quizá, esos hechos no son ni eso, sino el mas puro e inocente pasar del día a día. Esos periodos en los que estamos vivos, porque lo estamos, y vivimos, porque lo hacemos, pero que no se produce nada novedoso a nuestro alrededor. No hay duda que estábamos al tanto de las cosas importantes, nacimientos, decesos, ventas de casas, aperturas de negocio… pero nuestra “frase” era una especie de excusa para dejar la conversación en el aire de una forma más o menos misteriosa.

Está claro que nuestra fórmula funcionaba y nos hicimos asiduos a dejar las cosas así, como el que no quiere la cosa, flotando en una nebulosa.

En este casi mes y medio que llevo sin publicar también han sucedido algunas cosas que os puedo relatar aunque hay muchas mas de las otras, de las del diario que casi no llegan a ser cosas en sí mismas. Pero está claro que un mes y medio da para mucho o para muy poco. Así que voy a comenzar a despejar las neblinas de mi ausencia y lo voy a hacer por todo lo alto. Los Juegos Olímpicos.

Que ya se han acabado (si fuera creyente añadiría que gracias de Dios) y me han dejado agotaíto perdido. Me he tirado dieciséis días, con sus dieciséis noches dale que te pego, corriendo, saltando, nadando, montando en piragua, levantando peso, tirando con arco y hasta a punto de fracturarme las cuatro extremidades en el caballo con arcos. Creo que me lo he visto todo, el sofá tenía mi forma, de una manera extrañamente envolvente. Era llegar al salón y ese enorme hueco me llamaba, encendía la tele y… Una putada esto de que los juegos hayan sido en Brasil con la diferencia horaria, si hasta me he quedado una día hasta las cuatro de la mañana para ver correr a Usain Bolt y ver ganar una medalla de oro a Ruth Beitia, con la de veces que lo han repetido, casi podía haberme ahorrado el momento y haber normalizado mis horarios, porque levantarse de la cama bastante después de que lo hagan tus hijas es como de mal padre, no?

Al menos, los Juegos me han pillado de vacaciones. Una vacaciones un tanto atípicas, os cuento. Ha sido la primera vez que el planteamiento de vacaciones, que lo tenemos que hacer en la empresa sobre febrero / marzo de cada año, se ha tenido que modificar y todo por culpa de mi mujer. ¿A quién se le ocurre cambiar de trabajo? pues eso. Debido a su cambio de estatus, las vacaciones se acercaban y todo estaba en el aire; la primera opción era la de quedarnos en casa a pasar agosto con la excusa de que como tenemos piscina…. y que en agosto se está guay en Madrid…. y todo lo que se nos pueda ocurrir. El hecho es que mi mujer estaba pendiente de renovar el contrato a primeros de mes y a partir de ahí, encontrar el momento de negociar unos días de permiso. Lo primero fue si cabe más sencillo que lo segundo, la renovación vino de forma inesperada y encantados, lo de fijar unos días libres ha sido más tortuoso.

Yo ya tenía que coger mis días, se acercaba la fecha y no veía el momento de salir corriendo, donde fuera, aunque fuera al sofá de casa, pero ante la posibilidad que le habían transmitido a mi mujer de coger una semana, terminé posponiendolos. Mis vacaciones se convirtieron así en el típico sueño de la puerta al final del pasillo, esa que se aleja de ti cada vez que te acercas. Pero llegaron, bye bye compañeros, au revoir. Me iba un par de semanas pero no coincidiría con mi chica, ella empezaba cuando yo terminaba. Así que, como somos muy imaginativos, hemos decidido tomarnos las vacaciones por separado, una semana cada uno en la playa con las niñas y otra “de Rodríguez” en casa, en modo desintoxicación. Acabo de volver del mar así que ya os imagináis lo que toca ahora. Mi chica y yo hemos hecho nuestra particular carrera de relevos, todo muy Olímpico también.

Esta semana con mis hijas en la playita han dado para mucho, mucho amor y mucha compañía, mucho mar, mucho sol, mucha sinrazón y mucho hacerloquenosdabalagana. Unas vacaciones distintas pero vacaciones al fin y al cabo. En mi semana de padre separado con hijas hemos hecho un poco de todo, hemos bajado tarde a la playa, hemos comido a deshora, hemos jugado al voley-playa hasta que se nos ha hecho de noche, nos hemos metido en el agua al amparo de un anochecer avanzado y hemos hecho nudismo entre risas, hemos hecho excursiones y hemos superado miedos. Ellas se hacen mayores y es sencillo llevar un plan así, me lo han puesto fácil. Solo espero que a mi mujer le vaya igual de bien, y que no se convierta la convivencia en una pelea de gatas 😀

Aprovechando el final del Olimpismo por este año y haciendo una de las cosas que mas me gusta cuando estoy al borde del mar, que es leer en mi hamaca, he avanzado con el libro que tenía entre manos, “Enredando en la memoria” de Paloma del Rio.

enredando

Las voz reconocible de la gimnasia, el patinaje y la hípica nos cuenta sus memorias, pero también mucho más. Su descubrimiento del periodismo, su forma de dar visibilidad a los deportes minoritarios, su lucha por dar voz a las mujeres en el mundo del deporte, por la igualdad de oportunidades. Y todo esto entretejido en el tapiz que forman su vida personal y profesional.

Las cosas que cuenta en su libro acerca de esos deportes sacrificadísimos y sin recursos, de las familias de los deportistas, de los entrenadores y responsables de federaciones, de los éxitos insospechados… todo me ha emocionado hasta unos límites nada glamurosos y he visto el reflejo en mis hijas, en su lucha temporada tras temporada y sus sacrificios para practicar un deporte tan exigente y poco agradecido como la natación sincronizada, siempre con una sonrisa en sus labios.

Esa emoción a flor de piel, esa carne de gallina con el relato me recordaba a las sensaciones que he tenido durante el visionado de los Juegos de Rio, cada vez que un deportista se colgaba una medalla y rompía a llorar o a suspirar. Tanto esfuerzo recompensado al fin. Tantas y tantas imágenes de ganadores y de perdedores que se han quedado en mi retina y que han hecho que se me ericen los pelillos de la nuca y que mis ojos se inunden. Ya sabéis que soy muy dramático, no lo puedo evitar.

Y para rebajar un poco el tono, me voy a despedir con una noticia de Los Juegos que me ha dejado boquiabierto. Al parecer, los preservativos repartidos entre los atletas que se alojaban en la Villa Olímpica han terminado atascando los desagües. ¿Perdonaaaa? La organización había repartido unos 42 condones por atleta, por eso de lo del virus Zika y tal, en total unos 450.000 profilácticos de los cuales, un alto número de los mismos, ha acabado por los váteres de las habitaciones olímpicas.

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Y no, no me refiero a que se hayan usado como globos de fiestas, no. Se han usado para lo que se tienen que usar. Mucha tonificación ha debido de haber después de las competiciones, digo yo.

Os dejo pensando en ello… 42 condones por atleta #EstamosLocos?

Y ahora os toca a vosotros, podéis contarme todas esas cosas que tenéis que contarme en la zona de comentarios, estaré encantando de leerlas.

Hasta pronto,

J

2016 es un número

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Unos meses atrás leí el libro de Marcos Chicot, “El asesinato de Pitágoras“. Fue una de esas compras impulsivas a través del enlace de Amazon con mi ebook, me sedujo el título y las opiniones de los lectores, a las que suelo dar bastante poca credibilidad, eran muchas y buenas. Lo compré y enseguida de atrapó la esencia matemática que describe. La historia que narra puede ser más o menos acertada, conocida o rocambolesca pero la documentación sobre la filosofía pitagórica y su líder me parecieron impecables, lo que dotaba al relato de una verdad genuina. También hace meses que no escribo una de mis reseñas y esta no va a ser la reentree, no os creáis.

He empezado por aquí porque hoy voy a estar matemático. Porque he empezado a reflexionar sobre lo importante que son los números a día de hoy. Igual que la doctrina de Pitágoras en su época que trataba de explicar el origen del universo, las relaciones virtuosas, la política e incluso la música amparándose en leyes matemáticas complicadas, un juego de proporciones concreto. Todo estaba medido, contenido y controlado de tal forma que aquella filosofía estaba perfectamente arraigada y cimentada, hasta que llegó el fatal descubrimiento de los números irracionales y todo se vino al traste, pero eso es otra historia.

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El pentáculo pitagórico, fundamento de la “proporcion divina”

Yo no me había planteado nunca que todo lo que nos rodea son números, y que nuestra felicidad solemos asociarla a ellos, claro que tampoco me había planteado otras muchas cosas…. paso a paso. Solía decir en el colegio que para qué necesitábamos tantas matemáticas, que con unos conocimientos básicos eran suficiente… y si y no. Sinceramente, las necesitamos para vivir, porque realmente las mates no son solo contar, sumar, restar, multiplicar y dividir (que a estas alturas creo que es lo único que recuerdo perfectamente de esta asignatura, no me pidáis más).

Para Pitágoras y los suyos, las matemáticas y la geometría eran lo más, el todo, vivían de ello y para ello y aunque nos cueste creerlo o asimilarlo, así ha sido hasta nuestros días, de hecho, creo que nunca hemos sido tan matemáticos como ahora.

Los número son importantes porque nos aportan cosas pero a lo mejor les estamos dando más importancia de la que tienen. Por ejemplo, con los años, la edad son números, yo he cumplido 43 y espero cumplir muchos más pero ¿qué es eso en realidad? Porque aparentemente 43 es algo neutro, no nos aporta más valor que los años que llevo en este mundo. Pero ¿qué hay de sus relaciones?… ¿son muchos o pocos? Pues depende, si no llego a cumplir 44 me habrán parecido muy pocos pero si le preguntamos a mis hijas, dirán que son un montón.

Así que todo es relativo, incluso las exactas matemáticas. Los números son exactos, sus implicaciones nunca lo son.

Lo mismo pasa con las fechas, ahora que acabamos de estrenar año y tenemos tendencia a hacer balances, como si los periodos se pudieran abrir y cerrar tan alegremente, como si el hecho de que 365 días hayan transcurrido vaya a hacer que las cosas sean distintas al pasar del 31 de diciembre al 1 de enero. Los propósitos de años nuevo son un poco un camelo, una forma de facilitarnos esa transición irreal. Que sí, que es un periodo concreto y astronómico, que La Tierra ha dado una vuelta entera alrededor del sol y todo eso pero… ¿y qué? ¿es que acaso no pasa eso a pesar nuestro? ¿controlamos nosotros algo de esto o tenemos poder para hacer alguna modificación? Nos tratamos de auto-convencer de que el año nuevo va a ser siempre mejor que el anterior, que nos propondremos cosas geniales, que cambiaremos nuestros hábitos, que…. en realidad y en la mayoría de los casos nos engañamos.

Ya lo decía en el título, 2016 es solo un número, pero imagina que ahora les dan por resetear, como cuando eliminaron las Pesetas y insertaron el Euro, y empiezan desde cero… que decepción, ya no acumularemos como estamos acostumbrados, estaremos frustrados, perderemos con el redondeo y el re-start.

¿Por qué nuestra felicidad está asociada a acumular?

Siempre sumar y multiplicar está bien visto, es nuestro anhelo. Añadir, incrementar, agregar, tener, tener, tener. Y es que resulta que las matemáticas nos están ayudando a ser más fríos y más materialistas. Un coche con más caballos, una casa con más habitaciones, un bolso más caro, un novio más rico, uno o más títulos universitarios. Números, números y más números carentes de emoción.

Como los de mi reto deportivo, del que os hablé hace un par de posts.

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Ya lo he terminado, he concluido con una acumulación de 112 kilómetros que no sin ni muchos ni pocos pero que son los míos. Y que no dicen nada sobre lo que he vivido, he sentido, he disfrutado y he sufrido en estos 30 días, por eso de concretar. Estoy contento con el reto porque lo he llevado a cabo, porque todos los días me he puesto las zapatillas de correr y me he tirado a la calle a hacer algo de deporte. Mentiría si os digo que no he prestado atención al número de kilómetros recorridos (números), al ritmo al que he corrido (números) y a la velocidad a que lo he hecho (números) pero me quedo con un montón de cosas que nada tienen que ver con las mates.

Me quedo y os cuento, así en abstracto y sin contabilizar, que he tenido sensación de fatiga y sensación de comodidad, que he sentido frío en las manos y en las orejas y también calor en el resto de la cara, que he sudado profusamente por todo el cuerpo, que me he sentido muy mal porque mis piernas se negaban a avanzar y me he sentido muy bien porque mi cabeza me decía que tirara más, que podía, he notado como mi cuerpo se acostumbraba al castigo diario y como empezaba a plantearme por donde correr en lugar de “si voy a salir a correr”, he compartido mis experiencias en las redes sociales, he recibido apoyo de amigos y conocidos y lo he dado, he conocido a gente que estaba en lo mismo que yo y me he emocionado con el feedback, he tenido la enorme suerte de salir a practicar deporte con mis hijas e incluso con ellas y una de sus amigas con lo que eso enriquece y une, he disfrutado de avanzar día a día y de mirarme al espejo y de comprobar que los excesos navideños no se quedaban conmigo, he agradecido el apoyo familiar e incluso el orgullo de quienes se quedaban en casa cenando mientras yo salía disparado en mallas… y muchas cosas más.

2016 es solo un número, 112 kilómetros son solo números, 1000 € son solo números, 4 habitaciones son solo números, 8 cilindros son solo números, 700 seguidores son solo números.

No digo que los números sean malos, ni que querer acumular sea malo, ni que tener cosas sea malo, ni que cumplir años sea malo, ni que hacer muchos kilómetros sea malo. Pero son solo números, y ellos son fríos. Lo que quiero decir, es que no nos olvidemos de las emociones que acompañan a esos números. Al final va a ser con lo que nos quedemos, con un cuerpo en descomposición y con innumerables recuerdos y vivencias.

Y como no podía faltar una canción ni unos números, aquí os dejo los “Números Rojos” de Sabina…

Y hasta aquí esta filosofía de andar por casa, es vuestro turno, comentemos, charlemos… ¡numeraos! 😀

Hasta pronto,

J