Tengo una de cosas que contarte…

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Cada vez que hablaba por teléfono con mi amigo Julián, el de la Facultad, uno de los dos solía decir esta frase:

-A ver si nos vemos pronto, que tengo una de cosas que contarte…

Y no es que fuera mentira, pero tampoco era verdad. Como siempre el tiempo pasa y se van sucediendo los hechos o quizá, esos hechos no son ni eso, sino el mas puro e inocente pasar del día a día. Esos periodos en los que estamos vivos, porque lo estamos, y vivimos, porque lo hacemos, pero que no se produce nada novedoso a nuestro alrededor. No hay duda que estábamos al tanto de las cosas importantes, nacimientos, decesos, ventas de casas, aperturas de negocio… pero nuestra “frase” era una especie de excusa para dejar la conversación en el aire de una forma más o menos misteriosa.

Está claro que nuestra fórmula funcionaba y nos hicimos asiduos a dejar las cosas así, como el que no quiere la cosa, flotando en una nebulosa.

En este casi mes y medio que llevo sin publicar también han sucedido algunas cosas que os puedo relatar aunque hay muchas mas de las otras, de las del diario que casi no llegan a ser cosas en sí mismas. Pero está claro que un mes y medio da para mucho o para muy poco. Así que voy a comenzar a despejar las neblinas de mi ausencia y lo voy a hacer por todo lo alto. Los Juegos Olímpicos.

Que ya se han acabado (si fuera creyente añadiría que gracias de Dios) y me han dejado agotaíto perdido. Me he tirado dieciséis días, con sus dieciséis noches dale que te pego, corriendo, saltando, nadando, montando en piragua, levantando peso, tirando con arco y hasta a punto de fracturarme las cuatro extremidades en el caballo con arcos. Creo que me lo he visto todo, el sofá tenía mi forma, de una manera extrañamente envolvente. Era llegar al salón y ese enorme hueco me llamaba, encendía la tele y… Una putada esto de que los juegos hayan sido en Brasil con la diferencia horaria, si hasta me he quedado una día hasta las cuatro de la mañana para ver correr a Usain Bolt y ver ganar una medalla de oro a Ruth Beitia, con la de veces que lo han repetido, casi podía haberme ahorrado el momento y haber normalizado mis horarios, porque levantarse de la cama bastante después de que lo hagan tus hijas es como de mal padre, no?

Al menos, los Juegos me han pillado de vacaciones. Una vacaciones un tanto atípicas, os cuento. Ha sido la primera vez que el planteamiento de vacaciones, que lo tenemos que hacer en la empresa sobre febrero / marzo de cada año, se ha tenido que modificar y todo por culpa de mi mujer. ¿A quién se le ocurre cambiar de trabajo? pues eso. Debido a su cambio de estatus, las vacaciones se acercaban y todo estaba en el aire; la primera opción era la de quedarnos en casa a pasar agosto con la excusa de que como tenemos piscina…. y que en agosto se está guay en Madrid…. y todo lo que se nos pueda ocurrir. El hecho es que mi mujer estaba pendiente de renovar el contrato a primeros de mes y a partir de ahí, encontrar el momento de negociar unos días de permiso. Lo primero fue si cabe más sencillo que lo segundo, la renovación vino de forma inesperada y encantados, lo de fijar unos días libres ha sido más tortuoso.

Yo ya tenía que coger mis días, se acercaba la fecha y no veía el momento de salir corriendo, donde fuera, aunque fuera al sofá de casa, pero ante la posibilidad que le habían transmitido a mi mujer de coger una semana, terminé posponiendolos. Mis vacaciones se convirtieron así en el típico sueño de la puerta al final del pasillo, esa que se aleja de ti cada vez que te acercas. Pero llegaron, bye bye compañeros, au revoir. Me iba un par de semanas pero no coincidiría con mi chica, ella empezaba cuando yo terminaba. Así que, como somos muy imaginativos, hemos decidido tomarnos las vacaciones por separado, una semana cada uno en la playa con las niñas y otra “de Rodríguez” en casa, en modo desintoxicación. Acabo de volver del mar así que ya os imagináis lo que toca ahora. Mi chica y yo hemos hecho nuestra particular carrera de relevos, todo muy Olímpico también.

Esta semana con mis hijas en la playita han dado para mucho, mucho amor y mucha compañía, mucho mar, mucho sol, mucha sinrazón y mucho hacerloquenosdabalagana. Unas vacaciones distintas pero vacaciones al fin y al cabo. En mi semana de padre separado con hijas hemos hecho un poco de todo, hemos bajado tarde a la playa, hemos comido a deshora, hemos jugado al voley-playa hasta que se nos ha hecho de noche, nos hemos metido en el agua al amparo de un anochecer avanzado y hemos hecho nudismo entre risas, hemos hecho excursiones y hemos superado miedos. Ellas se hacen mayores y es sencillo llevar un plan así, me lo han puesto fácil. Solo espero que a mi mujer le vaya igual de bien, y que no se convierta la convivencia en una pelea de gatas 😀

Aprovechando el final del Olimpismo por este año y haciendo una de las cosas que mas me gusta cuando estoy al borde del mar, que es leer en mi hamaca, he avanzado con el libro que tenía entre manos, “Enredando en la memoria” de Paloma del Rio.

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Las voz reconocible de la gimnasia, el patinaje y la hípica nos cuenta sus memorias, pero también mucho más. Su descubrimiento del periodismo, su forma de dar visibilidad a los deportes minoritarios, su lucha por dar voz a las mujeres en el mundo del deporte, por la igualdad de oportunidades. Y todo esto entretejido en el tapiz que forman su vida personal y profesional.

Las cosas que cuenta en su libro acerca de esos deportes sacrificadísimos y sin recursos, de las familias de los deportistas, de los entrenadores y responsables de federaciones, de los éxitos insospechados… todo me ha emocionado hasta unos límites nada glamurosos y he visto el reflejo en mis hijas, en su lucha temporada tras temporada y sus sacrificios para practicar un deporte tan exigente y poco agradecido como la natación sincronizada, siempre con una sonrisa en sus labios.

Esa emoción a flor de piel, esa carne de gallina con el relato me recordaba a las sensaciones que he tenido durante el visionado de los Juegos de Rio, cada vez que un deportista se colgaba una medalla y rompía a llorar o a suspirar. Tanto esfuerzo recompensado al fin. Tantas y tantas imágenes de ganadores y de perdedores que se han quedado en mi retina y que han hecho que se me ericen los pelillos de la nuca y que mis ojos se inunden. Ya sabéis que soy muy dramático, no lo puedo evitar.

Y para rebajar un poco el tono, me voy a despedir con una noticia de Los Juegos que me ha dejado boquiabierto. Al parecer, los preservativos repartidos entre los atletas que se alojaban en la Villa Olímpica han terminado atascando los desagües. ¿Perdonaaaa? La organización había repartido unos 42 condones por atleta, por eso de lo del virus Zika y tal, en total unos 450.000 profilácticos de los cuales, un alto número de los mismos, ha acabado por los váteres de las habitaciones olímpicas.

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Y no, no me refiero a que se hayan usado como globos de fiestas, no. Se han usado para lo que se tienen que usar. Mucha tonificación ha debido de haber después de las competiciones, digo yo.

Os dejo pensando en ello… 42 condones por atleta #EstamosLocos?

Y ahora os toca a vosotros, podéis contarme todas esas cosas que tenéis que contarme en la zona de comentarios, estaré encantando de leerlas.

Hasta pronto,

J

Dale al Power!

Se nos ha ido agosto, y con él, todo lo que el verano significa. En mi caso es el mes oficial de vacaciones fuera de casa, de playa, de desconexión, de descanso…, lamentablemente ya lo he disfrutado y debo decir que me da una pereza enorme enfrentarme al nuevo curso.

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Se que septiembre tiene mucho de renacimiento, de volver a empezar, de proyectar planes novedosos y bla, bla, bla, pero esta etapa me ha pillado con los biorritmos muy bajos, estoy como “al ralentí”, despertando poco a poco, y por necesidad, del letargo veraniego y adentrándome en la rutina. Llevo ya una semana incorporado al trabajo y me noto aún lento, relajado y falto de emoción. Cada año que pasa tengo más claro que el trabajo no es más que un medio para vivir, sobrevivir o lo que se te permita y hay que estar al quite y ser leal, pero sin pasarse, sin que nos afecte más de lo que les afecta a los que tienen una verdadera responsabilidad.

Quizá es que cada año que pasa me hago más sabio o que veo las cosas más en perspectiva. O tal vez, que mi lucha por ser lo más feliz y vivir lo menos afectado posible por injerencias externas está alcanzando cotas inusualmente altas, gigantescas, diría yo. Puede incluso que haya encontrado, sin pretenderlo, mi lugar en el mundo, que estará (está) más o menos cercano al lugar deseado pero eso hace que evite la frustración, se donde estoy, se a donde pertenezco, y sobre todo, se lo que no soy.

Esto, no me lo negaréis, se merece un brindis.

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Va por ustedes…

Irreflexiones al margen, llega el momento de avanzar, de volver a tomar velocidad de crucero y empezar, aunque sea tímidamente, a retomar las cosas que hemos dejado suspendidas meses atrás, como este blog. Ya os anuncié en el último post que la desconexión iba a ser total y así ha sido, tanto, que ahora me está costando entrar en harina, y no porque tenga poco que decir, sino porque el perezoso que hay en mí aún tiene el ritmo caribeño, no te estreses, brother!

Aún tengo unos días por delante para que la rutina invernal me alcance de pleno, cuando la vuelta al cole sea completamente efectiva y ya no sea dueño de mis horarios, sino que los tenga adaptados a las necesidades familiares. En ese momento será cuando tome consciencia de lo que quiero hacer con el blog y de cómo quiero hacerlo. De momento no vas a encontrar grandes cambios, las secciones habituales seguirán como hasta ahora, el feedback que he recibido por vuestra parte ha sido maravilloso y como dicen por ahí.. “Si algo funciona, no lo cambies”.. estoy parafraseando.

Seguramente habrá cambios en los días de publicación, adaptados a la vorágine que se aproxima, o quizá no. Me gustaría poder mantener los miércoles y los sábados pudiendo sacar algún hueco más para una tercera entrega semanal. Se que es mucho arriesgar teniendo en cuenta lo justo que voy a estar de tiempo pero vamos, por intentarlo que no quede. En parte lo hago por pasar tiempo a solas escribiendo y en parte por poder compartir mis ocurrencias con vosotros, algo de exhibicionismo tenemos todos, ¿no? ¿Me pasa a mí solo?

Tomaros esta entrada como un aperitivo, dentro de nada estarán las cosas en marcha. Yo ya se que es el momento de apretar el botón de POWER y empezar a meter gas, dentro de nada estaremos a tope y seguro que lo que viene siempre será mejor que lo que dejamos atrás… ¡¡¡que sí, tontorrones!! No lo penséis más y darle caña, hay que empezar a moverse.

Y hablando de Power y si os apetece algo de música (a mi siempre me pasa), aquí os dejo el clásico de Molotov…. “Dame todo el Power”.

¿Y ahora qué?… Pues… ¿Comentamos?

Hasta pronto,

J

Qué ha llegado septiembre!

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Acabamos de estrenar septiembre, un mes que no me suele caer muy bien por lo que implica, la vuelta a la realidad después del verano, la antesala de otoño, la jornada completa en el trabajo, la reducción drástica de las horas de luz…. Pero este año ha venido con una “estupenda” ola de calor que nos tiene a todos derrotados. ¿Es posible que hoy sea el día más caluroso de este atípico verano? Yo así lo creo, os juro que termino de escribir esto y me tiro de cabeza a la piscina para refrescarme.

Ahora creo que soy yo el que, al igual que el mes de septiembre, os cae un poco mal, sobre todo a los que no tenéis una piscina cerca y estáis a medio camino del derretimiento… Lo siento, me he dejado llevar. Seguro que algunos de vosotros tenéis aire acondicionado o casas de campo, vivís odiasamente cerca de la playa o incluso en un ático, cosas que a mí me dan bastante envidia pero no por eso voy a juzgaros mal, cada uno aprovechamos los recursos que tenemos a nuestro alrededor como mejor podemos, ¿No creeis?

Volvamos a lo de septiembre, que es más aséptico. Suele ser un mes de comienzos y eso siempre es positivo e incluso volver a cierta rutina, tampoco es malo. Lo verdaderamente malo es no tener un pastizal que te permita vivir como te gustaría. La vuelta al cole está ahí, a la vuelta de la esquina, y la “vuelta al curro” de los que, afortunadamente, tenemos trabajo, ya casi se ha producido por completo. En este mes abrimos nuevos proyectos que el verano ha dejado interrumpidos y es casi, mi hermana por lo menos lo ve así, como si realmente fuera el inicio del año. Nunca me lo había planteado así, pero es curioso, podría funcionar. Empezar el año con el curso escolar y acabarlo con una gran fiesta de fin de vacaciones….

No se vosotros, pero yo aún me encuentro bien, aún conservo esa relajación en la cara, tengo un moreno muy agradable que todavía me recuerda a la playa y eso, cuando me miro en el espejo a primerísima hora de la mañana es un aliciente, parece que estoy de paso, que no voy a quedarme a trabajar once meses del tirón…. que ilusos somos, cuando queremos. Por otro lado, estoy a tope de energía, el mar y el sol me han venido muy bien para desconectar y para subir los bioritmos, ahora me encuentro más imperturbable que nunca. Estoy como si las circunstancias a mi alrededor, la rutina del trabajo y la de los estudios no pudieran conmigo, de momento, no lo hacen. Lo harán, lo se, lo harán, pero de momento, voy como flotando por la moqueta de la oficina, como levitando, con la sensación de que podría quitarme el zapato y tocar con mis dedos de los pies la arena fina de la playa. Qué ilusos somos, cuando queremos.

Pero es que estas sensaciones ayudan a estar mejor, hay que ir entrando en faena poco a poco, implicándose despacio, dejando que la monotonía llegue, pero lo más tarde posible. Y para eso, septiembre es un buen mes. Es el mes de transición por antonomasia, supone un cambio de estación, un cambio de colores, un cambio de temperatura, un cambio de luz, y luego tiene el equinoccio de otoño que no se bien que es pero que suena de maravilla. Esto de la astrología, los solsticios y los equinoccios suenan muy hippies, dan ganas de música, de baile y tomar cosas raras…, bueno, eso último lo retiro, que este es un blog “serio”.

Yo no se por qué pero espero mucho de esta temporada, tengo puestas muchas expectativas en el futuro a corto plazo que empieza en este mes, creo que es muy bueno empezar estas mini etapas con buena cara y con ilusión, que a lo mejor, algo bueno se cumple.

-“Ya estamos todos” -Dijo el otro día un de los míos, y eso es muy buena noticia. Hemos ido y venido, hemos disfrutado y nos hemos reencontrado, y aquí estamos todos juntos de nuevo para afrontar lo que vaya viniendo. Ya os he dicho que me encuentro bien, feliz y positivo, a ver cuanto dura.

Esta canción que os dejo me ha acompañado este verano y el vídeo puede ilustrar muy bien lo que os he contado, eso de recordar lo vivido, incluso anhelando esos momentos pasados y mirar hacia adelante con ánimo de disfrutar de esta nueva etapa qué se abre hoy mismo. Pero quedaros con lo bueno y, como dice su autora, Birdy, “Recordaremos esa noche por el resto de nuestras vidas”.

No dejéis que el síndrome post-vacacional os afecte, disfrutad de esta nueva etapa y de este septiembre que nos ha caído encima. Como siempre, sed felices.

Hasta pronto,

J

10 momentos de “veraneo”

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Acabo de volver de pasar unos días en la playa, ya sabéis como lo disfruto y he decidido ponerme a escribir para no pensar en que mañana se habrán acabado las vacaciones y que tengo que volver a trabajar, si, lo se, soy afortunado por tener trabajo, eso es una realidad… pero es que a la buena vida se acostumbra uno muy fácilmente.

Como en el panorama literario y peliculero están muy de moda las trilogías, voy a terminar la mía propia de momentos con estos cuantos que os voy a relatar a continuación y de los que he podido disfrutar, o no, en estos días libres y alejado de la rutina. De esta forma, los guardo para la posteridad a modo de diario de viajes, que la memoria ya va fallando. Y es que la edad no perdona…

QUE FEOS…

…Son algunos de los extranjeros que me he encontrado por ahí, qué pintas. Ya sabéis, y si no, os lo podéis imaginar que yo soy mucho de criticar o de comentar, como prefiráis y si encima lo hago en compañía de otra lengua viperina, para que os cuento…

Sabíamos que los 80 estaban de moda, todo vuelve, pero hay gente que vive anclada en esa época, nos hemos encontrado gente anacrónica, rubicundos de pelos rizados, casi erizados, de calcetines blancos con chanclas y de los de mezclas de estampados. ¿Cómo se puede salir a la calle con pantalón de flores azules, camiseta de dibujitos y sobre-camisa de flores naranjas? No, no me he vuelto loco, lo he visto… Y lo he disfrutado. Esos estilismos dan mucho juego para los que estamos “a la que salta”.

Pero no solo algunos extranjeros son feos, o iban mal vestidos, también hemos visto muchos nacionales golpeando al estilo. Y muchas tías cañón con tacones de vértigo que se descoyuntaban al andar y muchos tatuajes y mucho bañador con flecos y muchas camisetas de fútbol falsas….

También había gente guapa, que no hemos estado en “Freakland” pero es que esos dan envía de la mala, y juego, juego, dan mucho menos.

EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE

Qué tranquilidad cuando tus hijas empiezan a ser un poquito más mayores y ya no son tan dependientes. Vamos, que se entretienen ellas solas y no dan el coñazo. Así que, aprovechando que en la playa iba a tener mucho tiempo libre, decidí pasarme por una libreria y pillar un libro para leer tranquilamente al sol. Estuve mirando unos cuantos, cualquiera me valía, pero había tanta oferta…. Ya me había decidido por uno cuando dí un manotazo a un expositor y apareció EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE, de Eloy Moreno. Tenía ganas de leerlo desde hacía tiempo así que fue el elegido.

Me lo acabé en cinco días, es facil de leer, a veces un poco cansino y a veces entrañable. Para nada aburrido y si muy recomendable. Es un poco inquietante que de la sensación de que no pasa nada y que todo lo importante está al final pero merece la pena sumergirse entre sus páginas.

Es el primer libro del autor, que pasó de la auto edición y del boca a boca a un lanzamiento por todo lo alto con Espasa. Yo no me esperaba nada del libro porque no sabía de que iba y por lo tanto no me ha podido decepcionar, ha sido una lectura agradable, de verano. El mismo autor ha publicado, también con Espasa, un nuevo libro, habrá que echarle un ojo…

DE CONCIERTO EN EL PASEO

Paseando una noche, después de un helado, nos encontramos con un grupillo que tocaba reggae en el paseo marítimo. Estuvieron un rato afinando los instrumentos y ensayando. Acorde va, acorde viene, si… no… probando… si…si… Y luego se pusieron al lío.

No tocaban mal los chicos, hacían versiones de Bob, Ziggy y Damien Marley y de otros tantos artistas de este tipo de música, su inglés no era muy malo y se dejaban escuchar. Ellos estaban allí para hacernos pasar un rato agradable y sacar algo de dinero, nosotros de paso, sentados mirando al mar oscuro y meciéndonos por el ritmo jamaicano, nos dejamos querer.

Fue corto pero bonito, tocaron esta pero a su manera, a nosotros nos valió.

LOS CUATRO

Pocas veces podemos estar los cuatro juntos, los sábados por la tarde y los domingos generalmente, pero es en vacaciones cuando pasamos mas tiempo unidos, los cuatro. Como si fuéramos compañeros de aventuras, mis tres chicas y yo, hemos pasado muy buenos momentos disfrutando de lo que tenemos, de los lazos que nos unen.

Juntos y revueltos hemos dormido, nos hemos bañado, nos hemos peleado, hemos paseado y nos hemos reído. Realmente no espero mucho mas de las vacaciones, estar con la familia, disfrutar de buenos momentos, estar en armonía y que haga buen tiempo para poder salir, entrar y disfrutar.

Todo ha estado de cara estos días. Podría relatar un montón de momentos vividos con ellas, con una, con dos o con las tres, pero eso es más íntimo, así que los resumiré aquí bajo este título. El resto queda en los vídeos, las fotos y en la retina.

LAS VACACIONES COMIENZAN CON EL VIAJE

Eso es algo que ya sabíamos, pero que la mayoría de las veces pasamos por alto. Damos por hecho que las verdaderas vacaciones empiezan cuando llegas a tu destino pero hay que ser tonto para desaprovechar esos momentos de antes y de después. Programar el viaje, plantear la maleta y las compras de última hora, los planes, la música, algo para picar y en marcha.

Nuestras vacaciones comenzaron cuando les dijimos a las niñas que nos íbamos a la playa, ellas no lo sabían, así que la emoción comenzó ese día, una semana antes del viaje. Y luego el viaje en sí. Fue divertido, con mi música, con su música y con los cuatro cantando canciones, las de ellas, y haciendo planes. Encontrando gente variopinta y viendo lo que nos deparaba el camino.

Algún ¿cuanto falta? también ha caído, pero eso es inherente a los niños y a los coches, ellos tienen ansía por llegar, yo cada vez tengo más ansia por disfrutar el momento.

Pues un poco en resumen, esos han sido los momentos más remarcables de mis días fuera de casa, en la playa. Un viaje, cuatro viajeros, un poco de música, un libro y un poco de critiqueo. Hay muchos mas, y seguro que vosotros, queridos lectores, podeís ayudarme a completar estos diez momentos, yo he dejado los cinco primeros, como de costumbre, el resto son vuestros.

Hasta pronto,

J

Rebobinando

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Volvíamos mi hermana y yo de un fin de semana especial, Mérida ya quedaba a nuestras espaldas y el regustillo del jamón ibérico se iba diluyendo. Entre risas, comentábamos la jugada y coincidíamos en lo natural que había sido todo, en el buen rato que habíamos pasado con nuestros amigos de siempre y en los sentimientos encontrados que teníamos, por un lado tristeza de dejar de nuevo esa ciudad tan especial y alegría por haber podido coincidir y volver a ver a tanta gente. Habíamos vivido nuestro reencuentro esperado, nuestro particular “Verano Azul” condensado en un día y había merecido la pena. Todas esas sensaciones habían sido auténticas, míticas, con sabor a antaño.  Y fáciles, el momento del encuentro fue natural, como si no hubiesen pasado tantos años, como si estuviéramos retomando las conversaciones de la semana pasada. Disfrutamos de cada beso, de cada abrazo y de cada persona.

Y disfrutamos de nosotros, hacer este viaje con ella, y solo con ella ha sido clave. Solo nosotros sabemos lo que esa ciudad y esas personas nos han aportado.

Con algunas conversaciones y mirándonos a los ojos nos dimos cuenta que la vida había pasado de soslayo por algunos de nosotros, otros han sabido subirse en su carro y a otros les ha golpeado completamente en la cara. Es lo que tiene la vida, que te empeñas en vivirla, pero a veces es como ella quiere, no como tú deseas.  Pero otras veces te hace concesiones y hace que te creas dueño de tu destino. Por eso, y porque estoy especialmente inspirado, hoy este relato va al revés. Por dos razones: Porque me apetece, y porque me da miedo lo que tiene el futuro de inesperado.

Era Semana Santa cuando recibimos la noticia que no por esperada fue menos dolorosa. Mi tía había fallecido. Esa mujer que fue tan inspiradora, tan cómplice…. se había ido definitivamente. Ella ya había abandonado tiempo atrás, se quedó sin ganas. Manuela fue una mujer fuerte en todos los aspectos, grande por dentro y por fuera, culta y arriesgada, con un sentido del humor fuera de serie, roja y católica, amiga de todos y para mí, referente de muchas cosas. Fue una mujer que vivió mucho, y desgraciadamente, dejo de vivir mucho también. Supo reponerse y tirar hasta que dijo no, ya no, después de esto, no.

Y así, abandonado a su suerte fue su final, triste y gris. Para mi familia fue, hasta cierto punto, liberador.  Para mi hermana y para mí supuso algo más. Para nosotros, su ciudad, Mérida, era una constante y ella había sido el vínculo. Ahora nos quedábamos “huérfanos”. Sabíamos que teníamos amigos, pero las excusas para volver se difuminaban, el sentimiento de pérdida era doble, enorme.

Nos vimos con una pareja de amigos que vinieron a apoyarnos, y hablamos de la posibilidad de un reencuentro con la gente de entonces, necesitábamos anclarnos de nuevo a la ciudad de nuestra juventud…. Reconozco que yo era bastante pesimista al respecto, sin quererlo, me convertí en el amigo que piensa que este plan loco no funcionaría…. Me equivoqué.

La boda de L y P fue un acontecimiento social en la Mérida de finales de los noventa. Nuestro amigo P estaba muy metido en el entramado laboral y administrativo de la ciudad en particular y de Extremadura en general por lo que su celebración fue grande, familia, amigos, contactos, compromisos. Una boda digna de los ecos de sociedad y un punto de inflexión en nuestra relación con nuestros amigos.

Había pasado tiempo desde que no veíamos a muchos de ellos, los años habían hecho su propia selección natural entre nosotros pero ese evento nos juntó a casi todos. Fue un momento estupendo para ponernos al día y para prometernos más visitas, más encuentros y más contactos que nunca llegaron. Después de aquello, volvimos cada uno a lo nuestro, a nuestra vida y a nuestras circunstancias. Ese día nos despedimos con intención de volver y de seguir, pero no fue así.

Ya las cosas se habían enfriado, nuestro paso por Mérida era cada vez más esporádico y ya estábamos embarcados en nuestros propios caminos, no supimos o no pudimos incorporar ese pasado a nuestro presente y decidimos que habría que mirar hacia adelante, nunca hacia atrás.

A finales de los ochenta, en plena post adolescencia y después de un periodo de sequía, comenzamos a volver a Mérida de vacaciones. Aquello había cambiado mucho, la gente había cambiado mucho y nuestros amigos de la infancia habían crecido. Todo parecía estar igual pero era diferente, sería un nuevo comienzo para mi hermana y para mí.

Nuestra visita despertaba mucha expectación, los de fuera, éramos como algo exótico en aquella época, vestíamos distinto, pensábamos distinto y hablábamos distinto. Como siempre, habíamos anunciado nuestra llegada a nuestra amiga Y, la hija del carnicero y nos esperaba, pero no con lo de siempre. Con un montón de caras nuevas, su nueva pandilla, atrás habían quedado los niños y las niñas del barrio, ahora se movía con la gente del instituto. Esta época era la de los primeros novios, los primeros jaleos, las locuras…. Nos acogieron con los brazos abiertos y nos dejamos querer. Esa gente se nos metió dentro, como el acento extremeño, las piedras romanas y los productos de la tierra.

Aquel nuevo primer verano fue mágico, como lo serían los siguientes. Esperábamos pacientemente los meses de invierno para volver, como los propios generales romanos, a su ciudad recreo, su Emérita Augusta. Así nos sentíamos nosotros de especiales, con todo el tiempo del mundo por delante. Los recuerdos de aquellos tiempos se han quedado en cientos de instantáneas que ya amarillean, pero, que si las frotas, puedes ver de nuevo el brillo de la ilusión en nuestros ojos.

Cuando yo era muy pequeño tenía alergia a casi todo, mis síntomas eran de lo más peculiares. Me quedaba sordo. Si que había obstrucción de las vías respiratorias, moqueo y estornudos pero la sordera preocupaba sobremanera a mis padres. La opción que les daba el especialista era que el niño tenía que cambiar de aires. Así que, mi padre habló con su hermana y decidieron que pasara un verano en su casa, en Mérida. Alejado de Madrid, calmado, distraído….. No sabían lo que hacían, pobres.

Mis tíos me acogieron en su casa como si de un sanatorio se tratase, con todas las medicinas y tratamientos. La estrecha relación con mi tía comenzó entonces, sus hijos ya eran mayores y la diferencia de edad entre ella y mi padre hacía parecer que yo, su sobrino, era como si fuese un nieto, el que nunca llegaría a tener. El amor era incondicional, como debe ser. Y nos hicimos amigos, aprendía muchas cosas de ella que me han servido hasta hoy día, sobre todo, su actitud ante la vida en aquella época. Era imparable y yo inagotable.

En Mérida se vivía distinto, todo era más abierto, más de pueblo. Se vivía en la calle. Recuerdo que empecé a tener amigos casi de inmediato, los vecinos del edificio y de los edificios de alrededor. Era distinto a lo que yo vivía en casa, me sentía completamente libre y no podía permitir que esa sensación pasara de largo, tenía que repetir….. y no deje de hacerlo hasta muchos años después. Unas veces acompañado de mis padres, otras solo o con mi hermana, siempre encontrábamos un hueco para volver. Allí crecí y conocí la amistad, las travesuras, el amor, la picardía, la cultura, …. la vida.

Y hasta aquí mi particular viaje a ninguna parte de los últimos casi cuarenta años, convirtiendo todo este tiempo en relatos individuales y marcando momentos significativos que hacen que el relato general cobre sentido. Rebobinando y dándome cuenta que hacia atrás todo es más luminoso, más vital, y más inocente, aunque ahora que lo pienso, aquí hay mucho más de mi de lo que yo quería mostrar, creo que el subconsciente me ha jugado una mala pasada, pero bueno, lo hecho, hecho está.

Hasta pronto,

J

Mallorquing

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La primera y única vez que fui a Mallorca, fue a la zona de Magaluf. Y fue una mala idea, un mal sitio, una mala playa, un mal planteamiento. No se como dejamos que nos vendieran esa moto pero lo hicieron, y la compramos. Inocencia juvenil, me temo, y falta de experiencia a la hora de viajar. En la era pre-internet era infinitamente más sencillo colártela, ahora contrastamos, miramos opiniones, sugerencias, anotaciones, incluso fotos y testimonios. Es menos inocente, pero más práctico. Las experiencia es diametralmente distinta, sin duda.

Y digo que fue una mala idea porque el resto de la isla de Mallorca es MARAVILLOSO. Un espacio natural precioso, donde puedes encontrar todo lo que quieras, playas de ensueño, calas recónditas, acantilados escarpados, montañas llenas de vegetación, pueblos de interior con carácter y personalidad, una capital con una catedral gótica alucinante, turismo gastronómico, zonas agrestes y mucha marcha. Pero todo lo que pasa en Magaluf, se extiende irremediablemente a la reputación de toda la isla y eso no es bueno.

De todos es sabido que las Islas Baleares españolas, y en especial Mallorca, son lugares de retozamiento de extranjeros, ingleses y alemanes que llegan  en hordas dispuestos a pasar el verano de su vida por cuatro euros, literales. Un turismo barato y sin expectativas, de adolescentes, borrachos, vándalos y descerebrados. Muchas fiesta, mucho sexo, mucho alcohol y mucho sol. El paraíso, vamos.

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Esto es lo que hay, y parece ser que a las autoridades de la zona no les importa que así sea, aparentemente no se está haciendo nada por cambiar la imagen, o por lo menos no se está haciendo nada efectivo. Lo que si se hace, teñido de una falsa alarma, es ensalzar estos comportamientos dándoles nombres rimbombantes que no hacen más que resaltar el “ridículo español”.

Nosotros los españoles, o más bien, nuestros medios de comunicación, esos que a la heredera al trono británico, Kate Middleton la rebautizaron como Catalina de Cambridge, como si por el hecho de contraer matrimonio, se hubiera nacionalizado española, han comenzado a utilizar una serie de nombres propios intentando globalizar un significado absurdo, seguramente con ánimo de hacer ver lo cosmopolita de somos.

De ahí que hablemos sin tapujos de cosas tan elevadas como:

BALCONING

Para los no ilustrados, os diré que este término hace referencia a aquella práctica realizada por esos descerebrados guiris borrachos que les da por saltar desde las terrazas de sus habitaciones de hotel a la piscina. Unas veces con más éxito y otras con menos. Alguno ha sido repatriado en caja de pino, así si más. Se quiere hacer creer que esta palabra tan cool proviene del ingles “balcony”, balcón o terraza en la lengua de David Beckham, pero no, señores. Viene de nuestro propio y auténtico, balcón.

A los empresarios hoteleros de la zona balear parece que esta práctica no les gusta, aunque lo que creo que no les gusta es que se mate nadie en sus instalaciones, pero tampoco se actúa mucho en consecuencia. Caras compungidas nos avanzan que se multará a los padres de los infractores, allí en su lugar de origen….. me río, lo juro, me estoy descojonando por dentro con la medida.

Una opción les doy, el que lo haga y salga vivo, a su casa, y sus colegas de cuarto lo mismo. Una cruz y que no vuelva. “Persona non grata”. Pero estas medidas no se van a aplicar, nos gusta el dinerito inglés y tragamos con estas… “actitudes”.

Este año se ha puesto muy de moda otro término, atroz.

MAMADING

Este no viene del inglés “mamadation” (mamadeision), que como os podíais imaginar, no existe. Viene de algo tan castizo y tan prosaico como “mamada”.

Y es justo eso, una competición de nuevo cuño, felaciones por copas. Un concurso destinado a lo más borracho, más drogado, más descerebrado y más absurdo de los guiris de Magaluf. Un concurso en el que las concursantes hacen felaciones a los clientes del bar de turno, cuantas más mejor, y la ganadora tendrá barra libre todo el tiempo que duren sus vacaciones. Imagino que con lo malo que debe de ser el alcohol que sirven por allí, por lo menos les servirá de desinfectante…. ¿Os parece un horror? Lo es.

Pero el tío que lo ha inventado es un crack, no me jodas. Me imagino la conversación con los amigotes:

-Ya sé como hacer que nos la chupen todas la noches, cambiaremos mamadas por copas gratis.

Y los colegas:

-Siiii, siiii!!!!!

-Heeeee, heeee (con hilillo de baba incluido)

Menos uno, que de todo hay en las pandillas, hasta en las más brutas:

-Pero,…. eso no va a funcionar, no?

Pero ha funcionado, y cómo!

Creo que el observatorio de la mujer está que trina y las autoridades locales….. pues eso, que ahora están escandalizados pero cuando las guiris practicaban sexo en la calle, se meaban encima de lo borrachas que iban y enseñaban las tetas solo pensaban…. chiquilladas. Algunos lo tachan de sexismo, y lo es. Algunos de degeneración, y lo es. A mi me parece atroz, pero oye, sigo pensando que el que lo ha inventado es un visionario.

Cada año un término nuevo se une al mallorquín oficial y se envía como una sonda marciana a todos los países. La imagen que se da de la isla es fantástica para esos jóvenes, turistas potenciales que buscan lo que buscan, y lo encuentran. Para el resto, los que pretendemos tener un poco de sentido común y de sensatez, nos parece penoso. Y lo peor, es que me temo que es consentido. Cada uno vende su producto como quiere, es puro márketing.

Yo desde aquí propongo nuevos términos para este nuevo idioma en ciernes:

ENSAIMADING

Muy útil para los turistas que quieren llevarse a casa un recuerdo gastronómico de Mallorca, una ensaimada en condiciones.

SOBRASADING

Parecido al anterior, pero con auténtica y riquísima sobrasada artesana.

PERLING

Esto se practica de forma extraordinaria en el Manacor de Rafa Nadal, las perlas de Majórica son lo más de la zona y propongo esta acepción para todos aquellos que quieran ir a las fábricas de perlas cultivadas e incluso comprarlas. Me voy de perling, mañana de caling.

CALING

Ir de calas, coger el coche de alquiler y tirar para la costa recalando en las maravillosas, y algunas semi vírgenes, calas de la isla.

CUEVING

Ir de visita a las afamadas cuevas de Mallorca, preciosas y únicas, con un grandísimo atractivo turístico.

Lo dejo en vuestras manos, que seguro que se os ocurren muchos términos más, algunos incluso sórdidos, que nos conocemos. ¿Habéis visto que sencillo es crear un idioma universal basado en lo local? Pues venga, a exportar sabiduría, que de eso no nos sobra.

Hasta pronto,

J

Y allí, al otro lado…

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Hoy me voy a poner intenso, incluso un poco filosófico.

A tí, que estás leyendo esta introducción y que te ha dado un poco de gustirrinín el hecho de la filosofía te va a gustar, y a tí, que te ha dado más bien pereza eso de la filosofía y la intensidad no te vayas, que no va a ser tan largo y seguro que no es para tanto.

Algo tiene el verano que  me pone, no lo puedo evitar, mis poros están mas abiertos que de costumbre y mi mente mucho más perceptiva, todo en el verano me transmite sensación de vida, de vibración, de buena onda y es por eso que soy más proclive a tener hechos reveladores en esta época. Hoy he tenido uno de esos cuando volvía a casa del trabajo. Ese momento que tanto nos gusta a todos, cuando has dejado atrás la rutina y las obligaciones pero aún no estás inmerso en la otra monotonía, la casera. Para mí, un momento mágico, cuando me encuentro conmigo mismo y mis pensamientos en la intimidad de mi coche y aislado del exterior.

Me he detenido en un semáforo, muy cerca de mi casa, en una gran plaza. Uno de esos semáforos que duran hora y media y que siempre son un fastidio. He tomado consciencia de que estaba escuchando una canción de la radio, una de esas canciones de verano, hoy que el día no era nada veraniego, sino otoñalmente lluvioso. Un paradoja ese Summer Love, de David Tavare.

Mientras la canción (que me la se, no lo voy a negar) invadía mi cuerpo y mi alma, mis ojos se quedaban fijos en un enorme charco de agua sucia, había llovido demasiado y ahí estaba esa acumulación en movimiento, dejándose balancear por el tráfico y el viento. Casi como si tuviera vida propia, casi como si fuera capaz de avanzar entre los coche y absorbernos.

Y en medio de semejante charco, de repente, se ha dejado vislumbrar un autobús urbano, circulando cadenciosamente, ajeno a todo y a todos, y detrás de él, otros, coches, camiones…. Todo un desfile automovilístico. El sol había salido de nuevo y el tráfico ya no solo se reflejaba en el charco, toda la calzada estaba mojada, la luz del sol reverberaba en ella y le confería la apariencia de un espejo, uno de esos trucados, que distorsionan a voluntad al tiempo que reflejan. Más que un espejo, era una especie de lago, sin forma fija ni fondo definido. Yo sabía que todo eso que yo estaba viendo boca abajo eran reflejos de la realidad, pero era completamente incapaz de apartar mi vista de esa perspectiva turbadora.

Segundos después, ya no estaba sentado, ni estaba en mi coche, ni estaba rodeado. Estaba solo, de pie, al borde del lago, viendo pasar a mis pies fantasmagóricas imágenes que me eran familiares, que parecían objetos animados y cotidianos, reconocibles, pero a la vez, irreales. Y entonces fue cuando mi cabeza comenzó a divagar, a plantearse si no sería mucho más real el mundo “boca abajo” que el mundo “boca arriba”. Porque ¿es posible que lo que vemos habitualmente sea también un reflejo? ¿podemos estar seguros de que lo que nosotros consideramos real, efectivamente, lo es? Es posible que no seamos más que una proyección, que vivamos en un sueño realista, que nuestros sentimientos no sean más que condicionamientos. Sé que es posible que no vivamos en la realidad, o al menos, que vivamos en una realidad adaptada a cada uno, igual que nuestro reflejo, único y programado.

En mi ensimismamiento reflejado algo ha llamado mi atención, un vehículo extraño, uno nuevo, más humano y débil. Un joven montando una bicicleta amarilla (¿o tal vez era al revés…?) ha irrumpido en mitad de la imagen, ágil y veloz como un rayo, como una huída. Inmediatamente he intentado buscar su imagen “real” en el mundo “boca arriba”. He mirado en todas la direcciones pero no ha sido posible localizarlo en este plano. Es probable que no perteneciera a él, no puedo estar seguro, como de casi nada, pero…. ¿Y si…?

En ese momento una sonrisa ha asomado a mi labios, una sonrisa de satisfacción porque me había dado cuenta. Otro mundo es posible, el mundo del espejo es real, o tan real como el “real”. Lleno de vida y de acciones, de líneas de movimiento, de presencias y de vacíos, de circunstancias personales adversas y de luz propia.

El sonido estridente de un claxon me ha privado de mi ensoñación trayéndome de vuelta al mundo cotidiano, David Tavare seguía cantando en mi coche que volvía a serlo. Y yo estaba sentado al volante y era el primero de una gran fila de vehículos. Algo turbado he arrancado, atendiendo a las señales de la vida real y me he encaminado a casa con la seguridad de que he visto lo que he visto. Por unos instantes yo he estado allí, ya se que existe. Ahora solo me queda encontrar otra puerta para asomarme con curiosidad a ver que se cuece al otro lado.

Si tú la ves, avisa.

Hasta pronto,

J

Cambio de temporada

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Hay algunos agoreros que van diciendo por ahí que todavía quedan por llegar algunos días de frío. Como si la primavera no se hubiera instalado ya en nuestra zona geográfica, como si este sol no calentara ya, como si esta luz no nos acariciase pasadas las ocho y media de la tarde. Claro que llegarán días más desapacibles pero ¿y qué? Ya todo huele a calor, a veranillo, a flores, a mar, a terracitas, a cerveza con limón, a todo aquello que tanto me gusta.

Los que me seguís habitualmente, en el blog, claro, no por la calle y los que me conocéis en persona sabéis de sobra que soy un hombre de calor (porque decir caliente….queda un poco feo) y ahora estoy empezando a disfrutar de las estaciones que más me gustan. La primavera, el verano y los primeros y cálidos compases del otoño, que ya llegará, no me voy a anticipar. Así que estoy en mi salsa.

Atrás he dejado los fríos del invierno, los grises y las lluvias, las nubes y las ventiscas, hasta el año que viene, queridos, ahora hay que abrir el armario y dejar que la nueva temporada nos inunde. Se perfectamente que con este símil estoy siendo malo, que hay personas que tienen que hacer el cambio físico, guardar la ropa de invierno y sacar la ropa de verano, lavar y planchar para guardar y lavar y planchar para exponer, que pereza más grande. Yo, y aquí explico lo de ser un poco malo, o muy malo, según se mire, soy de esos afortunados ciudadanos que tienen un graaaan armario donde conviven todo tipo de prendas. Las camisas, los polos, las camisetas, los pantalones largos y los cortos, cada prenda tiene su sitio en mi ropero de cuatro puertas. Si en diciembre me apeteciese ponerme una camiseta de tirantes podría hacerlo, porque la tengo a mano, lo mismo que ahora me puedo poner una camisa de franela, por la misma y simple razón. Y no solo la ropa convive armoniosamente dentro de mi armario, también los zapatos, las botas, las zapatillas y las chanclas se saludan de tú a tú los doce meses del año. Ahhhh, se que a muchos os escuece esto que os digo, pero…. paz amigos, seguro que yo tengo otras carencias.

Seguro que algunos de vosotros, los peor pensados estaréis diciendo:

-Seguro que tiene cuatro trapos y dos pares de zapatos y se las viene dando de listo….

Pues no, amigas y amigos, tengo un montón de ropa, de calzado y de complementos. Es así, en esto estoy por encima de muchos. Llamadme superficial, lo soy y lo disfruto. No todo va a ser intensidad en esta vida, ¿verdad?

Debido a esta circunstancia tan especial y tan poco común en la gente que me rodea, he sido capaz de inaugurar la temporada primavera-verano luciendo mis piernas y mis primeras bermudas del año. Qué momento! qué fresquito en los gemelos, qué sensación de libertad de rodillas para abajo, qué bueno ser el primero…. jajajaja. Podéis volver a decirlo, soy un simple y un superfluo, siiiiii, pero desde este fin de semana, un simple en pantalones cortos. Ahora mis vecinos ya saben quién ha marcado la pauta, quién ha dado el pistoletazo de salida, quién manda. Y yo tan contento de ir por delante en algo.

Si aún no habéis hecho el cambio de armarios, no se a que estáis esperando, porque, aunque algunos sigan insistiendo en que vendrán días frescos, la verdad es que ya estamos a 25 grados. Es motivo más que suficiente para la manga corta. Qué ha llegado el calor, disfrutemos. Y si queréis ponerme verde…. para eso está la zona de comentarios, usadla!

Hasta pronto,

J

 

 

San Juan de Alicante, 1988

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Tengo un medio hermano que hace un montón de años se fue de mi lado para hacer “las américas”. Por todas las cosas que vivimos juntos es algo mas que un amigo, y por cosas de la consanguineidad, es algo menos que un hermano.

Mi hermano, mi amigo, mi ¿hermigo?….es un tipo muy, muy, muy social y desde su país de adopción vive vinculado a internet prácticamente desde que puso un pié allí. El otro día actualizó la foto de cabecera de su perfil de Facebook con una imagen collage de portadas de novelas de terror. Esa novelas de terror que nosotros leíamos con fruicción años ha, y me vino, me dio un ataque de nostalgia que me transportó muchos años atrás, al verano de 1988 cuando hicimos nuestro primer viaje juntos.

Juntos pero no solos, con su madre y unos amigos, nos pusimos una madrugada de verano camino de la playa. Esa noche previa, sabiendo que íbamos a salir temprano, yo me fui a dormir a su casa, era el comienzo de mis vacaciones, y la verdad es que dormimos bien poco. Decidimos que era mejor permanecer despiertos que dormir cuatro horas de mierda, así que con algo de comer, algo de beber, algo de música y mucha conversación pasamos ese momento hasta que nos montamos en el coche que nos llevaría al paraíso. Antes nos habíamos acojonado un poco por los ruidos de la noche, de su casa antigua, y del tapón de una botella mal cerrado que no hacía más hacer ruiditos extraños que no sabíamos de donde provenían. Con aquellos 16 años tan frikis que teníamos, nos temíamos lo peor, asesinos en serie, paredes sangrantes, invasiones alienígenas, el fin de todo lo conocido… de todo menos lo del maldito tapón.

Pasado el susto y la emoción iniciales y casi diez horas más tarde llegamos a la casita en San Juan pueblo, lejos de la playa pero que nos daba igual, estábamos de vacaciones, estábamos juntos y estábamos dispuestos a pasarlo bien. Ya nada nos importaba, solo queríamos playa y diversión. Y eso tuvimos.

Pero ahora, a la vuelta de los años, tuvimos una diversión muy naif. Eramos dos chavales guapos de 16 años pero super, super, super pánfilos. Ninguno de los dos habíamos salido aún del cascarón, no teníamos malicia, nos importaba más la lectura de las famosas novelas de terror que el alcohol. Mucho más viajar a Alicante capital a comprar comics que visitar las discotecas locales. Mucho más las historias de super-héroes que las chicas. Si amigos, a mi también me avergüenza relatar esa época de tontuna infantiloide.

Aquel verano fue importante en nuestras vidas, fue un verano que recuerdo a golpes de flash con un montón de anécdotas felices, mejor las enumero para no perderme:

1. Nuestras apuestas en el cine de verano para descubrir si la frase: “Jack no se moriría sin decírmelo” pertenecía a “La joya del Nilo” o a “Golpe en la pequeña china”.

2. Nuestros paseos por el puerto, donde probamos los higos chumbos y donde vimos una pegatina en un coche frances con una frase que no sabíamos que decía pero que la repetíamos hasta la saciedad.

3. Nuestras luchas contra las olas de un embravecido Mediterráneo con bandera roja y una colchoneta.

4. Nuestras escapadas a la capital a comprar tebeos y música y la vez que me sobresalté en unos grandes almacenes al comienzo del “Eloise” de Tino Casal.

5. Nuestros bocadillos de nocilla de tres colores (marrón, blanco y rosa) que compraba la madre de mi amigo a granel en una tienda del pueblo.

6. Nuestro asombro por ver a las chicas extranjeras “en tetas” paseándose por la playa. Nosotros las llamábamos las “austro-húngaras”, no se bien por qué pero nos sorprendió muy gratamente esa moda tan europea que llamaban “top less”.

7. Nuestras cintas de casette, que no había otro soporte en aquella época. Era el verano de Modern Talking, de Pet Shop Boys, de Eight Wonder, de CC Catch y de Transvision Vamp.

8. Nuestras idas y venidas a la playa en el autobús de línea rodeados de flotadores, colchonetas, bolsas con cubos y palas, extranjeros y locales.

9. Nuestra visita al castillo de Santa Barbara, en Alicante capital.

Fue un verano lleno de luz y de buen rollo. Y también fue un verano difícil en ciertos aspectos. Mi amigo se había roto una pierna unos meses antes y había pasado una larga temporada de convalecencia, lo que hacía que su carácter se volviera, en algunos momentos, irritable. De vez en cuando discutía acaloradamente con su madre y yo me escabullía. También descubrí que la convivencia también es difícil, aunque estés con las personas con las que tienes más confianza. Recuerdo que dormíamos en una habitación con dos camas, el quería dormir con la ventana abierta y yo con la ventana cerrada. Los días que ganaba yo dormía a pierna suelta, los días que ganaba él, se nos llenaba la habitación de unos bichos verdes bastante asquerosos que me tenían en vilo y no me dejaban descansar.

Pero bueno, como todos sabemos para que haya luz, debe haber oscuridad, y por lo tanto, esas tinieblas, solo me hacen recordar el resto de momentos con una luz indescriptible. Fue un gran verano y supuso el final de nuestra adolescencia, las cosas cambiaron poco después, nuestra relación continuó firme pero lo que nos rodeaba comenzó a cambiar. Nuevas amistades, chicas, trabajos, ejército…. Lo que se esperaba de nosotros al empezar a ser adultos.

Recuerdo aquellos días con mucho cariño, el mismo que le guardo a mi amigo y a su madre. Me resulta curioso como todos esos recuerdos se quedan latentes en la memoria y hay algo que los hace surgir, en este caso una foto. Me quedaré aguardando al siguiente, y no os preocupéis, que lo contaré.

Hasta pronto,

J