El dedo en el ojo

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Hace ya varios años que el tráfico no me preocupa, suelo administrar bastante bien mi tiempo y llegar a los sitios en hora. Tengo la pequeña manía de ser puntual, y me gusta que lo sean conmigo, así que calculo lo que voy a tardar en los desplazamientos y suelo acertar, esa debe ser la virtud que compensa la manía.

Desgraciadamente para mí, nunca he trabajado cerca de casa, cosa que me podría haber hecho plantear mis movimientos de otra forma, y exceptuando los primeros años, cuando cogía metro y/o autobús, el resto del tiempo lo he pasado al volante, para bien o para mal. Ahora, con todos los años que llevo haciendo lo mismo, yendo y viniendo en coche, de casa al trabajo y del trabajo a casa, he podido llegar a la conclusión de que no hay mejor sitio para mí que en mi propio vehículo.

Los factores externos ya no me incomodan, los atascos son algo normal que vengo sufriendo desde hace más tiempo del que puedo recordar, si bien he notado a raíz de la crisis económica, como mucha gente se ha visto apartada de la vida laboral y por lo tanto de las carreteras en hora punta. Pero lo llevo bien, se lo que se tarda con atasco y sin él en llegar a donde tengo que llegar, el resto es anticipación. Si llueve sabemos que el tráfico se ralentiza y se abigarra así que paciencia y buena música. Ya llegaremos.

Tener esa tranquilidad es otra de mis virtudes, algunos la pueden considerar pachorra, pero es lo que hay. A mí tampoco me gusta ir a 20 por hora pero como no puedo influir, no me voy a atacar. Y como no me ataco, no me creo el dueño y señor de la carretera, ni interrumpo la circulación, ni agredo con mi claxon, ni agobio a los que tengo delante, ni asusto a los que llevo detrás. Me mantengo impertérrito viendo como otros, que si tienen los nervios a flor de piel sufren y hacen sufrir. Esa gente que va con prisas a las que me gustaría detener y decirles que si se creen que los demás nos vamos de excursión a esas horas…. No hombre, todos vamos a trabajar.

No llevo nada bien la gente que va al volante de su coche y se hacen los listos, los que se cruzan en mitad del carril haciendo frenar a los demás, los que se cuelan en una fila interminable de pacientes sufridores. Esa gente tan cívica merece que se le multe, pero no voy a ser yo el que lo haga, para eso están otros. De todas formas, siempre llevo en la cabeza un pensamiento -“vete tú a saber lo que pasa por la cabeza del tipo o de la tipa esta… a lo mejor actúa así porque tiene un buen motivo y yo solo veo mi parte….” A lo mejor me paso de empático pero me ayuda a no cabrearme. Esto que os cuento no quiere decir que no tenga mi orgullito y que deje que todo el mundo pase delante mío, que tampoco es eso, cuando voy de cabroncete no hay quién me pare, para listo, yo.

Todo esto viene a colación de una cosa, últimamente estoy viendo muchos accidentes, coches destrozados en las calles, motos pisoteadas por autobuses, vehículos detenidos en arcenes, colisiones múltiples… y todos son debidos a nuestras propias imprudencias. Seguramente en cada uno de esos accidentes hay una víctima inocente, y por lo tanto, hay al menos un culpable. Yo me he propuesto no ser culpable y mucho menos ser víctima. A muchos de esos exaltados al volante les he deseado que se estrellen, ellos solitos, un buen susto pero que les salten los airbags, para que empiecen a valorar lo que hay y lo que están haciendo con su actitud, menos mal que ninguno lo ha hecho, menudo susto!

Me gustaría que en las calles, al volante de nuestros coches, motos y bicis hubiera más respeto pero parece que siempre vamos demandando lo mismo pero dando bien poco, siempre nos creemos los agraviados y nunca los culpables y eso no puede ser, no podemos ser siempre las víctimas, no podemos tener esa actitud de que todo está en nuestra contra, no podemos pensar que el resto de vehículos deben cedernos el paso aunque no tengamos preferencia, ni hacer frenar a los demás porque tengamos que girar y no estemos bien situados. Si nos pitan nos ofendemos, si nos golpean por nuestra culpa, el culpable es el otro. Tendemos a ser el ombligo de nuestro mundo porque actuamos sin perspectiva, con soberbia y con prepotencia. Lamentablemente esto nos puede jugar una mala pasada.

Seamos mejores ciudadanos y aprendamos a respetarnos, así es mejor.

Como dicen en el caribe… “-No te estresseeeesss….”

Ya os he dicho que yo hace bastante que no me estreso al volante pero hoy he tenido un episodio bastante friki, es que mi cabeza a veces patina y luego pasa lo que pasa, que tengo material para escribir estos posts…. Resulta que he girado a la derecha y me he incorporado a una avenida grande con bastante tráfico, he recorrido unos escasos cincuenta metros y me he parado en un semáforo, el primero de la fila. Inmediatamente he notado como me picaba el lagrimal de mi ojo derecho y me lo he arrascado, debía ser un resto de legaña mañanera, en fracciones de segundo se me ha pasado por la cabeza el siguiente escenario:

Mi coche detenido en el semáforo, un coche por detrás demasiado pagado que no le da tiempo a detenerse, un golpe, mi dedo penetrando en mi ojo y finalmente mi ojo colgando de la cuenca ocular.

¿Absurdo? Si.

¿Probable? También

Conclusión: cuidado con esos actos reflejos o el día menos pensado puedes aparecer en ese programa americano de desgracias imposibles… 1000 Maneras de morir. Yo me he reído hasta la saciedad con la mayoría de esas historias y me he visto protagonizando una de ellas, eso no me ha hecho tanta gracia. Pero seguro que a tí, que estás leyendo esto y agitando la cabeza pensando que estoy fatal, seguro que te la haría.

Mis ojos siguen en su sitio y un día mas he llegado en perfectas condiciones al trabajo y a casa, que dure, que nos dure. Y cuidado con donde metéis esos deditos….

Hasta mañana,

J

Hoy he visto uno!

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Estoy muy sorprendido porque hoy he visto uno.

No creía que fuera verdad, dudaba de su existencia y mira que había tenido indicios….

Casi me emociono, y hasta cierto punto, he vuelto a creer que otro mundo es posible.

No amigos, no estoy hablando de nada fantástico ni mitológico. No he visto ningún unicornio retozando en El Retiro ni he visto a ningún dragón sobrevolar La Castellana…. he visto a un ciclista señalizando sus movimientos, perfectamente ataviado, con un chaleco reflectante que permitía verlo a una buena distancia, incluso para un miope como yo, y con casco, ¡sí!, con casco. Estoy conmocionado hasta las lágrimas!

http://www.enbicipormadrid.es/
http://www.enbicipormadrid.es/

Ironías aparte, estoy bastante sorprendido de que me haya extrañado por un comportamiento que debería ser normal. Pero es que las cosas, por regla general no lo son. Con este tema a lo mejor me excito un poco porque me tiene calentito…. Hace apenas unas semanas un chaval que venía en bici como una bala invadió mi carril obligándome a frenar en seco y lo que es peor, a morderme la lengua porque mis hijas iban en el coche conmigo y no está bien que me vean como a un energúmeno. Menudo susto. El chaval ni se inmutó, con la prepotencia que da la edad y el saber que eres el dueño del mundo tiró calle abajo, sorteando el tráfico, saltándose el semáforo entre los peatones y atravesando una glorieta sin reparar en quien tenía la prioridad en la vía.

Este comportamiento que he descrito es el que es verdaderamente sorprendente pero desgraciadamente es al que estoy acostumbrado. Quiero hacer un inciso para dejar claras unas cosas, soy tolerante, soy tranquilo, soy paciente, no soy un exaltado ni un loco al volante y las personas que me conocen saben que es verdad. Acabado esto, sigo. Por suerte o por desgracia, a diario coincido con un montón de personas y de tráfico distinto por la mañana temprano, mucho tráfico, muchos coches y muchos capullos en coche. Muchos taxis y muchos capullos conduciendo un taxi. Muchos autobuses, furgonetas, camiones de reparto, buses escolares, motos, bicis y en general muchos capullos, cada uno en su vehículo, con prisa o sin ella, pero creyéndose los amos de la carretera y he de decir que cada vez oigo menos el claxon. La gente se está volviendo más tolerante, se está acostumbrando a lo que hay en la vía y simplemente se han acostumbrado a apartarse de lo que le estorba.

Con eso quiero decir, desde mi experiencia diaria, que los madrileños somos relativamente cívicos en nuestros desplazamientos y que respetamos a las bicis porque somos conscientes de que tienen un hueco en la calzada, junto a todos los demás. Generalizando claro, que de todo hay por ahí suelto.

Pero, obviando el comportamiento que percibo de los conductores “habituales”, no deja de sorprenderme la anarquía con la que algunos usuarios de bicicletas se enfrentan al tráfico, poniendo en juego su vida en muchas ocasiones, con una soberbia desmedida. Vale que se han ganado su sitio, no lo discuto, ellos querían su parcela de calzada porque la bici es ¿cómoda?, ¿rápida? y sostenible y el Ayuntamiento, en lugar de habilitarles un buen carril bici donde poder circular con seguridad, les ha dicho…. -“Lo quieres, lo tienes, a la calzada con todos, que ellos te hacen un hueco, yo, total, viajo en coche oficial….”. Pero si que puedo quejarme del uso que hacen del espacio común. Hemos adoptado a los ciclistas que han venido para quedarse, que están disfrutando de sus debidos derechos pero… ¿y sus obligaciones? ¿no tenemos todos los viandantes, conductores y peatones, obligaciones y un código que cumplir? ¿Por qué los ciclistas no lo tienen? Si yo tengo que tener un licencia en vigor para poder circular por la calle con mi coche, ¿por que ellos no?

Creo que en este caso en particular se ha empezado la casa por el tejado, primero permitiendo y luego aceptando. No se han sentado las bases para que la convivencia sea cívica y así nos está yendo. Creo que todos somos culpables de esto, los conductores, los ciclistas, los mandatarios. Los que usamos y abusamos y los que organizan y ceden y fomentan. Mientras tanto unos se nutren de mi impuesto de circulación por utilizar una vía que no es solo mía. Pero es lo que hay, de momento. A lo mejor, en unos meses los usuarios de patines y patinetes también querrán bajar a la calzada y a falta de otro espacio….

Y para finalizar y a modo de anécdota superficial una recomendación a los caballeros que se trasladan en bici. Por favor, vístanse adecuadamente, que los pantalones vaqueros y las bermudas tienden a bajarse y arrastrar los calzoncillos con ellos. Desde que las bicis están por la vía, he visto más culos peludos que en el vestuario del gimnasio.

¡Ay! que a gusto me he quedado.

Hasta mañana,

J