The Doors, Jim y yo

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Cuando Jim Morrison murió el 03 de Julio de 1971 a mi aún me quedaban meses para nacer, y según creo, algo más de un mes para ser engendrado. Mis padres estaban el plena recta final de sus preparativos de boda en la calurosa Badajoz y en la vida habían oído hablar de The Doors…. aunque quizá si que habían escuchado y bailado algunas de sus más conocidas canciones en sus noches mas locas de guateques y discotecas. Me los puedo imaginar en un “total look” setentero de pantalones campana y camisa de flores (elegid lo que queráis para papá o para mamá y acertaréis) rindiéndose al festivaleo psicodélico de “Light my fire”.

Si no estuviera hablando de mis padres casi sería estimulante pensar que encendieron su pasión con esta canción una noche, nueve meses antes de mi nacimiento. Pero ya sabéis que el sexo de los padres es como el de los ángeles, ausente, o eso nos gustaría pensar. Ahora que yo soy el padre….. no, no voy a ir por ahí.

Sea como fuere, yo no tuve consciencia de la existencia de esta banda ya extinta hasta mis casi veinte años, cuando se estrenó la película (ahora lo llamarían “biopic”). Acudí a verla porque salía Meg Ryan y no tenía pinta de ser una comedia romántica, Quedé prendado de la música que exhibían, del descontrol artístico y exagerado que expresaban y de la figura del mito Morrison, casi no fui consciente de que Ryan estaba en escena junto a un inspirado Val Kilmer. Ese día fui un converso, ese día me enamoré del mito y de la música de The Doors.

Poco a poco comencé a hacerme con toda su discografía, sus CDs oficiales remasterizados, conciertos en vivo (ahora lo llamarían “In Life”)  y alguna que otra rareza. Había temporadas que en casa y en el coche solo se escuchaba The Doors. Y lo mejor de todo es que no estaba solo, había otros entusiastas. Gente que tenía alrededor que también conocían esta música. Personas puntuales, personas dispersas en el tiempo y el espacio, personas sin vínculos en común. Y con todas ellas tuve la posibilidad de encontrar nuestros lugares comunes animados por un espíritu rebelde y auténtico. No deja de resultar curioso como la música puede unir. A esas personas las conocía de antes de saber sus gustos musicales y ya tenía buena relación con ellos, a lo mejor es una consciencia superior la que nos inculca estos gustos y la que hace que “Dios nos críe y que nosotros nos juntemos”

Me estoy pasando, creo que me he puesto muy en modo The Doors y que estoy abusando del hippismo, volvamos a la realidad. Y lo real son las cifras, esta banda fue una de las más importantes e influyentes en el rock desde su creación en 1965 hasta su disolución definitiva en 1973 y fue un puntal del rock psicodélico junto a bandas como Pink Flyd o Grateful Dead. Su legado ha sido controvertido e impactante y mucha culpa de ello la tuvo su líder. Un Jim Morrison extraño y poeta, aquejado de un terrible miedo escénico que le hacía actuar de espaldas al público en sus primeras apariciones. Un muchacho acomplejado y raruno, lector habitual de Keruac y de Nietszche y lastrado por las drogas y el alcohol que eran el “leit motiv” imperante en aquellos primeros años setenta del amor libre y de los excesos.

El mito Morrison se vió ensalzado por su temprana muerte, a la edad de 27 años, la edad en la que fallecen los genios, la misma edad que Joplin, que Hendrix, que Cobain, que Winehouse…. curioso misticismo y curiosa coincidencia. Y hablando de curiosidades, acabo de enterarme que el nombre de la banda, The Doors, está inspirado en un poema de William Blake:  “If the doors of perception were cleansed, every thing would appear to man as it is: infinite.” (Si las puertas de la percepción fueran depuradas, todo aparecería ante el hombre tal cual es: infinito). Si queréis saber más sobre esta banda, aquí tenéis el enlace con la Wikipedia, que siempre ayuda.

Os voy a ir dejando con una de mis canciones favoritas, “Riders on the Storm” pertenece al último álbum de la banda antes del fallecimiento de Morrison. Un LP que lleva por título “L.A. Woman” y que se editó en 1971.

Que tengáis buen fin de semana, que disfrutéis de la música y si tenéis algo que contarme, utilizad la sección de comentarios, así charlamos un poco, sobre rock, sobre psicodelia, sobre cantantes muertos o sobre las fiestas del orgullo, de lo que queráis.

Hasta pronto,

J

Todo el mundo deja atrás a alguien

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“Todo el mundo, en algún momento, deja atrás a alguien. Hágalo o será a usted a quien dejen atrás”.

Esta frase tan estupenda la escuché ayer en una de las series que estoy siguiendo últimamente. Yo soy mucho de series, me gusta seguir la trama y encariñarme con los personajes, ver como evolucionan y como se transforman, como se interrelacionan y como sus personalidades se potencian con las decisiones que toman y con las circunstancias que los guionistas les hacen atravesar. Me parece mejor tragarme un capitulo diario de una de mis series que ver una película de dos horas, con su principio, su nudo y su desenlace. Reconozco que me he vuelto vago. De vez en cuando veo películas, claro, pero no es lo mismo.

Las series de hoy en día son muy completas y algunas tienen una producción envidiable, unos actores y actrices de primer nivel y una repercusión global. Todo un chollo para la industria televisiva, que está viviendo unos días dorados. Hace años nadie en su sano juicio quería hacer televisión, las estrellas estaban a otra cosa, el teatro (por convicción) y el cine (por presencia e ingresos). Pero las cosas cambiaron poco a poco y las tortilla se ha dado la vuelta, ahora los ingresos y la presencia están en la tele, y los premios y el prestigio.

Dejando a un lado que soy un total forofo y defensor del cine por entregas, quiero centrarme en la frase con la que he abierto este post. Me parece genial y por ello me he propuesto reflexionar hoy en torno a ella. Creo que la verdadera madurez del ser humano, la madurez en el buen sentido, no en el peyorativo de vejez y carnes blandas, se alcanza cuando eres capaz de aceptar que las cosas suceden a pesar nuestro, que no somos el centro sobre el que gira la vida y que la gente pasa a nuestro lado, unos se quedan y otros pasan de largo. Y que no pasa nada.

Es un error mitificar la relaciones, creer que todo va a durar para siempre. Ni la AMISTAD, ni el AMOR, ni la PAREJA están hechos para perdurar, eso solo ocurre en la películas, que después de un metraje limitado, los protagonistas viven felices por siempre jamás, los amigos son eternos y el amor triunfa por doquier. Bien pensado, esos finales son los que todos deseamos, un fundido en negro en plenitud y un precioso y emocionante “THE END” con música.

the end

No quiero que me malinterpretéis, seguramente hay amigos, parejas y estados de enajenación amorosa que duran y perduran hasta el infinito y más allá. Y eso está muy bien. Pero a lo que voy, es que no tenemos que temer la fecha de caducidad. No hay razón para obsesionarse con el final, hay que disfrutar con el momento, como si fuera el último, regarlo a diario para que florezca renovado cada mañana, cultivar las relaciones para que crezcan sanas y fuertes y curarlas con todo nuestro ser y nuestro corazón. Pero, cuando alguna de estas relaciones se marchita, se agosta, se mueren, hay que saber pasar página. Duele, en unos casos más que en otros. Escuece, a veces sí, a veces no. Atormenta, seguro. Pero tenemos la capacidad de resurgir, de agarrarnos a lo que todavía está en pie, levantar la cabeza, apretar los dientes y seguir.

Necesitaremos nuestro luto, desde luego, es, incluso sano, pero no podemos permitirnos el lujo de dejarnos cubrir por el negro…(esto ha quedado guarro, lo se). Y una vez finalizado, una vez superada la traumática experiencia, debemos dejar a un lado el rencor, que lo único que hace es ensombrecer, no ayuda. Y si queremos buscar culpables, debemos ser valientes y pensar en nuestra parte, en lo que hemos hecho bien, o mal, o lo que no hemos hecho.

Volviendo al principio para ir terminado, si echamos la vista atrás, todos somos conscientes de las personas que hemos dejado por el camino. De esos amigos, de esas parejas que un día desaparecieron de nuestras vidas, que se desdibujaron entre la penumbra de un atardecer ya lejano. Personas, al fin y al cabo que cumplieron su cometido en nuestras vidas y que ahora están cumpliéndolo en otras. Si os paráis a pensar, esto que acabo de decir es precioso.

Y recíproco, porque, tal vez, nosotros mismos somos los rostros que se desdibujan en los ecos de la memoria de alguien, a lo mejor somos a los que han dejado atrás, los que hemos cumplido con nuestra tarea y los que estamos a lo que estamos en la vida de otros. La vida es así, un ir y venir. Un mezclarse y diluirse. Un principio y un final. Y esto es parte de lo maravilloso de la vida, no te niegues el derecho a vivirla, a olvidar, a superarte.

Si aún no ha quedado claro, aquí os dejo este vídeo de The Doors, con una de mis canciones favoritas, y que viene como anillo al dedo a todo lo que he dicho.

Y, por supuesto, después de todo lo que has leído y escuchado, no te niegues el derecho a comentar este post, a difundir tu opinión, a dejarte oir….

Hasta pronto,

J