De metas grandes y pequeñas

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Mucho se habla y se escribe por ahí de los objetivos. De esas metas y esas ambiciones que debemos marcarnos y luchar para que se hagan realidad, sueños poderosos, una guía que marque nuestros pasos, que rija nuestro recorrido. Si tenemos sueños grandes, si soñamos en grande, seremos grandes. Todo esto, sobre el papel, esta fenomenal, pero a veces no tiene por qué ajustarse a la realidad.

Creo que se está sobre valorando en exceso este tipo de actitudes, se nos está insistiendo constantemente en fijarnos metas y en procurar alcanzarlas, como si vivir, o sobrevivir no fuera suficiente meta en sí misma. Parece que ahora no eres nadie si no tienes una ambicion “de la buena”, porque como el colesterol, hay ambición buena y mala, o no tienes programado y cohesionado tu plan de crecimiento personal, familiar y laboral. Estamos, desgraciadamente, entrando en una dinámica que puede llevarnos por el camino de la frustración, quizá porque las metas que nos han dicho que debemos alcanzar son demasiado ambiciosas o quizá porque estamos mucho más preparados para el éxito que para el fracaso, y ambas circunstancias son dos caras de una misma moneda.

En principio creo que es positivo tener un objetivo en la vida claro y saber marcarse unas directrices para ir separando el grano de la paja durante el camino pero, como hay opiniones y objetivos para todos los gustos, creo que cada persona debe valorar en privado lo que quiere conseguir y ser coherente consigo misma y consecuente con sus actos. Algunos sueños son utópicos y es un absurdo luchar por algo que no vas a conseguir, este es el miedo que me da, que nos estén metiendo en la cabeza que no tenemos límites y que podemos lograr lo que queramos con solo proponérnoslo. Esto, en gran medida, no es cierto.

Al tiempo que se valora el camino a seguir, hay que tener en cuenta que este conlleva unos sacrificios y unos esfuerzos, que hay gente a la que se le olvida esta parte. Sin esfuerzo, sin superación, sin perseverancia y sin suerte no se consigue llegar a ningún puerto. Nos lo pinten como nos lo pinten. Hay frases bonitas por todas partes que nos tratan de dar alas y ayudarnos a exorcizar nuestros demonios, pero las cosas no se hacen por arte de magia. Yo tengo una taza que me regalaron en el trabajo, junto al curso de running que dice: “Hoy voy a conseguir todo lo que me proponga”. Está genial, es una frase alentadora pero ¿así de sencillo? ¿solo por tomar café en esta taza lo voy a lograr? ¿o solo por repetir esa afirmación como si de una mantra se tratase va a estar todo el trabajo hecho?

Os propongo una cosa, vamos a tomar este tipo de incentivos en su justa medida, vamos a tratar de ser un poco mas humildes y tomar conciencia de que nosotros somos responsables de las cosas que nos suceden pero que tenemos que invertir mucho de nosotros en ello. Ya he nombrado los puntos necesarios para que este camino nos lleve al destino deseado:

Esfuerzo

Superación

Perseverancia

Suerte

No imagino que las metas se puedan conseguir si falta alguno de ellos por lo que os animo a que os familiaricéis con estos términos y tratéis de fomentarlos si queréis llegar lejos. Otra manera de obtener satisfacción, a mas corto plazo, es fijándoos una meta general separada por etapas más accesibles, como pequeñas escalas, o como diría ese entrenador de fútbol, ir superando partido a partido. Que no se nos olvide que alcanzar una meta pequeña puede ser tan gratificante como una más importante, solo hay que ser optimista y saber disfrutar de ese logro. Para ilustrar todo esto un ejemplo personal, ayer salí a correr un rato y fue la primera vez desde que empecé que conseguí realizar 20 minutos de carrera continua sin descansos, cuando paré y me aparté a un lado para hacer mis estiramientos no podía borrar esa sonrisa de mi cara. Había superado una meta, un logro pequeño, pero necesario para lograr alcanzar otros.

También hay personas que no tienen fijadas ninguna meta, ni grande ni pequeña y no por ello son menos felices, hay personas que, simplemente no lo necesitan. Estas personas tienen un umbral de la frustración mucho más elevado ya que, si no luchan por algo, no llegarán a tener ese sentimiento de pérdida si no lo logran. Estas personas, y hasta cierto punto yo me puedo encontrar dentro de ellas, suelen variar sus objetivos a corto plazo porque poseen una capacidad increíble para la adaptación. Estas personas se caracterizan por tener una espíritu más creativo y pueden ir saltando de un proyecto a otro, si uno no cuaja, se puede modificar, se puede ampliar o se puede eliminar, y no pasa nada. La adaptación es muy importante en nuestros días. La vida es como un río caudaloso que te lleva en volandas pero que puede hundirte o sacarte a flote por circunstancias ajenas a tu voluntad, sacar provecho de cada circunstancia y reinventarse es un logro vital.

Así que, una recomendación desde este lado de la pantalla. Busca tus propias metas porque quieras tenerlas, no porque tengas obligación de hacerlo. Calcula el alcance de tus objetivos y modifícalos en base a tu ambición. Y si no quieres tener metas concretas, no te obligues, adáptate a lo que vaya sucediendo y sigue tu camino, al fin y al cabo, vivir ya supone suficiente esfuerzo, superación, perseverancia y suerte para que nos compliquemos.

Hasta mañana,

J

Yo me quiero

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Dos amigos se encuentran por la calle y uno le dice al otro:

-¡Pero tío, cuanto tiempo! ¡Y mírate, estas igual que siempre! ¿Cómo es posible que estés así de bien?

-Eso es por no discutir -Responde el amigo.

-¡Anda ya!, no será por eso -Interpela el primero.

-Bueno… pues no será por eso….

Sin duda, una lección de vida.

Pero no todo es así, si la felicidad y el bienestar fueran tan sencillos de alcanzar todo sería más fácil. Para algunos, claro. Que yo conozco gente que discute hasta con ellos mismos…. Pero hablemos un poco en serio.

Esto de “no discutir” puede ser un escalón en una larga escalera hasta la felicidad pero se queda un poco en pañales. Es como cuando a las modelos se les pregunta:

-¿Qué haces para tener un cuerpo tan estupendo?

-Uy, poca cosa -Suelen responder. -Dormir ocho horas, reir mucho y beber mucha agua.

Lo de dormir, lo entiendo, lo de reirse mucho no tanto porque salen arrugas, de felicidad, eso si, pero arrugas. Pero lo del agua…. debe ser el sustituto de la comida, claro.

Algunas incluso llegan a decir:

-Pero si yo como de todo…

Claaaro, comes de todo una vez al mes, un día dos garbanzos, un día media loncha de jamón, un día un pepino y otro día un vaso de leche con Cola Cao Light, vamos de todo…

Pues eso. No discutir es como lo que dicen del dinero, que no da la felicidad, pero ayuda. Claro que sí, evitar los conflictos te acerca a un estado más estable y más confortable. Yo no soy mucho de discutir, y mucho menos por cosas absurdas como la política, la religión, el fútbol o los toros, en las que nunca estaremos de acuerdo. Si que soy, y mucho, de mostrar mi discrepancia de las ideas de los demás, con respeto y sin tratar de llevarme a nadie a mi terreno. Lo de discutir, discutir, lo dejo más para la vida doméstica…. Y es que yo creo que las discusiones o discrepancias, en el grado que sean (siempre que no se llegue a las manos) son un poco como la sal de la vida, no todo puede ser plano y tranquilo. Sin tensión no debe haber éxito, ni felicidad, ni ná de ná.

Yo creo que soy más feliz que muchas personas que me rodean porque tengo muchas cosas a mi favor, soy optimista así que siempre tiendo a ver las cosas en positivo. Tengo el umbral de la frustración bastante alto porque no soy muy ambicioso, y sin esa frustración hay más felicidad. Y también creo que estoy más cerca de ser feliz que otros porque he aprendido a quererme. Lo voy a decir alto y claro, YO ME QUIERO.

Una antigua amiga y compañera de trabajo solía decir:

-“Yo quiero mucho a mi hijo, quiero mucho a mi hermana y quiero mucho a mi madre, pero a la persona que más quiero en este mundo es a mí misma”.

Yo al principio no terminaba de entender esta afirmación pues daba por hecho que debemos ser altruistas y volcar nuestro amor en los demás, por defecto, entregarnos en cuerpo y alma a la sangre de nuestra sangre, a las personas con las que tenemos los lazos más estrechos…. Luego me he dado cuenta de que sí, que hay que volcarse, pero no hay que abandonarse por el camino. Yo he aprendido poco a poco a ir por esta senda, llegar hasta aquí ha sido un camino largo y no fácil, no soy en nada parecido a la persona que era hace unos años, he madurado, me he deshecho de mucho lastre y ahora miro al futuro cara a cara. Se que tengo muchas posibilidades de que me la partan, la cara, pero ahí estoy yo, desafiante.

Algunos de vosotros, a los que sí que les gusta discutir y cuestionar todo, estaréis pensando en el alto concepto que tengo de mí mismo, de lo seguro que soy y de la confianza que tengo…. Y no, estáis equivocados.

Ya no soy tan tímido como era hace años, que rozaba la enfermedad. Ahora nadie se cree que sea introvertido porque no me muestro como tal, todo esto en parte, porque he aprendido de mis debilidades y he tratado de superarme. Se que no soy perfecto, de hecho, tengo miles de complejos, imperfecciones y defectos. No me creo mejor que nadie, pero tampoco peor. No tengo un alto concepto de mí mismo porque soy un tío completamente normal. No estoy todo lo seguro de mí mismo que aparento ni tengo la confianza por las nubes, pero estoy en ello. Todo el camino vital que he atravesado, todas esas facetas negativas y positivas que he vivido me han hecho ser la persona que soy ahora, con la fuerza que tengo hoy en día. No puedo arrepentirme de lo que he hecho ni de lo que he dejado de hacer, porque soy el resultado, y me gusta.

Por eso, yo me quiero como soy, con mis luces y mis sombras, con mis defectos y mis virtudes, con mis pros y mis contras. Me acepto como soy y me adoro. Joder, me dan ganas de besarme….Y debo decir, que me quiero aunque haya muchas cosas mías que no me gusten, parece contradictorio, pero no lo es.

Os recomiendo que penséis sobre esto, profundamente, que analicéis por qué deberíais quereros y que lo hagáis. Cuando vosotros os queráis os daréis cuenta de que los demás también lo hacen, puede que hasta ese momento no seáis conscientes de lo importante que sois para los demás así que abrid los ojos, miraos dentro, sacad lo mejor de vosotros mismos y quereos.

Ya me iréis contando los resultados.

Hasta pronto,

J

Asqueado

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Hace días que me siento así, con una situación rara en el estómago, de asco. Noto cosas en el ambiente que no me dejan estar en paz y percibo como dichas cosas me afectan sobremanera. Si bien no es constante, si que me sorprendo de vez en cuando con cara de ajo, enfurruñado y enfadado con el mundo. Luego soy consciente de que las personas que están a mi alrededor no tienen culpa de nada y se me termina pasando. El día a día no puede ser lineal y siempre vivimos, creo que todos lo hacemos, balanceándonos en un cíclico arriba/abajo.

Yo reconozco que siempre he tenido estos ataques de melancolía, aunque lo que yo realmente creo, es que estoy con la regla. Paso tanto tiempo rodeado de mujeres, sobre todo en casa, que no me sorprendería menstruar un día de estos. Ya tengo los síntomas, pero sin sangrado, afortunadamente. Imagino que esto que me pasa se puede reducir a que estoy en un ciclo bajo, en el que el nivel de frustración está más alto de lo normal, o que se me está haciendo muy largo el invierno, o que cada año estoy más viejo y más gruñón. O a lo mejor es una suma de todo lo anterior. Que si es eso, la leche, la que me espera….

Hace ya algún tiempo que aprendí a reflexionar y a meditar sobre estos estados de bajón, que afortunadamente son muy escasos, y a hacerme una pregunta, que si me la hiciera otro, me cabrearía:

-¿Qué parte de culpa tienes tú en esto que está pasando?

Creo que es la primera pregunta que hay que responderse, con valentía y con sinceridad. Es muy injusto echar siempre la culpa a los demás. Por lo tanto, aunque los demás también tengan su parte, ¿cuál es la mía? Y aunque me joda responderme, siempre encuentro una respuesta. Yo soy el único culpable de mis estados de desvarío, de mi cara de asco y de mi forma de enfrentarme al mundo. Nadie más lo es. Y en consecuencia, nadie mejor que yo para “ayudarme” a superar este bache. Se que no estoy dando ningún tipo de detalle sobre lo que pasa, sobre las verdaderas razones de que me encuentre así, o sobre el detonante de todo este proceso de caída, que así dicho suena muy melodramático, pero no lo puedo evitar, ¡cómo me gusta el drama, el victimismo y la autocomplacencia!, pero creo que no es necesario concretar, no hoy, no aquí.

Realmente, lo que quiero transmitir con esta entrada, es que, incluso las personas más risueñas, optimistas y positivas tenemos de vez en cuando momentos flojos, es natural. Seguramente la falta de costumbre de estos encabronamientos sea lo que más extrañe a los que nos observan desde afuera, o quizá sea el contraste positivo-negativo lo que desconcierte, pero como he dicho, estos momentos existen, y hay que vivirlos, hay que sufrirlos y hay que superarlos. El modo y la velocidad con que se superan estas crisis define los niveles de positivismo de las personas que los sufren, yo ya he dicho que a mí me duran poco, o por lo menos, me duran poco los síntomas mas agresivos.

Una recomendación basada en mi experiencia, cuando tengas un momento de estos, te hayas planteado la pregunta que yo he planteado un poco más arriba y te hayas respondido, el mal ya habrá pasado. Ya solo quedarán los resquicios y en ellos no conviene recrearse. Atrévete a dar por finalizado el proceso y a buscar lo positivo que hay en la vida, en tu vida, en tu cotidianeidad, en tu familia, en tu gente. Busca esa sonrisa en tu pareja, en tu padre, en tu madre, en tus hijos, en tus amigos o en la tele. Haz por buscarla y la encontrarás, en ese momento verás como te sientes contagiado. Habrás capeado el temporal.

Hay que tratar de ser positivo siempre, a veces no es posible, soy consciente pero sin intento no hay triunfo. Dejadme que os regale una frase que leí el otro día en Twitter, y que suscribo totalmente:

“Un día sin reir es otro día perdido”

Yo ya estoy sonriendo.

Hasta pronto,

J