Tengo una de cosas que contarte…

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Cada vez que hablaba por teléfono con mi amigo Julián, el de la Facultad, uno de los dos solía decir esta frase:

-A ver si nos vemos pronto, que tengo una de cosas que contarte…

Y no es que fuera mentira, pero tampoco era verdad. Como siempre el tiempo pasa y se van sucediendo los hechos o quizá, esos hechos no son ni eso, sino el mas puro e inocente pasar del día a día. Esos periodos en los que estamos vivos, porque lo estamos, y vivimos, porque lo hacemos, pero que no se produce nada novedoso a nuestro alrededor. No hay duda que estábamos al tanto de las cosas importantes, nacimientos, decesos, ventas de casas, aperturas de negocio… pero nuestra “frase” era una especie de excusa para dejar la conversación en el aire de una forma más o menos misteriosa.

Está claro que nuestra fórmula funcionaba y nos hicimos asiduos a dejar las cosas así, como el que no quiere la cosa, flotando en una nebulosa.

En este casi mes y medio que llevo sin publicar también han sucedido algunas cosas que os puedo relatar aunque hay muchas mas de las otras, de las del diario que casi no llegan a ser cosas en sí mismas. Pero está claro que un mes y medio da para mucho o para muy poco. Así que voy a comenzar a despejar las neblinas de mi ausencia y lo voy a hacer por todo lo alto. Los Juegos Olímpicos.

Que ya se han acabado (si fuera creyente añadiría que gracias de Dios) y me han dejado agotaíto perdido. Me he tirado dieciséis días, con sus dieciséis noches dale que te pego, corriendo, saltando, nadando, montando en piragua, levantando peso, tirando con arco y hasta a punto de fracturarme las cuatro extremidades en el caballo con arcos. Creo que me lo he visto todo, el sofá tenía mi forma, de una manera extrañamente envolvente. Era llegar al salón y ese enorme hueco me llamaba, encendía la tele y… Una putada esto de que los juegos hayan sido en Brasil con la diferencia horaria, si hasta me he quedado una día hasta las cuatro de la mañana para ver correr a Usain Bolt y ver ganar una medalla de oro a Ruth Beitia, con la de veces que lo han repetido, casi podía haberme ahorrado el momento y haber normalizado mis horarios, porque levantarse de la cama bastante después de que lo hagan tus hijas es como de mal padre, no?

Al menos, los Juegos me han pillado de vacaciones. Una vacaciones un tanto atípicas, os cuento. Ha sido la primera vez que el planteamiento de vacaciones, que lo tenemos que hacer en la empresa sobre febrero / marzo de cada año, se ha tenido que modificar y todo por culpa de mi mujer. ¿A quién se le ocurre cambiar de trabajo? pues eso. Debido a su cambio de estatus, las vacaciones se acercaban y todo estaba en el aire; la primera opción era la de quedarnos en casa a pasar agosto con la excusa de que como tenemos piscina…. y que en agosto se está guay en Madrid…. y todo lo que se nos pueda ocurrir. El hecho es que mi mujer estaba pendiente de renovar el contrato a primeros de mes y a partir de ahí, encontrar el momento de negociar unos días de permiso. Lo primero fue si cabe más sencillo que lo segundo, la renovación vino de forma inesperada y encantados, lo de fijar unos días libres ha sido más tortuoso.

Yo ya tenía que coger mis días, se acercaba la fecha y no veía el momento de salir corriendo, donde fuera, aunque fuera al sofá de casa, pero ante la posibilidad que le habían transmitido a mi mujer de coger una semana, terminé posponiendolos. Mis vacaciones se convirtieron así en el típico sueño de la puerta al final del pasillo, esa que se aleja de ti cada vez que te acercas. Pero llegaron, bye bye compañeros, au revoir. Me iba un par de semanas pero no coincidiría con mi chica, ella empezaba cuando yo terminaba. Así que, como somos muy imaginativos, hemos decidido tomarnos las vacaciones por separado, una semana cada uno en la playa con las niñas y otra “de Rodríguez” en casa, en modo desintoxicación. Acabo de volver del mar así que ya os imagináis lo que toca ahora. Mi chica y yo hemos hecho nuestra particular carrera de relevos, todo muy Olímpico también.

Esta semana con mis hijas en la playita han dado para mucho, mucho amor y mucha compañía, mucho mar, mucho sol, mucha sinrazón y mucho hacerloquenosdabalagana. Unas vacaciones distintas pero vacaciones al fin y al cabo. En mi semana de padre separado con hijas hemos hecho un poco de todo, hemos bajado tarde a la playa, hemos comido a deshora, hemos jugado al voley-playa hasta que se nos ha hecho de noche, nos hemos metido en el agua al amparo de un anochecer avanzado y hemos hecho nudismo entre risas, hemos hecho excursiones y hemos superado miedos. Ellas se hacen mayores y es sencillo llevar un plan así, me lo han puesto fácil. Solo espero que a mi mujer le vaya igual de bien, y que no se convierta la convivencia en una pelea de gatas 😀

Aprovechando el final del Olimpismo por este año y haciendo una de las cosas que mas me gusta cuando estoy al borde del mar, que es leer en mi hamaca, he avanzado con el libro que tenía entre manos, “Enredando en la memoria” de Paloma del Rio.

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Las voz reconocible de la gimnasia, el patinaje y la hípica nos cuenta sus memorias, pero también mucho más. Su descubrimiento del periodismo, su forma de dar visibilidad a los deportes minoritarios, su lucha por dar voz a las mujeres en el mundo del deporte, por la igualdad de oportunidades. Y todo esto entretejido en el tapiz que forman su vida personal y profesional.

Las cosas que cuenta en su libro acerca de esos deportes sacrificadísimos y sin recursos, de las familias de los deportistas, de los entrenadores y responsables de federaciones, de los éxitos insospechados… todo me ha emocionado hasta unos límites nada glamurosos y he visto el reflejo en mis hijas, en su lucha temporada tras temporada y sus sacrificios para practicar un deporte tan exigente y poco agradecido como la natación sincronizada, siempre con una sonrisa en sus labios.

Esa emoción a flor de piel, esa carne de gallina con el relato me recordaba a las sensaciones que he tenido durante el visionado de los Juegos de Rio, cada vez que un deportista se colgaba una medalla y rompía a llorar o a suspirar. Tanto esfuerzo recompensado al fin. Tantas y tantas imágenes de ganadores y de perdedores que se han quedado en mi retina y que han hecho que se me ericen los pelillos de la nuca y que mis ojos se inunden. Ya sabéis que soy muy dramático, no lo puedo evitar.

Y para rebajar un poco el tono, me voy a despedir con una noticia de Los Juegos que me ha dejado boquiabierto. Al parecer, los preservativos repartidos entre los atletas que se alojaban en la Villa Olímpica han terminado atascando los desagües. ¿Perdonaaaa? La organización había repartido unos 42 condones por atleta, por eso de lo del virus Zika y tal, en total unos 450.000 profilácticos de los cuales, un alto número de los mismos, ha acabado por los váteres de las habitaciones olímpicas.

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Y no, no me refiero a que se hayan usado como globos de fiestas, no. Se han usado para lo que se tienen que usar. Mucha tonificación ha debido de haber después de las competiciones, digo yo.

Os dejo pensando en ello… 42 condones por atleta #EstamosLocos?

Y ahora os toca a vosotros, podéis contarme todas esas cosas que tenéis que contarme en la zona de comentarios, estaré encantando de leerlas.

Hasta pronto,

J

10 momentos que “SI”

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Dicen por ahí que la vida está llena de buenos momentos, pequeños, y que saber apreciarlos en su medida nos hace más felices. Mira que nos empeñamos en quitar valor a ciertas cosas, porque ¿no sería mucho mejor tener momentazos a diario? Así si que seríamos más felices. El caso es que esos momentos, por otro lado, tan sobrevalorados si que los podemos cuantificar y disfrutar, ya que son tan pequeños, que suceden aunque no nos demos cuenta.

Todos hemos oído hablar de momentos especiales como el olor del café recién hecho, el de la hierba recién cortada, o el de la tierra mojada. Y no solo de momentos olorosos, sino también sonoros, como la risa de un niño o táctiles, como el primer contacto con la persona que te gusta…. Preciosos momentos que no dejan de serlo aunque estén muy manidos ya. El que no haya hablado de alguno de esos “momentos” es que no ha tenido vida social alguna.

Eso sí, no creo yo que vayas a ser más feliz porque huela a tierra mojada….. a lo mejor te evoca, los olores son muy evocadores, épocas en las que crees que lo has sido, feliz digo… y que te pueda levantar el ánimo, pero no mucho más. Pero oye, que a cada uno nos hace feliz una cosa, a lo mejor yo estoy equivocado y esto es lo guay!

A mi todos esos tópicos momentos me parecen muy bien, me gustan, me agradan, me molan, pero seguro que sería mucho más feliz si me tocara la lotería, si pudiera solucionar la vida de mis hijas o si encontraran una cura definitiva para el cáncer, menudos momentazos. Está claro que la diferencia entre los unos, momentos y los otros, momentazos, no está en el tamaño, sino en la cantidad. Me explico:

La risa de un niño, si la escuchas una vez, es una sensación grandiosa. Si la escuchas a diario, es bonita, pero ya. Lo mismo pasa con los olores a café, a hierba y a tierra mojada, la primera vez son encantadores, luego, son buenos olores, pero ya viejos en nuestra memoria. Una boda, es un momentazo, sobre todo si la disfrutas. Pero si ya te has casado cinco veces….. pasa a ser un momento, aunque el contrayente sea distinto (solo faltaba, tropezar cinco veces con la misma piedra…), los invitados y el lugar de la celebración también sean nuevos, se ha perdido el efecto sorpresa, yo no es tan emocionante, se convierte en habitual. Bueno, habitual casarse cinco veces no es, pero bueno, entendéis el ejemplo.

Y todo esto para deciros que voy a hacer una lista de momentos, pero no de esos lugares comunes que ya hemos comentado, sino de unos muy personales, para que me vayáis conociendo un poquito mas si cabe, ya veremos si también queriendo o ya un poco odiando… Todos los momentos han sido pensados y requetepensados, no están aquí al azar, son mis momentos que SI, los que me gustan, de los que disfruto y los que hacen que mi día a día sea especial. Lo de la felicidad, vamos a dejarlo a un lado.

Debo decir que mis momentos no van en orden, no tienen unos más importancia que otros, es más, pueden incluso mezclarse en el espacio y en el tiempo, simplemente están como han salido:

LAS 7:23

Este momento me encanta, hace referencia a la hora de la mañana en que me voy a trabajar, no penséis mal que no voy a ir por ahí…. Cuando bajo al garaje a por el coche, después de hacer las comprobaciones que ya sabéis, arranco y lo primero que miro es el reloj. Cuando coincide que la hora que marca son las 7:23 se que empezaré el día de buen rollo. El enfermizo optimista que llevo dentro espera que pasen cosas buenas, que todo vaya de cara.

No está demostrado que haya habido alguna vez una correlación entre los hechos de un día y la hora del reloj, pero este frikismo es lo que tiene, yo disfruto sabiendo, que de nuevo, he arrancado en mi hora fetiche, y eso solo puede ser bueno.

BAJO EL AGUA

Hay una sensación que me apasiona, cuando estoy un poco saturado de mi alrededor, ya he escuchado todo lo que creía que tenía que oir o simplemente necesito tomarme un momento para mí, suelo meterme en la piscina, respirar hondo y sumergirme completamente bajo el agua. Un vez allí, me aíslo del mundo, el oído se atrofia, la vista, con mi miopía, ni te cuento y así, sin ver ni oir correctamente, solo vislumbrando manchas de color azul, escuchando tenues sonidos y adivinando pesados movimientos entro en un momento totalmente íntimo y edificante.

Lo malo es que el tiempo que puedo aguantar la respiración hace que el momento sea más o menos fugaz. Y luego hay que tener en cuenta que debe ser verano, que si no, no hay piscinas abiertas. Para este momento el mar no me sirve, demasiado grande, y demasiado movimiento….

VALIÓ LA PENA

Debo reconocer que Marc Anthony me gusta, solo cómo artista, demasiado flaco para mí. Y esta canción me trae muchos y buenos recuerdos. No es para nada ni mi tipo de música favorito, ni mi artista preferido, ni la canción de mi vida. Pero en ella se juntan muchas cosas. Hay mucho de Cuba en ella, de aquel autobús que nos llevaba a Varadero y de aquel huracán que asolaría La Habana un día más tarde….  Muy intenso este tema, pero siempre optimista, claro, ya lo dice el título.

LA SIESTA

Soy super fan de la siesta, de esas de cama y un par de horas por delante. No lo puedo evitar, me acuesto tarde, me levanto pronto y al mediodía no se me ocurre nada mejor que hacer que dormir un poco. Podría valorar leer un rato pero no sería capaz, ese no es buen momento para los libros y para mí. O ver la televisión, pero se consume mucha electricidad, y está tan cara…. que lo mejor que puedo hacer es practicar ese deporte tan español, el siesting.

Disfruto de todo tipo de modalidades, en solitario, y acompañado. Y acompañado por mi mujer o por alguna de mis hijas. Cada modalidad tiene su parte positiva, estoy pensando en partes negativas, pero no las encuentro… Así que, viva ese momento de habitaciones frescas, casi a oscuras, cuando la luz lucha por invadir la estancia a través de las rendijas de la persiana.

LA PRIMERA VEZ

La primera vez que voy a la playa cada año, el primer encuentro con el mar, me desborda. El mar y la playa me dan energía, me recargan las pilas para poder soportar un año de trabajo y cuando llego a la costa lo primero que hago es mirar el mar fíjamente, respirar hondo y notar como el aroma a salitre me impregna y como el rumor de sus olas inunda mis oídos. Me siento muy pequeño y a la vez muy afortunado por volver, esa sensación de novedad, de descubrimiento, de amenaza y de inmensidad me gusta sobremanera, me acostumbraría a vivir siempre a su lado, aunque perdiera esa sensación de regresar.

Y esto es prácticamente todo… si, se que el título de esta entrada habla de 10 momentos y que solo he hablado de cinco, pero bueno, ya sabéis que a mi me gusta que el blog sea un sitio de diálogo, así que….. ¿Por qué no me ayudáis a configurar una enorme lista de momentos personales? No seáis tímidos, seguro que tenéis el vuestro y yo estoy deseando conocerlo y de esa forma, conoceros un poco mejor, ¿quien empieza?

Hasta pronto,

J