Animales y animalistas #EstamosLocos?

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Hace un par de semanas me enseñó una amiga la columna de Javier Marías en El Pais en la que ponía a caer de un burro a todos aquellos amantes de los animales en general, y de los perros en particular. Y sabía de antemano que se le iban a tirar al cuello como dóbermans rabiosos, eso es lo que pasa por lanzarse a la piscina sin agua. Quizá era una postura asumida, quizá era lo que el autor quería, generar polémica.

El autor desde luego no tiene perro y aunque dice no tener nada en contra de ellos, si que arremete contra esos dueños que consideran a sus mascotas como miembros de pleno derecho de sus familias. A los que viven así su relación con los animales, las letras del Sr. Marías las interpretan como un atentado y a los que no son tan amantes o carecen de mascotas, seguramente ven, vemos, puntos coherentes, aunque muy mal defendidos, relatados a mala leche, vamos.

A día de hoy a mi también me sorprende que a veces se trate a los animales como si fueran personas y se les colmen de atenciones de las que a veces los humanos carecemos pero esto se mira desde el punto de vista del amor, o tal vez, desde el punto de vista de la ley de la oferta y la demanda. Y es que la sociedad tiene que evolucionar y a lo mejor siendo más tolerantes con los animales nos convertimos en mejores personas, o a lo mejor no, quizá esa premisa solo sea una excusa.

Porque los animales son simples e instintivos, nobles por naturaleza, pero los humanos no lo somos y ahí es donde empiezan los problemas. Conozco dueños de mascotas que son adorables y buenas personas, respetuosos y cariñosos y conozco también a dueños de mascotas que son malos, egoístas y dañinos y estos, por acariciar a su perro o llevarlo al psicólogo no son mejores.

Puede que estemos confundiendo la bondad con ser más civilizados pero eso son cosas distintas. Desde aquí digo no al maltrato animal, no puedo con las imágenes de mascotas agredidas, quemadas, mutiladas o muertas por sus dueños porque ya no eran tan divertidos, pequeños, monos o funcionales como antes y estoy completamente convencido de que esas personas que actúan de esa forma con sus animales no son buenas personas. Lo mismo que los amantes de los animales que agreden, insultan, imponen, asustan y minimizan el miedo ajeno tampoco lo son.

Como tampoco son buenas personas todos aquellos que se han felicitado por el reciente fallecimiento de un torero, #EstamosLocos?

Los toros son lo que son, y dependiendo del grado de empatia que tengas hacia los animales, puede que la proclamada “fiesta nacional” te guste o te repugne. Entiendo que haya personas que vean maltrato animal en las corridas de toros, entiendo que no les guste y que luchen por que se extingan, pero no puedo entender, jamás, que carguen con saña contra los que se ponen delante de un toro y mucho menos cuando alguien fallece “en acto de servicio”. Y si esta lucha contra las corridas de toros y los toreros encima está politizada, dirigida y enmarcada en rencillas territoriales, ahí es donde yo vomito.

El que ahorca a un galgo y el que se ríe públicamente por la muerte de un torero me parecen iguales. Igual de animales, porque esa no es la forma de defender los derechos de las mascotas, esa no es la forma de ser mejor persona, esa no es la forma de conseguir una convivencia mejor, esa no es la forma adecuada para solucionar los problemas. Parece que aún no nos hemos enterado de que las libertades se pueden solapar y que con un poco de educación hay cabida para todos, con ceder y tolerar, las cosas serán más sencillas.

Ahora en Madrid es posible que los perros viajen en transporte público si se dan unas determinadas condiciones que imagino están destinada a mejorar la convivencia. Y es probable que un día vayamos en el metro pensando en lo nuestro y que nos moleste tanto la música que se escapa de los auriculares de nuestro vecino como los llantos impertinentes de un niño como los ladridos de un perro. O que alguien nos toque el culo al mismo tiempo que un perrete nos suelte un lametón.

Entendiendo esto de la diversidad y de la coexistencia sí que seremos mejores personas, no achuchando gatitos.

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Tenemos tanto que aprender de los animales….

Hasta pronto,

J

Un domingo de perros

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Hoy ha sido un domingo de perros, aunque la temperatura ha sido muy agradable y haya brillado el sol con bastante insistencia. Hoy ha sido uno de esos días que me gustan, de los que no huelen a invierno, a cerrazón ni a oscuridad. Hoy se celebra el Día Mundial contra el Cáncer de Mama y si Barcelona se teñía de rosa con la Carrera de la Mujer y su eslogan #sumatealrosa, en Madrid, los protagonistas han sido los mejores amigos de los hombres ¿los coches deportivos? no, los perros.

Desde que salgo con mi grupo de running todos los domingos he tomado conciencia de la vida que hay en Madrid estos días, antes me limitaba a caminar por el barrio, o salir al jardín de la urbanización a socializar, si acaso unas cañas al aperitivo o un poco de actividad cultural en El Matadero. Pero un poco más arriba, más tirando al centro, las cosas se mueven, y mucho. Quiero hacer un inciso en este punto ya que hablo mucho últimamente del running y del deporte y quiero aclarar una cosa, que a lo mejor os puede decepcionar. No soy un atleta, no tengáis esa imagen de mi porque no es cierta, os costará aceptarlo, pero es la realidad, soy mucho más humano que eso, cada sesión me cuesta un triunfo y sudo y me congestiono como si fuera a estallar. Ya está, soltado, he roto un mito.

Hace tres semanas el domingo de Madrid centro y los aledaños de El Retiro estaban tomados por una carrera popular, cientos de personas bajaban en hordas vestidos con camisetas azules, dorsales, bebida isotónica y cuatro panes de hamburguesas que les había regalado el patrocinador al tiempo que yo subía a ponerme “colorao” corriendo. Recuerdo que pensé, míralos, a lo mejor yo en unos meses también hago una carrerita de estas, cuando ví que en la espalda llevaban serigrafiado “media maratón” , pensé… “O a lo mejor no…”

Hace dos semanas, le tocó el turno a la fiesta de la bicicleta, cientos de personas bajaban en hordas con sus amigas, las bicis, mientras yo subía a “disfrutar” corriendo. Ese día era muy peligroso, había muchas bicicletas y muy poco espacio para los corredores, las calles ya se habían abierto al tráfico normal y a los ciclistas de domingo le debía dar miedo bajar por la calzada, así que estaban todos concentrados y procesionando por las aceras. Allí se mezclaban los viandantes, los ciclistas, los padres con carritos de bebe, las terrazas, los runners, algún que otro patinador, varios niños, en bici y andando y yo. Para habernos “matao”.

Lo de la semana pasada ya lo dejé reflejado en este post, fue el día de la Fiesta Nacional Española y su consiguiente desfile, esta vez las hordas de gente se concentraban en Atocha y subían por el Paseo del Prado con el afán de ver desfilar a los cuerpos del ejército, ¡y que cuerpos! dirán algunas y algunos. Y a los carros de combate, y a los tanques, y a la cabra de la legión, y a los aviones.

Este domingo, hoy, teníamos Perrotón, una carrera popular de runners y perros. Os puede parecer de broma pero, al igual que estos últimos domingos, cientos de personas bajaban en hordas con sus muy mejores amigos, customizados para el evento, con camiseta los dueños y con pañuelo al cuello, los perros, no confundirse. Bueno todos menos una señora que llevaba la camiseta y a un chiguagua en el bolso, imagino que el pobre animal no habría corrido porque le podían haber dejado como una calcamonía en el asfalto. Esta carrera de perros tiene un fin festivo y eminentemente solidario, su mensajes es el siguiente: Carrera Solidaria por la Adopción y Tenencia responsable de animales de compañía.

http://www.dontstopmadrid.com/
http://www.dontstopmadrid.com

Lo que ha quedado bastante claro es que la ciudad se mueve, o los habitantes se mueven, o nos movemos o nos movilizamos según la causa. Hay mucho entusiasmo deportivo y se nota en la calle, estos que os he puesto, bueno, quitando el desfile, son muestras bastante fehacientes. En todos los casos las inscripciones se habían agotado, las plazas estaban cubiertas y aún así ha habido over-booking de participación. Muchas ganas de salir por la ciudad y de disfrutar de sus calles y monumentos de una forma distinta, estas lo han sido pero habrá más. La agenda es muy ámplia y cada fin de semana un nuevo evento tiene lugar, solo hay que estar un poco atento.

Yo, de momento, que no me veo preparado para media maratón y que no tengo ni bici ni perro veré que es lo que más se ajusta del calendario deportivo/cultural/solidario y si no hay nada, siempre puedo sentarme a tomar un brunch en una terracita y ver bajar a esos cientos de personas arremolinadas en hordas que se juntan cada domingo.

Y tu ¿has encontrado ya tu evento?

Hasta mañana,

J

Todos corren…. ¡yo corro!

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Esta tarde iba caminando y delante mío, paseaba un abuelo, bastante mayor el hombre, con sus dos nietas. La más pequeña debía tener cerca de dos años, y con la lengua de trapo que tienen los niños a esa edad le decía:

-No se code ¿vedad agüelo?

-No, hija, no se corre -respondía el abuelo- pero es qué tu hermana….

-Hermana mala, no se code -Insistía la niña pequeña.

-No, no, no se corre- volvía el abuelo- tu hermana es muy mala,  le digo que no se corre y no para de correr…

Menuda escena, la de veces que me he visto yo en esa misma situación, no como un abuelo, joer. Sino diciéndole a mis hijas que no corran, que pueden ir andando, que por qué no van andando?, qué paaaaaren ya!! Los que tenemos hijos hemos pasado por eso en innumerables ocasiones y es que los niños ven el mundo a su modo, y poco les suele importar lo que digamos los adultos. Con lo de ir corriendo de un lado a otro pasa lo mismo que con las toallas de la piscina -Qué no pises las toallas!- pero nada. Da igual que el niño en cuestión tenga 2 que 10 años, cada vez que atraviesan el césped de la piscina van pisando las toallas y como no, corriendo. Siempre corriendo… Bueno, siempre que no seas tú el que tenga prisa y diga, ¡corriendo, que no llegamos! Que ahí te has caído con todo el equipo. En esas circunstancias, los niños están muy cansados, no les apetece correr, les duele la planta de los pies o las zapatillas no son apropiadas…. Solo se me ocurre una palabra para describirlos cuando adoptan esta actitud. Capullos.

Dejando aparte esta fijación infantil de ir corriendo, que cuando hablo de comportamientos infantiles se me va la cabeza y me lío…me he dado cuenta de que a mi alrededor todo gira en torno a “correr”. Si, es como cuando te compras un coche último modelo, de los que se han dejado ver poco por la calle, y cuando lo tienes no paras de verlos por ahí, en movimiento, aparcados, estrellados contra un semáforo. O cuando paseas de la mano de tu mujer embarazada y te cruzas con otras seis o siete, como si estuvierais en una feria de bombos. O cuando te rompes algo y vas escayolado, miles de personas se escayolan algo para no dejarte ser el único. A mi me está pasando con esto del running.

Desde que tomé la decisión de aprovechar unos ratos libres que tengo ciertas tardes entre semana para salir a correr un rato, unos treinta minutos, con intención solo de matar el tiempo y ponerme algo en forma, a todos a mi alrededor parece haberles entrado ansia por el running. El novio de mi compañera de trabajo corre, el novio de otra no hace deporte, sólo corre de vez en cuando, mi compañero de trabajo corre por las tardes para desestresarse, otro corre para preparar una competición, otro incluso participa en competiciones tipo Ironman….¿Es que no hay nadie que juegue a la petanca? Pues va a ser que no, chicas y chicos, el deporte de moda es correr, nada mas barato y tan a mano. El caso es que yo siempre he sido un detractor de esto del correr, he sido de los que pensaba que solo correría si me perseguían, aunque luego matizaba, incluso ni aunque me persigan… si me van a coger igual y encima desfallecido y sudado. Pero ahora mi opinión es otra.

Creo recordar que cuando me planteé salir a correr miré todo el catálogo de Decathlon para ver que era lo que necesitaba,  en una visita que hice a la tienda para otras cosas llegué a probarme unas zapatillas Asics tan bonitas como caras. No se cuando decicí parar con el cuento de la lechera, ya que yo soy mucho de eso, aunque vaya un día al campo tengo que ir de arriba abajo customizado, si voy a la nieve, lo mismo, me falta tiempo para comprarme hasta las gafas de ventisca….Pero el caso es que paré, me detuve, miré al cielo y pensé:

-Vamos a ver, no nos volvamos locos, si tengo zapatillas, camisetas y pantalones de deporte, ¿qué mas quiero? Ya si veo que en una o dos salidas me va bien, me compro las Asics, el pulsómetro, la sujeción para el móvil, dos o tres camisetas técnicas, un cortavientos y hasta una riñonera.

Así que con mi equipo básico de corredor pardillo, me lancé a la aventura de correr, primero andando rápido, luego trotando un poco, más tarde un poco de carrera ligera y luego, por favor un Samur. Qué experiencia maaaaaas mala. En qué hora se me había a mí pasado por la cabeza lo de correr. De los treinta minutos que tenía, debí de correr unos diez, el resto me los pasé caminando rápido, con el pecho ardiendo, sin respiración y boqueando como un pez fuera del agua. Ese día no me sentí bien, ni los cuatro o cinco días siguientes debido a las agujetas. El primer “running day” fue una maldición.

Aún así, volví un segundo día, para entonces ya había leído algo en Internet que me había llamado la atención. Se trata de un blog que encontré por ahí, navegando (que no corriendo) por la web, os dejo el enlace porque es muy recomendable su sección Running para Novatos (la mía, claro).

http://devagoarunner.wordpress.com/

El autor da todo tipo de detalles y de estímulos para los que queremos iniciarnos, nos facilita la tarea aportando su experiencia, poniéndose en nuestra piel y ejerciendo de Cicerone por el amplio mundo del running y sus vicisitudes. Una vez leídas varias de sus entradas, aún con el subidón del principiante, me marqué un objetivo a cumplir y me tiré de nuevo a la calle con las zapatillas. Os quiero decir una cosa, la motivación está muy bien, los objetivos también, la constancia, la vitalidad, la experiencia…. todo cojonudo. Pero el que estaba ahí sudando como un perro, colorado como un tomate y al borde del infarto era yo. Me acordé con cariño del autor del blog cuando acabaron los treinta minutos y me paré, objetivo cumplido. Y me estuve acordando de su familia entera mientras moría por ese maldito parque. Porque en el segundo “running day” corrí mucho más que en el primero, por mi mala cabeza, por cumplir el objetivo fijado y porque iba cuesta abajo, llegó un momento que me sentí fuerte y tiré, tiré, tiré….. Tanto tiré que me perdí. Y yo con hora y sin saber donde estaba concretamente. Ahí si que tuve que correr, como un maldito “pringao”. Afortunadamente salí del atolladero, llegué a tiempo donde debía y me dije:

-¡Vaya mierda! -Y me fui a morirme a mi casa.

Unos días después, volví a releer el blog “De vago a runner”, pensé que a lo mejor estaba exagerando y que debería darle ooootra oportunidad al ejercicio, ¿o tal vez no? Así que pensé que si lo de salir a correr estaba hecho para mí debería recibir alguna señal que lo confirmara, entre tanto, yo esperaría cómodamente sentado.

Este domingo, mientras estaba sentado junto a unos vecinos en un banco de nuestra urbanización, mi vecinita pequeña, una niña a la que no paran ni sus padres ni teme a nada, vino corriendo horrorizada a subirse encima de su padre porque un perro estaba rondando por ahí. El perro en cuestión, un diminuto y precioso cachorro, también venía corriendo escapando de una jauría de niños que solo querían acariciarle y hacerle monadas. Y sí, como os podéis imaginar, los niños también venían corriendo a por el perro. Esta situación entre tensa y graciosa no me pasó desapercibida. En ese momento pensé:

-¡No me jodas que ésta es la señal! -Parece ser que lo era, eso me pasa a mí por dejarle elegir al destino.

Así que no me queda otra que volver a intentarlo. Si todos corren, yo no voy a ser menos. Si véis que en unos días no estoy por aquí, es que estoy tirado en el suelo hecho un bicho bola y maldiciendo “las señales”.

Hasta pronto,

J