Yo no soy el que era… y mi madre lo sabe

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Pues eso mismo.

Y la verdad es que podéis analizar la frase y quedaros con todo el contenido posible y a lo mejor sería mucho mejor que un post entero lleno de información. Pero como soy muy egocéntrico, y me encanta hablar de mí mismo, creo que voy a desarrollar el tema.

De todos es sabido que una madre es un ser superior, una MADRE sabe tus cosas antes que tú, incluso antes de que te sucedan e incluso antes de… vamos, siempre antes. Mi madre, por ejemplo, siempre ha presumido de que cuando estaba embarazada de mí, soñó un par de noches con su retoño y era clavadito al bebé rubio, gordo y adorable que era yo cuando tenía unos meses. ¿Premonición? ¿Brujería? No, cosas de madre.

Ellas te miran a los ojos y saben que te pasa, si estás contento, si estás triste, si has ligado, si has aprobado, si has suspendido e incluso lo que has comido. Ellas son así, saben hasta lo que piensas, aunque tu te creas que no piensas eso… Mi madre decía que yo era racista, no se en que se basaba y yo lo he negado siempre.

-No, mamá, te pongas como te pongas, no soy racista, nunca lo he sido.

-Si que lo eres, a una madre no se le engaña, y yo se que no te hacen gracia esos negritos…

Y ante eso de que a una madre no se le engaña no se puede añadir nada, podrías discutir hasta entrar en bucle pero sabemos que la paciencia de una MADRE es infinita, inextricable e inexpugnable. Y yo, pues seré racista… si ella lo dice. Menos mal que no me ha dicho que soy negro, o gay, o de derechas… o todo junto.

Lo que tengo comprobado es que si algo no llevan bien las MADRES es que las cosas se escapen a su control matriarcal y que sus pequeños lleven una vida ajena a ellas y a su área de influencia. Lo llevan bien cuando te independizas, te casas, te emancipas, te arrejuntas o lo que sea porque ellas saben que forma parte de la evolución y de la vida y te apoyan en tus decisiones, pero también sufren. Y mucho.

Sufren porque no estás bajo su amparo, con todo lo bueno y lo malo que puede ser eso. Y sufren porque te transformas, mutas, ajeno a su control. Cuando una MADRE se da cuenta de que el bebé que ella ha parido, ha criado, ha desarrollado, ha criado y ha puesto las alas para que pueda volar libre empieza a tener una comportamiento distinto, aunque sea solo un ápice, lo pasan mal. No porque pierdan influencia o porque se sientan apartadas, sino porque tienen la sensación de que su hijo ya no es quién ella creía que era.

En el fondo son perfectamente conscientes de que la vida es puro cambio y que las personas crecemos y variamos, porque ellas también han sido hijas y lo han hecho, pero entendedme, es un momento… de ruptura. Y eso duele. Cortar los lazos, duele, cortar el cordón umbilical, duele, sentir el cambio, duele. No frustra, ni es un dolor desgarrador de los que no te dejan vivir, es algo más interno, más de entraña, más de fondo, como un click ahí dentro que indica que ya no hay vuelta atrás.

Yo noto que mi madre, mis padres en general, están muy orgullosos de mí, de la vida que llevo, de como me comporto, de como he crecido como persona, y de las cosas que hago. Mis padres fliparon cuando les dije que había empezado a escribir un blog, porque fue a posteriori, que yo me lanzo a hacer las cosas sin decir ni pío y luego ya me exhibo, y disfrutan hasta el éxtasis cada vez que mi hermana o yo mismo les leemos alguna de las entradas, si son familiares e íntimas mucho mejor. Y la forma en que me miran todo orgullosos de esta nueva faceta, desconocida para ellos y para mi…

Recientemente mi madre me ha dicho que le encantaría verme correr. Si lo del blog le entusiasmó, lo de ser medio runner la tiene totalmente descolocada, yo no he hecho deporte en mi vida y ella lo sabe, como no. Quizá, solo quizá, en el fondo se cree que le estoy tomando el pelo, que eso de las zapatillas de colorines y de las carreras los domingos por la mañana temprano, ¡POR LA MAÑANA TEMPRANO!, es producto de mi imaginación. Y si ella lo dice, será cierto.

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Tú a mi no me engañas….

-Tu no eres runner, hijo. Si has sido un “parao” toda tu vida.

-Que ya no, mamá, que ahora salgo a correr unas tres veces a la semana y….

-A una madre no se le engaña, y yo se que a ti no te hace gracia eso del deporte.

Pero claro, existe esa parte de la que hablaba antes, esa ausencia, esa distancia, esa laguna profunda que nos separa y de la que ella ya no tiene referencia, que le hacen pensar que quizá si que es posible que su hijo, el que dibujaba si parar, hasta casi perder la vista, ahora escribe un blog, que su hijo, el que era una rareza reservada e introvertida, ahora se relaciona con un montón de personas distintas tanto ON como OFF line, que su hijo, el sedentario, ahora corre sin que le persigan.

Ella sabe todo eso. Sabe que he cambiado, que sigo siendo en esencia ese pequeño rubio, gordo y adorable niñito y es consciente de la evolución, a su pesar. Pero también sabe que los cambios han sido para mejor y que no se deben a injerencias extrañas, abducciones o sectarismos, que soy el de siempre pero en versión mejorada. El hijo 2.0, lo que sea que eso signifique (si significa algo).

Y eso que nos sucede es bueno, es genial sorprender y ver en sus ojos ese pequeño atisbo de descoloque mezclado con un montón de sensaciones bonitas. Y para celebrarlo voy a poner una canción que se titula  “Mama Said”, la canta el grupo danés Lukas Graham y habla de todas estas cosas de madres, padres e hijos, de crecer, evolucionar y sorprender.

¿Os ha gustado la canción, el post? ¿No os ha gustado nada? No dudéis, comentadlo y charlemos, que no se os quede dentro, vuestra madre lo sabrá y no estará contenta….

Hasta pronto,

J

Se nos rompió el amor

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Esta semana he participado en un reto musical en Facebook donde tenía que colgar cuatro canciones significativas para mí y hasta cierto punto me ha resultado difícil. Yo soy muy musical y muy ecléctico y encontrar canciones que me marcaran vitalmente era una tarea muy complicada ya que casi todas lo hacen. Soy de esos que se obsesionan con un artista, un estilo, un disco o una canción y machacan, machacan y machacan hasta que se les saca el jugo y a otra cosa, así que lo más sencillo ha sido recurrir a etapas de la vida o a personas en lugar de a canciones concretas.

El balance ha sido dos a dos, dos etapas gloriosas, una dominada por “El último de la Fila” y otra por “Fangoria” y dos personas, mi madre y mi padre. La primera y su adoración por Joan Manuel Serrat y el segundo por su pasión por la copla y por Rocío Jurado. Esto de hacer introspección me ha divertido mucho y, por otro lado, me ha sorprendido que todos los artistas y canciones que he “pinchado” hayan sido españoles… ¡con lo moderno que soy yo!

Supe que había dado en el clavo con los artistas elegidos cuando el otro día, mi hija pequeña, me dijo:

-¿Tú te sabes la canción que me canta el abuelo?

– No se, a lo mejor ¿Qué canción?

-Una que dice algo así como que nos abrazamos y se oye un ruido….

Inmediatamente caí. Cuando repasaba la discografía de La Jurado para publicar una canción en el reto tuve que hacer un pequeño casting y esa que decía la niña estaba en la terna ganadora.

Le dije que sí, que me la sabía (bueno… solo el estribillo) y se la canté como pude o mejor dicho, la cantamos a dúo, como pudimos, más mal que bien porque ninguno de los dos estamos dotados para la canción, en mi caso es una pena porque me encantaría.

La situación era muy divertida, caminando por la calle y entonado esa parte que dice…

“Y una mañana gris
al abrazarnos,
sentimos un crujido
frío y seco,
cerramos nuestros ojos
y pensamos:
Se nos rompió el amor
de tanto usarlo”.

Y me recordó lo cíclico de la vida, la de veces que yo había hecho lo mismo con mi padre, cantar retazos de canciones de su época poniéndonos “folclóricos” y dándolo todo. Esos momentos son entrañables y ahí quedarán para siempre, como las fotos amarillentas en la caja de lata, los juguetes de madera medio rotos, o los dientes de leche. Recuerdos imborrables y marcados a fuego para cuando queramos recuperarlos. Recuerdos vividos y emocionantes.

Ahora me pregunto si aquel momento con la canción de La Jurado calará en la memoria de mi hija de la misma manera que caló en la mía. Por si acaso, prometo seguir cantando y divirtiéndome con ella y con su hermana para forjar lo que tengamos que forjar para el futuro.

Ayer mismo, volví a coger la aplicación de Youtube en el móvil y volví a escuchar la canción original, mucho mejor cantada por una profesional, no cabe duda, y me recreé en la interpretación y en la letra. Es innegable que esta mujer, Rocío Jurado, fuera apodada como “La más Grande”, su poderío a la hora de ponerse ante un micrófono y un escenario eran impresionantes, tenía una fuerza en la voz espectacular y una capacidad de transmisión apabullante. Se que casi no me toca ni por edad ni por gustos pero hay cosas innegables y me parece de un snobismo atroz renegar del talento.

Y ahora, la canción, prestad atención a la letra….

“Se nos rompió el amor
de tanto usarlo.

De tanto loco abrazo
sin medida.

De darnos por completo a cada paso,
se nos quedó en las manos un buen día.

Se nos rompió el amor
de tan grandioso.

Jamás pudo existir
tanta belleza.

Las cosas tan hermosas duran poco
jamás duró una flor dos primaveras.

Me alimenté de tí
por mucho tiempo,
nos devoramos vivos
como fieras.

Jamás pensamos nunca
en el invierno,
pero el invierno llega,
aunque no quieras.

Y una mañana gris
al abrazarnos,
sentimos un crujido
frío y seco,
cerramos nuestros ojos
y pensamos:
Se nos rompió el amor
de tanto usarlo.”

… y si alguna vez habéis vivido un amor así, de los que agotan, de los que rompen, de los que te exprimen, de los que se viven hasta el límite de las fuerzas, de los que se extinguen de tanto usarlo… Compartidlo, leche!

La zona de comentarios es vuestra, charlemos de amor, de ruptura, de padres, de madres, de folclóricas, de lo de Plutón, de lo de Marjaliza y la Púnica…

Hasta pronto,

J

Cosas de tíos

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Hoy se me ha hecho muy tarde, el post del sábado es musical y lo suelo publicar por la mañana, porque así era como me despertaba todos los días en casa de mis padres, con la música que sonaba en la radio de la cocina y quería transmitir esa sensacion, o revivirla, que para el caso es lo mismo.

Pero no ha sido posible. Hoy me he tenido que tirar literalmente de la cama, desayunar, ducharme y llevarme a las niñas al entrenamiento especial que están haciendo estas semanas. Como han conseguido una meritoria cuarta plaza en el campeonatos de rutinas de escuelas de natación sincronizada, han conseguido como premio, volver a competir, a modo de segunda vuelta, en el campeonato open de clubes. Y para que estén a tope de forma y terminen de limar los pequeños o grandes errores que cometen, nos toca entrenamiento casi a diario. Menos mal que este status quo nos va a durar un par de semanas solamente, que si no, acabaríamos para que hicieran chopped de nosotros, los padres.

Ellas ni se resienten, el ejercicio debe ser adictivo porque cuanto más hacen más les apetece. Salen de la piscina con el pelo mojado y hartas de nadar y se ponen a hacer volteretas, el pino o a correr. ¡Qué maldita energía! Nosotros, los padres, solemos mirarlas con ojos de corderillo como si todo el cansancio que ellas deberían arrastrar nos cayera directamente sobre nuestras espaldas, día a día nos vamos cansando con este trajín y ellas cada día están como rosas. Como una decena de rosas.

Decena, porque son un equipo de diez, no creáis que se me ha ido la cabeza, y de rosas, porque es el color elegido por su entrenadora para los bañadores oficiales. Rosas, plateados y muy glamourosos. Este es un deporte muy bonito de ver, es muy estético y muy femenino pero la responsabilidad es muy masculina, me explico. Un altísimo porcentaje de los progenitores que nos encargamos, cual taxistas, representantes, estilistas, acompañantes, responsables de llevar y traer a nuestras hijas de sus actividades, somos padres. De hecho, en el grupo de mis hijas, hay días en los que ellas, las niñas, son las únicas féminas.

priscilla Y como no, un grupo de tíos hablando de bañadores rosas, de moños y de fechas para competiciones de bailes suele dar mucha ternura. Somos los herederos de “Priscilla, reina del desierto“, y lo sabemos. Pero es lo que hay. Las tornas han cambiado mucho en los últimos años, si que hay mujeres abnegadas que tienen que hacer todo en casa, en el trabajo y con los hijos, pero ya hay una gran cantidad de padres que nos metemos a saco en donde se nos necesite y así debe ser. Responsabilidad compartida.

Esta mañana ha sido uno de esos días, de padres e hijas. Y como era sábado, el entreno era en un lugar distinto al habitual y se ha prolongado durante dos largas horas, todos teníamos (o casi todos) encargos que hacer. La mayoría nos hemos encontrado en el centro comercial más cercano haciendo tareas. Lo último! tíos de compras….. Pues sí, eso también toca. Compras de ropa, compras de comida, compras de productos de limpieza…. y luego, eso sí, un rato para nosotros. Menos mal que en ese centro comercial hay una Fnac, y algunos hemos recalado allí, mezclándonos entre libros, artículos de informática, discos de jazz o comics. Solo nos ha faltado un Leroy Merlin o un Media Markt para culminar con el máximo esplendor nuestra masculinidad…. porque vale que las niñas sean muy rosas, pero nosotros somos TÍOS!

Yo, incluso, he sacado un rato para hacer una cosa muy de tios, lavar el coche. Un kit completo, autolavado y aspirado del interior. Tan limpio ha quedado que casi ni lo reconocía….. Cuando estaba en pleno proceso de aspiración, ahí medio agachado y seguramente enseñando algo de hucha, inevitable y masculinamente, sonaba esta canción por los altavoces de la gasolinera….

El programa de radio que tenían puesto se hacía eco de los conciertos que AC/DC había ofrecido en Madrid la semana pasada. Yo nunca he sido muy heavy y este grupo no me gusta pero me he sentido taaaaaan macho, taaaaan tío, taaaan hombre. Y no solo yo, he mirado a mi alrededor y muchos de los chicos y hombres que secábamos las ventanas de nuestros coches, que sacudíamos las alfombrillas y que intentábamos acabar con invisibles motas de polvo en el capó de nuestros vehículos nos encontrábamos como enajenados. Si uno hubiera pegado un grito y se hubiera subido al techo de un coche…. habría sido legendario. Masculinamente legendario, como el baile en la cola del paro de Full Monty.

Realmente ha sido grato encontrar un momento íntimo y personal, un momento necesario, no solo por reafirmar mi masculinidad, que eso es muy absurdo, sino porque le da valor a todo el conjunto, a las idas y venidas, a los desvelos, a las prisas, a las conversaciones vacías, a los nervios, al descanso. Es posible que no sepamos encontrar estos momentos por que es posible que no nos atrevamos a buscarlos, pero cuando surgen, no debemos dejarlos escapar.

Hay que disfrutarlos…. Oh yeah!!!!

Y si tu has encontrado el tuyo o quizá aún lo estas esperando, tienes la zona de comentarios para contármelo todo, todo, todo, así charlamos un poco y quizá, solo quizá, ese se convierta en nuestro momento. 😉

Hasta pronto,

J

¿Educando?

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Es curioso como cambian las dinámicas de relaciones personales a medida que nos vamos haciendo mayores, y sobre todo cuando tenemos hijos y nuestras vida social pasa a un segundo término. Llega un momento, sin que nos demos cuenta, en que nuestras relaciones se circunscriben a las relaciones de nuestros hijos, y eso puede ser bueno y malo a la vez. O más malo que bueno, dependiendo de unos casos. O más bueno que malo, dependiendo de otros.

Cuando te conviertes en padre pasas en un pestañeo de los bares de copas a los parques infantiles, de relacionarte con adultos a admirar las monerías de tus hijos y de los de alrededor y de tener una conversación fluida y culta a hablar con diminutivos. Ese momento, para los que aún no han experimentado la maravilla de la paternidad, es lo más parecido a una regresión. De ese momento a querer ser tu el que se tira por el tobogán van segundos. Una vez completado el ciclo ya estás preparado para ponerte a la altura intelectual de los niños, para picarte con otros menores para hacer prevalecer los derechos de tus hijos ante ellos y te conviertes en una entidad imaginaria llamada padre o madre de….

Esto que relato, esa pérdida de identidad en beneficio de nuestros pequeños y la suya es, quizá, la parte más negativa de todo este proceso y realmente es una dinámica muy actual, muy novedosa. Yo no recuerdo este tipo de cosas cuando yo era pequeño, los adultos eran adultos y poco se inmiscuían en los juegos infantiles. Lo padres de entonces eran esos señores y señoras que se sentaban en un banco a ver como sus hijos se jugaban la vida en unos columpios de hierro mientras fumaban y conversaban de cosas de adultos. A los padres de hoy ya no se les está permitido no solo fumar en presencia de niños o en las proximidades de un parque con menores, sino que se les echa en cara, otros adultos, que no dediquen la debida atención a sus hijos y a sus posibles heridas.

¿Qué postura es mejor? Pues ambas tienen algo de positivo o de negativo, yo tengo mi opinión y en este caso me voy a mantener al margen, prefiero que cada uno saque sus propias conclusiones. Donde si que me voy a mojar y a posicionarme es en la sobre protección que solemos ejercer sobre nuestros retoños. Ahora no los tratamos como a niños, los tratamos como a jarrones chinos de la Dinastía Ming, de valor incalculable y extremadamente frágiles. Hoy en día pensamos por ellos, actuamos por ellos y hasta cierto punto, jugamos y nos relacionamos por ellos. Un ejemplo. A la edad de mi hija pequeña, 7 años, yo iba solo al colegio, el cual estaba relativamente lejos de mi casa, tenía que atravesar una carretera y atravesar un poblado de gitanos, y no pasaba nada. Alguna vez, incluso, me desviaba de mi camino para comprarme algunas golosinas (sí, llevaba dinero) o para ir a buscar a algún amigo a su casa.  Hoy en día, mi hija es incapaz de cruzar una calle por un semáforo porque no se plantea que tiene que mirar, ni detenerse. Está acostumbrada a ir de la mano o conmigo de guía y si la dejo sola se pierde. En aquella época yo iba a comprar y hacer algunos recados para mi madre que era ama de casa y que tenía tiempo libre para hacerlos ella, pero eran otros tiempos. Si hoy dejara que mi hija fuera sola a la panadería, acabaría escoltada por la Guardia Civil, y yo, claro, detenido.

Estamos convirtiendo a nuestros hijos en seres dependientes, porque creemos que es como hay que hacer las cosas. Los tiempos son distintos, no hay duda, todo está más saturado y más evolucionado. Se oyen muchas más cosas malas que pasan por la calle que antes, pero que se oigan no significa que antes no pasara nada o que ahora pasen de más. La protección hacia estos pequeñajos es exagerada y nos va a costar un disgusto. A este paso me veo yendo con mis hijas a hacer la matrícula de la Facultad o a llevarlas en coche a su primera cita, después de hacer una exhaustiva prueba de ADN y sacar el certificado de penales del pretendiente. Eso si no me vuelvo loco antes porque no pueda controlar cuando les viene la menstruación o porque no me decida entre compresas y tampones.

No vamos bien, está genial eso de tener los hijos cerca, no el aparente desapego de nuestros padres, pero no es normal que tengamos que sentarnos con ellos a hacer sus deberes porque sea nuestra obligación o tengamos que ser mejores formadores que sus profesores. No es de recibo crear grupos de Whatsapp de padres en los que hablar de los deberes de los hijos, de las excursiones de los hijos o de los castigos que han impuesto a nuestros hijos. Eso es responsabilidad de ellos, no nuestra. O al menos yo así lo creo y lo manifiesto. Yo no hago deberes, yo no participo en el grupo, a mí me da igual que los niños tengan exámenes…. ya bastante cosas tengo yo en la cabeza como para tener que estar pendiente de sus pocas obligaciones.Puedo ayudar, estar ahí, estar pendiente de que hagan sus tareas y supervisar. Mis hijas, las pobres, saben que si se les olvidan los deberes en el colegio yo no voy a mover un dedo para conseguírselos, así aprenderán a ser más responsables. El otro día me dijo una madre en la puerta del cole….

-Ya está bien, esta semana tenemos dos exámenes….

-¿Perdona? -Respondí yo, lo tendrán ellos, yo ya estudié los míos.

-Ah, tú no… yo es que si no me pongo con mi hijo no se entera….

-Ya -No se me ocurrió otra cosa.

Aunque lo que tenía en mente era… -Ni se va a enterar nunca, ni va a hacer nada por el mismo nunca, ni va a despertar nunca….

Por favor, vamos a pensar un poco en lo que estamos haciendo como padres, en lo bueno y en lo malo y tomemos medidas. ¿Realmente les estamos dando las herramientas necesarias para manejarse en la vida por ellos mismos?  Yo lo tengo claro en lo que respecta a mis hijas, los deberes son de ellas, los estudios son de ellas, sus amigos son los suyos, sus disputas son las suyas, pagar la hipoteca, eso ya es cosa mía y de su madre.

Hasta mañana,

J

Padres modernos

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Esta misma mañana, después de dos semanas bastante desquiciantes, hemos estado en familia y con unos amigos en la Feria del Libro de Madrid, dando una vuelta, cumpliendo con la tradición de comprar un libro para cada uno y atesorando un montón de marca páginas y demás merchandising que las editoriales y las librerías regalan como promoción.

La experiencia ha sido edificante, como siempre. Me encanta este evento, me gusta el ambiente, me gusta ver a famosos, famosillos y famosetes pasear por El Retiro o firmar en sus stands. Hemos podido ver a muchos escritores de renombre dedicando sus últimas obras a su entregado público. Todo alegría y buen humor, y calor y colas y gente, mucha gente. Gente paseando, gente hablando, gente comprando, gente patinando, gente con perros, gente con carritos de bebe, …. gente a mogollón.

Y en una de estas, mi amigo y yo, reconocidos frikis de los comics, nos hemos acercado a una caseta y he podido echarle un vistazo a un libro que me ha llamado la atención y me ha hecho reflexionar. El libro en cuestión se titula: “¡Yo soy tu padre! Cómo llevar a tus hijos al lado oscuro” de Jorge Vesterra. Os voy a dejar la sinopsis de la editorial por si alguien está interesado:

"Yo soy tu padre", de Jorge Vesterra
“Yo soy tu padre”, de Jorge Vesterra

“Ser padre y friki no es tarea sencilla. Las sesiones nocturnas de videojuegos han sido sustituidas por “la hora del cuento”, no hay manera de estar al día con las series porque en casa sólo se ve Pocoyó y tu sancta sanctorum se ha convertido en la “guarida de la bestia”. 

Si éste es tu caso, sólo hay una solución para no convertirse en un ser gris amante de los realities y los chiquiparks: llevar a tus pequeños al lado oscuro. 

Este manual te ofrece todas las herramientas y técnicas, incluso las más arteras, para seguir siendo un nerd y arrastrar a los tuyos en tus obsesiones, desde los mandamientos del padre friki y varios tests de frikismo para tus hijos, hasta consejos para mantener tu territorio frente al enemigo y actividades para la familia friki. Una completa guía para ser un padre fanático sin dejar de ser guay. 

Tú puedes hacer que la saga continúe… “

Reconozco que no lo he comprado, yo ya había adquirido mi ejemplar del año, así que…. y por otro lado, no me identifico tanto con el contenido, pero, como ya he dicho antes, me ha hecho pensar. En los padres de ahora, y en los de antes, y en como está cambiando todo…. y he recordado que estas dos semanas, en las que no he podido ni parar ni para pensar, he estado volcado casi a tiempo completo en mis hijas. -Eso es lo que debe hacer un padre, dirán algunos. -Si, no lo discuto, no me quejo, solo expongo el hecho.

Estas semanas de paternidad responsable he hecho un montón de cosas, he velado por mis hijas, las he llevado y las he traído, he madrugado más de la cuenta, casi no me he sentado para comer, he prescindido de mis mini-siestas en el sofá, he tenido que coser los disfraces para la función de fin de curso, he tenido reuniones para hablar del futuro deportivo de mis niñas y he tenido que estudiar como se hace un moño adecuado para la práctica de la natación sincronizada, y hacerlo a eso de las siete treinta de la mañana a dos pequeñas sirenas de pelo enredado y sumamente quejosas y adormecidas. Os preguntareis: -¿Has dicho que eras su padre o su madre????

Ahí es donde quiero llegar. Para bien o para mal, la vida evoluciona, los roles cambian y los seres humanos, sexos aparte, nos tenemos que adaptar a las circunstancias, con mejor o peor actitud y resultado, pero eso es lo que hacemos, sobrevivir. Las tareas domésticas ya no están tan definidas, las responsabilidades paterno-filiares tampoco. Los padres de ahora, no somos como los padres de antes, la implicación en el devenir diario no puede ser la misma, porque la vida no es la misma. Ahora las madres trabajan y muchas apuestan por su vida profesional. En mi caso, no voy a hablar de otros, mi mujer es la empresaria y la que trabaja muchas horas y yo el que ha podido conciliar.

En mi caso hay mucho más, esos a los que yo llamo cariñosamente Tiendebragas, como ya dejé por escrito en el primer post de este mismo blog, que asumen tareas e implicaciones históricamente femeninas. Es muy posible que las mujeres se estén “masculinizando” y que los hombres nos estemos “feminizando”, todo es problable. ¡Lo qué nos queda por ver!

Recuerdo cuando yo era pequeño y mi padre era prácticamente un extraño para mí, un señor que trabajaba miles de horas en unos grandes almacenes y al que solo veía por la noche cuando venía harto de clientes y de transporte público. Ese hombre al que yo le decía todas las noches: -“Papá, siéntate en la cama conmigo a hablar”. Yo no quería hablar de nada en contrato, quería disfrutar de mi padre, quería que me transmitiera sabiduría, que me hablara de cosas de mayores. Y aquel hombre, se sentaba pacientemente en mi cama y charlaba conmigo hasta que yo caía rendido.

Hoy, yo soy el padre y soy una presencia constante en la vida de mis hijas, lo cual agradezco enormemente. Se que ellas lo valoran ahora y lo valorarán en el futuro, creo que la cantidad de presencia es equiparable a la cantidad de la misma, soy padre pero también soy amigo, y cómplice. Quién sabe, si dentro de un tiempo seré también amiga y confidente. El tiempo lo dirá.

A los que hayan leído este post y crean que me estoy quejando de algo, que se les quite de la cabeza, estoy encantado con esta etapa que me ha tocado vivir. Ya se lo he dicho a mi mujer, quiero que gane mucho dinero y que me retire, quiero ser un padre moderno, de los que van al gimnasio, comparten aficiones con sus hijos, toman café con los demás papás y mamás del cole, van a la compra, cocinan para la familia y ayudan a hacer los deberes… y el moño, si hace falta.

Hasta pronto,

J

De madres, padres, hijos y el tiempo

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El otro día me dijo un muy buen amigo que había oído por ahí que “cuanto mas mayores se hacen tus hijos, menos tiempo les queda a tus padres”. Me sorprendió que tal afirmación me llegar de él, que es todo alegría y buen humor, pero claro, las circunstancias por las que está atravesando su familia en estos momentos son de esas inevitables que nos llegarán a todos. Un momento triste, desde aquí todo mi apoyo y mi cariño.
Desde ese día vengo pensando en eso que comentó, no se de donde se saca la gente esas ideas, en qué momento estás de buen rollo, pensando en tus cosas, y das con este tipo de verdades universales. A mi no me ocurre. Claro que ya he dicho varias veces que yo soy mas de actuar que de pensar, y como en la época de la facultad me eché mechas rubias…… ya se sabe.
El caso es que a los pocos días vinieron a verme mis padres y fui completamente consciente de lo que el tiempo había hecho con ellos, o mas bien, de lo que el tiempo había hecho con nosotros. Ya no eran esos padres fuertes y seguros, protectores y sabios de antaño. Ese día los ví gastados, achacosos, doloridos,…..a fin de cuentas, mayores. Lo increíble del caso es que yo ya sabía todo eso, sabía la realidad del paso del tiempo y del envejecimiento de mis padres, pero ese día fue como si estuviera viendo una foto de tamaño real en un museo.
El encuentro fue normal, agradable como casi siempre. Si ellos en esencia no han cambiado, nadie cambia en lo profundo, las arrugas, el pelo canoso y los achaques de la edad hacen mella en uno pero el interior permanece prácticamente inalterado. Por lo tanto, a la pregunta típica:
-¿Qué tal estais?
Respondieron como están acostumbrados:
-Bien, hijo -Mi padre.
.Bueeeenoooooo -Mi madre.
Esas respuestas les definen, son como el Ying y el Yang, complementarios y antagónicos.
Mi padre siempre está bien, y cuando no lo está, también está bien. No es que oculte las cosas, las asume y hasta cierto punto las menosprecia, cuando se queja, dejando a un lado que es un hombre, y por lo tanto, quejica por naturaleza, es por que realmente está sufriendo.

Mi madre, por el contrario, nunca está bien, eso es cierto, tiene mil achaques y dolencias, todas incurables y viene batallando con ellas desde hace mucho tiempo. Pero su actitud es distinta, es de rebeldía, incapaz de asumir sus limitaciones y el peso de la edad. Cuando sufre, calla y no come, y cuando mi madre calla….. es que no está bien. Pero cuando no come…… terrible, terrible.Tras un rato de charla distendida y alguna que otra historia de médicos, enfermeras, especialistas, listas de espera, hospitales de día, análisis, ecografías, revisiones anuales….. porque a los padres, o a mi madre en particular, les “encanta” hablar de médicos (cuando daño han hecho Hospital Central y Anatomía de Grey, que irreal es toda la ficción), llegó el momento de la despedida. Mientras los veía alejarse camino del autobús, porque desgraciadamente ya no están para ir caminando cuesta arriba los 20 minutos que separan su casa de la mía, me dio por pensar en lo desvalidos que los veía, pero en la suerte inmensa que tenía de tenerlos. Porque aunque parezca mentira con este retrato somero que he hecho de ellos aún me sirven de mucho apoyo y de mucha ayuda. Son aún el espejo en el que me miro para ser mejor persona, mejor marido, mejor padre, mejor hermano y mejor amigo.  Ellos siempre serán mis padres, y por muchos años que pasen, seguirán siendo los que me han educado y me han construido tal y como soy.Como el paso y el peso del tiempo son inalterables y tampoco hay que darle más vueltas de las necesarias a esto, yo seguí con mi vida hasta que llegó el momento de subir a casa. Con esas reflexiones aún en la cabeza, casi sin querer pasé por el baño y me miré en el espejo.-Hostia! (con perdón)Yo tampoco era el niño de 15 años aquel de la foto que mi padre conserva aún en la cartera, que ya le vale al hombre. Yo también había perdido lustre y había ganado canas y kilos. Tenía menos pelo en la cabeza y mucho más apareciendo por mi nariz. Mis ojos miopes dejaban traslucir el cansancio del tiempo, la pesadez de las responsabilidades…. me había convertido en UN padre.-Hostia, Hostia!!!!! (con perdón)Si hasta hace nada yo era un adolescente, si nadie en el trabajo me echa la edad que tengo, si me encuentro super joven, si tengo un espíritu jovial, si…..Si ya no lo soy. Qué vértigo, chico! Por un instante me sentí abatido y fuera de lugar, como si me hubiera presentado en Gabana en chándal, o como si estuviera de botellón en un polígono con chaqué. Luego las niñas se pusieron a gritar y pelear y salí como un energúmeno de mi ensimismamiento. Benditas niñas!

Ahora vuelvo a la frase del principio, “cuanto mas mayores se hacen tus hijos, menos tiempo les queda a tus padres”, y añado:

-¿Y qué pasa conmigo que estoy en medio?

Pues el tiempo, amigos, eso pasa conmigo, con mis padres y con mis hijas, con todo y todos los que nos rodea. Primero somos hijos, luego seremos padres y finalmente, antes de dejar de ser, seremos esos abuelos achacosos y desvalidos. Ahora, con la lección aprendida, debemos ser capaces de luchar en cada etapa por sacar lo mejor de nosotros y atrevernos a ser felices.

Hasta pronto,
J