2016 es un número

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Unos meses atrás leí el libro de Marcos Chicot, “El asesinato de Pitágoras“. Fue una de esas compras impulsivas a través del enlace de Amazon con mi ebook, me sedujo el título y las opiniones de los lectores, a las que suelo dar bastante poca credibilidad, eran muchas y buenas. Lo compré y enseguida de atrapó la esencia matemática que describe. La historia que narra puede ser más o menos acertada, conocida o rocambolesca pero la documentación sobre la filosofía pitagórica y su líder me parecieron impecables, lo que dotaba al relato de una verdad genuina. También hace meses que no escribo una de mis reseñas y esta no va a ser la reentree, no os creáis.

He empezado por aquí porque hoy voy a estar matemático. Porque he empezado a reflexionar sobre lo importante que son los números a día de hoy. Igual que la doctrina de Pitágoras en su época que trataba de explicar el origen del universo, las relaciones virtuosas, la política e incluso la música amparándose en leyes matemáticas complicadas, un juego de proporciones concreto. Todo estaba medido, contenido y controlado de tal forma que aquella filosofía estaba perfectamente arraigada y cimentada, hasta que llegó el fatal descubrimiento de los números irracionales y todo se vino al traste, pero eso es otra historia.

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El pentáculo pitagórico, fundamento de la “proporcion divina”

Yo no me había planteado nunca que todo lo que nos rodea son números, y que nuestra felicidad solemos asociarla a ellos, claro que tampoco me había planteado otras muchas cosas…. paso a paso. Solía decir en el colegio que para qué necesitábamos tantas matemáticas, que con unos conocimientos básicos eran suficiente… y si y no. Sinceramente, las necesitamos para vivir, porque realmente las mates no son solo contar, sumar, restar, multiplicar y dividir (que a estas alturas creo que es lo único que recuerdo perfectamente de esta asignatura, no me pidáis más).

Para Pitágoras y los suyos, las matemáticas y la geometría eran lo más, el todo, vivían de ello y para ello y aunque nos cueste creerlo o asimilarlo, así ha sido hasta nuestros días, de hecho, creo que nunca hemos sido tan matemáticos como ahora.

Los número son importantes porque nos aportan cosas pero a lo mejor les estamos dando más importancia de la que tienen. Por ejemplo, con los años, la edad son números, yo he cumplido 43 y espero cumplir muchos más pero ¿qué es eso en realidad? Porque aparentemente 43 es algo neutro, no nos aporta más valor que los años que llevo en este mundo. Pero ¿qué hay de sus relaciones?… ¿son muchos o pocos? Pues depende, si no llego a cumplir 44 me habrán parecido muy pocos pero si le preguntamos a mis hijas, dirán que son un montón.

Así que todo es relativo, incluso las exactas matemáticas. Los números son exactos, sus implicaciones nunca lo son.

Lo mismo pasa con las fechas, ahora que acabamos de estrenar año y tenemos tendencia a hacer balances, como si los periodos se pudieran abrir y cerrar tan alegremente, como si el hecho de que 365 días hayan transcurrido vaya a hacer que las cosas sean distintas al pasar del 31 de diciembre al 1 de enero. Los propósitos de años nuevo son un poco un camelo, una forma de facilitarnos esa transición irreal. Que sí, que es un periodo concreto y astronómico, que La Tierra ha dado una vuelta entera alrededor del sol y todo eso pero… ¿y qué? ¿es que acaso no pasa eso a pesar nuestro? ¿controlamos nosotros algo de esto o tenemos poder para hacer alguna modificación? Nos tratamos de auto-convencer de que el año nuevo va a ser siempre mejor que el anterior, que nos propondremos cosas geniales, que cambiaremos nuestros hábitos, que…. en realidad y en la mayoría de los casos nos engañamos.

Ya lo decía en el título, 2016 es solo un número, pero imagina que ahora les dan por resetear, como cuando eliminaron las Pesetas y insertaron el Euro, y empiezan desde cero… que decepción, ya no acumularemos como estamos acostumbrados, estaremos frustrados, perderemos con el redondeo y el re-start.

¿Por qué nuestra felicidad está asociada a acumular?

Siempre sumar y multiplicar está bien visto, es nuestro anhelo. Añadir, incrementar, agregar, tener, tener, tener. Y es que resulta que las matemáticas nos están ayudando a ser más fríos y más materialistas. Un coche con más caballos, una casa con más habitaciones, un bolso más caro, un novio más rico, uno o más títulos universitarios. Números, números y más números carentes de emoción.

Como los de mi reto deportivo, del que os hablé hace un par de posts.

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Ya lo he terminado, he concluido con una acumulación de 112 kilómetros que no sin ni muchos ni pocos pero que son los míos. Y que no dicen nada sobre lo que he vivido, he sentido, he disfrutado y he sufrido en estos 30 días, por eso de concretar. Estoy contento con el reto porque lo he llevado a cabo, porque todos los días me he puesto las zapatillas de correr y me he tirado a la calle a hacer algo de deporte. Mentiría si os digo que no he prestado atención al número de kilómetros recorridos (números), al ritmo al que he corrido (números) y a la velocidad a que lo he hecho (números) pero me quedo con un montón de cosas que nada tienen que ver con las mates.

Me quedo y os cuento, así en abstracto y sin contabilizar, que he tenido sensación de fatiga y sensación de comodidad, que he sentido frío en las manos y en las orejas y también calor en el resto de la cara, que he sudado profusamente por todo el cuerpo, que me he sentido muy mal porque mis piernas se negaban a avanzar y me he sentido muy bien porque mi cabeza me decía que tirara más, que podía, he notado como mi cuerpo se acostumbraba al castigo diario y como empezaba a plantearme por donde correr en lugar de “si voy a salir a correr”, he compartido mis experiencias en las redes sociales, he recibido apoyo de amigos y conocidos y lo he dado, he conocido a gente que estaba en lo mismo que yo y me he emocionado con el feedback, he tenido la enorme suerte de salir a practicar deporte con mis hijas e incluso con ellas y una de sus amigas con lo que eso enriquece y une, he disfrutado de avanzar día a día y de mirarme al espejo y de comprobar que los excesos navideños no se quedaban conmigo, he agradecido el apoyo familiar e incluso el orgullo de quienes se quedaban en casa cenando mientras yo salía disparado en mallas… y muchas cosas más.

2016 es solo un número, 112 kilómetros son solo números, 1000 € son solo números, 4 habitaciones son solo números, 8 cilindros son solo números, 700 seguidores son solo números.

No digo que los números sean malos, ni que querer acumular sea malo, ni que tener cosas sea malo, ni que cumplir años sea malo, ni que hacer muchos kilómetros sea malo. Pero son solo números, y ellos son fríos. Lo que quiero decir, es que no nos olvidemos de las emociones que acompañan a esos números. Al final va a ser con lo que nos quedemos, con un cuerpo en descomposición y con innumerables recuerdos y vivencias.

Y como no podía faltar una canción ni unos números, aquí os dejo los “Números Rojos” de Sabina…

Y hasta aquí esta filosofía de andar por casa, es vuestro turno, comentemos, charlemos… ¡numeraos! 😀

Hasta pronto,

J

Dos años y un día

Este título tiene nombre de condena, de esas en las que tienes todas las posibilidades de ir a la cárcel como de quedarte en tu casa con tus antecedentes a que pase la marea, que se lo digan a La Pantoja. Dos años y un día que pueden ser eternos pero que a mí, que no estoy condenado, ni imputado, ni siquiera investigado se me han pasado muy rápidos.

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Dos años y un día desde que me levanté una mañana de sábado y escribí este primer post, origen e inicio de mi andadura bloguera y de mi vuelco a las redes sociales. Un periodo de cambios en lo profundo camuflado entre la aparente calma chicha de la superficie. Un tratamiento que me ha hecho mucho bien y que en ciertos momentos ha evitado que me volviera más loco, más oscuro o más rebelde. Ahora soy mejor, me conozco mejor, convivo mejor y me sobrellevo mejor. Incluso tengo un nuevo término para vosotros, me he convertido en un revelerdi consentido y consentidor. Se que debería profundizar en esto y no dejaros así con la intriga pero es una broma muy muy privada, tan privada que hasta yo tengo dudas de lo que quiero decirme.

Incluso podéis pensar que como estoy de aniversario bloguero he empezado a darle al cava, al vinillo o a las birras, pero no, estoy irreflexionando como de costumbre y gracias a este espacio, ahora me permito el lujo de irreflexionar en alto, por que yo lo valgo. Y porque yo elijo el tono de lo que escribo, la profundidad de lo que escribo, el carácter de lo que escribo y vosotr@s… Ay!, esos VOSOTR@S a los que tengo tanto que agradecer, estáis ahí, fieles fijos, fieles discontinuos o fieles pasajeros llenado mi espacio virtual y mi corazón real de contenido, de vida, de magia, de pasión y de continuidad.

Si no ha quedado claro, era un GRACIAS como una casa de grande. Porque es por vosotros por quien sigo por aquí, porque yo tengo muchas cosas que contar (o que contarme) pero he descubierto que el diálogo es infinitamente mejor que el mejor de los monólogos, y desde que este blog echó a andar, los comentarios, germen, abono y fertilizante de mis palabras, no han hecho más que cimentar una relación difícilmente rescindible.

En este tiempo, esos dos hermosos años y un día de locuras, irreflexiones y música compartidas periódica o a-periódicamente, he vivido como el blog se convertía en terapia (a veces de grupo), en patio de vecinos, en atalaya de opinión, en humilde literatura, en humor, en amor, en enseñanza…. y en definitiva, en vida y en felicidad. Y llegados a este punto, no puedo ni quiero renunciar a nada de esto. No quiero renunciar a ser quien soy, a ser quien he llegado a ser, a ser quien he ayudado a convertirme como tampoco quiero renunciar a vuestra retro-alimentación, a vuestra presencia, a vuestro apoyo, a vuestros ánimos, a vuestros comentarios y a todo ese cariño con el que inundáis este rincón de la blogosfera más íntima.

Ahora es el momento de decirlo, ya no lo controlo, soy un yonki de lo que quiera que sea esto.

Reconozco que ya se me va pasando el pudor de hablar de lo que hago al otro lado de la pantalla cuando alguien me pregunta por el blog en la vida offline, ya es una parte asumida y disfrutada por los cuatro costados. Tal vez soy un blogger, uno aficionado y blogodependiente.

Y como no quiero ponerme más intenso, que podría… y lo sabes! voy a apagar las velas imaginarias y voy a dejarme caer en los brazo de Morfeo, que siempre es generoso conmigo y me consigue dulces sueños y mucha inspiración. Me despido hoy con una canción, como no podía ser menos, que dibuja perfectamente como me siento y una versión que me llena de fuerza y de energía.

Ahora es tu momento, el de pasar a felicitarme, a felicitarte, a comentar. Tanto si eres nuevo, no lo eres tanto, o si eres de los que está por aquí desde el principio de la condena, hoy es el día que tienes que dar un paso adelante y decirme algo, aunque sea de forma anónima, hazme feliz, haznos felices a ambos. Dialoguemos…. ¿o es que acaso #EstamosLocos?

Hasta pronto,

J

Juntos

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“Aterrizando en un sueño
Voy navegándome la vida
Hoy me regalo este nuevo día
Si, si, la luna siempre me guía
No siempre entiendo el presente
Pero le busco la salida
Mejor estar herido que ausente
Mejor soñar que echarse a la suerte
Mejor la vida cuando se siente

Si me miras sé que me descifras
Si te miro yo también lo haré?, lo sabes bien
Este camino es como un libro abierto
Y si hoy es el último día de mi vida
Vida mía todo lo daré
Seamos uno andemos el mundo
No hay nada que no podamos juntos

Andamos por el camino
Siguiendo solo el horizonte
Llevo en mis ojos melancolía
Si, si, la luna siempre me guía
Yo sé que tienes otra vida, yo tengo la mía
Todos tenemos en la vida, abierta alguna herida
A veces vamos por la vida buscando salidas
Mejor soñar que echarse a la suerte
Mejor la vida cuando se siente

Si me miras sé que me descifras
Si te miro yo también lo haré?, lo sabes bien
Este camino es como un libro abierto
Y si hoy es el último día de mi vida
Vida mía todo lo daré
Seamos uno andemos el mundo
No hay nada que no podamos juntos

Tú le das luz a mi vida
Cuando me miras tú me iluminas
Por el resto de mis días
Agua bendita sana mi vida
Tu le das luz a mi vida
Cuando me miras tú me iluminas
Por el resto de mis días
Mejor soñar que echarse a la suerte
Mejor la vida cuando se siente

Si me miras sé que me descifras
Si te miro yo también lo haré, lo sabes bien
Este camino es como un libro abierto
Y si hoy es el último día de mi vida
Vida mía todo lo daré
Seamos uno andemos el mundo
No hay nada que no podamos juntos
Si me miras sé que me descifras
Si te miro yo también lo haré, lo sabes bien
Este camino es como un libro abierto
Y si hoy es el último día de mi vida
Vida mía todo lo daré
Seamos uno andemos el mundo
No hay nada que no podamos juntos
Juntos, juntos”

Me parece fantástica la letra de esta canción de Juanes, que por cierto, cuando empezó en esto de la música, o cuando llegó su sonido a mis oídos, que para el caso es lo mismo (una cosa es cuando se nace y otra cuando se descubre) yo creía que era una banda, de hecho creo haber escuchado… ¡Los colombianos, Juanes! Ahora lo que creo es que mi memoria me falla, o que se guarda lo que quiere, para jorobarme.

Anécdotas aparte… esta canción es especial, dice muchas cosas y por eso os he puesto la letra antes de nada, que se que algunos sois vagos con los vídeos, así que me aseguro de que la leéis antes de entrar en materia. Si alguno ha llegado al final y se creía que era una composición mía, lo siento, no soy poeta, pero muchas gracias por pensar que puedo hacer algo tan bello.

Os he querido marcar en negrita algunos párrafos que me gustan especialmente, que tienen una intensidad y un mensaje endiabladamente ciertos y que me hacen pensar, espero que a vosotros también. Porque habla de cosas universales, de supuestos aplicables a todos los ámbitos, a la pareja, a los amigos, a la familia, a los compañeros….Y ahora, os dejo con el vídeo para que podáis ponerle música a esta historia y descubráis a la otrora super estrella de Hollywood que ha colaborado con Juanes.

Una cosa más, no os olvidéis de lo que dice la canción, “Seamos uno, andemos el mundo. No hay nada que no podamos juntos“, así que disfrutad de la sección de comentarios y charlemos un rato.

Hasta pronto,

J

Quiero que la vida sea un musical.

Toda la vida me han llamado la atención las bandas sonoras de las películas, de las series, de los anuncios de televisión, de los anuncios de radio, vamos, que creo que me entendéis.
Y yo creía que me gustaba la música, pero después de mucho reflexionar he llegado a la conclusión de que, aunque en efecto me encanta la música, lo que más me gusta es como la música forma parte de nuestra vida. Y sobre todo, me gusta como la música y los efectos de sonido ensalzan las escenas de ficción. Imaginaos la escena de la ducha de Psicosis sin música, solo con cuchillo y señora gritando. O el inicio de Blade Runner sin el tema instrumental de Vángelis, solo ciudad futurista y nave. O a Escarlata O’Hara poniendo a Dios por testigo, llena de barro, a contraluz y totalmente muda. Se me ocurren mil escenas más, y a vosotros seguro que también.
Y dicho esto, siempre me he preguntado, ¿por qué nuestros momentos, los de la realidad que vivimos día a día, no tienen música? Vale que todos tenemos un banda sonora, con canciones que nos gustan, o que nos disgustan, pero no es eso lo que yo quiero. Lo que a mi me pondría a mil por hora sería que  mi vida fuera un musical, que la realidad se interrumpiera para que yo cantara, para que yo bailara y para que la gente que me rodea sepa perfectamente la coreografía a seguir y me hicieran los coros. Para no ponerme muy protagonista, dejaría que alguien hiciera algún dueto….. Por si no queda claro, quiero decir que yo no quiero que hagan un musical de mi vida interpretado por otros. Yo quiero ser el prota, siempre!!
¿Qué como he llegado a esta conclusión? -pregunta el señor aquel del traje…
Pues mire usted, creo que siempre he sabido que yo estaba destinado a ser algo grande, a ser un “estrellita” y como soy el protagonista de mi vida, la quiero vivir como me de la real gana, y si es cantando, cantando y si es bailando, pues bailando. Faltaría más!!! Eso y porque la primera vez que vi “A Chorus Line”, la película, me quedé impresionado.
Esa historia no trataba de  los dibujos animados Disney donde todo está permitido y las canciones son dulces y optimistas. Tampoco era “El mago de Oz” o “Mary Poppins” con su colorido y su fantasía. No, señoras y señores, en aquella historia, la gente sufría y luchaba, cantaba y bailaba, lloraba y se derrumbaba,  rebajaban sus expectativas de vida y de futuro por un puesto de trabajo básico. Lo que yo veía ahí era real.
Ese fue el momento el que distinguí las películas musicales de las otras, claro que antes había visto muchas, pero no me habían calado tanto. Haciendo memoria recuerdo un montón de películas musicales que me gustaron antes y después de esa: “Cantando bajo la lluvia”, “West Side Story”,  “Grease”, “Cabaret”, “Chicago”, “All that Jazz”, “Hair”, “Nine”, “Bailando en la oscuridad”, “Moulin Rouge”, “Todos dicen I love you”……. y “El otro lado de la cama”.
Qué historia tan fresca la de “El otro lado de la cama” qué cercana, qué……tan de andar por casa, y qué esfuerzo el de esos actores y actrices, que no son cantantes ni bailarines. Y por encima de todo, qué identificado me sentía.

-Si ellos pueden hacerlo, yo también, -Reflexionaba. -La vida debería ser así, un musical!Y con todas esas reflexiones en mente, llevo imaginando cientos de números musicales destinados a poner un poco de sal y un poco de pimienta a la vida cotidiana, al devenir diario. Unos números musicales que harían que la rutina y la monotonía huyan hacia otros lugares y donde la música inunde todo lo que me/nos rodea.

¿No sería fantástico esperar en la puerta del colegio de las niñas, rodeado de mamás que saben que me estoy convirtiendo en un bloguero de éxito y cantar “Simple irresistible” de Robert Palmer mientras las mamás mas sexis y entregadas pululan a mi alrededor entre miraditas y mohines? Ayayayayayay!

¿Y que decir de esas reuniones de trabajo rodeado de señores y señoras en traje, entonando a voz en grito “Todos me miran” de Gloria Trevi, y una coreografía que mezcle mesas de despacho, sillas, pantallas de video-conferencia y purpurina? Subidón total.

¿Y esa cena romántica entonando el “Como yo te amo” en versión Niños Mutantes, vestido con traje vintage, músicos de cámara y muchas velas? Si de esta no mojamos…..

¿Y ese atasco matutino convertido  en tamborada al más puro estilo Carlinhos Brown, con gente bailando entre los coches, corriendo por la aceras, invadiendo el carril bus? No hay mejor forma de quitarse las legañas.

¿Y una coreografía mientras salimos de ruta sobre patines a ritmo de “Forever Young” de Alphaville, mientras anochece entre las calles de la ciudad, entre saltos y piruetas, con el cielo volviéndose rojizo y anaranjado? Este es el deporte que me gusta, relajado y sin sudar.

¿Y esa escena con poca ropa, poca luz y mucha actividad con nuestra piel perlada de gotas de sudor mientras se escucha “Santa Maria (del Buen Ayre)” de Gotan Project? Fundido en negro, que esto ya es para mayores.

Son tantas la posibilidades, y tan ecléctico el repertorio que sin duda sería un éxito. Y sobre todo porque sería solo mío, mi vida, mi música, mi musical. Y yo, el único y auténtico protagonista. Solo le encuentro un fallo a esta idea, y es que, como dice mi amigo El Hippie, Juan tío, tu serias un gran cantante, si no fuera por la voz… 😦

Hasta pronto.
J