Domingo

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Domingo.

Y la sensación extraña, entre la nostalgia y la afección, de saber que las vacaciones se han terminado y que mañana hay que volver al trabajo. Otra vez la rutina y hasta el año que viene. Por otro lado, también la sensación de confort de estar de nuevo en casa, con mi cama, mi almohada, mi habitación, mi baño, mis olores familiares…

Ayer volvimos de darnos una vuelta de quince días por el norte de España, una región que teníamos siempre pendiente de visitar, que si hace frío, que si llueve, que si yo quiero disfrutar de la playa, que si más adelante… Y este ha sido el año, ya no se ha postergado más y ni ha llovido, ni ha hecho frío, y sí, hemos disfrutado del paisaje, de conocer y de la playa. ¿por qué no hemos venido antes?

Las cosas pasan cuando pasan, no le demos vueltas.

Domingo.

Y muchas ganas de retomar cosas, ganas de ponerme de nuevo las zapatillas de running y de comenzar a sudar (aunque se que me va a costar). Ganas de ponerme los guantes de boxeo y de empezar a darle golpes al saco como si no hubiera un mañana, para destensar. Ganas de ponerme a escribir, como el que anda sin rumbo fijo.

De estas tres opciones, he elegido la tercera, la que tenía más a mano y la que he dejado ¿abandonada? por más tiempo. Así que aquí me encuentro, frente a mi pantalla favorita, que no es solo una pantalla sino un mundo abierto a cientos de personas reales y virtuales, a sus vidas, a sus quehaceres, a sus domingos. Para todos ellos van estas palabras: “Amigas, amigos, estoy aquí dispuesto a colarme en vuestras rutinas una vez más”.

Para hablar de algo concreto os voy a hacer un resumen de mis vacaciones, a mi manera. Es lo típico que se hace en el colegio cuando se vuelve a las clases después del verano. Ya sabéis que mi manera es muy “particular” como las reseñas de libros que me he atrevido a ir publicando. Pies eso, aquí va el resumen sensitivo de mis días en Pontevedra.

Un OLOR

Al llegar, al desplazarnos para visitar, al volvernos e incluso cuando el viento mecía los árboles en la dirección correcta. El olor del eucalipto que me hacía rememorar otros veranos, otras personas, otros lugares y otras situaciones con ese olor intenso.

Un SABOR

Muchos, demasiados quizá para una dieta equilibrada e hipocalórica. Pero si tuviera que quedarme con uno, sería con el sabor a mar y a tradición, a comida casera y a cariño de las empanadas de pulpo con queso y de zamburiñas. Esto no me hacía acordarme de nada, es bueno crear nuevos recuerdos, ¿verdad?

Una TEXTURA

Aunque hace años odiaba la sensación, ahora me he vuelto un converso. Disfruto como un niño con el tacto de la arena del mar. Arena fina y blanca, arena gorda y rocosa, me da igual. Este año ha estado mezclada con minerales, con conchas, con grandes piedras, con musgo, con restos de algas. Todo muy guarro para mi yo de entonces, todo delicioso para mi yo de hoy.

Una VISIÓN

La inmensidad del océano, las vistas desde el monte, los pueblos de pescadores, la arquitectura concreta de los pueblos gallegos, las piedras milenarias y los paseos de madera junto al mar se quedan cortos con la visión de una cría de tiburón nadando entre nosotros. Perdida, ajena, desorientada, pero magnífica criatura que por pequeña y boba nos encantó. Si hubiera llegado su madre a reclamarla la historia hubiera sido distinta.

Un SONIDO

Aunque debería nombrar al gallo que trataba de despertarnos a diario, y que no tiene ningún mérito porque se tiraba cantando toda la mañana, así cualquiera, mis oídos se han empapado de ruidos del mar, de dos sonidos que ya son indivisibles en mi cabeza, el rumor de las olas y el graznido de las gaviotas. Esas olas indolentes y esos pájaros impertérritos (aún no tengo claro si me gustan o no) siempre llegaban a la playa a saludar.

Y para sonidos, la banda sonora del viaje de vuelta, rebuscando entre los CDs de la guantera encontré la BSO de Pulp Fiction, que hacía muuuchos años que no escuchaba y que, aunque no sea muy gallega, me reportó algunos de los mejores momentos del camino de regreso. Y de entre todas, esta fue la canción.

Y hasta aquí el resumen, yo sigo en plan domingo y a ver que depara el día, ahora el tuyo. Comparte tus momentos en la zona de comentarios y charlemos un rato.

Hasta pronto,

J

Alma de Outlet

Outlet

Hace años que tomé la decisión de NO hacer colas para ir a tomar algo y de, por supuesto, NO pagar entrada para hacerlo. Lo importante, para mi, cuando sales por ahí con amigos es la compañía, no el lugar. Me da mucha rabia ser tratado como ganado y que me escruten para que un señor o una señora me permita o no el acceso a un lugar “de moda”.

Tarde o temprano tenía que pasarme esto porque estas cosas de las modas no van con mi filosofía de vida. Reconozco que no soy un Early-Adopter y que no me muero por ser el primero en ver, comprar o consumir cierto producto. No creo en las colas, en las pre-ventas, en la agonía de la espera y mucho menos creo en pagar un precio desproporcionado por algo novedoso que se quedará obsoleto en dos días.

De ahí el título de esta entrada, es posible que lo que me pase es que tenga “alma de Outlet“. Quizá he llegado a una edad y a una madurez interior que hacen que no me deslumbren las marcas, ni las tendencias, ni los “influencer” o quizá estoy educado de otra forma, una más pobre o tal vez, mas racional.

Siguiendo esta línea, fui muy tardío en muchas cosas, el Whatsapp, las redes sociales, este blog… ahora, hace apenas un par de meses abrí una cuenta en Instagram y me lo paso fenomenal compartiendo y cotilleando (por cierto, podéis seguirme en @juanan.gc si queréis) ¿Tengo la sensación de haber perdido tiempo? Pues en absoluto. Creo que las cosas llegan o no cuando tienen que hacerlo. Podría haber vivido perfectamente sin todo lo que tengo a mi alcance a día de hoy, sin compartir en redes, sin hacer fotos de todo, sin comentar lo de los demás. No os voy a descubrir ahora que hay mucha gente que vive con calidad sin todo este tipo de tonterías.

Es posible que creáis que me estoy quejando de estas cosas o que las rechazo pero no es así, son opciones que tomamos o dejamos a nuestra voluntad y eso es bueno. Si queremos participar de esto es genial, si no lo queremos hacer, también es genial. Pero no podemos obviar que todo esto de la exposición mediática es una farsa de dimensiones colosales y que es absoluta y grandiosamente innecesario. ¿A que esto ya lo sabías?

Conocer esto no significa que no queramos hacerlo, tenemos esa libertad y esa ausencia de censura y por lo tanto manejamos nuestras opciones como queremos o como mejor sabemos. Hasta cierto punto no somos conscientes de lo que estamos haciendo y seguimos la senda por eso del sentido de pertenencia a un grupo o colectividad.

Y no solo he sido tardío con mi salto al mundo virtual, también lo soy, creo que por iniciativa propia, en todos los aspectos relativos al consumo. No corro para hacerme con el próximo disco de alguien. No me mato para leer el próximo libro de alguien. Ni siquiera tengo urgencia en ver la enésima superproducción en el cine. Hay tiempo de sobra para disfrutar sin agonía de la música, de los libros, del cine, de la tecnología.

En el único aspecto que se me vuelvo un poco ansioso y urgente es con ciertas series de TV, por temor a los spoilers más que otra cosa. Para el resto, tengo tiempo.

Pero esto no significa tampoco que mi alma sea viejuna, no me voy al extremo de lo Vintage, de lo obsoleto, de lo añejo, de las cosas en blanco y negro. Porque esto también me da pereza. En mi cabeza enferma existe un periodo de aceptación o de vigencia de algo, variable en el tipo de elemento que esté evaluando, pero aunque es una horquilla amplia, si que es limitada.

Hay cosas que no consumo en el momento y cuando reparo en ellas ya se me ha pasado el arroz, en ese caso, las desecho, sin más. Me ha pasado sobre todo con series y con películas. Cuando he reparado en ellas ya habían emitido varias temporadas o habían incluso hecho algún que otro remake así que ya iba tarde para ello. Podría emprender desde el principio, si, pero nunca he querido.

Para lo clásico soy tan perezoso como para lo moderno y en esa banda ancha en la que mi vida esta en vigor, es donde mejor me muevo y donde mejor me encuentro. Ahora, os voy a mostrar algunas de las cosas que he descubierto recientemente aunque ya llevaban en el mundo algo de tiempo. Las cosas las hago sin premeditación y de una forma totalmente espontánea y así fue como llegué a disfrutar de estas opciones.

Thirty Seconds to Mars

Es la banda del también actor Jared Leto y llevan dando guerra desde el año 2002 cuando sacaron a la venta su álbum homónimo. Yo ya sabía que este grupo existía, mi subconsciente lo sabía, y ahora me ha dado fuerte con ellos. No recordaba bien su nombre y me costó un poco encontrarlos en Spotify (no sabía cuantos segundos concretos les quedaban para llegar a Marte) y ahora ya los tengo en todas mis listas de reproducción, ha visitado retazos de su carrera y de sus cinco álbumes y me agrada haberme enterado de que su nueva producción es muy reciente, del 2018 nada menos.

Si también queréis echarle un ojo, os dejo uno de sus mas recientes vídeos:

Haruki Murakami

También conocía a este escritor japonés y me daba bastante pereza debido a su “buena” fama. Ví a muchos modernos leer y hablar de Murakami como si fuera un gurú o el representante oficial de los hipsters con lo que me producía cierto rechazo. Llegué a él por su libro sobre el running, “De que hablo cuando hablo de correr” editado en 2005 y descubrí a un señor muy coherente y ameno. Tan implicado y sumido en su faceta de corredor como en la de escritor, indivisibles y complementarias. Tras esa primera lectura más biográfica, decidí que debía leer alguna novela suya y ahora estoy inmerso en esta:

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No sabría explicar por qué, de entre todas las novelas de este autor, elegí esta. A lo mejor por el título o a lo mejor por la sinopsis pero me parece inquietante que también haya sido publicada en 2002, como el primer álbum the Thirty Seconds to Mars. Debe haber algún vínculo extraño, simplemente una coincidencia graciosa u otra cosa. ¿qué me paso en 2002?

Lo voy a ir dejando por hoy mientras irreflexiono sobre ello.

Ya sabes que puedes usar la zona de comentarios para que charlemos un rato. ¿Tu también tienes alma de Outlet? ¿Eres más Vintage? o ¿Eres uno de esos Ultramodernos que están a la última en todo?

Hasta pronto,

J

Cuatro

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Esos son los años que llevo aquí, al borde de la blogosfera. Atisbando desde mi pantalla lo que se mueve alrededor y dejando mi impronta, poco a poco, creando mi pequeña comunidad, que por cierto, debe estar desnutrida y famélica del poco “alimento” que le doy últimamente. Y es que se me acumula la plancha 😀

Que os voy a contar que no os haya dicho ya de la vida extra-pantalla, de las obligaciones, de la pereza y de la procrastinación, no me voy a seguir repitiendo que este es un espacio de categoría, con contenido original y currado.

Pues si, amig@s, cuatro añazos ya, que se dice pronto. Y aunque el fondo es más o menos el mismo, la forma o las formas si que han cambiado, ya no soy el que era hace esos años, ya no divulgo de la misma forma, ya no difundo mi material de la misma forma, ya no me relaciono de la misma forma ni con la misma gente, y eso no es bueno ni malo. Recuerdo que al principio de empezar esta acción bloguera me volqué mucho en las comunidades de G+ e hice muchos contactos y algunas ciber-amistades que aún conservo y vivía todo eso de la difusión con bastante agonía, tenía tiempo para ello o si no me lo quitaba de otra cosa, me implicaba mucho en muchas cosas y quería alcanzarlo todo y contentar a todos. Error. No se puede llegar a todas partes con un blog personal sin ánimo de lucro, ni hay por qué.

Al tiempo que me empecé a desligar de las publicaciones organizadas, de la presencia en Redes Sociales y de querer abarcar cada rincón de la red global, mi vida se ha asentado. Si que es cierto que este espacio es MI lugar en el mundo virtual, mi casa, mi puerta a lo desconocido, mi agujero de gusano, mi todo y que disfruto hasta la saciedad escribiendo y compartiendo pero he perdido, afortunadamente, el sentimiento de culpa de no contestar a tiempo, de no seguir las publicaciones de los compañeros o de no actualizar los contenidos con regularidad. Y eso, en parte, me hace más libre.

Es cierto que se pierde reciprocidad, pero ¿podemos vivir sin ello? ¿puede yo vivir si ello? A día de hoy digo SI. ¿Qué quizá me gustaría poder aguantar un ritmo más frenético y volver al post semanal? Seguramente. ¿Sufro por ello? Ya NO.

Por eso, este aniversario ha pasado casi levitando, sin levantar polvareda, sin avisar, casi desapercibido. Y eso que yo el 28 de septiembre tenía la extraña sensación de que algo se me escapaba, que había algo que celebrar y no daba con ello. Con lo cerca que lo tenía, a un golpe de tecla. Así que me doy por felicitado, por besado y por homenajeado y a otra cosa, a seguir produciendo, a seguir escribiendo cuando el tiempo y las ganas acompañen y a seguir celebrando cumple-blogs.

Y ahora me voy a hacer un regalo, en forma de canción, una de mis favoritas de uno de mis grupos favoritos, Muse.

Time is running out no deja de ser una canción de amor pero ya sabéis que yo irreflexiono constantemente y que me da por sacar petróleo de cualquier cosa. Y es que ese título me inspira mucho. “El tiempo se está agotando” me parece un precioso mantra para animarnos a seguir, a disfrutar del presente, de lo que tenemos, a desechar lo que no queremos a nuestro lado, a vivir el día a día con la gente que queremos hacerlo, a tratar de buscar la ansiada felicidad en cada cosa que emprendemos, que gestionamos, en la que nos involucramos… porque todo tiene un fin y cuando llegue, todo eso que hemos labrado será lo que nos quede, a todos los niveles, no solo el personal.

Piénsalo, plantéate que la vida se acaba, que nuestro tiempo se agota… ¿no tratarás de hacer lo que te hace feliz? Pues a ello y antes de que nos pongamos más intensos, vamos a cantar como locos 🙂

Podéis felicitarme en la sección de comentarios o simplemente dejar constancia de que se me está yendo la cabeza (¡si es que ya tenemos una edad!)

Hasta pronto,

J

¿Ya estamos aquí?

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Acabo de pestañear y ya ha pasado más de un mes desde mi último post. ¡¡¡Se nos va el año, señoras y señores, se nos va!!!

Avisados quedáis. Esto tiene mucho que ver con el trabajo, no lo voy a negar. Y es que la gente que trabajamos en departamento financieros somos como porteras, nos tiramos todo el tiempo abriendo y cerrando. Abriendo balance, cerrando informes, abriendo la contabilidad y cerrando años. Esta cadencia es muy cansina y muy agónica, no terminamos de cerrar un mes cuando tenemos que iniciar nuevos procesos para el mes siguiente, disfrutar de un par de días en zona “valle” y de nuevo preparar provisiones y un nuevo cierre. Así no hay quien viva, así no hay quién disfrute, así no hay quien se de cuenta del paso de los días / semanas / meses.

A veces la vida va tan rápido que es como si estuviera en el centro de un videoclip caminando a cámara lenta mientras todo a mi alrededor se mueve a hiper-velocidad. Cuando tomo conciencia y me adapto al ritmo, ya es tarde y ha pasado demasiado tiempo. Claro que eso que os cuento es un poco más del victimismo ese que tanto me gusta… ¡ya tu sabes!

Porque si soy sincero si que he hecho cosas en este tiempo. Escribir aquí no, pero otras cosas si. ¿Una muestra?

Pues principalmente me he peleado hasta la saciedad con un CMS de Joomla para sacar adelante unas publicaciones en la WEB del club de sincronizada de mis hijas. Este año he entrado a formar parte de la junta directiva de la agrupación deportiva y una de mis tareas es esa, el mantenimiento de la web y hacer un poco de director de comunicaciones. El trabajo es arduo porque nunca había usado esa plataforma, que es muy poco ágil. La parte buena es que he aprendido un montón vía Youtube, of course. Ahora ya tengo un blog propio en la web, publico artículos, enlazo noticias y tengo hasta mi propia newsletter. Soy el rey del mundo!!!

También he seguido escribiendo para otros. Me han propuesto un par de colaboraciones en blogs amigos y no me he podido ni me he querido negar. Ambas propuestas me parecieron muy buenas así que aporté mi granito de arena. La primera me vino de Carolina Lacruz y su blog, Las cuatro piedras angulares. La segunda me la ha hecho llegar Marysol Martyn para su web homóloga. En los enlaces puedes echar un vistazo a sus espacios.

libro_1354591232Además he sacado algo de tiempo para leer, me terminé EL PODER DEL PERRO, de Don Winslow. Libro que recomiendo leer encarecidamente para compartir toda la desolación, los sinsabores y el asqueamiento que me ha dejado como poso. El libro es genial, los personajes están muy bien construidos y desarrollados. La trama es brutalmente real y el resultado es muy bueno… y muy malo. Me siento tocado.

desordenUna vez terminado tuve que dejar pasar una semana antes de empezar a leer de nuevo. Tenía que digerir y sintetizar lo que había leído en el libro de Winslow así que para desengrasar me decanté por un thriller español muy bien escrito, EL DESORDEN QUE DEJAS, de Carlos Montero. Increíble la historia escrita por un señor con una protagonista femenina que habla en primera persona y que expresa a las mil maravillas sentimientos tan íntimos, tan de mujer. Un buen libro, sin duda, de esos que disfrutas y que cuando lo acabas, puedes seguir perfectamente con tu vida.

En este tiempo, entre libros y escritos he seguido corriendo. Me he encontrado absorto en una rutina deportiva que ya casi no me da pereza. Ahora aúno la clase grupal de los domingos con un par de salidas adicionales entre semana con un entrenamiento guiado y dirigido. Me he propuesto metas en este aspecto y mas me vale hacer caso a mi entrenadora, que si no… El caso es que el día que toca sesión me enfundo las mallas y me tiro a la calle como si no hubiera un mañana. Con mi música y mis gadgets de runner, que luego dicen que “el hábito no hace al monje….” Paparruchas.

Y hablando de música. Varias son las canciones que he descubierto en este tiempo y que ya he incorporado a mis listas de éxitos particulares.

Me ha encantado el mensaje de la nueva canción de Robbie Williams, LOVE MY LIFE, porque me identifico mucho con eso que dice, yo también he aprendido a querer mi vida y a quererme y a valorarme a mí mismo.

“I love my life
I am powerful
I am beautiful
I am free
I love my life
I am wonderful
I am magical
I am me
I love my life”

La nueva canción de Fangoria también me parece estupenda, será por la alegría que transmite, que me sube mucho el ánimo. Es ESPECTACULAR.

“Escaparé
Escaparé como Dorita rumbo a Oz
Descubriré
Descubriré que el mago es solo una ilusión
Escogeré
Escogeré entre las tinieblas y la luz
Y lloraré con un presente donde tú
Tú eres ficción

¿Y qué decir de PARÍS, lo último de Dani Martín? ¿donde quedó el macarra que lideraba al Canto del Loco? ¿De donde ha salido este tipo tan sensible y que canta cosas tan bonitas? Podéis llamadme moñas, pero ese estribillo…

“Y queremos siempre rosas
Y Venecia, Verona y París
Y la vida es otra cosa
La verdad, la mentira y un si
Y tenemos mariposas
Y gusanos sin seda y al fin
Hay serpientes venenosas
Y un disfraz que se rompe al vivir.”

Si me dejo fuera de la lista ROCKABYE, de Clean Bandit, mis hijas, sobre todo la mayor, me mata. Le apasiona y eso que no sabe de que va. Aún tiene que crecer para entender el tinte feminista que impregna este tema. Una madre soltera, un hijo pequeño y su lucha por salir adelante… ¿y que más da si se gana la vida bailando en una barra y vete tú a saber qué mas?

“Now she gotta a six year old
Trying to keep him warm
Trying to keep out the cold
When he looks her in the eyes
He don’t know he’s safe
When she says “uh, love, no one’s ever gonna hurt you,
Love, I’m gonna give you all of my love
Nobody matters like you”

Y hay más canciones y más artistas y más libros, pero no quiero aburriros. Ni contaros todo de golpe, no vaya a ser que os canséis de mi por agotamiento.

En estos días también ha habido mucha charla, muchos paseos, planes de futuro, discusiones, negociaciones, campeonatos, sorpresas y rutina, pero sobre todo, tengo una especie de paz que no se bien como definir. Así que no lo voy a intentar. Me siento zen y no creo haber hecho nada para estar así. Lo aprovecharé mientras dure.

Estoy agotado, ahora es vuestro turno, podéis dejar en comentarios todas las recomendaciones, críticas y anécdotas que queráis. Charlemos un rato.

Hasta pronto,

J

La última navidad de George

Qué irónica es la vida!

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George Michael ha sido la nueva víctima de este 2016 empeñado en borrar del mapa a todos aquellos que habían dejado una gran impronta en el mundo de la música, esas viejas glorias sobre las que escribía el mes pasado a cuento del fallecimiento del gran Leonard Cohen.

Si bien George no era “VIEJA” si que se le podía considerar una auténtica “GLORIA”. Un señor que fue icono del pop en los 90 y que hizo de su vida y de su forma de vivirla lo que quiso, a pesar de él mismo y a pesar de los demás. Un George Michael conocido por muchas cosas musicales y extra-musicales pero sobre todo, reconocido como parte de aquel duo que comenzó a amenizarnos la Navidad allá por 1986 con su Last Christmas.

Yo siempre he asociado el famoso LAST CHRISTMAS de Wham! como la canción navideña por antonomasia, para mí este era mi “villancico”, mi piedra angular, mi punto de inflexión, el tema de indicaba que las Navidades habían llegado y escucharla se convierte en una de las cosas más agradables de estas fechas que me gustan tan poco.

Y justo el día de Navidad es cuando nos deja George. Puro sarcasmo, puro “hacer lo que me da la gana pero nunca dejar indiferente”. Seguro que no lo eligió pero ha salido redondo. Como herencia nos ha dejado muchos momentos y muchas canciones, pero sobre todo esta canción eterna y que ahora se ha convertido en mítica.

Mientras lloramos a George o nos reímos con esta cruel ironía, empecemos a contar los días que quedan para el año nuevo y crucemos los dedos para no tener que pegarnos un nuevo susto.

Sed felices.

Hasta pronto,

J

La (e)lección de la camiseta

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Recientemente hablaba con una compañera de trabajo de lo importante que es tener ropa chula para hacer deporte. El hecho de estrenar algo es como un aliciente para salir a sudar la camiseta con más ganas, una excusa, a veces cara, para tirarte a la calle a correr o acercarte a machacar tu cuerpo en el gimnasio. Se que no era una conversación muy elevada que digamos, pero claro, este blog habla de glamour barato y cotidiano así que no esperaríais que fuésemos a charlar sobre física cuántica, ¿no?

De momento no tengo intención de cambiar el título de mi bitácora a algo parecido a…

“Cuantos protones hay en esto?”

Dicho esto, volvamos por la colorida senda de lo superfluo (que no tonto) y de lo superficial (que no tanto) y pensemos un poco en el fondo de la conversación que os comentaba. Cierto es que a veces necesitamos excusas para castigar a nuestro cuerpo, y sobre todo, para engañar a nuestra mente y una buena forma de hacerlo es con estos pequeños estímulos. La novedad siempre ayuda, por lo menos hasta que somos conscientes de que las prendas coloridas y molonas que portamos no hacen que lleguemos más lejos, ni más rápido, ni nos cansemos menos… pero estamos tan guapos cuando nos miramos al espejo antes de salir, que compensa e incita.

Aunque también hay veces que no lo hace y es que, si queremos darnos estos caprichos que tiren de nosotros hasta el reino del sudor, de la congestión y de las agujetas, debemos recurrir a prendas adecuadas, prendas que nos queden bien y que sirvan para lo que queremos que sirvan… O sea, para enseñar si tenemos algo que lucir o para tapar, si lo que tenemos para lucir está mejor oculto y encerrado bajo cuatro llaves.

Y os digo esto porque yo he caído en la trampa de Narciso y me he estrellado de manera atómica. Quería empezar mi nueva temporada de running estrenando ropa, para animarme, y vi una camiseta en Amazon chulísima y muy rebajada, de color verde fluorescente, con detalles en azul y camuflaje… mejor os dejo la foto…

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Me la pillé, claro, porque me gustaba la camiseta y porque inocente y desquiciadamente pensé que me sentaría igual que al modelo. Qué error amig@s, que error.

Abrí el paquete con ansia, la camiseta era más bonita de lo que parecía en la foto y ya me veía corriendo a velocidad supersónica mientras la gente se daba la vuelta para mirarme mientras pensaban con algo de envidia… “qué mono va este chico siempre!” 

Cuando me la puse y me miré al espejo me dí un tremendo golpe contra la más cruel de las realidades, un golpe dolorosísimo. Lo que vi en el espejo era atroz, como si algún ser diabólico me hubiera hecho un trabajo cruel de body painting. La camiseta era tan fina que parecía que iba desnudo, y así me sentía yo, desnudo y verde, como una versión amorfa y mohosa del Increíble Hulk. No es que la camiseta remarcase todas las zonas, las bonitas y las feas, de mi torso, sino que las realzaba de una forma que debería estar prohibida.

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WTF!!!!!

Ni que decir tiene que no le dí mas oportunidades, me la quité como si quemara, la metí en su bolsa y solicité la devolución express. Quería ese engendro lejos de mi casa, de mi armario, de mis lorzas… Dicen que hay tres cosas que SIEMPRE dicen la verdad, los borrachos, los niños y las mallas…. pues creedme, esa camiseta era un puto niño borracho en mallas.

Aquel episodio fue cruel, pero también muy instructivo.

Tenemos metido en nuestro subconsciente la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, una imagen deseada y casi siempre alejada de la realidad pero encontrarte con ese otro YO de repente y sin anestesia es, cuanto menos, inquietante. Y no porque creamos que somos lo que no somos, no es eso, sino que tendemos a vernos idealizados, distintos, a veces mejorando la realidad, otras veces, empeorándola. Ambas versiones son, llevadas al extremo, patológicas. Así que cuanto más cercanas estén la imagen real de la imagen proyectada mejor para nosotros.

Esto forma parte del proceso de aceptación de nosotros mismos, y si, del proceso de aprender a querernos. Pero no podemos confundir esa aceptación con una liberación excesiva. Las cosas grotescas, como lo de la camiseta, mejor dejarlas para la intimidad. Siempre hay otra elección más acertada con la que podamos sentirnos mejor y donde la imagen que proyectemos sea más dócil. O tal vez seamos del tipo de personas que ya carecen de complejos porque se los han ido quitando uno a uno… si eres de esos y te gusta lucir palmito sea lo que sea lo que te devuelva el espejo, dame un toque, tengo el conjuntito perfecto para tí. Yo no me atreví.

Y ahora una canción que sirva de ilustración a esto que os he contado, un tema que suelo escuchar en mi MP3 y que dice de una forma muy gráfica algo parecido a habla, habla, que no te escucho. Porque a veces es mejor salir corriendo y hacer oídos sordos a los gritos, a los insultos, a las vejaciones y a las camisetas verdes. Que disfrutéis de la canción y de la versión del Mago de Oz que representa el vídeo.

Y ahora, llegó el momento de charlar, no seais tímid@s y contadme algún momento vergonzante como el que os he relatado yo… o simplemente hablemos de lo que os apetezca.

Hasta pronto,

J

Yo no soy el que era… y mi madre lo sabe

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Pues eso mismo.

Y la verdad es que podéis analizar la frase y quedaros con todo el contenido posible y a lo mejor sería mucho mejor que un post entero lleno de información. Pero como soy muy egocéntrico, y me encanta hablar de mí mismo, creo que voy a desarrollar el tema.

De todos es sabido que una madre es un ser superior, una MADRE sabe tus cosas antes que tú, incluso antes de que te sucedan e incluso antes de… vamos, siempre antes. Mi madre, por ejemplo, siempre ha presumido de que cuando estaba embarazada de mí, soñó un par de noches con su retoño y era clavadito al bebé rubio, gordo y adorable que era yo cuando tenía unos meses. ¿Premonición? ¿Brujería? No, cosas de madre.

Ellas te miran a los ojos y saben que te pasa, si estás contento, si estás triste, si has ligado, si has aprobado, si has suspendido e incluso lo que has comido. Ellas son así, saben hasta lo que piensas, aunque tu te creas que no piensas eso… Mi madre decía que yo era racista, no se en que se basaba y yo lo he negado siempre.

-No, mamá, te pongas como te pongas, no soy racista, nunca lo he sido.

-Si que lo eres, a una madre no se le engaña, y yo se que no te hacen gracia esos negritos…

Y ante eso de que a una madre no se le engaña no se puede añadir nada, podrías discutir hasta entrar en bucle pero sabemos que la paciencia de una MADRE es infinita, inextricable e inexpugnable. Y yo, pues seré racista… si ella lo dice. Menos mal que no me ha dicho que soy negro, o gay, o de derechas… o todo junto.

Lo que tengo comprobado es que si algo no llevan bien las MADRES es que las cosas se escapen a su control matriarcal y que sus pequeños lleven una vida ajena a ellas y a su área de influencia. Lo llevan bien cuando te independizas, te casas, te emancipas, te arrejuntas o lo que sea porque ellas saben que forma parte de la evolución y de la vida y te apoyan en tus decisiones, pero también sufren. Y mucho.

Sufren porque no estás bajo su amparo, con todo lo bueno y lo malo que puede ser eso. Y sufren porque te transformas, mutas, ajeno a su control. Cuando una MADRE se da cuenta de que el bebé que ella ha parido, ha criado, ha desarrollado, ha criado y ha puesto las alas para que pueda volar libre empieza a tener una comportamiento distinto, aunque sea solo un ápice, lo pasan mal. No porque pierdan influencia o porque se sientan apartadas, sino porque tienen la sensación de que su hijo ya no es quién ella creía que era.

En el fondo son perfectamente conscientes de que la vida es puro cambio y que las personas crecemos y variamos, porque ellas también han sido hijas y lo han hecho, pero entendedme, es un momento… de ruptura. Y eso duele. Cortar los lazos, duele, cortar el cordón umbilical, duele, sentir el cambio, duele. No frustra, ni es un dolor desgarrador de los que no te dejan vivir, es algo más interno, más de entraña, más de fondo, como un click ahí dentro que indica que ya no hay vuelta atrás.

Yo noto que mi madre, mis padres en general, están muy orgullosos de mí, de la vida que llevo, de como me comporto, de como he crecido como persona, y de las cosas que hago. Mis padres fliparon cuando les dije que había empezado a escribir un blog, porque fue a posteriori, que yo me lanzo a hacer las cosas sin decir ni pío y luego ya me exhibo, y disfrutan hasta el éxtasis cada vez que mi hermana o yo mismo les leemos alguna de las entradas, si son familiares e íntimas mucho mejor. Y la forma en que me miran todo orgullosos de esta nueva faceta, desconocida para ellos y para mi…

Recientemente mi madre me ha dicho que le encantaría verme correr. Si lo del blog le entusiasmó, lo de ser medio runner la tiene totalmente descolocada, yo no he hecho deporte en mi vida y ella lo sabe, como no. Quizá, solo quizá, en el fondo se cree que le estoy tomando el pelo, que eso de las zapatillas de colorines y de las carreras los domingos por la mañana temprano, ¡POR LA MAÑANA TEMPRANO!, es producto de mi imaginación. Y si ella lo dice, será cierto.

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Tú a mi no me engañas….

-Tu no eres runner, hijo. Si has sido un “parao” toda tu vida.

-Que ya no, mamá, que ahora salgo a correr unas tres veces a la semana y….

-A una madre no se le engaña, y yo se que a ti no te hace gracia eso del deporte.

Pero claro, existe esa parte de la que hablaba antes, esa ausencia, esa distancia, esa laguna profunda que nos separa y de la que ella ya no tiene referencia, que le hacen pensar que quizá si que es posible que su hijo, el que dibujaba si parar, hasta casi perder la vista, ahora escribe un blog, que su hijo, el que era una rareza reservada e introvertida, ahora se relaciona con un montón de personas distintas tanto ON como OFF line, que su hijo, el sedentario, ahora corre sin que le persigan.

Ella sabe todo eso. Sabe que he cambiado, que sigo siendo en esencia ese pequeño rubio, gordo y adorable niñito y es consciente de la evolución, a su pesar. Pero también sabe que los cambios han sido para mejor y que no se deben a injerencias extrañas, abducciones o sectarismos, que soy el de siempre pero en versión mejorada. El hijo 2.0, lo que sea que eso signifique (si significa algo).

Y eso que nos sucede es bueno, es genial sorprender y ver en sus ojos ese pequeño atisbo de descoloque mezclado con un montón de sensaciones bonitas. Y para celebrarlo voy a poner una canción que se titula  “Mama Said”, la canta el grupo danés Lukas Graham y habla de todas estas cosas de madres, padres e hijos, de crecer, evolucionar y sorprender.

¿Os ha gustado la canción, el post? ¿No os ha gustado nada? No dudéis, comentadlo y charlemos, que no se os quede dentro, vuestra madre lo sabrá y no estará contenta….

Hasta pronto,

J

El “suizo” y el francés

Aquí entre nosotros, debo reconocer que me encanta el francés.

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Y en plena vorágine del Orgullo LGBT 2016, también debo reconocer que me encanta el francés practicado por chicas o mujeres, en femenino. Es que para esto de los idiomas soy muy heterosexual…

Porque estoy hablando de idiomas, ¿acaso creíais que iba por otro lado?

¿Por el exquisitamente hablando “sexo oral”, quizá? ¿Ese que si eres hombre y vives en Ginebra, Suiza, puedes demandar en una cafetería de nueva creación que llevará el explícito título de Cafe Fellatio?

No me puedo creer que no os hayáis enterado de esto, después del Brexit es lo más escuchado y discutido en nuestra Europa. Esta vez no hemos importado un nuevo modelo de negocio americano dispuesto a arrasar y a globalizar sin parangón. No. Esta vez la importación viene desde Tailandia, paradisíaco país donde el sexo, el turismo, y en definitiva, el turismo sexual, significan las aportaciones más numerosas de su PIB.

El concepto es muy sencillo, te tomas un café y te la chupan. Sin trampa ni cartón, no te van a dar conversación ya que el servicio que ofertan tiene una duración de entre cinco y diez minutos, por lo que habrá que ir algo estimulado de casa si no quieres quedarte a medias. E imagino que ese tiempo será el dedicado a la “ordeñación” del cliente, que lo de disfrutar del café no irá con hora….Se anuncia una gran carta de cafés y de señoritas o señoras y el coste de este relajante momento será de unos 55 Euros, que a nada que el café sea bueno y la “camarera” limpia, está bien de precio. O si no fíjate en la calidad de lo que te dan en un Starbucks y lo que te cobran por ello y compara.

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“Pero primero, café”…. ¡si usted lo dice!

Puede que este negocio se extienda como la pólvora por esta desgastada Europa nuestra aunque seguro que en algunos países su concepto y su concreción chocarán de frente contra las leyes que regulan/prohíben la prostitución. Parece ser que las prostitutas suizas tienen un marco legal distinto al de sus colegas en otras partes del mundo, por eso de acabar con la “trata” y el proxenetismo, o quizá, por el simple hecho que sacar partido a una actividad lucrativa, que es Suiza, señores, paraíso fiscal consentido, donde los mafiosos y los corruptos encuentran lugar para atesorar, rentabilizar y limpiar sus fortunas.

Pero a lo que vamos, aviso a navegantes. Tenemos que estar muy atentos a partir de ahora cuando alguien nos ofrezca o nos pida un “suizo”, habrá que saber distinguir si lo que quiere es el típico bollo, o la nueva acepción, el café con mamada. No deis nada por hecho, amiguit@s.

Y retomando lo que decía al principio, que me gusta mucho el francés, y esto del sexo oral, también, claro. Pero realmente yo venía aquí a hablar del lenguaje, de su sonoridad, de su sensualidad, de su calidez…. y de esas canciones entre cantadas y susurradas, algo intensas, pero preciosas.

Y es que estamos tan acostumbrados a escuchar música en castellano y en inglés que a veces olvidamos que hay muchos artistas a lo largo y ancho del globo que componen en sus idiomas y que cantan y sienten en otras realidades. Solo hay que tener la mente abierta y atrevernos a investigar para darnos cuenta de que la música es universal y que lo que te llega y te parte el corazón no entiende solo de lenguaje.

De vez en cuando un artista no anglosajón se abre paso en el proceloso mundo de las discográficas, las radio-fórmulas y los encorsetados estándares del marketing musical y nos llegan cosas frescas y atractivas como este “Je Veux” (Quiero) de ZAZ.

Si es que el francés, cuando está bien cantado, es una maravilla ¿no?

Pues a disfrutarlo. Que cada uno se quede con lo que más le apetezca, con la canción, con el café, o con el francés. Pero no os olvidéis de comentarlo.

Hasta pronto,

J

Fortifor

No se si os he dicho alguna vez que mi número favorito es el cuatro, así ha sido de toda la vida, excepto cuando me pongo un pongo intenso y misterioso y digo que es el trece (que en realidad no es mas que uno mas tres, igual a cuatro). Así que todo estaba a mi favor cuando entré en la época de la “cuarentena”.

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Pero realmente no son cosas equiparables y ya os digo que esta década no es mi favorita. Quizá se están igualando mucho la edad real con la edad que aparento o quizá sea la famosa crisis que me está durando casi diez años… Los cuarenta son una etapa de asentamiento, de recoger frutos, de estabilidad, de posición y quizá estoy demasiado inquieto para todo eso. A lo mejor espero más de las cosas o he estado toda la vida tirado esperando a que suceda algo que ahora tengo la sensación de correr a contra-reloj. Lo cual no es intrínsecamente malo, ni bueno.

Son solo sensaciones, cosa de pre-viejo o de post-jóven. Porque estas edades en las que nos encontramos están ahí, a medio camino entre la adolescencia, la fiesta, las ganas de comerse el mundo y la jubilación. Como si un jubilado no pudiera comerse el mundo y salir de fiesta como un adolescente… Pero me entendéis, ¿verdad?

Esa es la sensación que arrastro año tras año. Y esa es la sensación con la que afrontaba el cuadragésimo cuarto día de mi nombre, como dirían en Juego de Tronos. Debía ser la leche cumplir 44, dos cuatros, el summun… pero no, me daba una perezaaaaaaa!!!!. Pero una pereeeeeezzzzzaaaaaaaa!!! Tal pereza que me apetecía que se acabara el sábado y que empezara el lunes, sin tener que pasar por el trámite de la onomástica.

Pero esas cosas no pasan, a menos que caigas en coma o que te pinches con el huso de una rueca envenenada (¿O era maldita?) asi que…

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…Lo mejor era poner al mal tiempo, buena cara y disfrutar. Caían cuarenta y cuatro, “forty four” y eso iba a ser así a pesar mío, me pusiera como me pusiese. Y ha sucedido lo que me pasa siempre que no me apetecen los planes, que los disfruto mucho mas, auténtico y genuino rebelerdismo mío.

Así que solo me queda agradecer a mis chicas que me han mimado, me han cuidado y me han hecho unos regalitos preciosos. Los de mi mujer, ropa y unos auriculares, muy prácticos y muy útiles. El de mi hija mayor, una carta decorada fantástica, muy emotivo. El de mi hija menor, una cerbatana casera hecha con una pajita, decorada con cinta adhesiva de colores y repleta de munición en forma de bolitas de papel de aluminio, inclasificable y muy peligroso, que probándola me ha disparado en un ojo y por poco acabamos en urgencias, que puntería. 😀

También a La Familia, así en mayúsculas y en genérico, sin distinciones de los míos o los tuyos. Los que siempre están ahí en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en las bodas, bautizos, comuniones y cumpleaños. Hoy estaban todos los cercanos y hemos pasado una tarde estupenda con merienda, tarta y nuestra bebé que ha pasado de mano en mano con infinita paciencia.

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Y no puedo olvidarme de todos esos amig@s que han estado pendientes del día que era y que han invertido parte de su tiempo en felicitarme y charlar un rato. Amig@s reales y amig@s de las redes sociales y del blogging, de aquí y de allá, con los que he compartido mucho en el pasado, lo hago en el presente y lo seguiré haciendo en el futuro. Amig@s de hace mucho tiempo y amig@s nuevos que se van incorporando.

Y de una de esas amigas es la aportación musical que os dejo hoy y con la que me despido, como dice la canción, hoy he tenido un cumpleaños muy feliz, y ha sido gracias a tod@s vosotr@s.

Hasta pronto,

J

Con lo bien que se está en la cueva…

Pues así, casi sin darnos cuenta ha llegado la primavera.

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Y a mí me ha pillado despeinado, adormecido, lánguido, meditabundo, ajeno, ocupado y un montón de cosas más, pero que no voy a escribirlas para no aburriros, ni aburrirme. El caso es que ha llegado tímidamente, el Día Internacional de la Felicidad, como si eso significara realmente algo.

¿Os habéis dado cuenta de que hay días para todo? ¿Incluso para cosas importantes? y hay tantas causas que ya hay días que comparten, no me digas que no es una putada ser un día señalado, un día marcado en rojo en el calendario, tu día…. y de repente, verte que ya no es solo tuyo, que hay que compartir, que tu causa ya no es única, que como mucho, te queda la mitad, por no decir la mitad de la mitad. Es como ser hijo único y esperar un hermano. ¡Malditos hermanos pequeños!

Pero venga, no nos vamos a poner cenizos que ya es primavera y dentro de poco todo se va a volver a cubrir de colorines, como las alas de las mariposas. Esos bichillos encantadores que antes eran gusanos y que metamorfosean para sacar lo mejor de ellas mismas, una evolución preciosa. Yo quiero sentirme así, como una mariposa-antes-gusano que sale de su primaveral capullo y echa a volar coloreando el cielo azul.

Eso es lo que tengo en mi cabeza pero la realidad es distinta, yo siempre he sido más un oso de esos grandes que empiezan a despertar, que se desperezan, que no pueden mantener aún los párpados abiertos. Uno de esos que poco a poco va abandonado su hibernación y tienen que salir de la cueva, aunque solo sea a buscar un buen tronco de árbol donde rascarse la espalda. Ese soy yo, el oso perezoso y grandote que aún dice entre sueños…-“cinco minutos mas…. porfa!”

Y es que este invierno está siendo raro, no hace frío pero mi aletargamiento es más profundo que nunca. Y eso que he tenido mucha actividad y muchos cambios de los que os iré hablando. Que me desvío, mucho ir y venir, muchas responsabilidades y poco tiempo para mí, poco correr, poco escribir, poco crear. Tengo la sensación de haber ido sobreviviendo día a día, que no digo yo que esté mal, sin hacer nada de provecho. Aunque no es cierto, es solo una sensación.

Pero el procrastinador que vive dentro de mí da palmas de alegría porque ha salido victorioso, ha postergado lo impostergable, ha tirado de mi hacia dentro, me ha susurrado al oído, cadenciosamente, esas palabras que saben que a mí me llegan. Nadie como él para ofrecerme todo un abanico de excusas que yo, amablemente, he asumido como mías. Ha vuelto a ganar y de momento no le noto tenso. Sabe que estos meses he escrito algo, poco, pero algo y no se ve amenazado, el cree, o sabe, que vamos a seguir así un tiempo y yo ahora pienso que no pero luego le miro a esos ojillos….. y como negarse.

Debería hacerlo, ¿verdad?, negarme digo.

Mandarle lejos, a las antípodas, a la luna, o a Albacete, pasar de él, ponerme tapones para impedir escucharle, o quizá, asumir que él no existe, que soy yo, solo yo y que yo soy el que decido andar o sentarme. Pero eso no mola, es mejor tener a alguien a quién echar las culpas…¡Benditos hermanos pequeños!

Pero el caso es que va siendo hora de recuperar esas actividades que se convirtieron en hábitos y luego se volvieron a convertir en actividades, o en ilusiones de actividades. Es hora de salir de la cueva, de rascarse la espalda y de acercarse al río a zambullirse en el agua fría. Es hora de pescar, de comer, de rugir, de correr, de mirar al sol que sale entre las montañas (o los edificios, que yo soy un oso de ciudad) y sonreír.

Es hora de actuar, ¿no crees? y como dice Coldplay, que “Viva La Vida”.

Lo creas o no, dímelo, establezcamos contacto de nuevo, conversemos.

Hasta pronto,

J