El saboteador

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Hace unas semanas tomé una decisión importante en mi vida, de esas que llevaba tiempo postergando, una de esas decisiones que, una vez tomada, te hacen sentir bien contigo mismo y que te reconcilian con el mundo. A veces soy bastante pasivo a la hora de pasar a la acción y lo que tenía que haber hecho hace meses, años quizá, estaba ahí presente incordiando a diario. Pero una vez analizada la situación, los pros y los contras, decidí aventurarme, liarme la manta a la cabeza y hacerlo…

…He tirado mi despertador.

Y ha sido una ejecución en toda regla, desconectado de la red, con el cable envuelto… así ha ido derechito al fondo del cubo de la basura. Una vez ahí tirado, descansando entre cáscaras de huevo, restos de la comida del día y demás restos orgánicos, notaba como me “miraba”, como clavaba su pantalla led en mis ojos que lo miraban de reojo, como implorando, como preguntándose el por qué de esa situación, de lo injusto que era eso. A medida que la tapa del cubo de basura se cerraba, durante esos micro segundos en los que la oscuridad luchaba por hacerse con el alijo de desperdicios depositados en la bolsa negra, casi pude oir un…. ¿pero que te he hecho yo…por qué….?

Yo, envalentonado, ya no había quien me parase, miré al cubo cerrado, alcé le voz para que pudiera oírme claramente y le dije todo lo que tenía guardado:

-“Porque no has sido bueno, porque me has jodido durante todo este tiempo que llevabas junto a mi cabeza en la mesilla, porque no has sido lo que se esperaba de tí, porque no has sido un despertador, has sido un saboteador…”

Eso es cierto, nos había saboteado la tranquilidad y el descanso desde el primer momento que llegó a nuestro dormitorio. Llevaba con nosotros varios años, desde el día que su predecesor murió de la noche a la mañana y hubo que salir de urgencia en busca de un nuevo radio despertador que cumpliera su nefasta función matinal. En ningún momento nos habíamos planteado otra opción, nos gusta despertarnos con música, o con el sonido de la radio, nada de teléfonos en la habitación, es una norma de casa. Y nada de despertadores tradicionales, de campana, o de aquellos de inacabables tic tac.

Antes de echar un vistazo a los posibles modelos que podríamos encontrarnos en los grandes almacenes llevaba una consigna clara desde casa… “¡qué el aparato pegue con la habitación, a ver que vas a comprar!”. Esta frase se repetía en mi cabeza como si de un maldito mantra se tratase, así que el primer descarte ya estaba hecho, nada de colores o formas exóticos. Allí, en medio de la exposición, el saboteador sacaba pecho ensalzando su neutralidad cromática y formal, sabiéndose el elegido de antemano, acertó.

Una vez en casa, enchufado y en perfecto funcionamiento nos dimos cuenta de que algo habíamos hecho mal. La luz del lector, donde aparecía la hora, era verde. De un verde esmeralda brillante y precioso, de un verde tan intenso, tan mágico, que se comía la oscuridad. Esa primera noche, por llamarla de algún modo, fue el inicio de nuestra mutua animadversión. El verde de su pantalla era de una intensidad tal que la habitación a oscuras parecía de día. Nunca se puso el sol en nuestra habitación desde entonces. Noche a noche, me miraba a los ojos desde la atalaya de mi mesilla, desafiándome y deslumbrando mi descanso. Debido a eso tuve que alterar mi forma de dormir, no quería que esos ojos verdes me vigilaran constantemente así que cambié la postura de tal forma que mi mano se introducía debajo de la almohada, elevándola unos centímetros y parapetando la mirada inquisitiva del saboteador.

Cabreado porque no podía escanear mi fase REM decidió, el saboteador, reinventarse y recuperar el protagonismo perdido, entró en regresión, como los robots cabrones de las películas de ciencia ficción y se redujo a lo absurdo. Una mañana, al llegar la hora de avisarme para despertarme, no hizo saltar el programa de radio sintonizado, en su lugar, me deleitó con una brusca melodía de pitidos desgarradores. Inocentemente creí que el error había sido humano, que el dial no estaba bien sintonizado, pero no, todo estaba perfecto, en su sitio, era él, que me la jugaba. Nunca más se volvió a oír un programa de radio a la hora de despertarme, a partir de entonces, siempre esa atroz cacofonía.

La tercera jugada fue, sin duda, la más ingeniosa. El saboteador, crecido en su maldad, hizo repicar su soniquete infernal a la hora de siempre, las 06:50. La rutina hizo el resto, la ducha ayudó a despejar las legañas, el café a reconfortar ese cuerpo madrugador y el reloj de la cocina, sirviendo de aliado a su pesar, me demostró que la media hora de preparativos no había transcurrido realmente, eran las 7:00 y ya estaba listo para salir hacia el trabajo. Comprobé la hora en todos los relojes de la casa, en los de pulsera y en los teléfonos para que me cerciorasen quién me mentía, quién engañaba. No hubo lugar a dudas ni a falsos culpables, el saboteador había vuelto a hacerlo. Era la primera vez que yo tenía constancia de que un reloj digital se adelantara, quizá fue el primero de su especie, pero lo hacía. Desde aquel día, cinco, diez, quince minutos, nunca conservaba la hora real.

Debí haber tomado medidas en aquel momento, desprenderme de él pero quizá esperaba que cambiase, anhelaba que lo hiciera…. Pegaba con la habitación, si, pero también la iluminaba a deshora, se adelantaba y mis despertares se habían vuelto sobresaltados y desquiciantes. Al final sucedió lo que todos sabemos, que no cambió, no se redimió, siguió fiel a su macabra existencia, regodeándose en sus putaditas y haciéndose fuerte junto a la lámpara de noche y a los libros de cabecera. Se creía el infeliz que aquello iba a durar para siempre.

La decisión se tomó un día cualquiera, muy tarde ya, lejos de él, donde no pudiera oírnos. De ese día no iba a pasar, esa noche ya no la pasaría con nosotros, atormentándonos, y lo cumplimos. No fue consciente de lo que se le venía encima hasta que no estaba levitando en mis manos camino de la basura, bye bye, capullo, espero que ya te hayan desmembrado y que tus componentes nunca más se junten para hacer el mal.

Mi vida ha dado un giro importante, si bien sigo siendo pobre y sigo teniendo que salir a trabajar todos los días a la misma hora, pero ahora me despierta otro aparato, que no ilumina más de lo debido, que permanece en hora y que deja sonar la melodía de la canción de turno en la emisora de turno. Las mañanas siguen siendo igual de perezosas y de ingratas pero el panorama es menos atormentado.

Lo bueno de esto es que he sacado una moraleja instructiva, ya no esperaré que nada ni nadie cambie por mí, ni estoy dispuesto a dar infinitas oportunidades sin recibir nada a cambio, a la primera…..fundido en negro.

Hasta pronto,

J

La Navidad es un coñazo!

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Solía decir mi madre….

-¡Cómo me gustaría acostarme hoy y despertarme el ocho de enero…!

A mi hermana y a mí nos ponía descompuestos tanto derrotismo pero ahora, como todo en la vida, el ciclo ha continuado con su rumbo y somos nosotros, ya padres responsables, los que entonamos esta y alguna que otra expresión parecida. Yo reconozco que las Navidades no me han gustado nunca desde que mi padre me reveló el secreto mejor guardado, la verdad de Los Reyes Magos. Ese día se acabó la magia, lamentablemente. Imagino que mis padres creerían que yo era demasiado inocente, demasiado tonto o demasiado blandito para mi edad (unos siete años y medio, no penséis que ya era adulto…) y por ello tomaron la decisión de contarme lo que me contaron. Mi padre, que fue el encargado de llevar a cabo la conversación, tuvo todo el tacto que pudo pero a la hora de tirar por tierra las ilusiones de un niño no hay fórmulas mágicas.

Desde entonces el único aliciente de la Navidad, eran los regalos y las vacaciones. Ahora, años después de terminar los estudios y metido de lleno en la vida laboral, y que no nos falte, solo nos quedan los regalos porque de vacaciones mejor ni hablar. Pero nuestros hijos si que las tienen, al igual que tienen ilusión y creen en la magia y demandan de nosotros todo el tiempo del mundo, toda la atención y toda nuestra implicación, que es muy bonito, pero cansa, vamos que cansa.

Sin ir más lejos, mi hermana decía el otro día que quería que se acabaran las vacaciones para que su marido volviera a trabajar y su hijo al cole…. Es curioso que tratamos de luchar constantemente contra la rutina y al final, en fechas como estas se convierta en una aliada. Somos inconformistas por naturaleza y en estos hechos contradictorios se revela nuestra naturaleza mejor que nunca.

Yo reconozco que disfruto bastante el tiempo que estoy con mi mujer y mis hijas y con la familia, me adapto a los planes que vayan surgiendo y tiendo a tratar de divertirme con cada evento, con cada comida y con cada tradición, me guste o no. Soy consciente de que algunos disfrutan más que otros y yo no voy a ser el agorero de la reunión, si hay que pasar frío, se pasa, si hay que comer hasta reventar, se come, si hay que gastar sin límite, se gasta, si hay que quererse mucho y ser solidario, se intenta. Y es que estas cosas, que es a lo que se ha reducido la Navidad para los que no tenemos un sentimiento religioso, no me gustan. No me gustan en conjunto, cuando pienso en el “paquete navideño” y hago un somero resumen de lo que incorpora, lo negativo se lleva lo positivo.

Detesto con todas mis fuerzas el consumismo al que nos vemos abocados y del que todos participamos, aunque todos lo critiquemos. En las comidas, por ejemplo, todo es poco, cuanto más platos mejor, cuando más vino mejor, cuanto más postres, mejor, cuanto más cara es la materia prima mejor…. He escuchado hasta la saciedad aquello de -“Si yo con unos huevos fritos con patatas me quedaba tan a gusto…”, pero como nunca se hace, ni se hará, ya ha caído en la lista de tópicos navideños, como los abuelos que se despiden Navidad tras Navidad haciendo ver que esa será la última…. Alguna lo es, claro.

Y no solo con la comida hacemos excesos, con los regalos tiramos la casa por la ventana. Los regalos de Navidad, los del amigo invisible, los de los Reyes Magos, las bragas rojas para año nuevo….. no recuerdo un día de estas Fiestas que no hayamos estado gastando dinero y abriendo paquetes. No rechazo la tradición de los regalos, lo que me asusta y me sobrecoge es el excedente. Luego nos quejamos de que los niños no valoran nada….. y es cierto, ¿como lo van a hacer si cada Navidad, sus habitaciones parecen jugueterias? Ellos no entienden de precios y del esfuerzo económico que hay que hacer para que unas Fiestas salgan CDM (como Dios manda), ellos, inocentes, solo entienden de ilusión y de papeles de colores.

Y hablando de niños…. yo creí que vivir las Navidades a través de los ojos de mis hijas iba a reconciliarme con la Fiesta y la tradición, pero no ha sido así. Me gusta como se ilusionan, como mantienen aún esa efímera inocencia, que no seré yo el que trate de romper a la fuerza, pero también veo en ellas mucho egoísmo, mucho acaparar, mucho abarcar y mucho desear sin fundamento. Creo que su madre y yo deberíamos tratar este tema de diferente manera, de hacerlas ver las desigualdades que existen, que las hagamos emocionarse y anhelar de manera razonada…. pero no sabemos hacerlo, al final, nos dejamos llevar por la vorágine, por ese más es más tan desnaturalizado y que tanto nos agobia.

¿Otras Navidades son posibles? Por supuesto que sí, podemos incluso hacerlo mucho peor, ser más consumistas, más egoistas, más egocéntricos y más aprovechados. O también podemos tener unas Navidades a lo Dickens, sin recursos y aparentemente más románticas, austeras y verdaderas. Esto último me parece el topicazo del siglo y no me lo creo pero bueno, queda políticamente correcto.

Este año, los amigos de IKEA nos han querido dar una lección con un precioso vídeo con mensaje, que os dejo a continuación porque no tiene desperdicio, si termináis llorando es que os sentís tan culpables y avergonzados como yo:

¿Serían esas las verdaderas Navidades? Es posible que el sentido de la Navidad sea ese, es posible que todo lo que se dice en esa campaña sea verdad y que tengamos que pensar sobre ello…. Y luego, una vez pensado y reflexionado, mirar cómo es nuestra vida de verdad, la posibilidad real que tenemos de conciliar vida laboral y familiar, los recursos que necesitamos y de los que podemos prescindir y quizá, a lo mejor, el año que viene, podamos hacer felices a nuestros pequeños con más presencia, más implicación y un molde para galletas….

O  a lo mejor, podemos llevar a todos nuestros hijos a Ikea a que los re-eduquen, como ellos mismos dicen, que “les amueblen la cabeza”, donde nosotros fallamos, que el gigante sueco nos eche una mano. Yo en confianza os digo, si pudiera dejar a mis hijas en Ikea una semanita en Navidad y así evitar tener que hacer encaje de bolillos con los horarios míos y la disponibilidad de los abuelos y tíos, sería un poquito más feliz.

Feliz Año Nuevo.

Hasta pronto,

J

Naturalezas muertas

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Hoy estoy muy perezoso, no lo puedo evitar. Ayer salí de cena con mis compañeros del club de running, cambiamos las mallas y los pantalones cortos por ropa más adecuada y nos fuimos a tomar algo, una cenita, unas botellas de vino y un copa, relajado y distendido. Pero eso de llegar a casa cerca de las cuatro de la mañana, después de una día, y una semana entera trabajando, ha terminado con mis energías.

Y encima, no para de llover, lo que potencia mi desgana. Solo me apetece mirar por la ventana a ver la lluvia caer y suspirar, que bonito, que tranquilo, que pereza, debería moverme pero hasta pensar en ello me cuesta. Mejor me quedo donde estoy y aprovecho que estoy sentado, para escribir, que para eso no necesito mucha fuerza física. De hecho, tengo los brazos pegados al cuerpo y lo único que se mueve son mis manos, parezco un muñeco.

No se como será hoy el día a nivel de lluvia, que no soy meteorólogo ni vidente, pero ayer fue el día más húmedo que recuerdo desde que empezó el otoño, que hartura de agua, que ganas constantes de hacer pis, que sensación de mojado todo el rato, que pereza más grande…. Pero como era viernes, la cosas se veían de un modo más optimista. Yo sabía que me iba a ir a casa desde el trabajo y que iba a estar solo, que podía incluso echarme la siesta sin límite porque las niñas no tenían colegio y estaban en casa de los abuelos, magnífico panorama. Si, llegaría más tarde que de costumbre porque estaba lloviendo, pero ¿y qué? ¿qué mas daba que no hubiera comido? ¿qué mas daba que fuéramos circulando tan despacio? ¿qué mas daba ese atasco en el que estaba metido? ¿Qué hacía ese camión cruzado en la carretera….?

Primero vi el camión cruzado, afortunadamente no estaba en mi sentido, sino en el contrario, ocupando dos de los tres carriles disponibles. Luego vi las luces de emergencia de policías y ambulancias y el caos que eso conlleva. Los de mi sentido circulábamos muy despacio, no porque existiera una retención, sino porque estábamos mirando lo que ocurría al “otro lado”, es una reacción muy humana, quizá reprochable, pero normalizada. Todos hemos criticado que se disminuya la velocidad para cotillear, yo el primero, pero no podemos evitarlo, es intrínseco a nuestra forma de reaccionar. Cuando llegué a la altura del accidente, comprobé que había un coche aplastado, otros con diversos golpes, el ya mencionado camión, muchos policías, varias ambulancias y, desde luego, mucha lluvia.

Se me pasaron por la cabeza un montón de circunstancias posibles para recrear el accidente. Un camión descontrolado que arrasa lo que pilla. Un conductor demasiado listo o con demasiada prisa que acaba provocando, provocándose, un gran golpe. Un accidente en cadena imposible que evitar y que deja terribles consecuencias…. Esas fueron las mías, pero seguro que uno a uno, los otros conductores que pasaban mirando de reojo lo que ocurría enfrente, tendrán las suyas. La disposición de las pruebas, el sentido en el que habían quedado colocados los accidentados, la cantidad de efectivos de ayuda y esa pertinaz lluvia que le daba un toque dramático a la escena ayudaba a nuestras conclusiones. ¡Cuando daño ha hecho CSI!

Se me antojó un momento horrible para tener un accidente, con toda esa lluvia, con toda esa humedad que lo dificulta todo, que lo enfatiza todo, que lo tiñe de gris. Imaginaba el momento después del encontronazo, los cristales rotos, la lluvia entrando a saco en los vehículos, los accidentados sin posibilidad de refugiarse, todo roto, todo empapado, todo perdido. Si, una putada tener un susto semejante en un día como aquel. Me alejé de la escena pensando que solo pueden pasar cosas grises en un día tan gris.

Si hay algo bueno de esto, es que estos accidentes tienen un momentáneo efecto calmante en el resto de los conductores, a partir de ahí, el camino de vuelta a casa fue más lento, más controlado, más prudente. Ninguno de los que habíamos escapado a la mala suerte queríamos ser protagonistas así que…. Otra cosa buena de esto, es que estamos tan familiarizados con este tipo de sucesos que nuestra memoria tiende a pasar de ellos en un breve espacio de tiempo. Acabado el “luto” inicial, cada cual siguió con su vida, con sus prisas, con su música, con sus ganas de llegar, con sus ganas de comer, con sus ganas de refugiarse…. La anécdota había pasado, estaba olvidada.

Yo ya llegaba a casa con la sensación esa que os he comentado, de cosas grises en días grises, cuando vi el resultado de otro efecto de la lluvia. A mi lado, en una gran rotonda llena de árboles otoñales, el suelo estaba cubierto de una alfombra de hojas caídas de infinitos colores, algunos verdes, muchos ocres distintos, varios rojizos y algún que otro granate, una gama de colores preciosos y brillantes. La humedad no tenía las mismas connotaciones negativas aquí, la lluvia intensa tampoco y el color gris había desaparecido por completo de la escena dejando en su lugar un llamativo cuadro abstracto de colores vibrantes.

Me resultó muy irónico que un momento de movimiento y actividad, protagonizado por vehículos y personas, me aportara sensaciones negativas cuando todos estaban vivos, mientras que, un sinfín de hojas tiradas por el suelo, muertas y casi enterradas me diera sensación de belleza y dinamismo. Pero así es como reaccionamos ante las imágenes que nos impactan, somos raros.

Pensad en ello.

Yo me voy a despedir, porque corro el riesgo de ponerme intenso y de hablaros de luz y de oscuridad… de sacar vida de la muerte y muerte de la vida….. Y como ya os he dicho al empezar, me da demasiada pereza.

Hasta pronto,

J

Hoy es un día…

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Adoro los viernes, es mi día favorito de la semana, no lo puedo evitar. Me ha pasado siempre, estudiando, trabajando o incluso haciendo las dos cosas a la vez, el viernes era el ganador. Puede que me encuentre cansado y que haya madrugado mucho pero todo lo que hay por delante tiene un brillo especial. Siempre ha sido mi día especial para salir (cuando salía) y para hacer planes (cuando hacía planes) y desde bien temprano me levanto de la cama con eso en el cuerpo, con saber que hoy es ese día.

Cuando salía por la noche me gustaba especialmente esta noche, después de trabajar o de la Universidad, una ducha y a la calle, a tragarme lo malo de la semana con unas cervecitas o con lo que fuera surgiendo, y hasta las tantas…. nunca encontraba el momento de irme a casa, a lo mejor por el hecho de que no se acabase mi día favorito. Ahora es un poco lo mismo, el viernes está lleno de incentivos. Voy a repasar unos cuantos, generales y particulares:

El primero de ellos es sutil y superficial pero me encanta, es el casual day en el trabajo y puedo ir en vaqueros, que comodidad. Es la prenda de ropa con la que mas y mejor me identifico así que esos días de vaqueros y dress code relajado es cuando me siento más YO MISMO. Y eso, amigas y amigos, es importante. Creo que lo noto en mi actitud hacia el trabajo y hacia los compañeros, los viernes no suelen ser días fáciles laboralmente hablando, siempre hay prisas y algunas cosas tienden a enfangarse pero con un poco de paciencia todo se va finiquitando, total, yo ya estoy en vaqueros… También es un día difícil en lo que se refiere al tráfico, la vuelta a casa en hora punta es atroz pero me da exactamente igual, se que en un momento u otro llego así que me relajo con la música y el paisaje y listo, total, yo ya estoy en vaqueros…. Parece absurdo, pero la comodidad que siento anticipa la tranquilidad del fin de semana y relativiza las tareas del día.

Este año, además, los viernes tienen otro aliciente, las niñas no tienen entrenamiento este día por lo que, una vez recogidas del colegio tenemos la tarde para nosotros, a modo de preámbulo, sin más prisas que la merienda y sin más preocupaciones que decidir si patines o patinete para salir a jugar. Un tranquilidad que agradezco, claro, que también me gusta desconectar de esa parte. Cuando hace bueno y las veo largarse y dejarme solo en casa, solo puedo recostarme en el sofá y sonreir.

Hoy, en concreto, ni siquiera están, se han ido de compras con los abuelos así que no tengo que estar pendiente de ellas, ni preveer que vengan a casa por pis, caca o agua, hoy la tarde es mía, y vuestra, que aquí estoy dándole a la tecla. Y tan agusto, oye. Cuando quieran volver ya será la hora de la cena y estaré preparado para irme a correr un rato, para terminar de desestresarme. Cuando vuelva, disfrutemos del pack peli-pizza y cuando se vayan a la cama, me quedaré tirado en el sofá como un gato, ronroneando y todo.

Además, hoy es el cumpleaños de mi ex-jefe y me ha alegrado mucho llamarle para felicitarle y charlar un rato con él. Asi dicho queda raro, pero es que él es mas que un ex-jefe, él ahora está jubilado y nos conocemos desde hace taaaaanto tiempo. Todo lo que se del mundo laboral, la forma que tengo de trabajar y de ser me la ha forjado él. Yo llegué a su vida con 18 añitos, solo unos años más mayor que sus hijos y me ha tenido un poco como referente. La relación que establecimos desde bien pronto fue de amor por el trabajo, de respeto, de maestro-alumno y luego, más tarde pero de forma natural, de amigos, casi familia. Yo era para él un proyecto y notaba como se sentía orgulloso de mis avances, de mi vuelta a los estudios, del ingreso en la Universidad, de mi boda, del comienzo de mi proyecto de familia. Muchos años juntos, y me consta, que si hubiera sido por él, ahora yo estaría mucho más arriba de lo que estoy. Pero la vida es así. Yo le tengo mucho cariño por todo esto que os he contado pero también por su forma de tratarme, por su forma de mirarme, por su forma que respetarme y por su forma de quererme. Cariñosamente le llamábamos “El López” y así me apetece presentároslo, así que, aunque ya lo he hecho por teléfono… López, muchas felicidades.

No puedo evitarlo, ni quiero. La euforia que siento hoy se debe en parte a todo esto que os he dicho y a muchas cosas más pero sobre todo son fruto de una actitud positiva. Me viene a la memoria, muchos años atrás, una cinta de casette de Joan Manuel Serrat que solía poner mucho mi madre y a una frase extraída de una de esas canciones:

“Hoy puede ser un gran día,
plantéatelo así,
aprovecharlo o que pase de largo,
depende en parte de ti.” 

Yo creo que de tanto oírla se me quedó grabada a fuego y quién sabe si ha podido marcar mi filosofía de vida desde entonces.

Hoy viernes, mientras volvía a casa en el coche, dejando que el sol acariciase mi cara, sabiendo que ya había terminado lo duro de la semana ha sonado una canción que me gusta mucho y que me pone de buen humor, de mejor humor del habitual, si cabe y como os habéis portado bien, quiero compartirla con vosotros y desearos un muy feliz viernes.

Hasta mañana,

J

El dedo en el ojo

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Hace ya varios años que el tráfico no me preocupa, suelo administrar bastante bien mi tiempo y llegar a los sitios en hora. Tengo la pequeña manía de ser puntual, y me gusta que lo sean conmigo, así que calculo lo que voy a tardar en los desplazamientos y suelo acertar, esa debe ser la virtud que compensa la manía.

Desgraciadamente para mí, nunca he trabajado cerca de casa, cosa que me podría haber hecho plantear mis movimientos de otra forma, y exceptuando los primeros años, cuando cogía metro y/o autobús, el resto del tiempo lo he pasado al volante, para bien o para mal. Ahora, con todos los años que llevo haciendo lo mismo, yendo y viniendo en coche, de casa al trabajo y del trabajo a casa, he podido llegar a la conclusión de que no hay mejor sitio para mí que en mi propio vehículo.

Los factores externos ya no me incomodan, los atascos son algo normal que vengo sufriendo desde hace más tiempo del que puedo recordar, si bien he notado a raíz de la crisis económica, como mucha gente se ha visto apartada de la vida laboral y por lo tanto de las carreteras en hora punta. Pero lo llevo bien, se lo que se tarda con atasco y sin él en llegar a donde tengo que llegar, el resto es anticipación. Si llueve sabemos que el tráfico se ralentiza y se abigarra así que paciencia y buena música. Ya llegaremos.

Tener esa tranquilidad es otra de mis virtudes, algunos la pueden considerar pachorra, pero es lo que hay. A mí tampoco me gusta ir a 20 por hora pero como no puedo influir, no me voy a atacar. Y como no me ataco, no me creo el dueño y señor de la carretera, ni interrumpo la circulación, ni agredo con mi claxon, ni agobio a los que tengo delante, ni asusto a los que llevo detrás. Me mantengo impertérrito viendo como otros, que si tienen los nervios a flor de piel sufren y hacen sufrir. Esa gente que va con prisas a las que me gustaría detener y decirles que si se creen que los demás nos vamos de excursión a esas horas…. No hombre, todos vamos a trabajar.

No llevo nada bien la gente que va al volante de su coche y se hacen los listos, los que se cruzan en mitad del carril haciendo frenar a los demás, los que se cuelan en una fila interminable de pacientes sufridores. Esa gente tan cívica merece que se le multe, pero no voy a ser yo el que lo haga, para eso están otros. De todas formas, siempre llevo en la cabeza un pensamiento -“vete tú a saber lo que pasa por la cabeza del tipo o de la tipa esta… a lo mejor actúa así porque tiene un buen motivo y yo solo veo mi parte….” A lo mejor me paso de empático pero me ayuda a no cabrearme. Esto que os cuento no quiere decir que no tenga mi orgullito y que deje que todo el mundo pase delante mío, que tampoco es eso, cuando voy de cabroncete no hay quién me pare, para listo, yo.

Todo esto viene a colación de una cosa, últimamente estoy viendo muchos accidentes, coches destrozados en las calles, motos pisoteadas por autobuses, vehículos detenidos en arcenes, colisiones múltiples… y todos son debidos a nuestras propias imprudencias. Seguramente en cada uno de esos accidentes hay una víctima inocente, y por lo tanto, hay al menos un culpable. Yo me he propuesto no ser culpable y mucho menos ser víctima. A muchos de esos exaltados al volante les he deseado que se estrellen, ellos solitos, un buen susto pero que les salten los airbags, para que empiecen a valorar lo que hay y lo que están haciendo con su actitud, menos mal que ninguno lo ha hecho, menudo susto!

Me gustaría que en las calles, al volante de nuestros coches, motos y bicis hubiera más respeto pero parece que siempre vamos demandando lo mismo pero dando bien poco, siempre nos creemos los agraviados y nunca los culpables y eso no puede ser, no podemos ser siempre las víctimas, no podemos tener esa actitud de que todo está en nuestra contra, no podemos pensar que el resto de vehículos deben cedernos el paso aunque no tengamos preferencia, ni hacer frenar a los demás porque tengamos que girar y no estemos bien situados. Si nos pitan nos ofendemos, si nos golpean por nuestra culpa, el culpable es el otro. Tendemos a ser el ombligo de nuestro mundo porque actuamos sin perspectiva, con soberbia y con prepotencia. Lamentablemente esto nos puede jugar una mala pasada.

Seamos mejores ciudadanos y aprendamos a respetarnos, así es mejor.

Como dicen en el caribe… “-No te estresseeeesss….”

Ya os he dicho que yo hace bastante que no me estreso al volante pero hoy he tenido un episodio bastante friki, es que mi cabeza a veces patina y luego pasa lo que pasa, que tengo material para escribir estos posts…. Resulta que he girado a la derecha y me he incorporado a una avenida grande con bastante tráfico, he recorrido unos escasos cincuenta metros y me he parado en un semáforo, el primero de la fila. Inmediatamente he notado como me picaba el lagrimal de mi ojo derecho y me lo he arrascado, debía ser un resto de legaña mañanera, en fracciones de segundo se me ha pasado por la cabeza el siguiente escenario:

Mi coche detenido en el semáforo, un coche por detrás demasiado pagado que no le da tiempo a detenerse, un golpe, mi dedo penetrando en mi ojo y finalmente mi ojo colgando de la cuenca ocular.

¿Absurdo? Si.

¿Probable? También

Conclusión: cuidado con esos actos reflejos o el día menos pensado puedes aparecer en ese programa americano de desgracias imposibles… 1000 Maneras de morir. Yo me he reído hasta la saciedad con la mayoría de esas historias y me he visto protagonizando una de ellas, eso no me ha hecho tanta gracia. Pero seguro que a tí, que estás leyendo esto y agitando la cabeza pensando que estoy fatal, seguro que te la haría.

Mis ojos siguen en su sitio y un día mas he llegado en perfectas condiciones al trabajo y a casa, que dure, que nos dure. Y cuidado con donde metéis esos deditos….

Hasta mañana,

J

Estrés en el Super

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Ayer fue viernes, noche de pizza y de peli en casa. Es un tradición ya casi legendaria aunque no muy original, creo que no es la única casa en el mundo que la siga, bueno no podemos ser siempre pioneros. Eso sí, nosotros el apartado peli, lo dedicamos a la que pongan en Clan TV o en Disney Channel, es el día que dejamos que las niñas se queden un poco más por la noche y no vamos a poner un documental de osos polares, porque nos dormiríamos todos ni un programa de esos, del corazón, que nos diviertan a rabiar pero que no son muy de “niños”. La peli de anoche era de perritos, cuando llegué de correr y me pegué una buena ducha la peli y la cena ya estaban empezadas, y mis hijas ya estaban en trance, con los ojos como platos y la boca abierta, como abducidas, que monas! y qué tranquilas!

Afortunadamente la película que ponían ayer no era de los típicos cachorros monos ni tenía enormes cantidades de edulcorante, los perros y gatos que salían eran bastante capullos, hacían cosas malvadas y tenían unos diálogos bastante ingeniosos. Ahora que lo pienso, creo que me he equivocado, no era una peli de perros, era una de perros contra gatos, o de gatos contra perros, que los mininos eran los malos, claro.

Aclarado el tema para poneros en situación he de deciros que no venía yo aquí ha hablar de eso, sino del previo. Como esa noche tocaba pizza, me tuve que pasar por el super a hacer un poco de compra. Me las prometía muy felices porque mis hijas se habían ido a casa de una amiga y podía comprar sin preocupaciones, además, a esa hora casi no había nadie en el establecimiento así que, estupendo. Mi lista de la compra era muy escueta, pero como a veces soy bastante subnormal no suelo apuntarla, la llevo en la cabeza. Bueno, alguna vez lo he apuntado todo con detalle y luego me la he dejado en la encimera de la cocina, así que ya estoy acostumbrado.

Entré en el super, cogí una de esas cestas con ruedas e inmediatamente me dí cuenta que se podía mover sin tener que inclinarla, que curioso, se mueve como una de esas maletas con ruedas modernas, de pie. Mira que llevo años haciendo la compra en ese sitio y siempre torciendo la cestita, si con razón estas eran más altas que las otras y no tenían el mango retráctil. Yo si que debo tener el cerebro retráctil porque a veces me pasan cosas como estas, que le vamos a hacer! Una vez superada la emoción de lo de la cesta enfilé el primer pasillo y empecé a coger cosas, de las que sabía que tenía que comprar sí o sí y de las otras, de las que me acordaba en el momento o de las que veía y pensaba, -“de esto no tenemos….”

Fui a por las pizzas, que la mayoría de las veces son ya del supermercado, adiós cadenas de pizzerias con venta a domicilio, a por cosas para preparar cocido madrileño para comer hoy, por petición expresa de las mujeres de la casa, y había algo que sabía que tenía que pillar pero se me había esfumado. Recordaba a mi mujer diciéndome -“Cómprame detergente para la lavadora y …” Joer! si solo me había pedido dos cosas, o eso era lo que yo pensaba, y me había olvidado una. ¿Qué podía ser? ni idea. Y yo con la imagen de ella en la cabeza diciéndome “eso” paseando por los pasillos a ver si me venía la inspiración. En el pasillo de los lácteos me encontré a dos mujeres, de esas que se paran a hablar en cualquier parte, incluyendo “en medio de todo”, de esas, las esquivé y seguí mi camino, dí la vuelta por donde las galletas y ahí estaban de nuevo, no podían ser las mismas, pero lo eran, que velocidad! y yo haciendo el mismo recorrido todo el rato, pasillo arriba, pasillo abajo… Otra vuelta por donde los lácteos y nada, no venía no me venía.

Teniendo en cuenta que en el super solo estaban dos reponedoras, un par de clientes, las señoras habladoras y yo, se me veía bastante dar vueltas desorientado. De nuevo al pasillo de las galletas y allí seguían las señoras, dándole a la lengua, imagino que hablando de médicos o cortando algún traje, y allí lo vi, en el estante de abajo, al lado de las piernas de una de las señoras, el bote de Nocilla. Eso era, las niñas no tenían su crema de chocolate para merendar, ahora lo veía completo -“Cómprame detergente para la lavadora y Nocilla para la merienda de las niñas”. Pedí amablemente a la señora que se apartara, cogí el bote y me fuí a la caja a pagar, misión cumplida. Lo que vi allí, no me gustó nada.

Solo había un caja abierta, y la cajera estaba sola, no había nadie. Para algunos puede ser la opción ideal, pero no para mí. Me estresa enormemente llegar a la caja, empezar a colocar la compra y que la señorita las vaya pasando por el lector sin que yo haya terminado y sin tener tiempo para guardarlas en mi bolsa. ¡Cómo odio esooooo! Y eso es lo que tuve. Mira que iba deprisa agachándome y levantándome para sacar las cosas de la cesta de la compra y colocarlas sobre la cinta, pero la cajera, tan eficaz, casi me las quitaba de las manos y las “tiraba” al otro lado, donde se recogen. Cuando le dí la última cosa, y cambié de sitio para empezar a guardar la compra ya me había dicho el importe y tenía que pagar. Yo no sé hacer esas dos cosas a la vez, así que resoplé, tiré la bolsa sobre la compra, saqué la cartera y le dí la tarjeta. Volví a coger la bolsa, metí dos cosas y tuve que volver a dejarlo todo para poner el PIN de seguridad, la leche, que estrés.

Lo peor que me puede pasar en esa circunstancia es que ya haya más personas en la cola de la caja con su compra colocadita y la cajera dispuesta a darle al escaner. Y yo ahí, a medio recoger mi compra, mi tarjeta y el ticket con la presión de que hay gente esperando, no lo puedo evitar, me cabrea.

Acabé metiéndolo todo de golpe y descolocado en mi bolsa y largándome de ahí lo antes posible. Yo reconozco que suelo ser bastante templado, os lo podéis imaginar por las cosas que os cuento normalmente pero a veces me ataco por tonterías. Me irrita que me pasen esas cosas, que por otro lado, me las puedo tomar con más calma, pero no me apetece, si no, ¿de que os iba a hablar? ¿De pelis de animalitos?

Hasta mañana,

J

Conmigo mismo

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Hace unas semanas un compañero de trabajo nos hablaba preocupado de sus próximas vacaciones, en una casa rural en la sierra, con todo un mundo de rutas a pie, turismo de interior y gastronómico a su disposición. Su inquietud provenía de que las posibilidades de esa semana aislado y en conjunción con la naturaleza estaba mucho más cerca de sus gustos y de los de su hija que de los de su mujer. Ella, por lo que nos contaba es más urbanita, más de centros comerciales y de ruidos que no provengan de los grillos. Cómo la entiendo!

Creía mi compañero que este tipo de vacaciones podía crear tensiones en la pareja y este hecho le acongojaba, independientemente de que la idea del sitio y del modo de vacacionar había sido de su mujer… El resumen que él hacía de esto se resumía en la frase que os digo a continuación:

-Es que mi mujer y yo no tenemos los mismos hobbies, y eso no es bueno.

A lo que respondimos, con mayor o menor vehemencia:

-Eso??!!?? Eso es lo mejor del mundo!!!!

Él se enrocaba en sus circunstancias y no entendía por qué nosotros veíamos cosas positivas en lo que él nos había contado. Y a día de hoy, creo que sigue sen verlas. ¿Vosotros tampoco? Pues os voy a contar mi punto de vista, que por lo que pude comprobar en aquel foro, era mayoritario.

Hay tiempo para todo

Ese podría ser un buen resumen de lo que os voy a contar, cuando vives en pareja y tienes hijos tienes una serie de responsabilidades ineludibles, responsabilidades que te has creado tú mismo pero que tienes que acatar. Tienes que ser padre o madre, y marido o esposa, y también hijo o hija, yerno o nuera…. algunas de estas responsabilidades son más fáciles de enfrentar que otras, no nos vamos a engañar, pero tenemos que estar ahí, si hemos elegido esta vida es con todas sus consecuencias.

Y eso sin hablar de las otras responsabilidades, las laborales. Esas son, si cabe, más ineludibles que las familiares, te pagan por ello, mucho o poco, siempre injustamente, pero recibes algo económico a cambio. Estas ligado a un contrato y eso es muy poderoso. El vínculo con el trabajo es crucial, desgraciadamente, para que las cosas vayan bien a nivel personal ya que todo beneficio de una parte revierte directamente en la otra. Aquí no hay lugar a dudas o dobles sentidos.

-Entonces ¿qué es lo que queda?

Cuando has cubierto las responsabilidades laborales, con mayor o menor fortuna, y has cubierto las responsabilidades familiares, con mayor o menor fortuna, te encuentras en un momento único. En ese momento estás a solas contigo mismo y créeme si te digo que ese momento hay que aprovecharlo. En esta vida tenemos adjudicadas un montón de etiquetas y algunas de ellas ya las he nombrado, yo por poner un ejemplo a mano soy trabajador por cuenta ajena, marido, padre, hijo, yerno, compañero, amigo, conocido, un poco psicólogo, un poco chófer, un poco ama de casa, un poco intendente, un poco cocinero…. Soy muchas cosas, pero también soy muchas más.

Y todas esas cosas que soy aparte de estas pertenecen a un terreno mucho más íntimo, al terreno individual, porque todos nosotros somos individuos y también necesitamos nuestro terreno de crecimiento personal. No seremos buenos hijos, ni maridos, ni nueras, ni amas de casa, ni cocineras, ni padres si no somos capaces de ser nosotros mismos. Y para ello necesitamos nuestro espacio.

Si recordáis el post de ayer, toda la actividad a la que hacía referencia era única y completamente mía, ni mis hijas ni mi mujer estaban involucradas en ella, ni hablar de lo relacionado al trabajo, que eso ya quedó aparcado el viernes pasado. Esos momentos del grupo de running eran solo míos y del grupo de individuos que me rodeaba. Todos nosotros compartíamos cosas, hablábamos de nuestras familias, de nuestras aficiones y de nuestros trabajos pero teníamos otro vínculo ajeno a todos ellos. Para qué hablar entonces de esos momentos en los que tengo que salir de casa a hacer los ejercicios entre semana. Esos días si que estoy solo, conmigo mismo.

Esos periodos de tiempo que paso en esa soledad elegida son gloriosos. Al igual que otros muchos momentos personales y solitarios como la redacción de este blog, o la lectura de un libro. No creáis que estoy exagerando cuando os digo que dedicar tiempo a uno mismo es IMPRESCINDIBLE. Ahora te toca a tí encontrar tu sitio, puede ser con lo que más te apetezca, con actividad física, con meditación, con lectura, con música, con tus amigos o de compras. Vive al margen, aunque sean unos minutos al día, el resto te lo va a agradecer, y ampliarás tu fortaleza y tu seguridad, tendrás tu parcela aislada y esa potencia que vas a incorporar a esas actividades individuales te van a ayudar a afrontar con mejor cara o mejor espíritu las otras, las familiares y las laborales.

¿Qué mi compañero y su mujer no compartes aficiones? Mejor, cada uno a lo suyo y luego a comentar, que es muy enriquecedor.

Y tú, si no la tienes ya, encuentra tu parcela privada.

Hasta mañana,

J

10 momentos de “veraneo”

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Acabo de volver de pasar unos días en la playa, ya sabéis como lo disfruto y he decidido ponerme a escribir para no pensar en que mañana se habrán acabado las vacaciones y que tengo que volver a trabajar, si, lo se, soy afortunado por tener trabajo, eso es una realidad… pero es que a la buena vida se acostumbra uno muy fácilmente.

Como en el panorama literario y peliculero están muy de moda las trilogías, voy a terminar la mía propia de momentos con estos cuantos que os voy a relatar a continuación y de los que he podido disfrutar, o no, en estos días libres y alejado de la rutina. De esta forma, los guardo para la posteridad a modo de diario de viajes, que la memoria ya va fallando. Y es que la edad no perdona…

QUE FEOS…

…Son algunos de los extranjeros que me he encontrado por ahí, qué pintas. Ya sabéis, y si no, os lo podéis imaginar que yo soy mucho de criticar o de comentar, como prefiráis y si encima lo hago en compañía de otra lengua viperina, para que os cuento…

Sabíamos que los 80 estaban de moda, todo vuelve, pero hay gente que vive anclada en esa época, nos hemos encontrado gente anacrónica, rubicundos de pelos rizados, casi erizados, de calcetines blancos con chanclas y de los de mezclas de estampados. ¿Cómo se puede salir a la calle con pantalón de flores azules, camiseta de dibujitos y sobre-camisa de flores naranjas? No, no me he vuelto loco, lo he visto… Y lo he disfrutado. Esos estilismos dan mucho juego para los que estamos “a la que salta”.

Pero no solo algunos extranjeros son feos, o iban mal vestidos, también hemos visto muchos nacionales golpeando al estilo. Y muchas tías cañón con tacones de vértigo que se descoyuntaban al andar y muchos tatuajes y mucho bañador con flecos y muchas camisetas de fútbol falsas….

También había gente guapa, que no hemos estado en “Freakland” pero es que esos dan envía de la mala, y juego, juego, dan mucho menos.

EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE

Qué tranquilidad cuando tus hijas empiezan a ser un poquito más mayores y ya no son tan dependientes. Vamos, que se entretienen ellas solas y no dan el coñazo. Así que, aprovechando que en la playa iba a tener mucho tiempo libre, decidí pasarme por una libreria y pillar un libro para leer tranquilamente al sol. Estuve mirando unos cuantos, cualquiera me valía, pero había tanta oferta…. Ya me había decidido por uno cuando dí un manotazo a un expositor y apareció EL BOLÍGRAFO DE GEL VERDE, de Eloy Moreno. Tenía ganas de leerlo desde hacía tiempo así que fue el elegido.

Me lo acabé en cinco días, es facil de leer, a veces un poco cansino y a veces entrañable. Para nada aburrido y si muy recomendable. Es un poco inquietante que de la sensación de que no pasa nada y que todo lo importante está al final pero merece la pena sumergirse entre sus páginas.

Es el primer libro del autor, que pasó de la auto edición y del boca a boca a un lanzamiento por todo lo alto con Espasa. Yo no me esperaba nada del libro porque no sabía de que iba y por lo tanto no me ha podido decepcionar, ha sido una lectura agradable, de verano. El mismo autor ha publicado, también con Espasa, un nuevo libro, habrá que echarle un ojo…

DE CONCIERTO EN EL PASEO

Paseando una noche, después de un helado, nos encontramos con un grupillo que tocaba reggae en el paseo marítimo. Estuvieron un rato afinando los instrumentos y ensayando. Acorde va, acorde viene, si… no… probando… si…si… Y luego se pusieron al lío.

No tocaban mal los chicos, hacían versiones de Bob, Ziggy y Damien Marley y de otros tantos artistas de este tipo de música, su inglés no era muy malo y se dejaban escuchar. Ellos estaban allí para hacernos pasar un rato agradable y sacar algo de dinero, nosotros de paso, sentados mirando al mar oscuro y meciéndonos por el ritmo jamaicano, nos dejamos querer.

Fue corto pero bonito, tocaron esta pero a su manera, a nosotros nos valió.

LOS CUATRO

Pocas veces podemos estar los cuatro juntos, los sábados por la tarde y los domingos generalmente, pero es en vacaciones cuando pasamos mas tiempo unidos, los cuatro. Como si fuéramos compañeros de aventuras, mis tres chicas y yo, hemos pasado muy buenos momentos disfrutando de lo que tenemos, de los lazos que nos unen.

Juntos y revueltos hemos dormido, nos hemos bañado, nos hemos peleado, hemos paseado y nos hemos reído. Realmente no espero mucho mas de las vacaciones, estar con la familia, disfrutar de buenos momentos, estar en armonía y que haga buen tiempo para poder salir, entrar y disfrutar.

Todo ha estado de cara estos días. Podría relatar un montón de momentos vividos con ellas, con una, con dos o con las tres, pero eso es más íntimo, así que los resumiré aquí bajo este título. El resto queda en los vídeos, las fotos y en la retina.

LAS VACACIONES COMIENZAN CON EL VIAJE

Eso es algo que ya sabíamos, pero que la mayoría de las veces pasamos por alto. Damos por hecho que las verdaderas vacaciones empiezan cuando llegas a tu destino pero hay que ser tonto para desaprovechar esos momentos de antes y de después. Programar el viaje, plantear la maleta y las compras de última hora, los planes, la música, algo para picar y en marcha.

Nuestras vacaciones comenzaron cuando les dijimos a las niñas que nos íbamos a la playa, ellas no lo sabían, así que la emoción comenzó ese día, una semana antes del viaje. Y luego el viaje en sí. Fue divertido, con mi música, con su música y con los cuatro cantando canciones, las de ellas, y haciendo planes. Encontrando gente variopinta y viendo lo que nos deparaba el camino.

Algún ¿cuanto falta? también ha caído, pero eso es inherente a los niños y a los coches, ellos tienen ansía por llegar, yo cada vez tengo más ansia por disfrutar el momento.

Pues un poco en resumen, esos han sido los momentos más remarcables de mis días fuera de casa, en la playa. Un viaje, cuatro viajeros, un poco de música, un libro y un poco de critiqueo. Hay muchos mas, y seguro que vosotros, queridos lectores, podeís ayudarme a completar estos diez momentos, yo he dejado los cinco primeros, como de costumbre, el resto son vuestros.

Hasta pronto,

J

10 momentos que “NO”

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Ante la buena acogida del anterior post, sobre los momentos íntimos personales y positivos, vamos a ponernos un poco cabroncetes a vamos a hablar ahora de esos otros momentos, que también son íntimos y personales pero que son más bien negativos. No negativos en sí mismos, sino eso, anti-momentos.

Porque la luz no podría explicarse sin la presencia de oscuridad, los buenos momentos son infinitamente más placenteros si sabemos distinguirlos de los que no lo son. Todos tenemos momentos que nos gustan y sobre todo, momentos que no no gustan y a esos, a los malos momentos o momentazos vamos a dedicarle este post. .

Al igual que en los momentos positivos, en los negativos hay lugares comunes, cosas que aparentemente nos disgustan a todos, como que nuestros amigos sean más guapos o que liguen más, que se destiñan las cosas en la lavadora o que solo los tontos tengan suerte. Pero vamos a rascar más, un poco más, para sacar a flote todos esos momentos que nos hacen estremecer, ya no de gusto, sino de todo lo contrario. Si lo preferís, bienvenidos a esos momentos de mierda.

EL FÚTBOL

Esto es algo muy mío, entiendo que este deporte estará colmado de momentazos felices en innumerables personas pero yo no lo aguanto. No aguanto nada relacionado con este deporte, los fichajes, los campeonatos, las ligas, la presencia onmipresente del fútbol en nuestra vida, en nuestros informativos y en la sección de deportes de los medios. Pero lo que no tolero, ni por prescripción del médico de cabecera, son las cifras que se barajan en torno a este deporte. Miles de millones de euros por fichar a un jugador, miles de millones de euros en contratos de publicidad, miles de millones de euros que despilfarran los clubs de fútbol y como no, las ventajas fiscales que tienen los “grandes”. No se a vosotros, pero esto me parece obsceno. Tan obsceno, como ridículo que miles de millones de aborregados hagan fila para comprarse la última camiseta del último fichaje, a unos 100 euros de media.

Y luego, por contrapartida, hay deportistas de otras disciplinas que solo juegan con lo puesto, que invierten su dinero y el de los suyos porque no hay quien los patrocine. Deportistas que consiguen títulos para su país y que tienen menos de cinco segundos de repercusión en los medios. Ains!, que injusto es todo.

EL CÓDIGO DA VINCI

Algo me pasa en la cabeza, soy consciente de ello, pero es que hay algunas cosas que me dan urticaria. El código da Vinci es una de ellas. Podría deciros que leí el libro y que me pareció una bazofia, pero no os voy a mentir, no lo he leído…. Y aún así, le tengo una manía… En algún momento de mi existencia me he creído un tío culto y que estaba al márgen de lo comercial y tomé una serie de decisiones que no se bien donde me han llevado. Desde luego a disfrutar de la lectura de los libros de Dan Brown, no. No he leído ninguno, ni creo que lo haga en un futuro próximo. Creo que tengo una enfermedad que me aleja inevitablemente de los Best Sellers, seguramente me estoy perdiendo muchas cosas, yo reconozco que me gusta leer y divertirme haciéndolo, así que no sé que problema le he encontrado a estos libros, serían las mechas rubias que llevé en la universidad….

Creo que lo que me saturó fue ver referencias a este libro por doquier, y mi mente enferma y mi cabeza teñida debieron pensar que si eso es lo que leía la mayoría, yo debía pasar…. Y así ha sido, hondamente guardada esta consigna en mi adn que me ha alejado de este autor y de Noah Gordon y su libros. Mis autores más odiados por…. ¿vender muchas copias?

EL CHÁNDAL

Prenda comodísima cuando quieres practicar deporte, no hay pega en eso. Pero de ahí a utilizarlo como fondo de armario hay un trecho. ¿Por qué se utiliza para ir a comprar, para ir al cine o para ir a tomar una caña? Es algo que no entenderé jamás, de igual forma que no sales a hacer recados en albornoz, por favor, el chándal, para lo que es.

Y qué decir de esas parejas en las que ella va arreglada y él va en chándal. Un despropósito, pero bueno allá cada cual. Por si se os pasa por la cabeza la pregunta, si, tengo chándal, y varios. Pero los utilizo para hacer deporte, para sudarlos, no entiendo otro sentido a estas prendas.

¿Qué estás cómodo? Yo estoy comodísimo en pelotas, pero no salgo así a la calle…. menos mal.

ESO NO ES CHARLAR

Pocas cosas hay en el mundo que me den más vergüenza ajena que escuchar a alguien hablando de algo de lo que no tiene ni idea. Es super vergonzante, pero sobre todo para mí. Les debería dar cosilla a aquellos que se ponen a hablar y a discutir sobre temas solo por el hecho de hablar. Coño, ¿no es más sencillo callarse si no sabes de que va el rollo? No es necesario que se sepa de todo, creedme, no lo es.

La gente es consciente que no todo el mundo sabe de todo. Es imposible que sepas de física, de horticultura y de cine clásico en la misma medida. Así que, por favor, hablad de lo que sepáis, defended vuestras ideas si realmente son vuestras, pero no hagáis el ridículo, que aunque no lo creáis, la gente se da cuenta…

Y otra cosa…. si tenéis anécdotas interesantes, podéis contarlas. Pero no está bien que os adueñéis de las anécdotas de los demás. Un día se os va a ir la pinza y vais a contar como propias cosas que le han pasado en primera persona al tío con el que estáis hablando…

POLÍTICA Y POLÍTICOS

Nunca he sido muy aficionado a la política, tengo mis ideas y ya. Pero imagino que me pasa como a muchas personas en estos día, estoy completamente descreído. Ya me pasó con la religión en su día….

No me creo  lo que me cuentan, ninguno. Hablan los políticos de una forma especial, como si en lugar de en una entrevista estuvieran en un mitin. No es lo que dicen, que no les creo, sino como lo dicen, que dan la sensación de tratar la público, al pueblo, como verdaderos idiotas. También creo que nos tratan como nosotros dejamos que nos traten, está claro. Permitimos que nuestros políticos mientan, roben, trapicheen y les justificamos con aquello de “todos lo hacen” o “los vuestros más”.

Tenemos los que nos merecemos, pero yo me pongo malo cuando algún político asoma la cara por televisión.

Y hasta aquí toda la inquina que he podido sacar, ya sabéis, si leísteis el anterior post que de los diez momentos que indico en el título, yo solo doy los cinco primeros, que para definirme van bastante bien, el resto os los dejo a vosotros. Podéis estar de acuerdo con estos o en desacuerdo, que será lo más lógico, pero no seáis tímidos y dejad que se oiga vuestra voz.

¿Cuales son vuestros momentos que NO?

Hasta pronto,

J