21 días, las nubes y Mel C

barbed wire

Esta mañana he vuelto a madrugar para llevar a mi hija mayor al entreno de los sábados. Durante toda esta semana nos han bombardeado desde los noticiarios con el cambio de temperatura que se avecinaba para el fin de semana, que se acababa la estabilidad, que el “veranillo” del que estábamos disfrutando iba a desaparecer bajo capas de lluvia, viento y nieve, que la ola de frío polar nos iba a congelar hasta la sangre en las venas….. Y el caso es que cuando ha sonado el despertador, me he levantado y he mirado por la ventana parecía que se cumplían todos los pronósticos…. Incluso he escuchado a mi mujer decir entre dientes -Ya está lloviendo….

A mi ya me ha entrado ese frío extremo y me he abrigado como si viviera en el polo norte, cuando hemos salido del garaje con la confortable guarida del coche, parecía que se caía el cielo sobre nosotros, un chaparrón en condiciones, de esos que limpian la necesitada atmósfera madrileña de la polución que nos ahogaba últimamente.

Con ese panorama he dejado a la niña en la piscina, he vuelto a casa y me he metido en la ducha para entrar en calor, entre otras cosas. Cuando he salido parecía que había vuelto atrás en el tiempo, el sol brillaba tras la ventana de mi habitación, el aire se había calmado y la temperatura era bastante más agradable. ¿Hasta ahí el cambio? ¿Eso ha sido todo?

Así no hay forma de acostumbrarse al cambio de las estaciones.

Los señores y señoras del Tiempo dirán que la climatología no es una ciencia exacta, que los valores son relativos, que inciden muchos factores, que los datos que se ofrecen son generales y bla, bla, bla. Y es que resulta que todo es así de voluble. El tiempo, el otoño, las personas… Todo varía, todo se mueve, todo evoluciona, todo cambia de opinión.

Dejando atrás las ciencias del Medio Ambiente y centrándonos en las personas os diré que se dice por ahí, cada vez más, que hay un plazo concreto para cambiar y convertir una actividad en un hábito, este periodo en de tan solo 21 días. Imagino, porque no me apetece mirarlo en profundidad, que los cambios que se producen a nivel físico, fisiológico y psicológico son importantes cuando incluyes una rutina nueva durante ese espacio de tiempo. No se si será sencillo de conseguir o no, habrá que probarlo.

Yo tengo en mente algún proyecto a nivel personal que me gustaría poner a prueba para ver si eso de los 21 días es científico o no, si surte efecto o no. Recuerdo que el año pasado, cuando me comprometí a escribir un post diario durante el mes de octubre pasé de largo por esos días, si que me pareció mucho más sencillo de asumir que cuando lo estaba planteando pero a lo mejor era porque sabía que el proyecto tenía una longitud concreta y eso, te lo digo por experiencia, funciona.

Enfrentarse a un periodo de cambio de 21 días cuando llevas mas de 21 años procrastinando debe ser una tarea importante y quizá por eso aún no he comenzado. Se que me pongo excusas para no enfrentarme a mí mismo, el tiempo o la falta de él es el más recurrente pero hay otras… y no voy a entrar que luego os copias de las mías y las dais como vuestras, cada uno que busque sus excusas, a ver cual es la más original.

Lo que me gustaría saber ahora es cuanto tiempo se tarda en perder un hábito. Yo creo que debe ser infinitamente más sencillo que adquirirlo, basta con un par de pensamientos negativos o un par de días liberado de la actividad para que nuestro cerebro, nuestras endorfinas y nuestra realidad nos indique que hemos vuelto a perder ese tren. ¿Es eso justo? A mi no me lo parece. Me joroba bastante que los seres humanos seamos tan inconstantes, por la razón que sea, propia o ajena y que tengamos que estar siempre en constante lucha. Al final no vamos a ser tan distintos a esas borrascas y a esos anticiclones, a las isobaras y a las líneas de alta presión, a los cúmulos y a los nimbus, que si bien son nubes, también son nombres de zapatillas de running… Oh My God!,  ¡todo está conectado!

Yo en mi caso, zapatillísticamente hablando soy Nimbus, y si fuera una nube, sería una de esas “que se encuentran a una altura superior a los 2000 metros y que se caracterizan por producir precipitación, generalmente asociada a otro tipo de nubes. Estas precipitaciones pueden ser en forma de lluvia, nieve o granizo aunque no siempre alcanzan la superficie…”

Y ahora que lo leo, mi tipo de nube se parece más a mí que mi horóscopo, soy alto, me gusta estar y realizar actividades en compañía y no siempre todo lo que digo o hago llega a visualizarse, creo que estoy a punto de crear una ciencia nueva, ya si eso en unos 21 días investigando establezco los fundamentos y doy con un nombre acorde.

Y hablando de acordes, y sabiendo que los posts de los sábados son musicales, os voy a poner un video en el que también salen nubes. La canción es muy positiva y habla sobre esa persona que tenemos cerca y sobre la que nos apoyamos cuando las cosas van de una forma que a nosotros no nos gustan. La canta la ex-Spice Girl deportista, Melanie Chisholm (Mel C).

Vosotros ¿qué? ¿tenéis algún proyecto que queráis convertir en un hábito? Si me contáis el vuestro yo os cuento el mío. Mientras tanto utilizad la zona de comentarios para charlar un poco que lo que queráis, incluso de nubes….

Y hablando de cambios, por si no os habíais dado cuenta, acabo de cambiar la plantilla y el aspecto del blog, eso también podéis comentarlo. Cambiando… cambiando… no os olvidéis de pasad un buen fin de semana, una buena semana y una buena vida.

Hasta pronto,

J