Y a mis enemigos también

“Señor; líbrame de mis amigos, que de mis enemigos yo me cuidaré”. (Enrique IV)

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El entrenamiento de hoy, la parte final más bien porque hoy ha sido largo e intenso, consistía en series cuesta arriba. Series potentes y rápidas. Nuestro entrenador nos ha dado la opción de elegir si haríamos cuatro o cinco, cada uno dependiendo de las que pudiera hacer con calidad, cada cual a su ritmo, ya tu sabes.

Indudablemente yo lo he dicho a mi cabeza que íbamos a hacer cuatro, eran suficientes, además hoy no era un buen día, con los mocos en la garganta no podía respirar bien y me costaba un triunfo recuperar así que…. Al final he hecho las cinco, la última era de regalo, para mí y para mi cabeza. Es la forma que tenemos de “mentirnos” para no sufrir en exceso. Mi mente es vaga y hay que quererla así, con lo que yo le doy lo que quiere, el mínimo esfuerzo hasta que está convencida y ahí entra mi cuerpo, que dice, pero si podemos mas, vamos a por otra.

Yo ya sabía que iban a caer las cinco, y ella también, aunque los dos nos hacíamos los suecos, por aquello del “fartlek” (broma privada entre runners).

¿Qué que tiene que ver esta enésima batallita con el título del post de hoy? -preguntan por aquí-. Pues todo. Porque a veces siempre mi cabeza es mi peor enemigo, es la que procrastina y la que intenta boicotear todo tipo de esfuerzo. Así que ya me dirás si se merece esta entree.

Pero realmente yo venía aquí a hablar de otro tipo de enemigos, de esos que nos creamos en la Redes Sociales por el simple hecho de existir. Esos enemigos inútiles que solo sirven para que la gente que esconde su YO real tras una cuenta de Twitter despotriquen criticando, chinchando y lapidando verbalmente al que piensa distinto, al enemigo. Este ejercicio de “hateo” (del ingles, of course, HATE=ODIO) me produce tal repugnancia que hace que se me revuelva el estómago.

Parecía que este asalto a los medios, a la información en general, tan “democrático” iba a ser positivo, yo lo creía seriamente. Qué las voces empoderadas y sesgadas iban a dejar que la inteligencia global se colara entre sus dedos. Era un mundo presuntamente utópico, donde todos teníamos acceso a la información, a dar y a recibir, a diversificar, a nutrirnos de opiniones distintas, complementarias, válidas….

Y lo que nos hemos encontrado es esto, hasta Melendi lo dice en una canción: -“Para poder desahogarnos, hemos inventado Twitter”- El microblogging se ha quedado reducido a un compartimento estanco y pequeño donde el humor, el buen gusto, la poesía, los pensamientos y los gatitos son la anécdota, el resto en un puñetero campo de batalla de energúmenas y energúmenos (aquí si que quiero utilizar el lenguaje inclusivo) que vomitan odio, soberbia, ira y seguro que hasta gula.

Ya nadie se plantea conversar sin agredir, discutir encontrando puntos en común, charlar acaloradamente con respeto… ya todo eso quedó atrás, en la prehistoria del Spectrum. Lo de ahora se basa en defender lo nuestro o a los nuestros (pero no a los de verdad, que ahí le encontraría un sentido…. “por mi hija, M.A.T.O!”) sino a esos nuevos ídolos o a esas ideas unidireccionales que tanto creemos que nos dignifican. Hemos vuelto, sin quererlo, al UHF, a la época de los dos rombos y al blanco y negro. Se ha perdido la gama de grises, se ha perdido el color. Muchos creen que se han ganado libertades pero.. #estamoslocos? Esas libertades las estamos tirando por la borda de nuestro yate como si de lastre se tratara.

Lo que pasa a día de hoy es que tratamos de defender lo nuestro atacando lo contrario, pero atacando a dolor, tirando a dar, y no nos damos cuenta de que esa forma altera conceptualmente todo el fondo. Decir de algo que es LO MEJOR porque lo demás es UNA MIERDA no le añade ningún valor a lo nuestro, es más, le dotamos de una mediocridad abrumadora. No es de extrañar que lo mediocre llegue lejos y que el talento se quede sumido, una vez más, en el pozo de la incomprensión.

La libertad de expresión es maravillosa, eso nadie lo va a poner en duda. Yo lo que pongo en duda es la falta de visión y de autocrítica de algunos “opinadores”, esos pobres que se creen libres o a los que se les ha hecho creer que son válidos cuando lo que hay detrás de todo es un magnífico guiñol lleno de cuerdas y marionetas. Tu di esto, yo escribo esto, tu acusa aquí y ya verás como la turba nos sigue. Con un panorama así no es de extrañar el triunfo de los extremos.

Fuera del anonimato de las Redes Sociales el “hateo” está muy extendido desde siempre en el mundo del deporte, principalmente deporte mayoritario. Ese sector lleno de valores que llegan a lo más profundo y que sacan lo mejor y lo peor de los acólitos. Risas, lágrimas y cánticos por unos colores prestados y muy vívidos rozan la parodia y la sensación de “asco-pena” con cada comportamiento primario, con cada abuso, con cada agresión…

Pero no todo está perdido, a veces la aficiones dan lecciones (bonito pareado) y se comportan como gente normal y civilizada… o mucho más que eso. Hace unas semanas leí una noticia que me impactó, porque se desarrollaba en una partido de hockey hielo canadiense, donde se juega duro, muuuuuy duro en la pista y en la grada. Y es que los seguidores del Calgari Hitmen acudieron al encuentro de su equipo con un cargamento muy especial. Tras el primer gol del equipo local, la grada hizo llegar a la pista un aluvión de osos de peluche, las imágenes hablan por si solas:

Mas de 25 mil osos de peluche arrojados al hielo para repartir entre Ong,s de la zona. Una tradición aneja al hockey desde hace casi veinte años, tanto en Canadá como en EEUU y que hasta cierto punto da sentido a esa posibilidad de cambio, a esa luz al otro lado de un túnel que a veces se nos antoja demasiado oscuro. O quizá es que estas cosas pasan cerca de la Navidad y nos pillan en un momento “pico” en lo que emociones positivas se refiere.

Otro apunte, uno más sincero y tierno si cabe y a la postre, la frase que me inspiró para escribir este post que estás terminando de disfrutar 🙂

En el programa de radio que escucho por las mañanas, uno de los reporteros visita un colegio y le hace preguntas adultas a los niños más pequeños. La pregunta de ese día era:

-¿Si pudieras, a quién invitarías a tu cumpleaños?”

Un niño contestó: -A todos mis amigos, y a mis enemigos-

El reportero preguntó: -A tus enemigos, por que les invitarías e ellos?

Respuesta: -Porque si no, nunca podrán ser mis amigos.

No hay mas preguntas, señoría.

Hasta pronto,

J

Cosificación, por decir algo

cosificación

Aviso a navegantes, voy a irreflexionar, así que no tengáis en cuenta mis palabras si os ofenden o si las notáis demasiado laxas. Mi intención no es sentar cátedra, solo opinar, como siempre.

Esto me encanta, en lugar de vagabundear por mi casa hablando en alto puedo sentarme tranquilamente y escribir lo que se me pase por la cabeza y de la forma que se me pase. Otra cosa será cuando lo vuelva a leer en unos días/meses/años, a lo mejor esta opinión ya no será válida para mi entonces pero eso lo defiendo a capa y espada. La verdad no es absoluta, si lo creéis estáis errados. Nuestro punto de vista es voluble y cambia por las circunstancias, ahora podemos pensar esto, mañana lo otro y no nos habremos vuelto locos, nos habremos movido, y eso, es genial.

Así que dejar de culpabilizaros por cambiar de opinión, ya está bien.

Y ahora a la cosificación, que gran palabra y cuanto tiempo sin hablar de palabras. Dice la RAE (Real Academia Española) sobre esto:

cosificación

1. f. Acción y efecto de cosificar. (ya os dije en este post que la RAE es muy escueta)

cosificar

1. tr. Convertir algo abstracto en una cosa concreta.

2. tr. Reducir a la condición de cosa a una persona.

Pues aquí lo tenemos, en la segunda acepción. Ese es el mal que estamos viviendo últimamente, que tendemos a cosificar a las personas, o mas bien, a las mujeres de una manera sexual. O así es como se sienten ellas, reducidas en su femineidad a puros objetos sexuales, creen que se las considera órganos sexuales andantes en lugar de personas de pleno derecho.

Y no digo que no tengan razón en miles de casos, que estamos a años luz de una igualdad real y utópica, pero de ahí a establecer una lucha machismo/feminismo hay que abismo (y rima!) Entiendo también la lucha contra la violencia de género, el sexismo, el abuso, el tratar a otro ser humano con superioridad…. todo eso es denunciable o debería serlo. Y apoyo vehementemente la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, y ojo, obligaciones. Lo que realmente me enfada, mucho, es que esta respetable lucha contra el sexismo esté politizada y dirigida de una forma retorcida y torticera, buscando rascar donde no hay y sacando a colación el supuesto machismo anclado en lo más profundo de nuestra “moderna” sociedad.

Reconozco que yo nunca me he sentido machista (ni feminista) pero me ofende que se me ponga en tela de juicio porque vea un anuncio de lencería y me guste lo que veo, porque mire de reojo a una chica guapa (o guapa para mí) o que deje pasar en el ascensor a una chica como signo de educación, también lo hago con chicos y en ninguno de los casos es para mirarles el culo. Algunas de estas actitudes son los micromachismos que se están denunciando. Expresiones como “ayudar” en casa son ya casi punibles en el mundo “igualitario” en el que vivimos. Que la casa es de los dos, claro. Que las tareas también, claro. Que los derechos y obligaciones son al 50 %, claro. Ahora hay que ejercerlo y/o aparentarlo sin usar frases tópicas e hirientes.

Llamadme loco, pero esto me parece demagogo, adoctrinante, falsamente progre, superficial y muy, muy, muy falso. Y para muestra….

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Lo que está pasando con las azafatas en los campeonatos de ciclismo, motociclismo y automovilismo me parece bastante marciano. Se las tacha de mujeres “florero” ¿porque son guapas, son sexys y no hacen nada más que pasearse, lucirse, hacerse fotos y besar a los campeones?. Pues eso que hacen es un TRABAJO, son imagen y ese es el cliché que vende. Pero no ahora que estamos todos salidos, esto viene de lejos. De cuando las mujeres rompían barreras para imponerse y situarse donde deben estar, a la misma altura que los hombres y de cuando utilizaban sus armas de mujer para liberarse del yugo de la hipocresía y del oscurantismo. Como también es un trabajo estar en la puerta de Abercrombie & Fitch sin camiseta para captar la atención de las compradoras zalameras que se fotografían con los chulazos antes, durante y después de entrar a comprar, o no. ¿nadie va a proteger a estos chavales?

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A cuantas de todas esas mujeres que trabajan de sol a sol en una cadena de montaje, limpiando casas, escaleras y portales o en una explotación agrícola, a las que tratan como ganado les gustaría poder calzarse unos tacones, ser admiradas, envidiadas y llevarse a casa lo mismo que ellas ganan en seis meses doblando el lomo. Porque que yo sepa, a esas mujeres grises y ocultas nadie las cosifica, y nadie las defiende con tanta vehemencia. O, lo voy a decir mejor así, nadie les quita el trabajo porque su actividad les perturba, les molesta o les inquieta. No, a estas pobres a lo mejor no las ven como tetas y culos pero las explotan de otra forma sus empresarios y sus empresarias.

Quizá el problema ahora sea la carne, se enseña mucho, se ofrece mucho, se crea adicción y se revuelven los bajos instintos, masculinos y machistas, claro. Y como no hay paridad, ni disfrute para todos… ¿acabamos con ello? ¿Esto es lo moderno, volver al recato impuesto? ¿Realmente esta es la pelea por los derechos de las mujeres que quieren las mujeres?

No estoy nada de acuerdo en prohibir y acabar con las mujeres en esa faceta del deporte, lo mismo que no estoy de acuerdo en acabar con las actrices, con las cantantes, con las modelos, con las empresarias, con las ministras, con las médicas, con las conductoras de autobús, con las trabajadoras sociales o con las gitanas rumanas. Que las mujeres lleguen a lo más alto en su profesión, que sean honestas, que estén protegidas laboralmente y tengan unas condiciones salariales justas e igualitarias es lo que nos debería preocupar de verdad. Lo mismo, lo mismo, lo mismito que debería pasarle a los hombres.

Y establecer filtros y observatorios, eso es bueno siempre que tengan una buena dotación económica detrás, para denunciar y poner sobre la mesa actitudes deshonestas, ilegales, sexistas o delictivas.

Hace tiempo que la sociedad de consumo y el marketing nos engulleron y ahora estamos sufriendo las consecuencias, ahora cosificamos, tratamos como cosas a hombres y a mujeres, a perros y a gatos, incluso a nosotros mismos. Y somos tan hipócritas y tan cerriles que vivimos en una dualidad tremenda, alabando y denostando a voluntad, babeamos con una chica guapa y criticamos a un tío bueno… y viceversa. Bueno, viceversa del todo no, que ya lo decía mi abuela: -“no hay nadie mas machista que una mujer”

Pero bueno, eran otros tiempos.

Y ahora es tu turno para tomar la palabra, los comentarios son todo tuyos.

Hasta pronto,

J

Domingos guarros

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Últimamente estoy un poco errático en lo que a las publicaciones del blog se refiere y hoy que tengo un rato lo voy a aprovechar para hacer un homenaje a uno de mis momentos preferidos desde que era un adolescente que se paseaba por casa de sus padres en albornoz… si yo también era de “esos”. Irreflexionemos.

¿Qué es un “domingo guarro”?

En mi diccionario particular, los domingos guarros son aquellos dedicados al pijama. Esos domingos en los que ni te duchas, ni te afeitas, ni te vistes. Esos domingos hechos para vagar por la casa picoteando entre horas, excederte con la coca-cola, con un vino o una cerveza y patatas fritas. Esos son también los domingos de levantarse tarde y salir corriendo a la cama después de comer para disfrutar de una siesta “como Dios manda” con la persiana a medido bajar. Domingos también de juegos en familia, de palomitas o lo que surja pero siempre indoor.

Ya puede llover o hacer un sol de justicia, no hay nada que más que ponga que ver desde la ventana a mis vecinos hacer planes, salir a jugar con los niños al parque, coger las bicis o los patines y desfilar fuera de la urbanización, y yo aquí, con la misma ropa que el día anterior, los pelos revueltos y esa sonrisa que dice, “no salgo porque no quiero”.

Ya tenemos demasiada actividad de lunes a sábado, trabajos, colegios, deberes, piscinas, campeonatos, carreras, cumpleaños…. y siempre responsabilidades que se hacen dueñas de nuestro calendario. Así que de vez en cuando, un domingo cualquiera se puede convertir en una huida de todo aquello que se ha vivido entre semana, en un domingo guarro, que a la postre es lo más parecido a la felicidad que podemos encontrar a estas alturas y es que la inactividad programada es todo un lujo.

Domingos guarros y mi espacio

Y en estos domingos, yo siempre encuentro mi espacio. Un momento, como este de ahora mismo, en el que puedo sentarme libremente en uno de los sofás y escribir o leer o escuchar música sin tener que compartir espacio.

Música como esta de hoy que me inspira aunque no tenga ni idea de lo dice…

Porque las niñas encuentran el suyo en sus habitaciones, que se convierten en spas improvisados, en academias de baile, de gimnasia o de música o incluso en ludotecas fantásticas, en salones de fiestas de disfraces o, las menos, en zonas de estudio.

Y porque mi mujer siempre tiene cosas que hacer y sitios a los que ir, que normalmente se le cae la casa encima o si se queda compartiendo el hueco en el sofá lo hace viendo una de sus series mientras yo, a su lado, estoy en mis cosas con mis auriculares molones para no distraerme. Tan juntos y a la vez tan “a lo nuestro”.

Domingos guarros como ¿hábito?

Hoy no ha podido ser un día de esos, vale que me he levantado tarde y tal pero me he tenido que ir derecho a la ducha, pelearme con las niñas para que hagan sus deberes sin matarse entre ellas y llevarme a la familia de compras así que la tarde la tengo totalmente consagrada a mirarme el ombligo. Lamentablemente, como me he duchado, ya no llevo la ropa calentita de ayer con las connotaciones que eso conlleva sino que he tenido que renovar el outfit de “estar por casa” de la semana. Hay que mencionar que lo de la guarrería debe entrar dentro de unos límites saludables, no manchas, no malos olores, no escatología, no fealdad. Debe ser lo más parecido a una pose, aprender a caminar en los límites de lo guarro sin serlo. Encontrar ese punto es lo importante y desde luego, no hacer de esto un hábito.

Imaginaos 21 días así…. aunque parezca apetecible, esa rutina nos convertiría en ermitaños, en nerds, en los náufragos de la isla de Perdidos, en los protagonistas de la leyenda de Greystocke, en una familia de “niños” salvajes agorafóbicos de manual o quizá en algo mucho peor…. y sucio. Y entonces ¿qué glamour habría en eso?

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Así que amigas y amigos, siguiendo con uno de los dichos favoritos de mi madre: “lo poco gusta y lo mucho cansa”, os dejo reflexionando sobre esto de los domingos poco higiénicos ¿estáis a favor? ¿en contra? Pues contadlo en la zona de comentarios, es toda vuestra.

Hasta pronto,

J

21 días, las nubes y Mel C

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Esta mañana he vuelto a madrugar para llevar a mi hija mayor al entreno de los sábados. Durante toda esta semana nos han bombardeado desde los noticiarios con el cambio de temperatura que se avecinaba para el fin de semana, que se acababa la estabilidad, que el “veranillo” del que estábamos disfrutando iba a desaparecer bajo capas de lluvia, viento y nieve, que la ola de frío polar nos iba a congelar hasta la sangre en las venas….. Y el caso es que cuando ha sonado el despertador, me he levantado y he mirado por la ventana parecía que se cumplían todos los pronósticos…. Incluso he escuchado a mi mujer decir entre dientes -Ya está lloviendo….

A mi ya me ha entrado ese frío extremo y me he abrigado como si viviera en el polo norte, cuando hemos salido del garaje con la confortable guarida del coche, parecía que se caía el cielo sobre nosotros, un chaparrón en condiciones, de esos que limpian la necesitada atmósfera madrileña de la polución que nos ahogaba últimamente.

Con ese panorama he dejado a la niña en la piscina, he vuelto a casa y me he metido en la ducha para entrar en calor, entre otras cosas. Cuando he salido parecía que había vuelto atrás en el tiempo, el sol brillaba tras la ventana de mi habitación, el aire se había calmado y la temperatura era bastante más agradable. ¿Hasta ahí el cambio? ¿Eso ha sido todo?

Así no hay forma de acostumbrarse al cambio de las estaciones.

Los señores y señoras del Tiempo dirán que la climatología no es una ciencia exacta, que los valores son relativos, que inciden muchos factores, que los datos que se ofrecen son generales y bla, bla, bla. Y es que resulta que todo es así de voluble. El tiempo, el otoño, las personas… Todo varía, todo se mueve, todo evoluciona, todo cambia de opinión.

Dejando atrás las ciencias del Medio Ambiente y centrándonos en las personas os diré que se dice por ahí, cada vez más, que hay un plazo concreto para cambiar y convertir una actividad en un hábito, este periodo en de tan solo 21 días. Imagino, porque no me apetece mirarlo en profundidad, que los cambios que se producen a nivel físico, fisiológico y psicológico son importantes cuando incluyes una rutina nueva durante ese espacio de tiempo. No se si será sencillo de conseguir o no, habrá que probarlo.

Yo tengo en mente algún proyecto a nivel personal que me gustaría poner a prueba para ver si eso de los 21 días es científico o no, si surte efecto o no. Recuerdo que el año pasado, cuando me comprometí a escribir un post diario durante el mes de octubre pasé de largo por esos días, si que me pareció mucho más sencillo de asumir que cuando lo estaba planteando pero a lo mejor era porque sabía que el proyecto tenía una longitud concreta y eso, te lo digo por experiencia, funciona.

Enfrentarse a un periodo de cambio de 21 días cuando llevas mas de 21 años procrastinando debe ser una tarea importante y quizá por eso aún no he comenzado. Se que me pongo excusas para no enfrentarme a mí mismo, el tiempo o la falta de él es el más recurrente pero hay otras… y no voy a entrar que luego os copias de las mías y las dais como vuestras, cada uno que busque sus excusas, a ver cual es la más original.

Lo que me gustaría saber ahora es cuanto tiempo se tarda en perder un hábito. Yo creo que debe ser infinitamente más sencillo que adquirirlo, basta con un par de pensamientos negativos o un par de días liberado de la actividad para que nuestro cerebro, nuestras endorfinas y nuestra realidad nos indique que hemos vuelto a perder ese tren. ¿Es eso justo? A mi no me lo parece. Me joroba bastante que los seres humanos seamos tan inconstantes, por la razón que sea, propia o ajena y que tengamos que estar siempre en constante lucha. Al final no vamos a ser tan distintos a esas borrascas y a esos anticiclones, a las isobaras y a las líneas de alta presión, a los cúmulos y a los nimbus, que si bien son nubes, también son nombres de zapatillas de running… Oh My God!,  ¡todo está conectado!

Yo en mi caso, zapatillísticamente hablando soy Nimbus, y si fuera una nube, sería una de esas “que se encuentran a una altura superior a los 2000 metros y que se caracterizan por producir precipitación, generalmente asociada a otro tipo de nubes. Estas precipitaciones pueden ser en forma de lluvia, nieve o granizo aunque no siempre alcanzan la superficie…”

Y ahora que lo leo, mi tipo de nube se parece más a mí que mi horóscopo, soy alto, me gusta estar y realizar actividades en compañía y no siempre todo lo que digo o hago llega a visualizarse, creo que estoy a punto de crear una ciencia nueva, ya si eso en unos 21 días investigando establezco los fundamentos y doy con un nombre acorde.

Y hablando de acordes, y sabiendo que los posts de los sábados son musicales, os voy a poner un video en el que también salen nubes. La canción es muy positiva y habla sobre esa persona que tenemos cerca y sobre la que nos apoyamos cuando las cosas van de una forma que a nosotros no nos gustan. La canta la ex-Spice Girl deportista, Melanie Chisholm (Mel C).

Vosotros ¿qué? ¿tenéis algún proyecto que queráis convertir en un hábito? Si me contáis el vuestro yo os cuento el mío. Mientras tanto utilizad la zona de comentarios para charlar un poco que lo que queráis, incluso de nubes….

Y hablando de cambios, por si no os habíais dado cuenta, acabo de cambiar la plantilla y el aspecto del blog, eso también podéis comentarlo. Cambiando… cambiando… no os olvidéis de pasad un buen fin de semana, una buena semana y una buena vida.

Hasta pronto,

J

La gaviota

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La Gaviota es el título de una obra de Chéjov, una comedia al parecer, aunque ahí no puedo ayudaros porque no la he leído, ni la he visto representada. Yo también creía que La Gaviota era el título de un poema de Rafael Alberti pero buscando, buscando, me he dado cuenta de dos cosas, que mi memoria empieza a fallar, si es que ha estado acertada en alguna ocasión y que el poema de Alberti se titula La Paloma.

“Se equivocó la paloma…. se equivocaba”, como yo.

La verdad es que con estos dos escritorazos en la cabeza me parecía bastante pudoroso titular a este post de semejante manera pero ahora que uno de ellos se ha caído de la convocatoria, me quedo mas tranquilo. Y además, ya sabéis que yo no soy muy profundo así que cualquier parecido con la más alta literatura, es pura, purísima, coincidencia.

Así que, dejando de lado que las connotaciones literarias del título de la entrada son circunstanciales, solo me queda entrar en faena y contaros un suceso de este verano que me ha hecho irreflexionar mucho sobre la belleza, el instante y el sentido de la vida. Parece que me estoy poniendo intenso… si es así me paráis.

Esta es la historia de una breve frustración.

Una de las cosas que más me gusta hacer en el agua controlada de una piscina, por ejemplo, es sumergir la cabeza aguantando la respiración todo el tiempo que pueda y observar el movimiento cadencioso de lo que se encuentra a mi alrededor al tiempo que el sonido queda amortiguado y las formas se diluyen en ese gran azul de gresite y cloro. En el mar, sin embargo, esa experiencia no me gusta, me asusta más bien, estoy acostumbrado a otros colores y a otras texturas, a otras dimensiones más controladas, así que, como soy un tío bastante adaptable, cumplo con otro de mis rituales acuáticos favoritos, tumbarme boca arriba y hacer “el muerto”.

Como las orejas quedan bajo la superficie del agua, el sonido está igual de amortiguado que en la piscina y como suelo estar con los ojos cerrados y dejándome mecer por las olas, la percepción visual es más o menos nula, todo cubierto con esa negrura naranja de los días soleados. Había una canción de Pastora que decía algo parecido…

“Con lo bien que se está “tumbá” en la terraza, con los ojos “cerraos” se ve “to” naranja”.

Y ahí estaba yo, tumbado boca arriba en aguas malagueñas, viéndolo todo naranja a través de mis párpados cerrados, acompasando la respiración al ritmo constante del leve oleaje hasta llegar a ese punto en el que se pierde la noción del espacio, cuando ya no sabes si estás en la posición de partida o el mar te ha escorado a izquierda o derecha, cuando una nube, agradecida nube, apagó momentáneamente el sol abrasador dando unos instantes de descanso a mi bronceada piel.

Ese fue el momento que escogí para abrir los ojos, sabiendo que no se me abrasarían al mirar al incandescente sol y fue entonces cuando la ví, majestuosa como todas las aves, con sus alas extendidas y esa indolencia de saberse muy por encima de todas nuestras cabezas, de nuestras preocupaciones, de nuestras tonterías, de nuestras payasadas de humanos débiles y caminantes. Me encantó verla atravesar el cielo, sobrepasarme y enfilar hacia el horizonte que estaba a mis espaldas.

Y en ese mismo instante, la gaviota se cagó.

En efecto, yo la contemplaba maravillado y envidioso y de repente, su culo se abrió y se cagó, ahí, en mitad de un Mediterráneo ajeno, y como un conductor que comete un accidente y se da a la fuga, la gaviota siguió su camino sin mirar atrás, la naturaleza manda con una sencillez abrumadora. Afortunadamente para mí, por si os lo habéis preguntado, no me alcanzó el bombazo, ya estaba lo suficientemente lejos, solo hubiera faltado.

Podéis imaginar que el momento fue un WTF (What The Fuck!) en toda regla, y si tuviera banda sonora sería un frenazo chirriante y agudo, de esos que te hacen dar un respingo. ¿Qué coño? ¡¡¡Con lo bonito que era todo hasta ese momento!!! Pero luego, con el tiempo y la distancia, me he dado cuento de que no existen esos momentos bonitos, que todo son idealizaciones de nuestra mente, que lo que vemos no tiene nada que ver con lo que subyace en la imagen contemplada y que la vida es así, imperfecta, parcial, subjetiva y a veces, sucia.

Quién sabe que hubiera pasado si hubiera vuelto a cerrar los ojos unos segundos antes, ahora tendría otro recuerdo mas amable del vuelo de la gaviota o a lo mejor me hubiera cagado en la frente y mi recuerdo hubiera sido más negativo.

Por lo tanto, ahí va la moraleja, mantened los ojos bien abiertos, así no os perderéis la totalidad de la escena, estamos demasiado acostumbrados a ver solo una parte, incluso la parte que nos interesa y no toda la obra. Ahora que lo pienso, a lo mejor, en la obra de Chéjov, La Gaviota también se caga….

Pues hasta aquí una nueva irreflexión en alto, podéis comentar lo que queráis, hablemos.

Hasta pronto,

J

Dos años y un día

Este título tiene nombre de condena, de esas en las que tienes todas las posibilidades de ir a la cárcel como de quedarte en tu casa con tus antecedentes a que pase la marea, que se lo digan a La Pantoja. Dos años y un día que pueden ser eternos pero que a mí, que no estoy condenado, ni imputado, ni siquiera investigado se me han pasado muy rápidos.

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Dos años y un día desde que me levanté una mañana de sábado y escribí este primer post, origen e inicio de mi andadura bloguera y de mi vuelco a las redes sociales. Un periodo de cambios en lo profundo camuflado entre la aparente calma chicha de la superficie. Un tratamiento que me ha hecho mucho bien y que en ciertos momentos ha evitado que me volviera más loco, más oscuro o más rebelde. Ahora soy mejor, me conozco mejor, convivo mejor y me sobrellevo mejor. Incluso tengo un nuevo término para vosotros, me he convertido en un revelerdi consentido y consentidor. Se que debería profundizar en esto y no dejaros así con la intriga pero es una broma muy muy privada, tan privada que hasta yo tengo dudas de lo que quiero decirme.

Incluso podéis pensar que como estoy de aniversario bloguero he empezado a darle al cava, al vinillo o a las birras, pero no, estoy irreflexionando como de costumbre y gracias a este espacio, ahora me permito el lujo de irreflexionar en alto, por que yo lo valgo. Y porque yo elijo el tono de lo que escribo, la profundidad de lo que escribo, el carácter de lo que escribo y vosotr@s… Ay!, esos VOSOTR@S a los que tengo tanto que agradecer, estáis ahí, fieles fijos, fieles discontinuos o fieles pasajeros llenado mi espacio virtual y mi corazón real de contenido, de vida, de magia, de pasión y de continuidad.

Si no ha quedado claro, era un GRACIAS como una casa de grande. Porque es por vosotros por quien sigo por aquí, porque yo tengo muchas cosas que contar (o que contarme) pero he descubierto que el diálogo es infinitamente mejor que el mejor de los monólogos, y desde que este blog echó a andar, los comentarios, germen, abono y fertilizante de mis palabras, no han hecho más que cimentar una relación difícilmente rescindible.

En este tiempo, esos dos hermosos años y un día de locuras, irreflexiones y música compartidas periódica o a-periódicamente, he vivido como el blog se convertía en terapia (a veces de grupo), en patio de vecinos, en atalaya de opinión, en humilde literatura, en humor, en amor, en enseñanza…. y en definitiva, en vida y en felicidad. Y llegados a este punto, no puedo ni quiero renunciar a nada de esto. No quiero renunciar a ser quien soy, a ser quien he llegado a ser, a ser quien he ayudado a convertirme como tampoco quiero renunciar a vuestra retro-alimentación, a vuestra presencia, a vuestro apoyo, a vuestros ánimos, a vuestros comentarios y a todo ese cariño con el que inundáis este rincón de la blogosfera más íntima.

Ahora es el momento de decirlo, ya no lo controlo, soy un yonki de lo que quiera que sea esto.

Reconozco que ya se me va pasando el pudor de hablar de lo que hago al otro lado de la pantalla cuando alguien me pregunta por el blog en la vida offline, ya es una parte asumida y disfrutada por los cuatro costados. Tal vez soy un blogger, uno aficionado y blogodependiente.

Y como no quiero ponerme más intenso, que podría… y lo sabes! voy a apagar las velas imaginarias y voy a dejarme caer en los brazo de Morfeo, que siempre es generoso conmigo y me consigue dulces sueños y mucha inspiración. Me despido hoy con una canción, como no podía ser menos, que dibuja perfectamente como me siento y una versión que me llena de fuerza y de energía.

Ahora es tu momento, el de pasar a felicitarme, a felicitarte, a comentar. Tanto si eres nuevo, no lo eres tanto, o si eres de los que está por aquí desde el principio de la condena, hoy es el día que tienes que dar un paso adelante y decirme algo, aunque sea de forma anónima, hazme feliz, haznos felices a ambos. Dialoguemos…. ¿o es que acaso #EstamosLocos?

Hasta pronto,

J