Doce de febrero

Hoy es día doce de febrero y me he enterado de que es el cumpleaños de Joaquin Sabina. Este tipo me cae bien, he seguido su música y su poesía desde hace más años de los que puedo recordar, me gusta lo canalla que es y la forma que tiene de cantarle / contarle al amor y al desamor. Pero sobre todo, Sabina me trae recuerdos de infancia.

Yo crecí en una familia normal, con padre trabajador y madre ama de casa, de izquierdas, no significados políticamente pero con las ideas claras. No puedo olvidar que son niños de la posguerra y les tocó vivir en la lado que les tocó. Las heridas de ambos bandos fueron intensas, en unos más que en otros y los sentimientos y las vivencias tan arraigados, que duran hasta hoy día. En aquellos, para algunos, maravillosos años, de mi pre-adolescencia, era costumbre que la gente de izquierdas escuchara a Sabina, a Serrat, a Víctor y Ana…. Esa fue la banda sonora de mi vida entonces y debo reconocer que algunas de esas cosas han perdurado hasta hoy. Joaquín Sabina lo ha hecho, ha estado presente en cada etapa de mi vida y por ello, quiero dedicarle este pequeño homenaje.

Hay tantas canciones de Sabina que han significado algo para mí que no sabía por cual decidirme, así que he hecho un poco de trampa y he traído una canción, que en realidad son dos. Solo un autor genial como este es capaz de sacarse de la chistera dos versiones tan complejas de un mismo tema.

Cerrado por derribo.

Nos sobran los motivos.

Pero no solo Joaquin Sabina cumple años hoy, también lo hace mi particular Pipi Langstrump. Para ella, para él, mi más sincera felicitación. Y para todos vosotros, que disfrutéis de la música.

Hasta pronto,

J