La (e)lección de la camiseta

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Recientemente hablaba con una compañera de trabajo de lo importante que es tener ropa chula para hacer deporte. El hecho de estrenar algo es como un aliciente para salir a sudar la camiseta con más ganas, una excusa, a veces cara, para tirarte a la calle a correr o acercarte a machacar tu cuerpo en el gimnasio. Se que no era una conversación muy elevada que digamos, pero claro, este blog habla de glamour barato y cotidiano así que no esperaríais que fuésemos a charlar sobre física cuántica, ¿no?

De momento no tengo intención de cambiar el título de mi bitácora a algo parecido a…

“Cuantos protones hay en esto?”

Dicho esto, volvamos por la colorida senda de lo superfluo (que no tonto) y de lo superficial (que no tanto) y pensemos un poco en el fondo de la conversación que os comentaba. Cierto es que a veces necesitamos excusas para castigar a nuestro cuerpo, y sobre todo, para engañar a nuestra mente y una buena forma de hacerlo es con estos pequeños estímulos. La novedad siempre ayuda, por lo menos hasta que somos conscientes de que las prendas coloridas y molonas que portamos no hacen que lleguemos más lejos, ni más rápido, ni nos cansemos menos… pero estamos tan guapos cuando nos miramos al espejo antes de salir, que compensa e incita.

Aunque también hay veces que no lo hace y es que, si queremos darnos estos caprichos que tiren de nosotros hasta el reino del sudor, de la congestión y de las agujetas, debemos recurrir a prendas adecuadas, prendas que nos queden bien y que sirvan para lo que queremos que sirvan… O sea, para enseñar si tenemos algo que lucir o para tapar, si lo que tenemos para lucir está mejor oculto y encerrado bajo cuatro llaves.

Y os digo esto porque yo he caído en la trampa de Narciso y me he estrellado de manera atómica. Quería empezar mi nueva temporada de running estrenando ropa, para animarme, y vi una camiseta en Amazon chulísima y muy rebajada, de color verde fluorescente, con detalles en azul y camuflaje… mejor os dejo la foto…

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Me la pillé, claro, porque me gustaba la camiseta y porque inocente y desquiciadamente pensé que me sentaría igual que al modelo. Qué error amig@s, que error.

Abrí el paquete con ansia, la camiseta era más bonita de lo que parecía en la foto y ya me veía corriendo a velocidad supersónica mientras la gente se daba la vuelta para mirarme mientras pensaban con algo de envidia… “qué mono va este chico siempre!” 

Cuando me la puse y me miré al espejo me dí un tremendo golpe contra la más cruel de las realidades, un golpe dolorosísimo. Lo que vi en el espejo era atroz, como si algún ser diabólico me hubiera hecho un trabajo cruel de body painting. La camiseta era tan fina que parecía que iba desnudo, y así me sentía yo, desnudo y verde, como una versión amorfa y mohosa del Increíble Hulk. No es que la camiseta remarcase todas las zonas, las bonitas y las feas, de mi torso, sino que las realzaba de una forma que debería estar prohibida.

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WTF!!!!!

Ni que decir tiene que no le dí mas oportunidades, me la quité como si quemara, la metí en su bolsa y solicité la devolución express. Quería ese engendro lejos de mi casa, de mi armario, de mis lorzas… Dicen que hay tres cosas que SIEMPRE dicen la verdad, los borrachos, los niños y las mallas…. pues creedme, esa camiseta era un puto niño borracho en mallas.

Aquel episodio fue cruel, pero también muy instructivo.

Tenemos metido en nuestro subconsciente la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos, una imagen deseada y casi siempre alejada de la realidad pero encontrarte con ese otro YO de repente y sin anestesia es, cuanto menos, inquietante. Y no porque creamos que somos lo que no somos, no es eso, sino que tendemos a vernos idealizados, distintos, a veces mejorando la realidad, otras veces, empeorándola. Ambas versiones son, llevadas al extremo, patológicas. Así que cuanto más cercanas estén la imagen real de la imagen proyectada mejor para nosotros.

Esto forma parte del proceso de aceptación de nosotros mismos, y si, del proceso de aprender a querernos. Pero no podemos confundir esa aceptación con una liberación excesiva. Las cosas grotescas, como lo de la camiseta, mejor dejarlas para la intimidad. Siempre hay otra elección más acertada con la que podamos sentirnos mejor y donde la imagen que proyectemos sea más dócil. O tal vez seamos del tipo de personas que ya carecen de complejos porque se los han ido quitando uno a uno… si eres de esos y te gusta lucir palmito sea lo que sea lo que te devuelva el espejo, dame un toque, tengo el conjuntito perfecto para tí. Yo no me atreví.

Y ahora una canción que sirva de ilustración a esto que os he contado, un tema que suelo escuchar en mi MP3 y que dice de una forma muy gráfica algo parecido a habla, habla, que no te escucho. Porque a veces es mejor salir corriendo y hacer oídos sordos a los gritos, a los insultos, a las vejaciones y a las camisetas verdes. Que disfrutéis de la canción y de la versión del Mago de Oz que representa el vídeo.

Y ahora, llegó el momento de charlar, no seais tímid@s y contadme algún momento vergonzante como el que os he relatado yo… o simplemente hablemos de lo que os apetezca.

Hasta pronto,

J

200 posts y una mierda #EstamosLocos?

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Amigas y amigos, esta que estáis a punto de leer es la entrada número 200 de este humilde blog. No es nada más ni nada menos que eso, ya sabéis que para mí, los números son solo números, pero tampoco hay que desdeñar los logros, y yo, que nunca he sido escritor, considero que es un súper objetivo cumplido el haber llegado a este número redondo de artículos.

Y todos, excepto este, escritos por mí, vividos por mí y surgidos de mi más profunda personalidad, imaginación y, en ocasiones, mala leche. Un reto que nunca me propuse pero que me hace sentirme orgulloso del proceso, del camino y del resultado. Ya he dicho muchas veces que este espacio es mucho mas que un blog para mí, es una ventana desde la que me expreso, es una terapia que me ayuda a conocerme mejor, y es un punto de encuentro con lectores, comentaristas, escritores y amigos. Una maravilla sin pretensiones.

Y ahora, tras doscientas pequeñas historias, ¿qué queda? Pues nada, seguir como hasta ahora, contando, relatando, imaginando, irreflexionando y resaltando las locuras que nos vamos encontrando en la vida real, en la vida cotidiana. Ya sabemos que a veces nos pasamos de snobs y creemos que lo más lejano es lo más interesante, que lo de los demás es lo mejor o que lo de fuera es mejor que lo de dentro, pero paraos a pensar ¿hay algo más extraordinario que la vida real? ¿Algo más excitante que la auténtica y diaria supervivencia, los problemas, las angustias, las agonías, las soluciones y las risas? No lo creo. Este es el lema de este blog y a día de hoy lo mantengo, sencillamente extraordinario o extraordinariamente sencillo, tu elijes.

Y si no te lo crees, puedes mandar todo a la mierda y acabar en un museo. Que sí, que sí, que ahora esto es lo que se lleva. Y lo digo con conocimiento de causa porque me acabo de enterar de que se acaba de inaugurar el primer museo destinado a la caca. Yo lo sabía, tu lo sabías…. la mierda del Whatsapp iba a hacer mucho daño, eso de ponerle ojitos y cara sonriente a un mojón sería revolucionario.

No en vano se ha utilizado a este “personaje” para abanderar la última campaña de la AECC contra el cáncer de colon, porque un test de heces puede salvar vidas y si te lo dice una caquita….

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Pues de aquello, a las vitrinas. Ahora la mierda se expone en preciosas esferas de resina transparente, como inmensas canicas de un gustoso color marrón pajizo de caca desecada, tratada y barnizada para elevar su aspecto a cuasi obra de coleccionista.

-“Este concepto pretende romper el tabú de los seres humanos y sus excrementos” -defienden los creadores de tan atípico museo. Y yo les digo, si, si, mucho  tabú… pero es que #EstamosLocos? ¿De verdad a alguien le apetece ver mierda encapsulada?

Esta creación podría haber sido china, que últimamente la están petando con sus ideas pero no, esta sofisticación es completamente británica, como Harrods, el te de las cinco, los Monty Python, Mister Bean, Benny Hill o los Beckham. El National Poo Museum (Museo Nacional de la Caca) se encuentra en el zoo de la isla de Wight, que actúa a su vez y en gran medida de proveedor principal y se ha inaugurado la pasada Semana Santa. Para la ceremonia de apertura, las autoridades han procedido a cortar una cinta de papel higiénico, no podría ser más evidente.

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Del proceso del desecado y encapsulación de las heces expuestas no voy a hablaros porque me parece tedioso, investigad vosotros si queréis ampliar información o pinchad en el enlace a la página oficial del museo, yo solo os informo de que actualmente están a disposición de los visitantes más de una veintena de piezas de diferentes especímenes, cada una con sus particularidades. Y se espera ir ampliando la colección en los próximos meses, con donaciones de jirafa, de rinoceronte y hasta de ser humano.

Y no todo queda ahí, porque ¿qué sería de un museo sin una tienda? Pues eso, que te puedes llevar a casa una réplica o cualquier tipo de merchandising relacionado. Todo un negocio… “de mierda”.

Y eso es lo que les deseo yo a los artífices de esta idea revolucionaria, mucha mierda.

¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? pensad que a partir de ahora se abre toda una vía de negocio, pensad en todo lo que expulsa el cuerpo humano y empezad a hacer números. Ya estoy visionando la apertura del museo del moco, de la galería de la pelusa del ombligo o una exposición itinerante de caspa, uñas cortadas y cera de oído… grandioso.

¿Se os ocurre alguna más? Pues no seáis egoístas y compartidlo, para eso está la zona de comentarios, para que charlemos, critiquemos, alabemos o nos caguemos en “tó”

Hasta pronto,

J

El dedo en el ojo

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Hace ya varios años que el tráfico no me preocupa, suelo administrar bastante bien mi tiempo y llegar a los sitios en hora. Tengo la pequeña manía de ser puntual, y me gusta que lo sean conmigo, así que calculo lo que voy a tardar en los desplazamientos y suelo acertar, esa debe ser la virtud que compensa la manía.

Desgraciadamente para mí, nunca he trabajado cerca de casa, cosa que me podría haber hecho plantear mis movimientos de otra forma, y exceptuando los primeros años, cuando cogía metro y/o autobús, el resto del tiempo lo he pasado al volante, para bien o para mal. Ahora, con todos los años que llevo haciendo lo mismo, yendo y viniendo en coche, de casa al trabajo y del trabajo a casa, he podido llegar a la conclusión de que no hay mejor sitio para mí que en mi propio vehículo.

Los factores externos ya no me incomodan, los atascos son algo normal que vengo sufriendo desde hace más tiempo del que puedo recordar, si bien he notado a raíz de la crisis económica, como mucha gente se ha visto apartada de la vida laboral y por lo tanto de las carreteras en hora punta. Pero lo llevo bien, se lo que se tarda con atasco y sin él en llegar a donde tengo que llegar, el resto es anticipación. Si llueve sabemos que el tráfico se ralentiza y se abigarra así que paciencia y buena música. Ya llegaremos.

Tener esa tranquilidad es otra de mis virtudes, algunos la pueden considerar pachorra, pero es lo que hay. A mí tampoco me gusta ir a 20 por hora pero como no puedo influir, no me voy a atacar. Y como no me ataco, no me creo el dueño y señor de la carretera, ni interrumpo la circulación, ni agredo con mi claxon, ni agobio a los que tengo delante, ni asusto a los que llevo detrás. Me mantengo impertérrito viendo como otros, que si tienen los nervios a flor de piel sufren y hacen sufrir. Esa gente que va con prisas a las que me gustaría detener y decirles que si se creen que los demás nos vamos de excursión a esas horas…. No hombre, todos vamos a trabajar.

No llevo nada bien la gente que va al volante de su coche y se hacen los listos, los que se cruzan en mitad del carril haciendo frenar a los demás, los que se cuelan en una fila interminable de pacientes sufridores. Esa gente tan cívica merece que se le multe, pero no voy a ser yo el que lo haga, para eso están otros. De todas formas, siempre llevo en la cabeza un pensamiento -“vete tú a saber lo que pasa por la cabeza del tipo o de la tipa esta… a lo mejor actúa así porque tiene un buen motivo y yo solo veo mi parte….” A lo mejor me paso de empático pero me ayuda a no cabrearme. Esto que os cuento no quiere decir que no tenga mi orgullito y que deje que todo el mundo pase delante mío, que tampoco es eso, cuando voy de cabroncete no hay quién me pare, para listo, yo.

Todo esto viene a colación de una cosa, últimamente estoy viendo muchos accidentes, coches destrozados en las calles, motos pisoteadas por autobuses, vehículos detenidos en arcenes, colisiones múltiples… y todos son debidos a nuestras propias imprudencias. Seguramente en cada uno de esos accidentes hay una víctima inocente, y por lo tanto, hay al menos un culpable. Yo me he propuesto no ser culpable y mucho menos ser víctima. A muchos de esos exaltados al volante les he deseado que se estrellen, ellos solitos, un buen susto pero que les salten los airbags, para que empiecen a valorar lo que hay y lo que están haciendo con su actitud, menos mal que ninguno lo ha hecho, menudo susto!

Me gustaría que en las calles, al volante de nuestros coches, motos y bicis hubiera más respeto pero parece que siempre vamos demandando lo mismo pero dando bien poco, siempre nos creemos los agraviados y nunca los culpables y eso no puede ser, no podemos ser siempre las víctimas, no podemos tener esa actitud de que todo está en nuestra contra, no podemos pensar que el resto de vehículos deben cedernos el paso aunque no tengamos preferencia, ni hacer frenar a los demás porque tengamos que girar y no estemos bien situados. Si nos pitan nos ofendemos, si nos golpean por nuestra culpa, el culpable es el otro. Tendemos a ser el ombligo de nuestro mundo porque actuamos sin perspectiva, con soberbia y con prepotencia. Lamentablemente esto nos puede jugar una mala pasada.

Seamos mejores ciudadanos y aprendamos a respetarnos, así es mejor.

Como dicen en el caribe… “-No te estresseeeesss….”

Ya os he dicho que yo hace bastante que no me estreso al volante pero hoy he tenido un episodio bastante friki, es que mi cabeza a veces patina y luego pasa lo que pasa, que tengo material para escribir estos posts…. Resulta que he girado a la derecha y me he incorporado a una avenida grande con bastante tráfico, he recorrido unos escasos cincuenta metros y me he parado en un semáforo, el primero de la fila. Inmediatamente he notado como me picaba el lagrimal de mi ojo derecho y me lo he arrascado, debía ser un resto de legaña mañanera, en fracciones de segundo se me ha pasado por la cabeza el siguiente escenario:

Mi coche detenido en el semáforo, un coche por detrás demasiado pagado que no le da tiempo a detenerse, un golpe, mi dedo penetrando en mi ojo y finalmente mi ojo colgando de la cuenca ocular.

¿Absurdo? Si.

¿Probable? También

Conclusión: cuidado con esos actos reflejos o el día menos pensado puedes aparecer en ese programa americano de desgracias imposibles… 1000 Maneras de morir. Yo me he reído hasta la saciedad con la mayoría de esas historias y me he visto protagonizando una de ellas, eso no me ha hecho tanta gracia. Pero seguro que a tí, que estás leyendo esto y agitando la cabeza pensando que estoy fatal, seguro que te la haría.

Mis ojos siguen en su sitio y un día mas he llegado en perfectas condiciones al trabajo y a casa, que dure, que nos dure. Y cuidado con donde metéis esos deditos….

Hasta mañana,

J

Un día señalado

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Como os comenté en mi anterior post, uno de los proyectos que tengo para este nuevo año de blog es probar a hacer una entrada diaria, contando como sacar el lado positivo al día a día, y, en el caso de que no se pueda, llorar amargamente con vosotros por la perra vida que llevamos, lo que aplique en cada caso.

Pero he sido un poco tramposo, hoy es un día especial, nuestro aniversario. Y en estos días no se puede estar triste, solamente basta con recordar lo que sucedió hace unos años, en pensar como fue todo aquello, los errores y los aciertos y el comienzo de la vida en común son suficientes para tener una sonrisa en la cara. O al menos para mí, claro, que soy de risa fácil. Ninguno de los dos somos muy de celebrar estas fechas concretas, para nosotros la relación se construye a diario, tratamos de que cada día sea especial y sacar algo positivo para nosotros, como pareja, cuando las niñas se acuestan y caemos rendidos en los sofás por la noche. A veces ni nos hablamos, solo con mirarnos, entre bostezos y ojeras sabemos que estamos ahí, al alcance de una mano, o de un dedo…. cerquita, cerquita, como debe ser.

Nos hemos dado cuenta, casi desde el principio, de que la pareja es importante. Los hijos lo son más, por supuesto, en gran medida vivimos a través de ellos pero son seres independientes, que hacen y deshacen y nuestro deber es dejarlos hacer y deshacer y corregir y poner límites y…. tantas cosas, que a veces la cabeza no da para más. Pero lo que nunca hay que descuidar es el entorno de los adultos, es vital para que la convivencia sea correcta y nosotros luchamos por ello, por disfrutar del “nosotros”.

Hace años que no celebramos este día, no es necesario, ni siquiera nos solemos regalar nada. Bastante regalo es estar juntos…. tampoco es necesario, pero el año pasado, en un día como hoy, con el blog funcionando, le escribí en ESTE POST un poco lo que sentía, así, a lo loco, en público y sin anestesia. Fue bonito, y sorprendente por único. Pienso que hay que ser más imaginativo si queremos sorprender, no recurrir a lo sencillo, al regalo accesible, estos momentos se quedan en la retina para siempre. Fijaos como sería para ella, que haciendo balance del primer año del blog, ella creía que ese post fue el primero que escribí…. Será egocéntrica….

Este año lo vamos a celebra con música, con una canción que nos gusta a los dos y que compartimos con todos vosotros, A Sky full of stars, de Coldplay. Una canción tan romántica como optimista y marchosa, porque no todo lo que hable de amor tiene que tener sobredosis de glucosa y ritmos lentos y desgarrados.

Todo lo que os he contado hasta ahora, lo del día especial era una excusa para despedirme con mi primer consejo. Procura ser feliz en esos días señalados. Da igual el que sea, un cumpleaños, un aniversario, un día festivo o simplemente un día especial e importante para tí. La cita es lo de menos, que nada te impida disfrutar de ese día, y mucho menos, tú mismo.

Hasta mañana,

J

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El triunfo de la mujer barbuda

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Anoche se celebró el Festival de Eurovisión, una cita anual ineludible con lo más granado de la música europea. Un evento de gran repercusión y que ha tenido una audiencia estimada de unos 108 millones de telespectadores. Como todos los años, desde hace ya muchos, el espectáculo es lo que prima en este concurso, ya no solo la canción, sino la interpretación, la puesta en escena, la edición digital, los efectos de luces… y la extravagancia.

La gran triunfadora de la noche fue la representante de Austria, Conchita Wurst, la mujer barbuda, que consiguió, como rezaba su canción, elevarse como el ave fénix (Rise like a Phoenix) y alzarse con el deseado primer puesto.

Y debo decir, que mi hija mayor está indignada.

Mi hija, que ya tiene casi nueve años, quería ver el festival, ella busca cualquier excusa para quedarse por la noche a ver lo que sea. Como su padre, es bastante friki y muy de la farándula por lo que esta cita era especial para ella. Debido al tipo de concurso y a que se celebraba en sábado, decidimos permitirle asistir en primera fila, desde el sofá, vamos. La pequeña, casi siete años, también lo intentó, pero ella es alondra, como su madre y a eso de las diez y media de la noche, ya estaba roncando en mis brazos. La mayor también estaba cansada, que os voy a contar, pero no lo declararía ni aunque la clavásemos palillos entre las uñas.

Lo cierto que la chiquilla aguantó bastante bien, disfrutó de las canciones y de los espectáculos y debo reconocer que tiene buen criterio, sus comentarios eran adecuados, sutiles, organizados. Conocedora de lo que le gustaba y lo que no, no ahorraba en dar su opinión constantemente. Tiene buen oído musical, se le nota y disfruta con la música, en una chica sensible y con personalidad pero cuando vio aparecer a la que a la postre se convertiría en la flamante ganadora de la noche se rompieron todos sus esquemas.

Observaba la actuación con los ojos y la boca completamente abiertos, no daba crédito. La presencia de esta artista en la pequeña pantalla le turbaba. Qué graciosa, y qué inocente.

-Pero…. pero…. ¿tiene barba de verdad?-preguntaba ella sin entender nada.

-Si cariño, tiene barba-respondíamos nosotros lo más neutral que podíamos.

-Pero…pero… ¿las mujeres también tienen barba?-Su curiosidad iba en aumento, con razón.

-No cariño, las mujeres no suelen tener barba-Respuesta lógica y veraz por nuestra parte.

-Entonces…. entonces es un “tío”, es un “tío” disfrazado.-Así lo resumió ella, con el criterio y el conocimiento de sus ocho y pico.

-Claro cariño.-No íbamos a meternos en ningún jardín en esta ocasión, no era el momento de hablar con ella de realidades sexuales distintas.

Pasado el trago, el resto del festival continuó su curso, unas canciones más acertadas que otras, unas puestas en escena más espectaculares que otras (Polonia, y sus sexuales polacas, por favor!!!!!), unas interpretaciones más grandiosas que otras (Francia y sus mamarrachos….) y llegaron los resúmenes y las votaciones.

A mi hija, la pobre, que le había gustado todo de la representante española, tenía serias esperanzas de que Ruth Lorenzo y su “Dancing in the rain” fueran los más votados. Que desilusión cuando empezaron las rondas de votos e íbamos consiguiendo más bien pocos o ningunos. No lo entendía, en realidad, no tiene edad para entender todo lo que hay detrás de este festival. El tema político, los votos repartidos entre países vecinos, el “boicot” pasivo a los países fundadores que no participan en las semifinales como España, Francia, Alemania e Italia….

Nosotros ya sabíamos que España no ganaría, y así se lo dijimos.

-Si España no gana nunca, no tiene suficientes apoyos.-Le confesamos

-Pero si lo ha hecho muy bien y le han aplaudido mucho.-Se defendía ella.

-Ya cariño, pero aquí hay mucho más que canciones y cantantes.-Tratábamos de convencerla sin darle más datos, error.

-No entiendo, ¿y si es la mejor canción?-A veces no se puede contestar lo incontestable.

-Es así, cariño.-Zanjamos.

Ella ya estaba contrariada pero aceptó con excelente deportividad nuestras tajantes afirmaciones y el devenir de las votaciones, y entonces le dio fuerte con otra cosa.

Ya no podía soportar que Austria y su mujer de circo, que era lo que a ella le parecía, fuera conquistando poco a poco el concurso, sufría cada vez que lo otorgaban los ansiados 12 puntos. Cada ve que oía Austria se ponía a morir.

-Noooooo, otra vez noooooo!!!!

-Que no le den los doce puntos al tío barbudo ese!!!!

-Que se afeite, no es justo!!!!

Luego, en un ataque de lucided propia, sin estímulo nuestro, sentenció lo que su pequeño cuerpo venía barruntando desde hacía un buen rato:

-Está claro-Confesó enfadada. -Solo la votan porque tiene barba.

Ahí estaba el quid de la cuestión, si es que mi niña es más lista que el hambre. Vale que no es solo eso. Vale que influyó enormemente su apariencia física, que ese aspecto de frágil señorita con barba era bastante impactante. Pero hay mucho más detrás, cosas que escapan a su conocimiento. Como que Festival de Eurovisión es históricamente gay friendly, que millones de los eurofans que son los verdaderos motores del Festival enarbolan la bandera con el arcoiris. Que la joven Conchita Wurst llevaba ese aspecto estudiado para luchar contra la discriminación sexual, que era una autoproclamada diva. Y que como ya pasó con la transexual Dana Internacional en 1998, estaba cantado.

Había muchas cosas a favor de Conchita Wurst en esta edición, todas aprovechadas a la perfección independientemente de la calidad de la canción, que no era mala, aunque, bajo mi punto de vista, no era la mejor. Lamentablemente no me creo sus lágrimas, ni su fragilidad impostada, ni su estudiada pose, pero yo soy adulto y acepto las reglas del juego. Eurovisión se puede haber convertido en la “parada de los monstruos” o no, es lo que hay y cada país juega sus cartas como mejor sabe, puede o le interesa. Nosotros, los telespectadores podemos disfrutarlo o pasar de ello, es nuestra elección. Austria ha sabido elegir, ha sabido promocionar y ha sabido poner en el firmamento a una peculiar estrella, enhorabuena señorita Wurst.

Para mi hija aún quedan mucho años por delante hasta que se de cuenta de lo que es este certamen, ella ya decidirá cuando sea el momento si lo acepta o lo rechaza, pero ya os digo yo, que por ahora, estará ahí, al pié del cañón.

Hasta pronto,

J

Héroes, super-héroes y yo

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Hace un par de días leí en internet que en 2015 volvería la serie “Héroes”, casi diez años después de estrenarse su primer capítulo. Si nunca has oído la frase: “Salva a la animadora, salva el mundo” seguramente no sabrás de lo que estoy hablando. Héroes fue una serie norteamericana, de la cadena NBC, que se estrenó en 2006 con una grandísima repercusión. Su primera temporada fue todo un éxito aunque la serie cayó tanto en audiencia como en notoriedad hasta que fue abruptamente cancelada al finalizar su cuarta temporada. Para aquel entonces, actores y actrices como Zachary Quinto, Hayden Panettiere, Milo Ventimiglia y Ali Larter se habían convertido en algunos de los más influyentes en la industria de la TV mundial.

Parece ser que ahora, su creador, Tim Kring, amparado en el buen momento de forma que atraviesan las películas y las series sobre super-héroes, se ha sacado de la manga una miniserie de 13 capítulos a la que bautizará como Héroes Reborn. Aún no se saben muchos más detalles, ni de la trama, ni del reparto, ni de si existe la posibilidad de volver a ver a alguno de aquellos personajes originales. Pero una cosa os puedo avanzar, los fans de esta serie, ya están dando palmas.

Yo no se si puedo considerarme como tal, un fan, digo. Si que me tragué la primera temporada con avidez, me pilló con muchas ganas, los personajes molaban y la trama era lo suficientemente retorcida como para que me enganchara ya con cierta edad. Pero es que tampoco tiene tanto mérito. Yo, lo reconozco, siempre he sido un friki de los super-héroes.

Comencé a leer comics de super-héroes aproximadamente con diez años y con once o doce ya dibujaba mis propias aventuras. Me pasé pre-adolescencia, adolescencia, y pre-edad-adulta creando mis propios personajes, creando sus historias, guionizando y dibujando miles de aventuras, de ahí mi miopía, por supuesto. Mi sueño de la época era convertirme en dibujante de comics, irme a vivir a Nueva York y trabajar para Mavel Comics Group. Muchas veces fantaseé incluso con la idea de llegar a convertirme en el dibujante oficial de mis comics favoritos, los X-Men.

Ay, esos personajes malditos, mutantes marcados desde su nacimiento con un gen especial que les confiere habilidades extraordinarias. Hombres y mujeres que veían como durante su adolescencia, con el cambio hormonal, se manifestaban sus poderes, que los convertían en parias para la humanidad y que tenían que aprender a controlarlos, a vivir con ellos y a aceptar su responsabilidad. Y con lo que a mí me gusta un drama….. pues eso, me identificaba a tope con esas vidas torturadas, apartados de sus familias, de sus amigos, rodeados de peligros…. Menudo caldo de cultivo para mi carácter introvertido. Yo entonces comprendí lo que me pasaba, lo mío no era timidez, era una mutación. Yo, amigos y amigas, era un mutante, como ellos. Aunque en Madrid, en lugar de Greenwich Village, y del centro. Un mutante cañí.

Tan metido estaba en esta vorágine mutante que incluso creía de desarrollaba poderes. Aunque no eran más que pelos en las piernas, un bigote de Guardia Civil y unos cuantos granos al más puro estilo acné juvenil de toda la vida, así, sin más glamour. Pero cuando más tranquilo me encontraba, a eso de los quince años, descubrí que….

Una tarde, estaba con mi mejor amigo, mi hermano y a la postre, el guionista oficial de mis comics, en un parque madrileño reflexionando sobre la vida, los amigos, las chicas…. cuando vimos a un señor paseando en bicicleta con su hijo detrás, en una sillita de bebé. Fue verlos y me recorrió un escalofrío por la espalda. Le dije a mi amigo:

-Uy, que mal rollo me da ese tío…

Y acto seguido, se cayeron. Bicicleta, padre e hijo. Mi amigo y yo nos quedamos con la boca abierta y yo lo sentí, mis poderes habían florecido al fin. Podía ver el futuro, o sentirlo, o predecirlo, o quizá con un poco de entrenamiento especializado podría… ni siquiera yo podía pensar hasta donde llegaría con ese poder. Ya os lo digo yo, a nada. Lo que pasó, pasó. Fue efímero, si, pero moló. Yo notaba que mi amigo me miraba con ojos distintos, con orgullo, y eso me hacía sentirme especial.

No fue la primera vez que desarrollé cierta “habilidad”. Unos años más tarde, cuando ya me interesaban algo más las chicas y la bebida, y salíamos de juerga y de discotecas descubrí que tenía un talento innato para que me dejaran entrar sin pagar en los sitios. Yo me acercaba al señor de la puerta, le ponía mi cara de control mental, le confiaba que había dentro unos amigos, o unas chicas o lo que se me ocurriera y ¡milagro! mis amigos y yo a disfrutar de gratis de la noche. Lo podemos llamar como queramos, como super poder es más bien algo flojo pero funcionaba. Si señor.

La tercera vez que me ha pasado algo extraordinario ha sido hace bien poco, un mes o cosa así. Estaba en la cocina, preparando pescado rebozado para cenar y aquello saltaba que asustaba. El aceite hirviendo de la sartén era excesivo y ni corto ni perezoso intenté vaciar algo del aceite que estaba usando de vuelta a la aceitera. Se me dió como el culo, la sartén estaba a rebosar y pesaba un montón, al intentar vaciarla se me escurrió y me tiré el aceite en la mano. Conseguí que no se cayera el pescado y volví a dejar la sartén en la placa. Mi mano entera se puso roja, la metí en agua fría y me preparé mentalmente para perderla. Pero eso no sucedió. Esa noche si que escocía pero por la mañana siguiente ni rastro de quemaduras. Eso fue un ataque de invulnerabilidad en toda regla. Lamentablemente este poder también se me ha pasado, el otro día me saltó de nuevo algo de aceite, un par de gotas y eso parecía ácido sulfúrico, ahora si que tengo marcas.

A lo mejor mi super poder es tener super poderes transitorios. Ya estoy mayor y en baja forma como para ir haciendo el bien por ahí así que ya me da un poco igual. Solo espero que la próxima manifestación sea un poco mas chula. Invisibilidad, por favor, por favor, por favor…..

Hasta pronto,

J

Diálogo de besugos

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¿Habéis tenido alguna vez la sensación de que nadie os entiendo cuando habláis? No por un problema de dicción que os impida comunicaros correctamente, sino porque hables lo que hables no hay manera. A mi me ha pasado recientemente, es frustrante. Os pongo en antecedentes, mis hijas van tres días en semana al polideportivo a practicar natación sincronizada. El miércoles pasado, la pequeña se dejó todo en el vestuario. Cuando llegamos a casa y saqué la ropa de sus mochilas, sus cosas de natación no estaban, lo primero que hice fue llamar al polideportivo, ahí empieza la locura.

-Polideportivo, buenas tardes.

-Buenas tardes, soy el padre de una de las niñas que hace sincro, se ha debido dejar el bañador y todo el equipo en las duchas y quería saber si…

-Quería saber si nos lo han dado, ¿no? -El tío a lo hecho.

-Oye -Le pregunta a gritos a una compañera. -Que dice un señor que su hija se ha dejado una bolsa con las cosas de natación en el vestuario. -¿una bolsa, de donde se ha sacado este tío lo de la bolsa? -¿nos han dejando algo?

-No, no nos han dejado nada, llame mañana a ver si cuando recojan está por ahí.

-Gracias, mañana llamaré, buenas tardes.

-Buenas tardes.

Al día siguiente, a la salida del trabajo me pasé por el polideportivo, había llamado en el transcurso de la mañana y me habían dicho que era mejor que me pasara y que preguntara en objetos perdidos. Así que allí me presenté, me acerqué a la ventanilla y reconocí al tipo con el que había hablado el día anterior por teléfono.

-Hola, llamé ayer porque mi hija se había dejado la ropa de natación en el vestuario y….

-Si, si, me acuerdo. Ha aparecido, ahora se la dan. -Estaba muy agradecido aunque era la segunda vez que el hombre me interrumpía mientras yo trataba de explicarme. -Mi compañero se lo busca.

-Gracias -y me espero un rato a que venga el compañero.

Un par de minutos después viene un señor y me dice:

-Había perdido usted algo, ¿verdad? -Iba a perder la paciencia, pero eso aún no lo sabía.

-Si, bueno, mi hija se dejó ayer en el vestuario el bañador, el gorro, las gafas de bucear y la pinza de la nariz.

-Bien, si es de ayer, debe estar en esta caja. -Y saca una caja del mostrador llena de ropa deportiva, zapatillas, geles de baño, y utensilios varios- ¿Cómo era lo que ha perdido?

-Pues un bañador azul con dibujos en el pecho, un gorro azul con dibujos blancos, una gafas azules y una pinza de sincro.

-Vaya, -comenta el señor rebuscando en la caja. -Aquí no está, espere un momento que voy al armario que hay en el gimnasio. -Le veo alejarse, meterse en el gimnasio y desaparecer.

Uno par de minutos más tarde vuelve a salir.

-Espere un momento, que voy a buscar las llaves. -¿entonces que estaba haciendo…? El señor atraviesa todo el hall, entra en un cuarto y varios minutos después vuelve a salir, pasa por delante mío y vuelve al gimnasio.

Esta vez tarda un poco más, cerca de cinco minutos.

-Lo siento, pero no hay ningún bañador amarillo ahí. -¿cómo????

-El bañador no es amarillo, es azul. -Le digo yo amablemente.

-Ah!, espere entonces. -Y se vuelve a ir. Yo me quedo con cara de fliparlo y espero otro par de minutos hasta que el señor vuelve a aparecer.

-Nada, ningún bañador de esas características. Espere un momento que hay otro armario en la piscina. -Y se va para allá.

Al cabo de un rato vuelve a aparecer con una bolsa de plástico grande llena de cosas.

-No encuentro nada, eche un vistazo a esta bolsa pero….. Ay, si esta bolsa es la de las toallas. Espere un momento. -y se vuelve a ir con la bolsa y dejándome con la boca abierta.

Vuelve a aparecer con otra bolsa y con una de las señoras que suelen estar en recepción.

-Mire, aquí si que hay un bañador azul. -Me dice mientas saca un bañador de hombre….

-Ya -le respondo yo. -Pero estoy buscando un bañador de niña… y el gorro, y las…

-¿Qué están buscando? -pregunta la señora.

Y antes de que yo pudiera decir nada, contesta el señor:

-Su hija, que se dejó ayer una bolsa con un bañador azul y…. ¿unas chanclas, me dijo? -¿una bolsa? ¿unas chanclas? ¿me están tomando el pelo?

-No -contesto yo. -Lo que estoy buscando es un bañador azul, un gorro, unas gafas y una pinza que se debió dejar mi hija ayer en las duchas, en la jabonera de la ducha para ser mas exactos. Sin bolsa.

-¿En la jabonera de las duchas dice usted? -pregunta la señora. -¿Del vestuario infantil?

-Si. -Contesté esperanzado.

-Pues no, lo siento, ese vestuario lo recogí yo ayer y no había nada.

Me estaban tomando el pelo, lo juro. ¿dónde está la cámara oculta????

-Pero si vuestro compañero, el que coge el teléfono, me ha dicho que sí que lo habían encontrado.

-¿Mi compañero? ¿cual, el de la ventanilla?

-Si, claro. Ese.

-Pues espere un momento. -Dijeron a dúo el señor y la señora encaminándose hacia la ventanilla. Yo no daba crédito.

Se habían metido dentro de la oficina con el señor de la ventanilla y los veía hablar y gesticular pero no entendía lo que decían. De pronto los tres me miraron y salieron a mi encuentro.

-Este señor es el que ha perdido una bolsa con la ropa de su hija. -Y dale con la bolsa! -Y dice que tú le has dicho que sí que había aparecido…

El señor de la ventanilla se me acerca, me mira fijamente durante unos segundos que se me hicieron eternos y me dice:

-Le he confundido. -¿qué me ha confundido? -Ha venido otro señor preguntando por unas cosas que se había dejado y ese sí que las ha encontrado, pero lo suyo no está. -¿qué lo mío no está? ¿qué lo mío no estaaaaá? -Lo siento pero me he equivocado de señor.

Y mirando a sus compañeros les dice:

-Si, me he confundido, no puedo estar a todo! -Y se vuelve hacia la oficina.

Ahí me quedé con el señor y la señora explicándome lo que podíamos hacer a continuación, que si dejar mi número de teléfono para que me avisaran si por casualidad aparecía, que preguntara a las otras niñas por si alguna lo había cogido, que ya le digo yo que en el vestuario no estaba que lo recogí yo ayer, que estos niños cómo son, que lo van perdiendo todo….. Hasta que..

-Vale, vale. Muchas gracias -Ya no tenía más ganas de hablar con nadie. Solo quería alejarme de allí y olvidar este episodio. -Gracias por su ayuda, buenas tardes.

-Buenas tardes -dijo la señora.

-Buenas tardes -dijo el señor. -ya le llamo yo si aparece. -Me decía mientras yo me alejaba fuera del polideportivo….pensando.

¿Qué me va ha llamar? ¿cómo? si no lo he dado el número de teléfono.

Cuando llegué al coche y enfilé para mi casa no paraba de pensar en lo sucedido. ¿era una sensación mía o ese rato había sido raro, raro, raro? No podía negar que, a su modo, todos con los que había hablado habían sido amable conmigo, habían hecho lo que estaba en su mano para ayudarme, pero yo me iba a mi casa con la sensación de que no se habían enterado de lo que había pasado. ¿sería un problema mío? ¿me costaba comunicarme? Una cosa tenía muy clara, si alguien me volvía a decir que esperase un momento, lo mataría.

Hasta pronto,

J

 

 

La gota

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A veces me parece muy curioso cómo somos el resultado de las casualidades. Cada una de las decisiones que tomamos nos lleva hasta un punto distinto al que estaríamos si la decisión tomada hubiera sido otra. Se que suena un poco intenso, y mas viniendo de mi, que suelo ser mas bien….. básico. Pero hoy he estado reflexionando sobre esto de las casualidades y como tengo un blog, pues me he dicho, ya tengo post para esta semana. Voy a proponeros reflexionar sobre las casualidades. Todos tenemos en nuestra lista de anécdotas muchas de estas, agradables en unos casos, muy agradables en otros, también desagradables pero siempre sorprendentes.

Si os apetece, sin compromiso, que luego os sentís obligados, os voy a pedir que compartáis con los lectores de este blog alguna de vuestras más sorprendentes coincidencias o casualidades. Yo os voy a contar una para que os vayáis animado y descubráis las cosas tan extrañas que pasan por ahí. Esto que os relato sucedió hace ya bastantes años.

Tenía un compañero de trabajo al que veía a diario, claro, trabajábamos juntos. No, graciosos, esa no es la coincidencia….. A este chico yo solo le veía en el trabajo pero un viernes por la tarde, paseando por Madrid, me lo encontré junto a su novia. Todo normal, nos saludamos, charlamos un ratillo y cada uno a lo suyo. Al día siguiente, sábado, quedé con mi primo para ir al cine, entramos en la sala y cuando empezaba la película vinieron corriendo dos personas que llegaban tarde y que tenían las entradas al lado de las nuestras, eran mi compañero de trabajo, su novia y una pizza. Curioso, divertido, ja ja ja, a ver la peli y cada uno a lo suyo. El domingo, de cañas por el centro, veo que aparece de nuevo su cara. ¿otra vez? Esto ya era el colmo. Me acerqué, le saludé, nos echamos unas risas, yo le amenacé con denunciarle si seguía siguiéndome, mas risas y cada uno a lo nuestro. Después de ese fin de semana loco, jamás volví a encontrármelo fuera del trabajo, y casi tampoco dentro porque semanas después le despidieron, una pena. Una de dos, o ese fin de semana había una conjunción planetaria que hacia que nos viéramos por todo Madrid o… a lo mejor me estaba siguiendo de verdad.

Historias como esta tengo bastantes mas, gente conocida que te encuentras de vacaciones, amigos a los que pillas en sitios insospechados, mentiras de las que eres testigo y cómplice…. pero todo esto de hoy viene por una cosa muy concreta, por una coincidencia matinal y recurrente que me ha hecho plantearme este post. Todo este sinsentido que estas leyendo ha sido por culpa de la gota, os cuento.

Esta mañana iba conduciendo de camino al trabajo, un poco somnoliento, un poco pensativo y un poco en mi mundo, ensimismado, cuando he entrado en un túnel y en mitad de la penumbra, splash! una gota de agua ha caído sobre el parabrisas del coche haciéndome regresar de donde estuviera. He mirado la gota, la he borrado con el limpiaparabrisas y me he dicho:

-Ya está aquí la puñetera gota. -Creo que eso lo he dicho en alto.

Y es que es cierto, cada vez que paso por un túnel me cae una gota de agua en el coche. Da igual que sea enero y esté diluviando o que sea agosto y arrastremos catorce meses de sequía, en todos los túneles por los que paso siempre hay una filtración de agua goteando. Seguro que vosotros me vais a decir ahora que también os pasa, y no es que no me lo crea, pero… anda ya! Una gota de agua filtrada en el hormigón de un túnel no es un chorro de agua que caiga encima de todos. Estas gotas de agua se forman lentamente, van tomando forma y se quedan ahí, en el techo del túnel acechando. Escondidas en la más absoluta oscuridad esperando a que pase un inocente, o sea yo, para tirarse encima a saludar.

Splash! puede significar  -Buenos días o buenas tardes o buenas noches. O qué solo vas, voy a hacerte compañía.

O a lo mejor, no es un saludo, a lo mejor es una señal….. Bien pensado, creo que debe haber una explicación para esto. Una de dos, o cada vez que paso por un túnel hay una conjunción planetaria que hace que si hay una gota a punto de desprenderse del techo me caiga encima o…. ¿a lo mejor alguien me está haciendo esto?….. ¿Holaaaa??????

Espero vuestras anécdotas, no seáis tímidos.

Hasta pronto,

J

Es por los niños

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Queridos y queridas. Se que llevo varios días sin acercarme por nuestro blog favorito, es cierto, pero tengo una justificación. Como el título de esta entrada indica, es por los niños en general, o mas bien, por mis niñas en particular, que me encuentro en esta situación de abstinencia bloguera.

Y es que resulta que mis hijas, bueno, todos los niños, no solo las mías, tienen vacaciones en el colegio y en las actividades extraescolares, que ya era hora por ellas, lo primero, y por mí, lo segundo, y como padre comprometido que soy, yo también he cogido una semana de vacaciones en el trabajo, gran error.

Aunque he de reconocer que las vacaciones no empezaron mal,  ya que las inicié con una comida con los compañeros/amigos del trabajo que duró quince horas de reloj. Os podéis imaginar que nos estuvimos las quince horas comiendo, claro, que habríamos acabado en urgencias. Mas bien estuvimos charlando, cantando, bailando, e hidratándonos, que es muy necesario. ¿no dicen que hay que beber de 1.5 a 2 litros de agua al día? Yo como no sabía la equivalencia en ron, pues me tomé los que pude, y algún tequila que otro para complementar. Así bien hidratado volví a casa, casi de día a dormir un rato. Mis niñas, se fueron a comer con los abuelos y por la tarde al teatro, con lo que tenía la casa para mí. Cierto que mi mujer también estaba, pero esa pobre da poca guerra.

Ese mismo día, domingo 22 de Diciembre, el día después, era el famoso día de la lotería de Navidad. Cuando estaba dormitando entre los vapores del ron o los de la Coca-Cola Light soñaba como los Niños de San Ildefonso cantaban mi número y me convertía en ganador del premio. ¡Qué adorables los niños! Y cuando me desperté, una de las veces, y observé mi móvil, me dio un vuelco el corazón. Tenía nosecuantos mensajes de Whatsapp de gente del trabajo, me dije:

-¡Coño, coño, coño!, qué no lo he soñado, ¡¡¡¡¡Qué me ha tocado la lotería!!!!!

Pero no, todo eran intercambios de fotos de la noche anterior, ¡tío que bien lo pasamos!, ¿Cuántas nos tomamos?, ¿Qué tal acabasteis?, creo que Ron Brugal cierra por falta de existencias…., y muchas cosas más como esas. Ni rastro de los niños de la lotería, ni de mi premio, ni de mis millones, ¡Qué capullos los niños! Tras mi euforia inicial, ahora estoy consumiendo las vacaciones navideñas disfrutando de mis hijas, o disfrutando con mis hijas, según se mire. No es que me queje, que debe haber cosas peores (por ejemplo tener tres hijas, yo solo tengo dos), pero lo de la lotería molaba mas.

Como no me he convertido en millonario, otra vez, sigo haciendo las cosas normales que hacen los padres con hijos en estas fechas:

1. Intentar convivir sin matarse.

2. Tratar de darles todos los caprichos.

3. Procurar vivir la navidad sin que una horda de gente se nos lleve a alguno.

Y debo decir que de momento parece que lo estoy consiguiendo, salvo un par de rasguños, seguimos ilesos, satisfechos y unidos. Y lo mejor de esto es que no solo disfruto de/con mis hijas, sino también con sus amigos. El otro día había por casa un par de niños mas de los habituales, y creedme si os digo que al principio parecía una batalla campal. No sabia si ir a ver que hacían o llamar a la policía. Menos mal que fui a verlos, pegué cuatro gritos y los apacigüé. Bueno, también los amenacé con echarlos a todos de casa, colgarlos de los pulgares y meterles palillos chinos entre las uñas. El caso es que surtió efecto y el resto del tiempo fue como la seda. Al final ninguno de los niños se quería ir de mi casa, tan malo no seré como anfitrión, todos lloraban en la despedida. Unos, los que se iban, porque no querían irse. Otras, las que se quedaban, porque no querían que se fueran sus amigos. Hasta yo estuve a punto de ponerme a llorar y mandarlos a todos al carajo, ¡Qué capullos los niños! Imagino que estaban nerviosos ante la inminente llegada de Papa Noel.

Y llegó Papa Noel, demasiado temprano para mi gusto, a eso de las 8 de la mañana y con un frío de pelotas. Realmente Papa Noel había llegado de madrugada, todos lo sabemos, a las 8 fue cuando mis hijas se despertaron y nos despertaron para ir a ver los regalos. A mi me trajeron ropa y un cortavientos chulísimo para salir a correr, estoy deseando estrenarlo. Y a las niñas, muñecas, accesorias para las muñecas y una “Tablet educativa”. A partir de ahí, mis vacaciones han caído en picado, si antes no tenía tiempo, ahora estoy completamente asfixiado. El motivo, acabo de estrenarme como “tester”, o sea, me he convertido en papi-probador de juguetes. Tengo que estar presente cuando lavan la cabeza del Nenuco, tengo que estar presente e interactuar cuando montan y decoran el armario de Nancy, y tengo que estar o si no se me reclama a voces, cada vez que encienden la Tablet. Estoy tan sumido en mi nuevo papel que ya me sé las instrucciones de todos los juegos que traen incorporadas las tabletas, el funcionamiento del software, las características de la cámara de fotos integrada y todos los permisos y licencias. ¡Estoy agotado!

El próximo lunes vuelvo al trabajo y en un par de semanas la vuelta a la normalidad, en parte lo estoy deseando.

Hasta el año que viene.

J

Bienvenida a Fraggle Rock, Elsa Punset

Los que ya tenemos una edad recordamos con cariño, melancolía y nostalgia aquella serie de los 80, Fraggle Rock, creada por el maestro de marionetas Jim Henson. A modo de universo paralelo, los Fraguel, como se les conocía en España, interactuaban, se relacionaban y seguían unos preceptos éticos y morales extrapolables a nuestra civilización y así de una forma lúdica nos enseñaban valores tan importantes como la interrelación entre especies, la tolerancia, la amistad y la necesidad de “el otro” para reafirmarnos como “nosotros mismos”
En ese mundo de fantasía cohabitaba otra especie, complementaria a los Fraguel, los Curris. Precioso nombre que definía perfectamente a lo que se dedicaban, a trabajar incansablemente. Es curioso que los Curris siempre construían sofisticadas estructuras y los Fraguel siempre las destruían y resulta paradójico que esa relación simbiótica entre las dos especies fuera su único nexo de unión.
Los Fraguel leyendo mi blog, qué pasada.
Pero a parte de todo esto, los Fraguel MOLABAN, y molaban un montón, y su sintonía es una de esas que todos recuerdan/recordamos tras el paso de los años, quizá ya no somos capaces de seguir la letra, pero la melodía está grabada a fuego. Y ahora viene el momento raro, gracias a esa melodía, he estado en Fraggle Rock junto a Elsa Punset.
¿Cómo se os ha quedado el cuerpo?
Pues a mi, hecho un ocho, os cuento:
Todo empezó con la reunión del colegio de mis hijas, como todos los años, en la primera semana de octubre se organizan las reuniones por curso para dar a conocer los objetivos, las novedades, la programación y los profesores. Como os podéis imaginar, un coñazo en toda regla. Hay pocas cosas que odie más que las reuniones de padres, quizá las reuniones de vecinos, pero ahí andan. El caso es que estábamos citados en la sala multiusos del colegio, que lo mismo sirve de gimnasio, de sala de estudio, de judo o de ballet y de ahí la grandiosa luna de espejo que cubría una de las paredes.
Y ahora os pregunto ¿Hay algo más humillante para un adulto que ocupar el espacio de un niño, que se la haga sentar en una silla de niño, que se le trate incluso como a un niño? Pues si lo hay, VERSE de esa guisa reflejado en un espejo, VER que tus rodillas están mas altas que tu culo, VER que debajo de ese culo hay una silla minúscula que amenaza con estallar y hacerte caer y VER que mas que un padre sentado en una sillita infantil, pareces uno de esos gorilas de circo que esperan sentados a pie de pista hasta que el domador decide sacarlos al centro para mostrar su numerito.
Y había domador, ya lo creo, en este caso, domadora. La señora directora que se encarga, como su nombre indica, de dirigir el colegio desde que el mundo es mundo, sin exagerar. Ahí estaba ella, en el centro de la pista y los gorilas alrededor. Se dirigió a nosotros, imbéciles y empequeñecidos padres, desde su atalaya de figura de autoridad ya que era la única que estaba de pie y que por ende, la única que conservaba íntegra su dignidad, para decirnos lo siguente:
-Os voy a poner un archivo de audio y teneís que seguir sus indicaciones, por favor, hacedlo. -Con ese “hacedlo”, a mi se me heló la sangre, no te digo más.
El archivo de audio era una grabación de relajación extraída del libro “Inteligencia emocional infantil y juvenil” de Linda Lantieri,  reproducido en castellano por Elsa Punset. Se solicitó silencio, se apagaron las luces y la melodiosa voz de Elsa Punset comenzó a decir algo así como…:-“Poneos cómodos en vuestros asientos, poned la espalda erguida, las piernas juntas y las manos sobre las rodillas” -En la medida de lo posible, con el respaldo de la silla castigándome la parte baja de la espalda, lo hice.-“Cerrad los ojos y concentraos en vuestra respiración….inspira…..expira, a un ritmo normal, inspira…..expira……inspira……expira……inspira……expira…..Nota  como el aire penetra en tus pulmones y se infla tu pecho y tu abdomen” -A mi, con tal de no verme en el espejo, la idea de cerrar los ojos me pareció grandiosa.

-“Inspira………………………………………..expira, ahora concéntrate en tu respiración y cada vez que inspires dí, “inspira”…. y cada vez que expires dí, “expira”………inspira……expira……inspira……expira. -Lo se, era un momento raro, de acuerdo.

-“Inspira……expira…… ¿algo te ha sobresaltado? ¿Un sonido te ha hecho abrir los ojos? Cierra los ojos y concentrarte en tu respiración….inspira……expira…..vamos a ponerle nombre a los sonidos que interrumpen tu concentración, cada vez que oigas y sonido dí, “sonido”. Inspira……expira……sonido. -Y aquí fue cuando sonó un móvil. Yo pensé “sonido” pero no era un sonido cualquiera, era la sintonía de FRAGGLE ROCK!!!!

Y ahí, con los ojos cerrados, la espalda erguida, las piernas juntas y las manos en las rodillas, me dí cuenta del tiempo que había pasado, de lo mayor que me había hecho, de lo que la vida me había cambiado, lo que me había dado y lo que me había quitado. Abrí los ojos.

Ya sea por el calor que hacía en la sala, por las luces apagadas, por la voz de Elsa Punset resonando en la habitación o por el efecto catártico de la melodía ochentera, cuando abrí los ojos me vi transportado a aquella colorida cueva, rodeado de marionetas de colores, de trabajadores incansables, de la Señora Basura que ahora ocupaba el centro de la habitación en lugar de la directora, de Father, Mother and Son que habían suplantado a los profesores de primaria. Lo único constante de mi ensoñación seguía siendo Elsa Punset, que ya no solo era voz, sino que  estaba sentada a mi lado, mirándome, y repitiendo su cantinela, ..inspira….expira…

Realmente creo que me quedé dormido, la mamá que tenía a mi lado, que ya no era Elsa Punset, no actuaba raro cuando volvimos a abrir los ojos por lo que creo que debió ser un sueño muy breve, pero intenso, relajante y reparador.

Gracias Elsa Punset por transportarme a un mundo de fantasía.

Hasta pronto.
J