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No se si os he dicho alguna vez que mi número favorito es el cuatro, así ha sido de toda la vida, excepto cuando me pongo un pongo intenso y misterioso y digo que es el trece (que en realidad no es mas que uno mas tres, igual a cuatro). Así que todo estaba a mi favor cuando entré en la época de la “cuarentena”.

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Pero realmente no son cosas equiparables y ya os digo que esta década no es mi favorita. Quizá se están igualando mucho la edad real con la edad que aparento o quizá sea la famosa crisis que me está durando casi diez años… Los cuarenta son una etapa de asentamiento, de recoger frutos, de estabilidad, de posición y quizá estoy demasiado inquieto para todo eso. A lo mejor espero más de las cosas o he estado toda la vida tirado esperando a que suceda algo que ahora tengo la sensación de correr a contra-reloj. Lo cual no es intrínsecamente malo, ni bueno.

Son solo sensaciones, cosa de pre-viejo o de post-jóven. Porque estas edades en las que nos encontramos están ahí, a medio camino entre la adolescencia, la fiesta, las ganas de comerse el mundo y la jubilación. Como si un jubilado no pudiera comerse el mundo y salir de fiesta como un adolescente… Pero me entendéis, ¿verdad?

Esa es la sensación que arrastro año tras año. Y esa es la sensación con la que afrontaba el cuadragésimo cuarto día de mi nombre, como dirían en Juego de Tronos. Debía ser la leche cumplir 44, dos cuatros, el summun… pero no, me daba una perezaaaaaaa!!!!. Pero una pereeeeeezzzzzaaaaaaaa!!! Tal pereza que me apetecía que se acabara el sábado y que empezara el lunes, sin tener que pasar por el trámite de la onomástica.

Pero esas cosas no pasan, a menos que caigas en coma o que te pinches con el huso de una rueca envenenada (¿O era maldita?) asi que…

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…Lo mejor era poner al mal tiempo, buena cara y disfrutar. Caían cuarenta y cuatro, “forty four” y eso iba a ser así a pesar mío, me pusiera como me pusiese. Y ha sucedido lo que me pasa siempre que no me apetecen los planes, que los disfruto mucho mas, auténtico y genuino rebelerdismo mío.

Así que solo me queda agradecer a mis chicas que me han mimado, me han cuidado y me han hecho unos regalitos preciosos. Los de mi mujer, ropa y unos auriculares, muy prácticos y muy útiles. El de mi hija mayor, una carta decorada fantástica, muy emotivo. El de mi hija menor, una cerbatana casera hecha con una pajita, decorada con cinta adhesiva de colores y repleta de munición en forma de bolitas de papel de aluminio, inclasificable y muy peligroso, que probándola me ha disparado en un ojo y por poco acabamos en urgencias, que puntería. 😀

También a La Familia, así en mayúsculas y en genérico, sin distinciones de los míos o los tuyos. Los que siempre están ahí en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en las bodas, bautizos, comuniones y cumpleaños. Hoy estaban todos los cercanos y hemos pasado una tarde estupenda con merienda, tarta y nuestra bebé que ha pasado de mano en mano con infinita paciencia.

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Y no puedo olvidarme de todos esos amig@s que han estado pendientes del día que era y que han invertido parte de su tiempo en felicitarme y charlar un rato. Amig@s reales y amig@s de las redes sociales y del blogging, de aquí y de allá, con los que he compartido mucho en el pasado, lo hago en el presente y lo seguiré haciendo en el futuro. Amig@s de hace mucho tiempo y amig@s nuevos que se van incorporando.

Y de una de esas amigas es la aportación musical que os dejo hoy y con la que me despido, como dice la canción, hoy he tenido un cumpleaños muy feliz, y ha sido gracias a tod@s vosotr@s.

Hasta pronto,

J

Cosas de tíos

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Hoy se me ha hecho muy tarde, el post del sábado es musical y lo suelo publicar por la mañana, porque así era como me despertaba todos los días en casa de mis padres, con la música que sonaba en la radio de la cocina y quería transmitir esa sensacion, o revivirla, que para el caso es lo mismo.

Pero no ha sido posible. Hoy me he tenido que tirar literalmente de la cama, desayunar, ducharme y llevarme a las niñas al entrenamiento especial que están haciendo estas semanas. Como han conseguido una meritoria cuarta plaza en el campeonatos de rutinas de escuelas de natación sincronizada, han conseguido como premio, volver a competir, a modo de segunda vuelta, en el campeonato open de clubes. Y para que estén a tope de forma y terminen de limar los pequeños o grandes errores que cometen, nos toca entrenamiento casi a diario. Menos mal que este status quo nos va a durar un par de semanas solamente, que si no, acabaríamos para que hicieran chopped de nosotros, los padres.

Ellas ni se resienten, el ejercicio debe ser adictivo porque cuanto más hacen más les apetece. Salen de la piscina con el pelo mojado y hartas de nadar y se ponen a hacer volteretas, el pino o a correr. ¡Qué maldita energía! Nosotros, los padres, solemos mirarlas con ojos de corderillo como si todo el cansancio que ellas deberían arrastrar nos cayera directamente sobre nuestras espaldas, día a día nos vamos cansando con este trajín y ellas cada día están como rosas. Como una decena de rosas.

Decena, porque son un equipo de diez, no creáis que se me ha ido la cabeza, y de rosas, porque es el color elegido por su entrenadora para los bañadores oficiales. Rosas, plateados y muy glamourosos. Este es un deporte muy bonito de ver, es muy estético y muy femenino pero la responsabilidad es muy masculina, me explico. Un altísimo porcentaje de los progenitores que nos encargamos, cual taxistas, representantes, estilistas, acompañantes, responsables de llevar y traer a nuestras hijas de sus actividades, somos padres. De hecho, en el grupo de mis hijas, hay días en los que ellas, las niñas, son las únicas féminas.

priscilla Y como no, un grupo de tíos hablando de bañadores rosas, de moños y de fechas para competiciones de bailes suele dar mucha ternura. Somos los herederos de “Priscilla, reina del desierto“, y lo sabemos. Pero es lo que hay. Las tornas han cambiado mucho en los últimos años, si que hay mujeres abnegadas que tienen que hacer todo en casa, en el trabajo y con los hijos, pero ya hay una gran cantidad de padres que nos metemos a saco en donde se nos necesite y así debe ser. Responsabilidad compartida.

Esta mañana ha sido uno de esos días, de padres e hijas. Y como era sábado, el entreno era en un lugar distinto al habitual y se ha prolongado durante dos largas horas, todos teníamos (o casi todos) encargos que hacer. La mayoría nos hemos encontrado en el centro comercial más cercano haciendo tareas. Lo último! tíos de compras….. Pues sí, eso también toca. Compras de ropa, compras de comida, compras de productos de limpieza…. y luego, eso sí, un rato para nosotros. Menos mal que en ese centro comercial hay una Fnac, y algunos hemos recalado allí, mezclándonos entre libros, artículos de informática, discos de jazz o comics. Solo nos ha faltado un Leroy Merlin o un Media Markt para culminar con el máximo esplendor nuestra masculinidad…. porque vale que las niñas sean muy rosas, pero nosotros somos TÍOS!

Yo, incluso, he sacado un rato para hacer una cosa muy de tios, lavar el coche. Un kit completo, autolavado y aspirado del interior. Tan limpio ha quedado que casi ni lo reconocía….. Cuando estaba en pleno proceso de aspiración, ahí medio agachado y seguramente enseñando algo de hucha, inevitable y masculinamente, sonaba esta canción por los altavoces de la gasolinera….

El programa de radio que tenían puesto se hacía eco de los conciertos que AC/DC había ofrecido en Madrid la semana pasada. Yo nunca he sido muy heavy y este grupo no me gusta pero me he sentido taaaaaan macho, taaaaan tío, taaaan hombre. Y no solo yo, he mirado a mi alrededor y muchos de los chicos y hombres que secábamos las ventanas de nuestros coches, que sacudíamos las alfombrillas y que intentábamos acabar con invisibles motas de polvo en el capó de nuestros vehículos nos encontrábamos como enajenados. Si uno hubiera pegado un grito y se hubiera subido al techo de un coche…. habría sido legendario. Masculinamente legendario, como el baile en la cola del paro de Full Monty.

Realmente ha sido grato encontrar un momento íntimo y personal, un momento necesario, no solo por reafirmar mi masculinidad, que eso es muy absurdo, sino porque le da valor a todo el conjunto, a las idas y venidas, a los desvelos, a las prisas, a las conversaciones vacías, a los nervios, al descanso. Es posible que no sepamos encontrar estos momentos por que es posible que no nos atrevamos a buscarlos, pero cuando surgen, no debemos dejarlos escapar.

Hay que disfrutarlos…. Oh yeah!!!!

Y si tu has encontrado el tuyo o quizá aún lo estas esperando, tienes la zona de comentarios para contármelo todo, todo, todo, así charlamos un poco y quizá, solo quizá, ese se convierta en nuestro momento. 😉

Hasta pronto,

J

La Navidad es un coñazo!

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Solía decir mi madre….

-¡Cómo me gustaría acostarme hoy y despertarme el ocho de enero…!

A mi hermana y a mí nos ponía descompuestos tanto derrotismo pero ahora, como todo en la vida, el ciclo ha continuado con su rumbo y somos nosotros, ya padres responsables, los que entonamos esta y alguna que otra expresión parecida. Yo reconozco que las Navidades no me han gustado nunca desde que mi padre me reveló el secreto mejor guardado, la verdad de Los Reyes Magos. Ese día se acabó la magia, lamentablemente. Imagino que mis padres creerían que yo era demasiado inocente, demasiado tonto o demasiado blandito para mi edad (unos siete años y medio, no penséis que ya era adulto…) y por ello tomaron la decisión de contarme lo que me contaron. Mi padre, que fue el encargado de llevar a cabo la conversación, tuvo todo el tacto que pudo pero a la hora de tirar por tierra las ilusiones de un niño no hay fórmulas mágicas.

Desde entonces el único aliciente de la Navidad, eran los regalos y las vacaciones. Ahora, años después de terminar los estudios y metido de lleno en la vida laboral, y que no nos falte, solo nos quedan los regalos porque de vacaciones mejor ni hablar. Pero nuestros hijos si que las tienen, al igual que tienen ilusión y creen en la magia y demandan de nosotros todo el tiempo del mundo, toda la atención y toda nuestra implicación, que es muy bonito, pero cansa, vamos que cansa.

Sin ir más lejos, mi hermana decía el otro día que quería que se acabaran las vacaciones para que su marido volviera a trabajar y su hijo al cole…. Es curioso que tratamos de luchar constantemente contra la rutina y al final, en fechas como estas se convierta en una aliada. Somos inconformistas por naturaleza y en estos hechos contradictorios se revela nuestra naturaleza mejor que nunca.

Yo reconozco que disfruto bastante el tiempo que estoy con mi mujer y mis hijas y con la familia, me adapto a los planes que vayan surgiendo y tiendo a tratar de divertirme con cada evento, con cada comida y con cada tradición, me guste o no. Soy consciente de que algunos disfrutan más que otros y yo no voy a ser el agorero de la reunión, si hay que pasar frío, se pasa, si hay que comer hasta reventar, se come, si hay que gastar sin límite, se gasta, si hay que quererse mucho y ser solidario, se intenta. Y es que estas cosas, que es a lo que se ha reducido la Navidad para los que no tenemos un sentimiento religioso, no me gustan. No me gustan en conjunto, cuando pienso en el “paquete navideño” y hago un somero resumen de lo que incorpora, lo negativo se lleva lo positivo.

Detesto con todas mis fuerzas el consumismo al que nos vemos abocados y del que todos participamos, aunque todos lo critiquemos. En las comidas, por ejemplo, todo es poco, cuanto más platos mejor, cuando más vino mejor, cuanto más postres, mejor, cuanto más cara es la materia prima mejor…. He escuchado hasta la saciedad aquello de -“Si yo con unos huevos fritos con patatas me quedaba tan a gusto…”, pero como nunca se hace, ni se hará, ya ha caído en la lista de tópicos navideños, como los abuelos que se despiden Navidad tras Navidad haciendo ver que esa será la última…. Alguna lo es, claro.

Y no solo con la comida hacemos excesos, con los regalos tiramos la casa por la ventana. Los regalos de Navidad, los del amigo invisible, los de los Reyes Magos, las bragas rojas para año nuevo….. no recuerdo un día de estas Fiestas que no hayamos estado gastando dinero y abriendo paquetes. No rechazo la tradición de los regalos, lo que me asusta y me sobrecoge es el excedente. Luego nos quejamos de que los niños no valoran nada….. y es cierto, ¿como lo van a hacer si cada Navidad, sus habitaciones parecen jugueterias? Ellos no entienden de precios y del esfuerzo económico que hay que hacer para que unas Fiestas salgan CDM (como Dios manda), ellos, inocentes, solo entienden de ilusión y de papeles de colores.

Y hablando de niños…. yo creí que vivir las Navidades a través de los ojos de mis hijas iba a reconciliarme con la Fiesta y la tradición, pero no ha sido así. Me gusta como se ilusionan, como mantienen aún esa efímera inocencia, que no seré yo el que trate de romper a la fuerza, pero también veo en ellas mucho egoísmo, mucho acaparar, mucho abarcar y mucho desear sin fundamento. Creo que su madre y yo deberíamos tratar este tema de diferente manera, de hacerlas ver las desigualdades que existen, que las hagamos emocionarse y anhelar de manera razonada…. pero no sabemos hacerlo, al final, nos dejamos llevar por la vorágine, por ese más es más tan desnaturalizado y que tanto nos agobia.

¿Otras Navidades son posibles? Por supuesto que sí, podemos incluso hacerlo mucho peor, ser más consumistas, más egoistas, más egocéntricos y más aprovechados. O también podemos tener unas Navidades a lo Dickens, sin recursos y aparentemente más románticas, austeras y verdaderas. Esto último me parece el topicazo del siglo y no me lo creo pero bueno, queda políticamente correcto.

Este año, los amigos de IKEA nos han querido dar una lección con un precioso vídeo con mensaje, que os dejo a continuación porque no tiene desperdicio, si termináis llorando es que os sentís tan culpables y avergonzados como yo:

¿Serían esas las verdaderas Navidades? Es posible que el sentido de la Navidad sea ese, es posible que todo lo que se dice en esa campaña sea verdad y que tengamos que pensar sobre ello…. Y luego, una vez pensado y reflexionado, mirar cómo es nuestra vida de verdad, la posibilidad real que tenemos de conciliar vida laboral y familiar, los recursos que necesitamos y de los que podemos prescindir y quizá, a lo mejor, el año que viene, podamos hacer felices a nuestros pequeños con más presencia, más implicación y un molde para galletas….

O  a lo mejor, podemos llevar a todos nuestros hijos a Ikea a que los re-eduquen, como ellos mismos dicen, que “les amueblen la cabeza”, donde nosotros fallamos, que el gigante sueco nos eche una mano. Yo en confianza os digo, si pudiera dejar a mis hijas en Ikea una semanita en Navidad y así evitar tener que hacer encaje de bolillos con los horarios míos y la disponibilidad de los abuelos y tíos, sería un poquito más feliz.

Feliz Año Nuevo.

Hasta pronto,

J

Qué desfachatez!

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¿No os ha pasado alguna vez que hay una palabra en concreto que os gusta especialmente? A mi sí, puede ser que yo sea friki por naturaleza y me fije en esas cosas pero me pasa a menudo, puede ser por la forma en que suena, por su significado o por la combinación de letras con que está escrita. Puede ser incluso una palabra que te recuerda algo, que te hacer rememorar momentos o personas, para mí, las palabras están vivas y cargadas, no solo de significado, sino de experiencias y vivencias.

Quizá sea posible que debido a esa particular relación que tengo con los sonidos y las letras haya palabras que me atraigan y una de esa es la que da título al post de hoy, no, qué no, la otra…. DESFACHATEZ. Esta palabra había caído bastante en desuso en mi particular y limitado diccionario y hace un par de años la he vuelto a recuperar, mucha culpa de eso ha tenido esta canción de Fangoria:

Desfachatez es una palabra rara

Está claro, no es una palabra normal y corriente, tiene una f, una ch y una z que le confieren un toque un tanto exótico al conjunto y también tiene ese toque vintage tan de moda últimamente. Parece una de esas palabras que se utilizaban antaño, tiene un regusto a tradición, a España de posguerra, a señoritas finas y a “Amar en Tiempos Revueltos”. Aparte de estas connotaciones, a mi me gusta como suena, me gusta su composición y me gustan esa f, esa ch y esa z tan particulares, me suena a la bofetada de Gilda y realmente, todo lo que suene así, aunque no sea políticamente correcto decirlo, me pone un poco.

Ahora que caigo, estoy dando por hecho que todo el mundo sabe su significado pero a lo mejor hay algún despistado, así que, recurriendo al diccionario de la Real Academia Española, os informo que:

Desfachatez: 

(Del it. sfacciatezza).

1. f. coloq. Descaro, desvergüenza.

Pues la descripción tampoco aporta mucho, que le vamos a hacer. Sea como fuere, a mi me sigue gustando. Y la uso, vamos que la uso. Recientemente, de hecho, le he utilizado en varias ocasiones y en varios contextos distintos.

La desfachatez de mis hijas

Ellas son así, y no solo ellas, también lo son sus amigas. Hoy vuelvo a tener la casa llena de niñas de ocho y nueve años, en plena edad pre-pavo y con mucha, mucha, mucha tontería. Esas niñas, entre las que incluyo a las mías, que hace unos años no se atrevían a hablar con adultos, que se escondían tras las piernas de sus padres y que agachaban la cabeza para no tener ni que decir hola, campan como monos por mi casa, vienen a pedirme que juegue con ellas, que me vaya del salón porque quieren jugar a la Wii o se me auto invitan a cenar. Están completamente desvergonzadas, debido en parte al exceso de confianza y a que he sabido crear un ambiente agradable.

Una de ellas, hace unos años, entre el grupo de adultos que estábamos a su alrededor solo me hablaba a mí. Incluso alguna vez cogió el teléfono de su madre tras discutir con ella para llamarme porque quería venirse a mi casa. ¿no es adorable?

Mi hija pequeña, sin ir más lejos, ha preferido irse, dejar a su hermana mayor y a sus amigas y pedirme un intercambio. -“Yo me voy con Kike a su casa y que se venga Julia a jugar con la mayores”. -Así de categórica se ha mostrado, sin pelos en la lengua y sin pudor alguno me azuzaba para que llamara al padre de las criaturas para organizar la tarde del viernes, una joya. Ni que decir tiene que los pobres padres hemos consentido y hemos hecho el intercambio, mi hija pequeña por su hija mayor, todos contentos, ahora estará en casa de su mejor amigo llenándole la cabeza de coletas o maquillándole, porque encima de todo, es ella la que elige a qué se juega.

Pero no solo tengo que sufrir estos manejos de parte de las pequeñas, noooo.

La desfachatez de mi madre

Esto es, hasta cierto punto, peor. Las personas mayores tienen bastante en común con las más jóvenes, con los niños y niñas para ser concretos, parece ser que los que tenemos una edad intermedia entre la juventud y la senectud somos los garantes de la diplomacia y del sentido común mientras que el descaro y la desvergüenza está en manos de esos puntos equidistantes.

Mi madre está perdiendo el pudor por completo, antes guardaba las formas pero ahora se las pasa por el forro. Ha olvidado, a propósito creo yo, el acuerdo tácito que teníamos de llamarnos por teléfono cada día uno. Le está echando morro y si fuera por ella pasarían las semanas sin llamar.

Lo que pasa es que ahí se ha encontrado con un hueso duro de roer, yo, que no solo no la llamo, sino que cuando lo hago se lo echo en cara. Ayer mismo tuvimos una de esas conversaciones:

-Hola mi niño, me has leído el pensamiento. -Mentira, no pensaba llamar.

-Hola, yo solo llamaba para saber si seguíais vivos. -Risas a ambos lados, ella es consciente, no es tonta.

-Ya…. ya, acabo de colgar a una amiga y le estaba diciendo que llevaba un par de días sin hablar con mi hijo. -O sea, que con la vecina si que habla, no?

-Bueno, ¿un par de días? concretamente desde el domingo pasado que fuimos a verte. -Toma exactitud.

-Uy, no me lo puedo creer ¿tanto? -con matiz de falso asombro en la voz -Si es que se me pasan los días volando, como ni salimos de casa….

-Claaaaaaro, pobre, pobre. -Mas risas (a ambos lados, insisto) -Desde luego, madre, tienes una desfachatez…. que sepas que esta situación es carne de blog… -El que avisa no es traidor (más risas).

-¿Y qué tal las niñas? -Y ahí se acaba la conversación de adultos, ya son las niñas las protagonistas, ya ha aceptado mi pseudo reprimenda y ha pasado página.

La conversación no duró más de dos minutos, porque ella tenía prisa por colgar y yo, todo hay que decirlo, también. Y como le prometí que esa conversación podría ser grabada y utilizada en su contra, ahora me veo cerrando este post dedicado a una palabra y denunciando cómo nos mangonean, los de arriba y los de abajo, los muy adultos y los muy niños. Nos toca aguantarnos, esta es nuestra posición, la de atribulados sufridores.

No es la primera vez que dedico un post a una palabra, ya lo hice hace poco con la palabra prisma, y vendrán mas. Palabras bellas o palabras horribles, pero cargadas de significado. Nos vemos en la próxima.

Hasta pronto,

J

¿Educando?

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Es curioso como cambian las dinámicas de relaciones personales a medida que nos vamos haciendo mayores, y sobre todo cuando tenemos hijos y nuestras vida social pasa a un segundo término. Llega un momento, sin que nos demos cuenta, en que nuestras relaciones se circunscriben a las relaciones de nuestros hijos, y eso puede ser bueno y malo a la vez. O más malo que bueno, dependiendo de unos casos. O más bueno que malo, dependiendo de otros.

Cuando te conviertes en padre pasas en un pestañeo de los bares de copas a los parques infantiles, de relacionarte con adultos a admirar las monerías de tus hijos y de los de alrededor y de tener una conversación fluida y culta a hablar con diminutivos. Ese momento, para los que aún no han experimentado la maravilla de la paternidad, es lo más parecido a una regresión. De ese momento a querer ser tu el que se tira por el tobogán van segundos. Una vez completado el ciclo ya estás preparado para ponerte a la altura intelectual de los niños, para picarte con otros menores para hacer prevalecer los derechos de tus hijos ante ellos y te conviertes en una entidad imaginaria llamada padre o madre de….

Esto que relato, esa pérdida de identidad en beneficio de nuestros pequeños y la suya es, quizá, la parte más negativa de todo este proceso y realmente es una dinámica muy actual, muy novedosa. Yo no recuerdo este tipo de cosas cuando yo era pequeño, los adultos eran adultos y poco se inmiscuían en los juegos infantiles. Lo padres de entonces eran esos señores y señoras que se sentaban en un banco a ver como sus hijos se jugaban la vida en unos columpios de hierro mientras fumaban y conversaban de cosas de adultos. A los padres de hoy ya no se les está permitido no solo fumar en presencia de niños o en las proximidades de un parque con menores, sino que se les echa en cara, otros adultos, que no dediquen la debida atención a sus hijos y a sus posibles heridas.

¿Qué postura es mejor? Pues ambas tienen algo de positivo o de negativo, yo tengo mi opinión y en este caso me voy a mantener al margen, prefiero que cada uno saque sus propias conclusiones. Donde si que me voy a mojar y a posicionarme es en la sobre protección que solemos ejercer sobre nuestros retoños. Ahora no los tratamos como a niños, los tratamos como a jarrones chinos de la Dinastía Ming, de valor incalculable y extremadamente frágiles. Hoy en día pensamos por ellos, actuamos por ellos y hasta cierto punto, jugamos y nos relacionamos por ellos. Un ejemplo. A la edad de mi hija pequeña, 7 años, yo iba solo al colegio, el cual estaba relativamente lejos de mi casa, tenía que atravesar una carretera y atravesar un poblado de gitanos, y no pasaba nada. Alguna vez, incluso, me desviaba de mi camino para comprarme algunas golosinas (sí, llevaba dinero) o para ir a buscar a algún amigo a su casa.  Hoy en día, mi hija es incapaz de cruzar una calle por un semáforo porque no se plantea que tiene que mirar, ni detenerse. Está acostumbrada a ir de la mano o conmigo de guía y si la dejo sola se pierde. En aquella época yo iba a comprar y hacer algunos recados para mi madre que era ama de casa y que tenía tiempo libre para hacerlos ella, pero eran otros tiempos. Si hoy dejara que mi hija fuera sola a la panadería, acabaría escoltada por la Guardia Civil, y yo, claro, detenido.

Estamos convirtiendo a nuestros hijos en seres dependientes, porque creemos que es como hay que hacer las cosas. Los tiempos son distintos, no hay duda, todo está más saturado y más evolucionado. Se oyen muchas más cosas malas que pasan por la calle que antes, pero que se oigan no significa que antes no pasara nada o que ahora pasen de más. La protección hacia estos pequeñajos es exagerada y nos va a costar un disgusto. A este paso me veo yendo con mis hijas a hacer la matrícula de la Facultad o a llevarlas en coche a su primera cita, después de hacer una exhaustiva prueba de ADN y sacar el certificado de penales del pretendiente. Eso si no me vuelvo loco antes porque no pueda controlar cuando les viene la menstruación o porque no me decida entre compresas y tampones.

No vamos bien, está genial eso de tener los hijos cerca, no el aparente desapego de nuestros padres, pero no es normal que tengamos que sentarnos con ellos a hacer sus deberes porque sea nuestra obligación o tengamos que ser mejores formadores que sus profesores. No es de recibo crear grupos de Whatsapp de padres en los que hablar de los deberes de los hijos, de las excursiones de los hijos o de los castigos que han impuesto a nuestros hijos. Eso es responsabilidad de ellos, no nuestra. O al menos yo así lo creo y lo manifiesto. Yo no hago deberes, yo no participo en el grupo, a mí me da igual que los niños tengan exámenes…. ya bastante cosas tengo yo en la cabeza como para tener que estar pendiente de sus pocas obligaciones.Puedo ayudar, estar ahí, estar pendiente de que hagan sus tareas y supervisar. Mis hijas, las pobres, saben que si se les olvidan los deberes en el colegio yo no voy a mover un dedo para conseguírselos, así aprenderán a ser más responsables. El otro día me dijo una madre en la puerta del cole….

-Ya está bien, esta semana tenemos dos exámenes….

-¿Perdona? -Respondí yo, lo tendrán ellos, yo ya estudié los míos.

-Ah, tú no… yo es que si no me pongo con mi hijo no se entera….

-Ya -No se me ocurrió otra cosa.

Aunque lo que tenía en mente era… -Ni se va a enterar nunca, ni va a hacer nada por el mismo nunca, ni va a despertar nunca….

Por favor, vamos a pensar un poco en lo que estamos haciendo como padres, en lo bueno y en lo malo y tomemos medidas. ¿Realmente les estamos dando las herramientas necesarias para manejarse en la vida por ellos mismos?  Yo lo tengo claro en lo que respecta a mis hijas, los deberes son de ellas, los estudios son de ellas, sus amigos son los suyos, sus disputas son las suyas, pagar la hipoteca, eso ya es cosa mía y de su madre.

Hasta mañana,

J

Hoy es un día…

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Adoro los viernes, es mi día favorito de la semana, no lo puedo evitar. Me ha pasado siempre, estudiando, trabajando o incluso haciendo las dos cosas a la vez, el viernes era el ganador. Puede que me encuentre cansado y que haya madrugado mucho pero todo lo que hay por delante tiene un brillo especial. Siempre ha sido mi día especial para salir (cuando salía) y para hacer planes (cuando hacía planes) y desde bien temprano me levanto de la cama con eso en el cuerpo, con saber que hoy es ese día.

Cuando salía por la noche me gustaba especialmente esta noche, después de trabajar o de la Universidad, una ducha y a la calle, a tragarme lo malo de la semana con unas cervecitas o con lo que fuera surgiendo, y hasta las tantas…. nunca encontraba el momento de irme a casa, a lo mejor por el hecho de que no se acabase mi día favorito. Ahora es un poco lo mismo, el viernes está lleno de incentivos. Voy a repasar unos cuantos, generales y particulares:

El primero de ellos es sutil y superficial pero me encanta, es el casual day en el trabajo y puedo ir en vaqueros, que comodidad. Es la prenda de ropa con la que mas y mejor me identifico así que esos días de vaqueros y dress code relajado es cuando me siento más YO MISMO. Y eso, amigas y amigos, es importante. Creo que lo noto en mi actitud hacia el trabajo y hacia los compañeros, los viernes no suelen ser días fáciles laboralmente hablando, siempre hay prisas y algunas cosas tienden a enfangarse pero con un poco de paciencia todo se va finiquitando, total, yo ya estoy en vaqueros… También es un día difícil en lo que se refiere al tráfico, la vuelta a casa en hora punta es atroz pero me da exactamente igual, se que en un momento u otro llego así que me relajo con la música y el paisaje y listo, total, yo ya estoy en vaqueros…. Parece absurdo, pero la comodidad que siento anticipa la tranquilidad del fin de semana y relativiza las tareas del día.

Este año, además, los viernes tienen otro aliciente, las niñas no tienen entrenamiento este día por lo que, una vez recogidas del colegio tenemos la tarde para nosotros, a modo de preámbulo, sin más prisas que la merienda y sin más preocupaciones que decidir si patines o patinete para salir a jugar. Un tranquilidad que agradezco, claro, que también me gusta desconectar de esa parte. Cuando hace bueno y las veo largarse y dejarme solo en casa, solo puedo recostarme en el sofá y sonreir.

Hoy, en concreto, ni siquiera están, se han ido de compras con los abuelos así que no tengo que estar pendiente de ellas, ni preveer que vengan a casa por pis, caca o agua, hoy la tarde es mía, y vuestra, que aquí estoy dándole a la tecla. Y tan agusto, oye. Cuando quieran volver ya será la hora de la cena y estaré preparado para irme a correr un rato, para terminar de desestresarme. Cuando vuelva, disfrutemos del pack peli-pizza y cuando se vayan a la cama, me quedaré tirado en el sofá como un gato, ronroneando y todo.

Además, hoy es el cumpleaños de mi ex-jefe y me ha alegrado mucho llamarle para felicitarle y charlar un rato con él. Asi dicho queda raro, pero es que él es mas que un ex-jefe, él ahora está jubilado y nos conocemos desde hace taaaaanto tiempo. Todo lo que se del mundo laboral, la forma que tengo de trabajar y de ser me la ha forjado él. Yo llegué a su vida con 18 añitos, solo unos años más mayor que sus hijos y me ha tenido un poco como referente. La relación que establecimos desde bien pronto fue de amor por el trabajo, de respeto, de maestro-alumno y luego, más tarde pero de forma natural, de amigos, casi familia. Yo era para él un proyecto y notaba como se sentía orgulloso de mis avances, de mi vuelta a los estudios, del ingreso en la Universidad, de mi boda, del comienzo de mi proyecto de familia. Muchos años juntos, y me consta, que si hubiera sido por él, ahora yo estaría mucho más arriba de lo que estoy. Pero la vida es así. Yo le tengo mucho cariño por todo esto que os he contado pero también por su forma de tratarme, por su forma de mirarme, por su forma que respetarme y por su forma de quererme. Cariñosamente le llamábamos “El López” y así me apetece presentároslo, así que, aunque ya lo he hecho por teléfono… López, muchas felicidades.

No puedo evitarlo, ni quiero. La euforia que siento hoy se debe en parte a todo esto que os he dicho y a muchas cosas más pero sobre todo son fruto de una actitud positiva. Me viene a la memoria, muchos años atrás, una cinta de casette de Joan Manuel Serrat que solía poner mucho mi madre y a una frase extraída de una de esas canciones:

“Hoy puede ser un gran día,
plantéatelo así,
aprovecharlo o que pase de largo,
depende en parte de ti.” 

Yo creo que de tanto oírla se me quedó grabada a fuego y quién sabe si ha podido marcar mi filosofía de vida desde entonces.

Hoy viernes, mientras volvía a casa en el coche, dejando que el sol acariciase mi cara, sabiendo que ya había terminado lo duro de la semana ha sonado una canción que me gusta mucho y que me pone de buen humor, de mejor humor del habitual, si cabe y como os habéis portado bien, quiero compartirla con vosotros y desearos un muy feliz viernes.

Hasta mañana,

J

Esos angelitos…

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Ayer reflexionaba sobra la historia de una niña que quería ser astronauta, pero no como fantasía, sino como objetivo férreo y plausible, la muchacha se está preparando para ello desde hace casi diez años con lo que está totalmente encaminada. Si algún día se convierte en la primera persona en pisar la superficie de Marte habrá culminado todo este camino con éxito. En este caso no es aplicable el término “cosas de niños”.

Mientras pensaba en ello veía pulular a mis hijas alrededor y pensaba en lo distintas que son a aquella niña americana, en la falta de metas que tienen por el momento y en lo felices que parecen, me parecían tan monas y las quería tanto…. Realmente las adoro, me las comería… y otras veces, me da por pensar en por qué no me las he comido. Porque lo mismo son adorables que se vuelven de la piel del diablo, lo mismo son princesas que monstruos detestables, lo mismo son cariñosas que ariscas y rebotadas…. Cosas de niños.

Y en medio de todo este análisis y reflexiones me llegó por Whatsapp el vídeo que os dejo a continuación. Un vídeo donde un pequeño nos da una lección de vida y nos anima a tener otra actitud. Un vídeo que me puso de muy mal humor. ¿Cosas de niños…?

Imagino que ya lo habréis visto y puedo hablar libremente, sin spoilers….. Me parece de una mala leche y de una falsa candidez inauditas, un vídeo hecho a posta para remover conciencias y para tratar de mostrarnos a los adultos que otro mundo es posible. Debe ser un mundo de plastidecores, de ropa de colores y de parques infantiles, que es lo que el adorable niño del vídeo identifica con “felicidad”.

Que a la pobre criatura le da perecita hacerse mayor porque a los 18 años se pierde la cabeza…. todo son caras largas y malas noticias. Está claro que este niño del vídeo es un niño del primer mundo en nada acostumbrado a pasar penurias y si tiene que esperar a ser adulto para comprender las cosas como son y para darse cuenta de que no todo es de colorines es porque hay alguien que le protege.

Que el muchacho piense que los mensajes que recibimos de la televisión para nuestra adulta felicidad son superficiales y caros  y seguramente le parecen más atroces que sus vídeo juegos, que sus muñecas o que sus cromos de fútbol, que para eso, pequeñín, también se necesita dinero, no solo para coches rápidos ni tetas nuevas. Vivimos en un mundo capitalista donde el dinero es lo principal, es cierto y es deleznable, pero tú, muchachito, te nutres de él.

¿Qué el dinero es el objetivo principal de todo el año y que la única recompensa son quince miserables días de vacaciones? Pues a lo mejor sí, a lo mejor se necesita dinero para cubrir las necesidades básicas de una familia, de adultos y de niños, o si no que piense en la ropa, el colegio, la comida, la merienda, la cena… si es tan afortunado de tenerlas todas, y que esos miserables días de vacaciones son el único momento en que la familia puede disfrutar junta después de todos los sacrificios y sinsabores del resto de año, luchando por llegar a un fin de mes del que los niños están completamente ajenos, y que así sea….

Que al pobre chiquillo le asustan nuestras prisas y nuestro aborregamiento…. y detesta en lo que nos hemos convertido, que él se queda con la fantasía y con la reflexión, en definitiva con la vida…. Con la vida padre que se está pegando el chaval, claro. Porque a él seguro que le llevan y le traen, le regalan, le agasajan y no le falta de nada, puede ir al parque y no tiene que trabajar, puede dormir a pierna suelta porque no tiene ninguna responsabilidad ni ninguna preocupación. Ni siquiera tiene a ninguno de esos borreguitos que menciona a su cargo y cuidado, con lo que eso conlleva…

Qué el niñito no quiere ser mayor, claro, ni yo. Que a mi también me gustaría vivir al otro lado del arco íris.

Pero una cosa, que aprenda a mirar, porque entre los adultos también hay gente que vive, que disfruta, que lucha y se esfuerza poniendo buena cara, que hacen las cosas sencillas, que pelean por salir adelante y que velan con la mejor de las sonrisas porque a los niños no les falte de nada. Adultos que juegan en la playa a los castillos de arena, que montan en bici y disfrutan de los parques y de la naturaleza, que escriben e imaginan mundos mejores y que persiguen sus sueños. Hay adultos grises, por supuesto y también hay adultos de colores.

Así que le digo, ya no al niño del vídeo, sino a sus creadores, que no sean tan estrechos de miras, que observen mejor lo que hay a su alrededor, que dar una visión tan sesgada y subjetiva es muy sencillo, reducir la vida adulta a tópicos es el camino fácil y que con poner cara de niño y voz de listillo no se dan lecciones. La vida se vive viviendo, errando, cayendo y levantándose y para ello hay que ser muy responsable, muy irresponsable, muy niño y muy adulto.

Lecciones de este tipo, las justas, amiguitos.

Hasta mañana,

J

Estrés en el Super

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Ayer fue viernes, noche de pizza y de peli en casa. Es un tradición ya casi legendaria aunque no muy original, creo que no es la única casa en el mundo que la siga, bueno no podemos ser siempre pioneros. Eso sí, nosotros el apartado peli, lo dedicamos a la que pongan en Clan TV o en Disney Channel, es el día que dejamos que las niñas se queden un poco más por la noche y no vamos a poner un documental de osos polares, porque nos dormiríamos todos ni un programa de esos, del corazón, que nos diviertan a rabiar pero que no son muy de “niños”. La peli de anoche era de perritos, cuando llegué de correr y me pegué una buena ducha la peli y la cena ya estaban empezadas, y mis hijas ya estaban en trance, con los ojos como platos y la boca abierta, como abducidas, que monas! y qué tranquilas!

Afortunadamente la película que ponían ayer no era de los típicos cachorros monos ni tenía enormes cantidades de edulcorante, los perros y gatos que salían eran bastante capullos, hacían cosas malvadas y tenían unos diálogos bastante ingeniosos. Ahora que lo pienso, creo que me he equivocado, no era una peli de perros, era una de perros contra gatos, o de gatos contra perros, que los mininos eran los malos, claro.

Aclarado el tema para poneros en situación he de deciros que no venía yo aquí ha hablar de eso, sino del previo. Como esa noche tocaba pizza, me tuve que pasar por el super a hacer un poco de compra. Me las prometía muy felices porque mis hijas se habían ido a casa de una amiga y podía comprar sin preocupaciones, además, a esa hora casi no había nadie en el establecimiento así que, estupendo. Mi lista de la compra era muy escueta, pero como a veces soy bastante subnormal no suelo apuntarla, la llevo en la cabeza. Bueno, alguna vez lo he apuntado todo con detalle y luego me la he dejado en la encimera de la cocina, así que ya estoy acostumbrado.

Entré en el super, cogí una de esas cestas con ruedas e inmediatamente me dí cuenta que se podía mover sin tener que inclinarla, que curioso, se mueve como una de esas maletas con ruedas modernas, de pie. Mira que llevo años haciendo la compra en ese sitio y siempre torciendo la cestita, si con razón estas eran más altas que las otras y no tenían el mango retráctil. Yo si que debo tener el cerebro retráctil porque a veces me pasan cosas como estas, que le vamos a hacer! Una vez superada la emoción de lo de la cesta enfilé el primer pasillo y empecé a coger cosas, de las que sabía que tenía que comprar sí o sí y de las otras, de las que me acordaba en el momento o de las que veía y pensaba, -“de esto no tenemos….”

Fui a por las pizzas, que la mayoría de las veces son ya del supermercado, adiós cadenas de pizzerias con venta a domicilio, a por cosas para preparar cocido madrileño para comer hoy, por petición expresa de las mujeres de la casa, y había algo que sabía que tenía que pillar pero se me había esfumado. Recordaba a mi mujer diciéndome -“Cómprame detergente para la lavadora y …” Joer! si solo me había pedido dos cosas, o eso era lo que yo pensaba, y me había olvidado una. ¿Qué podía ser? ni idea. Y yo con la imagen de ella en la cabeza diciéndome “eso” paseando por los pasillos a ver si me venía la inspiración. En el pasillo de los lácteos me encontré a dos mujeres, de esas que se paran a hablar en cualquier parte, incluyendo “en medio de todo”, de esas, las esquivé y seguí mi camino, dí la vuelta por donde las galletas y ahí estaban de nuevo, no podían ser las mismas, pero lo eran, que velocidad! y yo haciendo el mismo recorrido todo el rato, pasillo arriba, pasillo abajo… Otra vuelta por donde los lácteos y nada, no venía no me venía.

Teniendo en cuenta que en el super solo estaban dos reponedoras, un par de clientes, las señoras habladoras y yo, se me veía bastante dar vueltas desorientado. De nuevo al pasillo de las galletas y allí seguían las señoras, dándole a la lengua, imagino que hablando de médicos o cortando algún traje, y allí lo vi, en el estante de abajo, al lado de las piernas de una de las señoras, el bote de Nocilla. Eso era, las niñas no tenían su crema de chocolate para merendar, ahora lo veía completo -“Cómprame detergente para la lavadora y Nocilla para la merienda de las niñas”. Pedí amablemente a la señora que se apartara, cogí el bote y me fuí a la caja a pagar, misión cumplida. Lo que vi allí, no me gustó nada.

Solo había un caja abierta, y la cajera estaba sola, no había nadie. Para algunos puede ser la opción ideal, pero no para mí. Me estresa enormemente llegar a la caja, empezar a colocar la compra y que la señorita las vaya pasando por el lector sin que yo haya terminado y sin tener tiempo para guardarlas en mi bolsa. ¡Cómo odio esooooo! Y eso es lo que tuve. Mira que iba deprisa agachándome y levantándome para sacar las cosas de la cesta de la compra y colocarlas sobre la cinta, pero la cajera, tan eficaz, casi me las quitaba de las manos y las “tiraba” al otro lado, donde se recogen. Cuando le dí la última cosa, y cambié de sitio para empezar a guardar la compra ya me había dicho el importe y tenía que pagar. Yo no sé hacer esas dos cosas a la vez, así que resoplé, tiré la bolsa sobre la compra, saqué la cartera y le dí la tarjeta. Volví a coger la bolsa, metí dos cosas y tuve que volver a dejarlo todo para poner el PIN de seguridad, la leche, que estrés.

Lo peor que me puede pasar en esa circunstancia es que ya haya más personas en la cola de la caja con su compra colocadita y la cajera dispuesta a darle al escaner. Y yo ahí, a medio recoger mi compra, mi tarjeta y el ticket con la presión de que hay gente esperando, no lo puedo evitar, me cabrea.

Acabé metiéndolo todo de golpe y descolocado en mi bolsa y largándome de ahí lo antes posible. Yo reconozco que suelo ser bastante templado, os lo podéis imaginar por las cosas que os cuento normalmente pero a veces me ataco por tonterías. Me irrita que me pasen esas cosas, que por otro lado, me las puedo tomar con más calma, pero no me apetece, si no, ¿de que os iba a hablar? ¿De pelis de animalitos?

Hasta mañana,

J

Adaptación positiva

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Llevo unos días hablando de la rutina, de como escapar de ella y de la necesidad de encontrar un espacio propio, alejado de la familia y el trabajo, donde esparcirte y crearte un nuevo yo que haga que te sientas más a gusto contigo mismo o bien que te haga crecer personalmente. También, de encontrar una actividad alejada de lo de siempre que te ayude a escapar de esa tan denostada rutina. Que por otro lado, ya he dicho, puede ser confortable para algunas personas.

Voy a partir ahora de la base de que lamentablemente casi nadie llevamos la vida que nos gustaría, el ideal que tenemos planteado en la cabeza se aleja mucho o poco de lo que creemos que es lo PERFECTO. Una casa mas grande, más hijos, menos hijos, un marido más atractivo, una mujer con mejor posición, ausencia de suegros…. o si están que estén lejos, en una casa de vacaciones en una playa paradisíaca…. Por un lado o por otro no terminamos de obtener la perfección, cuando no falla una cosa, falla otra. Quizá es que tenemos en la cabeza una idea equivocada de lo que realmente es perfecto o a lo mejor nuestras prioridades no están bien enfocadas. Aunque también es probable que el problema sea que poseemos una ambición que no es realista y por lo tanto, podemos caer fácilmente en un periodo de frustración.

Yo creo que si llegamos a frustrarnos no es porque no se cumplan nuestros objetivos, sino porque tiramos la toalla antes de tiempo, porque no tenemos el poderío necesario para afrontar una nueva derrota o porque nos hemos creído más listos que nadie y ese batacazo duelo en muchos sitios, sobre todo en el orgullo. Si ahondamos más sobre esto de la frustración y llevándolo al tema de la rutina, que también frustra, sobre todo cuando crees estar inmerso en una monotonía que se te antoja ajena, descubriremos que nosotros mismos somo muy culpables del resultado o del momento que vivimos.

Es duro darse cuenta de todas estas cosas de las que estoy hablando y realmente tampoco nos gusta oírlas, ni leerlas ni que nos las digan a la cara…..“-Tú eres el culpable”…. Si, es duro. Pero reflexionemos un poco y tratemos de ser honestos con nosotros mismos. Muchos de estos malos momentos, de esas frustraciones, son producto de nuestra gestión, los resultados no surgen siempre solos, nosotros también incidimos en hacer mover la balanza.

No quiero alejarme mucho del tema, que últimamente tengo un poco de verborrea. Cuando imaginamos nuestro estilo de vida ideal siempre estamos comparando, sabemos que fulano o mengana hacen las cosas de otra forma y al parecer les va bien. O les va tan bien como tu crees que les va. O les va tan bien como ellos te dicen que les va. Por lo tanto, fijarse en los demás es un error, tu vida es tuya, tus circunstancias son tuyas y de los que están contigo y sois vosotros los que tenéis que decidir como vivir vuestra vida.

Cuando oigo a alguien quejarse de que los horarios de sus trabajos son malos, que no tienen tiempo para verse, que no pueden ir juntos de paseo o que el tiempo que tienen libre lo tienen que dedicar a las tareas de la casa, al cuidado de los hijos o a la logística familiar me da por pensar en dos cosas:

1. La capacidad de adaptación

Esto es imprescindible, la vida es para vivirla y no es un camino que esté escrito. Hay baches, valles, ríos y montañas y nunca sabes donde te ha a aparecer uno de estos accidentes geográficos… La capacidad de adaptación es vital para poder seguir adelante. Una familia, un pareja o un proyecto son un objetivo en sí mismos y por lo tanto hay que hacer frente a lo que vaya surgiendo para alcanzarlo. Si ahora os veis menos, es un rollo pero es lo que hay, o buscas otro empleo o te replanteas tus prioridades. Si tu tiempo libre lo tienes que dedicar a los hijos o a la casa, un poco lo mismo, prioridades y esfuerzo. No digo que haya que dejarse ir y aguantarse con una situación insostenible, no es eso, pero si la vida te ha llevado por ahí y no te gusta, habrá que reaccionar o adaptarse.

2. La capacidad de actuar desde un punto de vista positivo

Hay muchas personas que acarrean mil tareas a sus espaldas y miles de responsabilidades con miles de carencias y aún así tiran del carro. Estas personas aprovechan lo que tienen para mirar a la vida de otra forma, con una sonrisa y decir, es lo que hay y yo puedo. En el caso que os relataba, que hasta cierto punto podría ser autobiográfico… Si tienes poco tiempo para la pareja, habrá que aprovecharlo y si ese tiempo lo tienes que invertir en las tareas, qué mejor que hacerlo juntos. Vale, puede que no podamos ir al cine, pero podemos ir a la compra y disfrutar de nuestra mutua compañía y de nuestra toma de decisiones. No es tan agradable pero… Hacer cosas juntos no es solo hacerlas fuera de casa, en un restaurante caro ni en la playa, hay momentos mucho mas humildes donde la ayuda es bienvenida. Y si el tiempo que te queda es para dedicárselo a tus hijos…. coño, aprovéchalo, que eso si que pasa volando. Yo tengo una relación muy buena con mis hijas por eso mismo, porque soy empático, me preocupo por lo que les gusta, comparto sus aficiones y hago que ellas compartan las mías. Es genial.

Ahora no tienes escusa, en lugar de mirar lo bueno que tienen los demás, piensa en lo bueno que tienes tú, que seguro que es mucho. No por menos “sibarita” es peor. Piensa en ello.

Hasta mañana,

J

Conmigo mismo

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Hace unas semanas un compañero de trabajo nos hablaba preocupado de sus próximas vacaciones, en una casa rural en la sierra, con todo un mundo de rutas a pie, turismo de interior y gastronómico a su disposición. Su inquietud provenía de que las posibilidades de esa semana aislado y en conjunción con la naturaleza estaba mucho más cerca de sus gustos y de los de su hija que de los de su mujer. Ella, por lo que nos contaba es más urbanita, más de centros comerciales y de ruidos que no provengan de los grillos. Cómo la entiendo!

Creía mi compañero que este tipo de vacaciones podía crear tensiones en la pareja y este hecho le acongojaba, independientemente de que la idea del sitio y del modo de vacacionar había sido de su mujer… El resumen que él hacía de esto se resumía en la frase que os digo a continuación:

-Es que mi mujer y yo no tenemos los mismos hobbies, y eso no es bueno.

A lo que respondimos, con mayor o menor vehemencia:

-Eso??!!?? Eso es lo mejor del mundo!!!!

Él se enrocaba en sus circunstancias y no entendía por qué nosotros veíamos cosas positivas en lo que él nos había contado. Y a día de hoy, creo que sigue sen verlas. ¿Vosotros tampoco? Pues os voy a contar mi punto de vista, que por lo que pude comprobar en aquel foro, era mayoritario.

Hay tiempo para todo

Ese podría ser un buen resumen de lo que os voy a contar, cuando vives en pareja y tienes hijos tienes una serie de responsabilidades ineludibles, responsabilidades que te has creado tú mismo pero que tienes que acatar. Tienes que ser padre o madre, y marido o esposa, y también hijo o hija, yerno o nuera…. algunas de estas responsabilidades son más fáciles de enfrentar que otras, no nos vamos a engañar, pero tenemos que estar ahí, si hemos elegido esta vida es con todas sus consecuencias.

Y eso sin hablar de las otras responsabilidades, las laborales. Esas son, si cabe, más ineludibles que las familiares, te pagan por ello, mucho o poco, siempre injustamente, pero recibes algo económico a cambio. Estas ligado a un contrato y eso es muy poderoso. El vínculo con el trabajo es crucial, desgraciadamente, para que las cosas vayan bien a nivel personal ya que todo beneficio de una parte revierte directamente en la otra. Aquí no hay lugar a dudas o dobles sentidos.

-Entonces ¿qué es lo que queda?

Cuando has cubierto las responsabilidades laborales, con mayor o menor fortuna, y has cubierto las responsabilidades familiares, con mayor o menor fortuna, te encuentras en un momento único. En ese momento estás a solas contigo mismo y créeme si te digo que ese momento hay que aprovecharlo. En esta vida tenemos adjudicadas un montón de etiquetas y algunas de ellas ya las he nombrado, yo por poner un ejemplo a mano soy trabajador por cuenta ajena, marido, padre, hijo, yerno, compañero, amigo, conocido, un poco psicólogo, un poco chófer, un poco ama de casa, un poco intendente, un poco cocinero…. Soy muchas cosas, pero también soy muchas más.

Y todas esas cosas que soy aparte de estas pertenecen a un terreno mucho más íntimo, al terreno individual, porque todos nosotros somos individuos y también necesitamos nuestro terreno de crecimiento personal. No seremos buenos hijos, ni maridos, ni nueras, ni amas de casa, ni cocineras, ni padres si no somos capaces de ser nosotros mismos. Y para ello necesitamos nuestro espacio.

Si recordáis el post de ayer, toda la actividad a la que hacía referencia era única y completamente mía, ni mis hijas ni mi mujer estaban involucradas en ella, ni hablar de lo relacionado al trabajo, que eso ya quedó aparcado el viernes pasado. Esos momentos del grupo de running eran solo míos y del grupo de individuos que me rodeaba. Todos nosotros compartíamos cosas, hablábamos de nuestras familias, de nuestras aficiones y de nuestros trabajos pero teníamos otro vínculo ajeno a todos ellos. Para qué hablar entonces de esos momentos en los que tengo que salir de casa a hacer los ejercicios entre semana. Esos días si que estoy solo, conmigo mismo.

Esos periodos de tiempo que paso en esa soledad elegida son gloriosos. Al igual que otros muchos momentos personales y solitarios como la redacción de este blog, o la lectura de un libro. No creáis que estoy exagerando cuando os digo que dedicar tiempo a uno mismo es IMPRESCINDIBLE. Ahora te toca a tí encontrar tu sitio, puede ser con lo que más te apetezca, con actividad física, con meditación, con lectura, con música, con tus amigos o de compras. Vive al margen, aunque sean unos minutos al día, el resto te lo va a agradecer, y ampliarás tu fortaleza y tu seguridad, tendrás tu parcela aislada y esa potencia que vas a incorporar a esas actividades individuales te van a ayudar a afrontar con mejor cara o mejor espíritu las otras, las familiares y las laborales.

¿Qué mi compañero y su mujer no compartes aficiones? Mejor, cada uno a lo suyo y luego a comentar, que es muy enriquecedor.

Y tú, si no la tienes ya, encuentra tu parcela privada.

Hasta mañana,

J