Yo también soy “Titanium”

¿Hay algo mejor que levantarse un domingo de Junio a las 7 de la mañana, atravesarse Madrid en metro y correr una carrera de 10 kilómetros bajo un sol abrasador? No contestes, yo también lo se. Podría enumerar millones y aún así me quedaría corto.

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Pero como no solo de distracciones vive el hombre, ese ha sido mi plan de hoy. El evento en concreto que llama La Carrera Norte vs. Sur, una carrera por equipos (adivinad cuales) y con un recorrido aparentemente muy favorable para el corredor ya que gran parte del mismo se desarrolla cuesta abajo. Fenomenal en la publicidad de la carrera y fenomenal cuando decidí apuntarme, descerebrado de mí, hace un mes o cosa así…. Y en efecto, parte del recorrido es cuesta abajo, pero chiquillos, ¿y que pasa con las cuestas arriba? pues había, y un montón. Esta carrera era muy parecida al Aquópolis, llena de toboganes ¿y como se llega a ellos? En efecto, subiendo. Todo el trazado subiendo para volver a bajar o viceversa, que eso no me ha quedado tan claro.

La carrera comenzó con ambientazo, cerca de ocho mil participantes todos vestidos iguales, naranja los que corríamos por el sur, morado los que corrían por el norte y para calentar el ambiente, un poquito de baile. La organización tenía previsto hacer un flashmob a ritmo de Enrique Iglesias y su exitosísimo “Bailando” pero no ha tenido toda la repercusión que esperaban. Como no, los runners son gente seria y no pierden el tiempo en tonterías. Yo, que soy más de tonterías que de otra cosa, si que he bailado, fuera ridículo…. me ha dado más vergüenza salir de casa con la camiseta oficial con el dorsal pegado y meterme en el metro.

Tras el baile, la carrera, cuesta abajo y a todo trapo, como todo era cuesta abajo… Al coronar la primera cuesta arriba ya quería abandonar, una boca de metro situada estratégicamente a mi lado me hacía ojitos y a punto he estado de cambiar el asfalto caliente por la oscuridad del túnel. Medio desfallecido estaba cuando mi compañera Marianela me ha alcanzado y me ha animado, su mano en mi espalda ha sido refrescante y me ha dado energía para seguir con ella, mil gracias.

Era el empujón que necesitaba, una mano amiga, alguien a mi lado, un referencia. He echado mucho de menos eso, la presencia de mi mujer en la carrera, en la anterior la hicimos juntos de principio a fin y nos dábamos ánimos constantemente. Correr solo es una mierda para los que tenemos una mente vaga, y la mía amigos y amigas en muuuuuy vaga. Antes de comenzar a correr ya me dice que abandone, aunque las piernas y el corazón no hayan dicho nada aún. Que cabrona.

Para mitigar esa sensación, me he acostumbrado a correr con música, muy alta, que bloquee mis pensamientos y así estaba otra vez en la brecha, de nuevo solo porque había perdido a mi compi en el punto de agua del kilómetro 5, y volviendo a sufrir. Había aprovechado para beber un poco de agua y tirarme por encima de la cabeza y de la espalda la que sobraba, sin quererlo participé en el concurso de “mister camiseta mojada” que me ayudó a refrescarme y a poder combatir un calor que me asfixiaba.

Ya había pasado la mitad de la carrera cuando en mi mp3 sonó una canción muy especial. “Titanium” de David Guetta y Sia. Me sentí resurgir, iba mirando las espaldas de los corredores y corredoras que iban delante y pensaba, si ese puede, yo también, si esa puede, yo también.

Y entonces, y gracias a la canción, me di cuenta de que ninguno de los que estábamos allí éramos unos locos descerebrados, todos estábamos cumpliendo un objetivo, todos estábamos haciendo algo que nos gusta y que nos pone a prueba. Yo también era Titanium, todos lo éramos. No importaba la marca, el sufrimiento, el calor, las cuestas, lo importante éramos nosotros y la experiencia.

You Shoot Me Down But I Wont Fall I’m Titanium! (Me disparás pero no caeré, ¡yo soy Titanio!)

Ese pensamiento se mantuvo en mi cabeza hasta el final, una meta que veía cada vez más lejos, como en esa pesadilla en la que corres, corres, pero el pasillo se alarga y nunca llegas, solo que no era una pesadilla, era real y yo estaba corriendo, ¡qué cosas! Y así, ya lo sabemos todos, todo lo que empieza termina, la meta estaba allí, al alcance de la mano y de los pies. Cruzada la meta, super tapón de corredores apiñados, si ya pasé calor durante la carrera, lo del final no tenía precio, qué de gente toda junta, qué sensación de ahogo, ¡qué olor!, lo único bueno es que el objetivo estaba cumplido, había terminado la carrera y ya estaba andando.

Mi compañera volvió a encontrarme entonces y juntos nos fuimos a por algo de beber (caliente, que asco más grande) y al punto de encuentro con el resto de nuestro grupo de running y de allí a por unas cervezas frías y deliciosas que nos apañaran un poco el castigado cuerpo. Sinceramente, eso fue lo mejor de la carrera.

Ahora ya sé que he mejorado mi marca en más de dos minutos y medio pero no estoy contento con el resultado, he sufrido un montón y creo que he hecho un plan de carrera nefasto, mucha ansia al principio y muy poco fuelle en el resto, pero ya está hecho, un objetivo más, un aprendizaje más.

Para despedirme, dos homenajes, el primero para mi mujer, ya he dicho que la he echado de menos durante la carrera, la primera fue de los dos y esta se ha hecho muy larga y muy fatigosa sin ella y el segundo para mis ocho compañeros del equipo de running con los que he compartido experiencia, baile, anécdotas y sufrimiento, cada uno con sus pros y sus contras pero con su objetivos superados, enhorabuena chicos, esto también va por vosotros y sobre todo por los dos que corrían por el norte. El SUR ha vuelto a ganar la carrera, a quién se le ocurre….. 🙂

Y ahora, podéis comentar todo lo que queráis, yo prometo no moverme del sofá en un rato.

Hasta pronto,

J